2 de diciembre de 2016

Banalmente informado

La tragedia de Chapecoense, ocurrida el pasado martes 29 de noviembre, en la que murieron 71 personas entre jugadores, periodistas y tripulación de un avión que viajaba de Santa Cruz de la Sierra a Medellín, fue un episodio periodístico más de nuestra historia reciente.

Hechos desafortunados como este generan una explosión temporal de información que resulta difícil de procesar. En eventos similares, pero menos trágicos, aparecen memes pretendiendo ironizar la situación, como fue el caso de las recientes elecciones en Estados Unidos. Por supuesto, este no fue el caso, mas lo utilizo para describir cómo circula la información entre nosotros.

Una noticia como la del accidente aéreo de Chapecoense, y cualquier otra en la que haya vidas humanas de por medio, debería estar del lado del cuidado periodístico, y no de la opinión. Opinar lo hace cualquiera y estos son asuntos que, por respeto a las víctimas y sus familias, deben ser tratados con mucho cuidado.

Sin embargo, el periodismo es de papel. La ética periodística, además de existir en los currículos de las facultades de comunicación, existe solo dentro de unos pocos comunicadores que sienten de verdad respeto por la opinión pública. Y peor aún, todo el mundo cree que su opinión debería ser respetada así no tenga fundamentos. En ese punto ya se confunden las matices de lo que es periodismo y opinión. Mientras tanto, quienes viven de esto se venden por un click y se prostituyen por que la noticia aparezca en la parte alta del News Feed de Facebook a punta de likes.

Los grandes medios de comunicación en Internet todavía viven de esto de lo que ellos llaman visualizaciones (sea lo que sea que eso signifique). Hacen creer a los anunciantes que el número de usuarios únicos, lectores o suscriptores es importante, y para mantener los números por las nubes hay que valerse de lo que sea. Aparentan que clicks equivale a aprobación y a final de cuentas la calidad de un click nunca llegó a ser importante para ellos.

19 de noviembre de 2016

El algoritmo de UBER

Hace unos días le comentaba a un amigo que Uber era una de las empresas a la que muchos ex empleados de Facebook iban a trabajar. (Es solo hacer una búsqueda en LinkedIn para confirmar esto). Con sorpresa, mi amigo me preguntó el motivo, pues aparentemente Uber es solo una aplicación y no tendría la complejidad comercial que tiene Facebook, cuya única competencia que está a su altura son Google y la televisión.

~Pero si Uber es solo una aplicación.
~¿Qué de complejo tienen para que contraten tantas personas de Facebook?

De hecho la reacción es parecida con los que no saben que en Facebook también trabajan personas. El 99% de las personas no es consciente de que en Facebook y en Google hay anuncios, que son vendidos directa o indirectamente por seres humanos. Y no tienen por qué saberlo, pues casi todas las personas llevan la tecnología apenas en el bolsillo y como máximo en el computador del trabajo, pero aunque la tecnología avance tan rápido, eso no significa que los hábitos de consumo informativo cambien a la misma velocidad. Esto, solo para decir que no debería sorprendernos el hecho de que alguien no sepa que Uber, una de las mayores empresas de tecnología del mundo, necesita profesionales altamente cualificados en sus filas.

Y es que de hecho siempre que abrimos/bajamos una aplicación en el celular hay por detrás un trabajo humano que nos llevó a tomar esa acción. Nadie se bajó WhatsApp porque se le ocurrió espontáneamente esa palabra y luego la buscó en la tienda de aplicaciones del celular por sí sola. Siempre hay alguien haciendo el trabajo sucio de vendernos algo aunque no nos demos cuenta. 

Y así como hay personas vendiendo el producto, también hay otras cuyo trabajo es mejorarlo.

~ ¿Qué vende Uber?
~ Viajes en auto.
~ ¿Cómo lo cobra?
~ Con una tarjeta de crédito o dinero en efectivo.
~ ¿Cómo se puede mejorar lo que vende Uber?
~ Haciendo más cortos los viajes o reduciendo los tiempos de espera.
~ Con viajes más cortos los conductores pueden llevar más personas.
~ Con tiempos de espera menores fidelizan a los clientes.
~ Todo esto hace que Uber facture más viajes en cada vez menos tiempo.

12 de noviembre de 2016

Ctrl. + Alt+ Supr. al sistema

Cuando un computador se congela y deja de responder, hay que tomar medidas drásticas. Presionar Ctrl. + Alt + Supr., como sugiere el título de este post, es una de ellas. A veces como solución temporal funciona, pero otras veces hay que ir más allá e incluso formatear: borrar todo e instalar todos los programas de nuevo.

Algo así está cerca de sucedernos como sociedad. Con políticos de extrema derecha tomando el control por la vía democrática y sembrando odios contra los inmigrantes y minorías, contra todo lo que no sea considerado tradicional, estamos creando problemas más profundos de los que ya tenemos y ni siquiera hemos resuelto. Solo este año ya vimos 4 episodios en los que ganó el odio: Brexit en Reino Unido, plebiscito por la paz en Colombia, Impeachment de Dilma Rouseff en Brasil y elección de Trump como presidente de Estados Unidos. Entraremos en detalle más adelante.

"Tirando rocas al bus de Google" es el título (traducido) de un libro escrito por Douglas Rushkoff, en el que se usa esa expresión para describir otro  de los grandes problemas de la sociedad contemporánea. La frase se refiere a las miles de personas que ante la impotencia de quedarse sin trabajo porque un robot automatizó e hizo más barata su mano de obra, no vieron otra sino tirar piedras a los buses que transportaban empleados de Google en California. Google es una de las muchas empresas que no han ahorrado esfuerzos por reemplazar seres humanos con inteligencia artificial.

Piensen en qué pasaría si un día sus papás se quedan sin trabajo. La empresa que los contrataba compró una tecnología que hace posible triplicar lo que ellos hacían, sin tener que pagar un salario, y además funciona 24 horas. Y lo mejor de todo, no necesita vacaciones. Hay quienes piensan que eso podría pasar con todas las profesiones, incluso con los abogados.

28 de octubre de 2016

Mi tesis de maestría

Una de las razones por las que vine a Brasil en 2014 fue para hacer una maestría, gracias a una beca del Gobierno Brasilero y de la universidad en la que estudié. Mi tesis de maestría fue aprobada por un jurado compuesto por tres doctores en comunicación que evaluaron mi trabajo de 2 años de investigación. De eso hablé en un post a comienzos de este año.

Mi investigación fue una articulación de los campos de las ciencias de la comunicación y el consumo (ya estudiado por la antropología, la sociología y la economía). En mi caso, para hacer esa articulación, recurrí al análisis del discurso sobre una serie de blogs de viajes que hablaban de emprendimiento, educación financiera, autoayuda y otras cosas. Para eso, me apoyé en autores como Foucault, Piketty y Naomi Klein, entre otros.

 

Contexto


Hoy en día emprendimiento es una palabra de moda. Utilizarla para vender libros, cursos y conferencias es un camino que — parece — garantiza el éxito, incluso si quien lo hace ni siquiera es un emprendedor. 

Hace poco se cuestionó en Brasil la trayectoria de una autodenominada emprendedora, llamada Bel Pesce, exitosa vendiendo cursos y conferencias de emprendimiento, porque aparentemente antes de eso no había logrado nada que una persona común y corriente con oportunidades suficientes hubiera alcanzado. Todo surgió porque a ella y a un ex participante de Master Cheff Brasil se les ocurrió hacer un crowdfunding para montar una hamburguesería. El problema era que tradicionalmente un crowdfunding era un ronda de financiación que hacía alguien que necesitaba de dinero, no alguien de familia rica que no estaba dispuesto a arriesgar su propio dinero.


16 de octubre de 2016

Repaso a la historia reciente de la publicidad

Entender el panorama de cómo funciona y hacia dónde va la publicidad es bastante complejo. Y para eso, tendemos que entender qué ha pasado en las dos últimas décadas. 

Canales online y offline compiten de igual a igual, cuando hace solo 10 años Facebook ni siquiera tenía idea de cómo iba a ganar dinero. Otros como Spotify, YouTube y Twitter estaban en un estado embrionario, y nunca llegaron a imaginar que se convertirían en competencia directa de la televisión y la radio. Para entonces, nos conectábamos a Internet desde un computador de escritorio y todo lo que entendíamos por publicidad en Internet eran incómodas ventanas emergentes como las que encabezan este post.
 
Lo más sofisticado que había era Google Adwords. Había también publicidad programática, que distribuia banners en toda la Internet, y teníamos también publicidad vendida por la versión web de los grandes periódicos y revistas de la época. Vamos a decir que había un cuarto canal, mas que a final de cuentas nunca fue de pago, como lo es el SEO. Voy a explicar brevemente uno a uno.

2 de octubre de 2016

Yo voté SÍ al acuerdo de paz con las Farc


El lunes 26 de septiembre de 2016 será recordado como uno de los días más importantes de la historia de Colombia, el día en que el Gobierno Colombiano y la guerrilla más antigua de América Latina firmaron un acuerdo de paz que le ponía punto final al enfrentamiento entre el Estado Colombiano y las Farc como movimiento armado.

Quizás no lo sepan, pero en los inicios de este blog el conflicto armado en Colombia era un tema muy recurrente. 2008, año en que este blog publicó por primera vez, fue una época en la que el conflicto armado se había recrudecido tanto, que las Farc habían acabado de asesinar un año atrás a 11 secuestrados. Varios meses después, en 2008, la convocatoria un millón de voces contra las Farc, iniciada en Facebook, hizo que millones de personas salieran a las calles bajo la consigna NO MÁS FARC (imagen que aparece al inicio de este post). 


Para la época, si me preguntaban, el secretariado de las FARC daba "tanto o más asco que Fernando Londoño Hoyos, José Obdulio Gaviria y Salvatore Mancuso juntos", como llegué a leer en un artículo titulado como las patrañas de Iván Márquez.

En los 20 años anteriores a eso, las Farc habían llegado a ser tan poderosas, que llegaron a controlar una zona del tamaño de Suiza en la época del fallido proceso de paz en el Caguán (1999-2002). Cometieron un atentado terrorista el día de la posesión del ex presidente Uribe en 2002 e incluso fueron acusados de explotar el Club el Nogal al norte de Bogotá en 2003, dejando 36 civiles muertos y 158 heridos

Sin embargo, ya desde el año 2001, y tras la aprobación del Plan Colombia y el inicio del Plan Patriota, el escenario se había comenzado a revertir cuando se acaban los diálogos de paz iniciados en 1999. Inicialmente en el Gobierno Pastrana y después por el Gobierno Uribe, serían estos dos gobiernos el punto de quiebre para que menos de una década después empezaran a caer uno a uno los máximos líderes de las Farc.

Si bien a los gobiernos Pastrana y Uribe (especialmente a este último) les debemos que el Estado haya recuperado el uso legítimo de la fuerza, fue también la opinión pública la que se empezó a agotar de que personas inocentes fueran víctimas de las Farc.


Quizás ya estábamos cansados, pero la evolución de los medios de comunicación lo hizo más visible y nos llevó a tomar acciones que las propias Farc llegaron a sentir.

25 de septiembre de 2016

Narcos: opinión de un colombiano en el exterior

Este post no contiene spoilers, y a menos que hayan estado debajo de una piedra en los últimos 20 años, Pablo Escobar ya está muerto.

Siempre pensé que la reacción de todas las personas que vieron la primera temporada de Narcos fue exagerada. Tal vez lo fue porque, aunque mis recuerdos no sean claros, yo ya existía en esa época. Sé, por ejemplo, que a Pablo Escobar, y a los grandes narcotraficantes de los años 80 y 90 en mi país, no les temblaba la mano de poner una bomba en un avión o un centro comercial, si con eso lograban deshacerse de una piedra en el zapato. De hecho en los años 80 y 90 en Colombia era normal que las personas se fueran a trabajar por la mañana sin saber si iban a regresar en la noche. Muchos inocentes cayeron.

Hacían esto para presionar al Gobierno. El terrorismo en los últimos 30 años ha sido una herramienta de comunicación para que los grupos extremistas dijeran que estaban ahí, y que no los podían ignorar como actores políticos. Es la forma más reprobable y cuestionable, pero solo me apoyo en un autor de comunicación política llamado Brian McNair para explicar un hecho importante de nuestra historia.

Así pues, Netflix hizo una serie alrededor de un período muy delicado de la historia de Colombia.


16 de septiembre de 2016

El futuro próximo de los planes de telefonía


Hasta hace unos días sobreviví durante más de 1 año sin un número de celular al que las personas me pudieran llamar. Si bien tenía una SIM con un número, la mayoría del tiempo permanecía guardada en mi billetera y la usaba apenas para situaciones muy puntuales. Por ejemplo, recibir un código de verificación para doble autenticación en algunos servicios que lo permiten (Google, Facebook e Instagram, entre otros).

Esa SIM, además, nunca tenía saldo. Si alguien venía a visitarme a Brasil, yo la prestaba y la recargábamos durante unos días. Ya para todo lo demás digamos que nunca salía de mi billetera.

Esto, por dos razones. La primera es que en mi anterior trabajo me habían dado un celular con otro número. Así pues, tenía al menos dos líneas (la mía que guardaba en la billetera y la de la empresa), más una tercera que en realidad no tenía número, sino sólo un plan de datos. O sea, tenía 3 SIM, y lo peor de todo es que nunca nadie levantaba el teléfono para hacerme una llamada. Todo siempre fue resuelto vía correo electrónico o WhatsApp. O si por algún motivo necesitaban llamarme, pasábamos a una llamada por WhatsApp, Viber o Skype.

Todo esto para decir que siempre evité al máximo que alguien llamara a mi teléfono, porque si lo hacía, la SIM seguramente no iba a estar en ese momento dentro de ningún celular. A final de cuentas, si se trataba de algo importante, iban a encontrar la forma de contactarme.

Ya para estos días me vi forzado a activar un plan para esa vieja SIM que permanecía en mi billetera con un plan de datos y minutos. La única razón por la que lo hice fue porque en el lugar donde trabajo ahora tengo tarjetas de presentación y ahí aparece un número de teléfono que no es de la empresa, sino mío directamente. En ese caso, no le voy a poner el trabajo difícil a un cliente mío de que averigüe cómo entrar en contacto conmigo. Allí aparecen todos mis datos de contacto, y si alguien tiene mi tarjeta y me contacta es porque se trata de algo importante, lo que no es el caso cuando recibía mensajes de texto tipo SPAM porque mi número estaba en una base de datos.

3 de septiembre de 2016

La evolución del contenido

2006 fue quizás la última vez que vimos una ruptura tan interesante. Si en 2004 nació Facebook, fue en 2006 que crearon Twitter y se popularizó junto con otros servicios que fueron llegando en años siguientes: YouTube (2006), Tumblr (2007), Pinterest (2010), WhatsApp (2010), Instagram (2010), Snapchat (2011) y Medium (2012). Esa ruptura marcó un antes y un después porque — piénsenlo — antes las personas se comunicaban de una forma más rústica.

Si bien teníamos altas velocidades de conexión a Internet, las personas buscaban información en Google, Google devolvía unos blogs en los resultados de búsqueda y los mejores blogs eran seguidos vía RSS por una minoría. Hacer esto en 2016 sigue siendo complejo, y aún así es (y era) de lo más avanzado que existía para estar bien informado.

Hay miles de ejemplos más que van por la misma línea: música bajada vía torrents vs. Spotify, Encarta vs. Quora y el VHS vs. YouTube, etc. A lo que voy es a que en menos de 10 años pasaron muchas cosas en torno de los formatos en los que consumimos contenido. De la TV, el cine, la radio y la prensa escrita pasamos a los computadores de escritorio y luego a los celulares. Si antes había apenas un par de formatos en manos de monopolios mediáticos con el dinero para producir telenovelas, series, documentales, reportajes, crónicas y noticieros, (y también para censurar mensajes) hoy la tecnología hizo que el número de formatos para crear un mensaje sea cercano a infinito.

En un solo trimestre Facebook puede introducir tantos cambios en su plataforma, como la televisión en todo un siglo, y todo está hecho no solo para que pasemos más tiempo en cada uno de estos servicios, sino para que sea más fácil producir contenidos. Incluso una persona analfabeta alguien de 13 años puede agarrar un celular, tomar un Snap y dejarlo 24 horas disponible.

23 de agosto de 2016

Taxis vs. tecnología

Colombia - Hace unos días la plataforma Denuncie al Taxista anunció que el servicio suspendería sus operaciones de manera indefinida. En el comunicado, compartido en Facebook y Twitter, afirmaban que el volumen de reportes requería de mucho tiempo de administración. Aseguraban también que filtrar reportes falsos, bloquear usuarios y en general toda la información que Denuncie al Taxista recibía (hasta 3000 reportes por semana) era un trabajo de únicamente 2 personas que se hizo siempre de manera manual.

Denuncie al Taxista era una aplicación que básicamente recibía quejas y comentarios de los usuarios de taxi en Bogotá, y los usuarios, al mismo tiempo, podían consultar por el número de la placa si el taxista que les iba a prestar un servicio había recibido quejas por parte de algún usuario. Para que sea más fácil de explicar, es como cuando al terminar un viaje en Uber uno califica al conductor. Si el conductor llega a tener una sola queja, Uber lo desconecta del servicio.

El problema de Denuncie al Taxista es que a pesar de las miles de quejas, nunca pasaba nada. Era lo opuesto contrario a Uber. En Semana, uno de sus fundadores incluso llegó a hablar de casos de taxistas con más de 150 quejas a los que nunca les pasó nada. Las propias empresas de taxi, aplicaciones como Tappsi e Easy Taxi y hasta la propia Secretaría de Movilidad tuvieron la oportunidad de concretar alguna alianza para usar toda esta información y poner un tatequieto a los miles de taxistas que son un peligro para la sociedad y, por tercera vez en un mismo párrafo, no pasó nada.

Es fácil de imaginar que, si el vocero de los taxistas siempre amenazó al Gobierno cuando había un debate sobre Uber, se podría esperar que lo mismo iba a pasar a quien se le ocurriera aceptar una alianza con Denuncie al Taxista. A final de cuentas, los taxistas consiguieron esta vez lo que querían: asfixiar a una plataforma que se les había convertido en un vidrio en el zapato si querían mantener el statu quo.

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