12 de febrero de 2017

¿Por qué Xiaomi salió de Brasil?

Antes de anunciar que no lanzarían más celulares en el mercado brasilero, Xiaomi estaba a punto de ingresar a México y a Colombia. Uno de los mayores fabricantes de celulares del mundo en 2015, de origen chino, había apostado en 2013 por una expansión global al traer de Google a uno de sus más altos ejecutivos trabajando para entonces en Android: Hugo Barra. Antes de eso, Xiaomi no era una marca muy conocida por fuera del mercado asiático. Para ser más exactos, la presencia de Xiaomi estaba concentrada en China, un mercado tan grande, que llega a tener más del 18% de la población mundial — 1.300 millones de habitantes —. Con un mercado de tales proporciones, una marca no tiene ni que preocuparse de ir a otros países hasta no consolidar presencia en su propio país.

Así pues, Xiaomi llegó a apostar por una expansión global con la llegada de Barra. Empezarían con India, que así como China tiene más de 1.300 millones de habitantes. Al día de hoy, podríamos decir que lo lograron. Xiaomi sigue lanzando celulares en India al día de hoy. Pero para la época en que llegó Barra también empezó una expansión de la marca en Europa y Norteamérica, donde durante mucho tiempo, por cuestiones de patentes, no se vendían celulares, sino accesorios como baterías portátiles, audífonos y la famosa Mi Band.

Sin embargo, la llegada a Latinoamérica era distinta. Hugo Barra (de Brasil) sabía que si una empresa quiere ser relevante a nivel global tiene que estar presente en ciertos mercados estratégicos, entre ellos, Brasil: la mayor economía de América Latina, y el país más poblado de la región: 204 millones de habitantes. 

Cuando una multinacional entra a Brasil, no tiene que preocuparse mucho por el resto de países del continente, pues ya está en 1/3 de ellos (200 millones en Brasil vs. 400 en el resto). Países como Ecuador, Panamá o Uruguay tienen una población menor que todo el Estado de Sao Paulo (40 millones), y por población apenas México (120 millones) y Colombia (49 millones) vale la pena para abrir nuevos mercados en un segundo momento. Argentina y Venezuela fueron más relevantes hace unos años, mas por cuestiones políticas y económicas perdieron relevancia en los últimos años.

Según esto, solo una vez Brasil, México y Colombia estén consolidados vale la pena pensar en otros mercados, pues al final la burocracia y los gastos para abrir una nueva oficina y contratar empleados en un nuevo país es la misma. Partiendo de esta lógica, primero hay que hacer sostenible la operación antes de pensar en expansión. Xiaomi ya había logrado esto en Asia, y ahora pensaba en el resto del mundo.

6 de febrero de 2017

Después de Steve Jobs: Elon Musk, construyendo el futuro


Si Steve Jobs fue un nombre que resonó en nuestro oídos desde el lanzamiento del primer iPhone en 2007 hasta hoy, quizás un nombre que empecemos a escuchar con la misma frecuencia de ahora en adelante sea el de Elon Musk, la persona detrás de Tesla, SpaceX y Solar City. Si no hemos escuchado hablar de ninguna de estas empresas, ni de Musk, quizás si hayamos oído hablar de PayPal, el primer sistema de pagos por Internet que desafió el atraso tecnológico de los bancos por allá en 1999, y que posteriormente fue adquirido por eBay, el gigante del comercio electrónico.

Y mientras a la mayoría de las personas le gusta pasar el tiempo en redes sociales, y yo paso mi tiempo escribiendo, Musk dedica día y noche a construir carros eléctricos que se dirijan solos, reemplazar la energía eléctrica con energía solar y a fabricar cohetes que puedan llevar a la humanidad a marte algún día.

Si todas estas ideas hubieran sido propuestas hace unos 20 años, nadie hubiera pensando que sería posible llevarlas a cabo. ¿Quién iba a desafiar a gigantes de la industria automotriz como Ford, General Motors y Mercedes?, ¿quién iba a cuestionar el papel de los combustibles y energías no renovables?, ¿quién iba a cuestionar que la humanidad tendría que vivir en el planeta tierra para siempre? Y quizás el problema ni siquiera hubiera sido cuestionar cosas que hacían parte del statu quo, sino todo el dinero que hubiera sido necesario para llevar todo eso a cabo.

25 de enero de 2017

Snapchat e Instagram Stories: repensando modelos de negocio tradicionales

Por estos días una de las peleas más disputadas en las arenas de la Internet tiene que ver con los dólares que circulan toda vez que somos impactados por un anuncio ya sea en un dispositivo móvil o en un computador de escritorio. Esta disputa es relativamente nueva si consideramos que la popularización de los smartphones viene de 2011 para acá. A propósito de los 10 años del lanzamiento del primer iPhone en 2007, Android fue lanzado en la misma época, año 2008. Sin embargo, fueron necesarios un par de años para que un celular con el sistema operativo de Apple o de Google llegara a manos de todo el mundo.

Antes de esto había también celulares Nokia que utilizaban un sistema operativo llamado Symbian. Había unos cuantos celulares con la marca Windows, y cómo olvidar la marca BlackBerry. Fueron estas marcas, y quizás Motorola, las líderes hasta antes antes de lo que hoy conocemos como teléfonos inteligentes. No obstante, llegaron a un punto — entre los años 2005 y 2008 — en el que no pudieron entender lo que el mercado estaba pidiendo, como si lo hicieron Steve Jobs (Apple) y Andy Rubin (Android).

Como podemos ver, la evolución del ecosistema de dispositivos móviles es algo reciente. Hasta antes de lo que mencionábamos más arriba, era muy extraño que un celular se conectara a Internet. No era necesario. Todo podía ser resuelto con llamadas, mensajes de texto o correos electrónicos desde un computador. Por consiguiente, nuestros primeros contactos con el www fue con un computador de escritorio y un navegador desde el que bajábamos música, programas, fotos, etc. Y peor aún: nos conectábamos con línea telefónica y módem.

Sin que mucho de esto haya dejado de ser así, quería llegar a este punto solo para hacer énfasis en que durante mucho tiempo siempre que nos conectábamos a Internet veíamos unos anuncios que eran horribles e intrusivos. Quizás todavía quede uno que otro en nuestra carpeta de Spam, pero hoy lo más seguro es que si vemos un anuncio sea también desde un celular y no sea tan horrible ni intrusivo, para lo cual empresas como Apple y Google (dueño de Android) han sido fundamentales, masificando el ecosistema de computación móvil.

Pero mientras todo esto pasó, la evolución de los anuncios que veíamos cuando nos conectábamos a Internet no paró. De eso hablé por aquí hace unas semanas. Esto abrió un mundo de oportunidades para los desarrolladores de servicios y aplicaciones que utilizábamos todos los días, y fue también la sentencia de muerte de lo que conocíamos como prensa escrita, pues a final de cuentas la publicidad tendría que salir de la tinta y el papel, para transformarse en bits y pixeles, permitiendo que el alcance de una publicidad a página entera de una revista ya no fuera de miles de personas, sino de un número cercano a infinito de usuarios conectados desde una aplicación o sitio web, y por precios irrisorios que mandarían a la quiebra a cualquier medio impreso. (En serio, ¿quién pauta a página entera en un periódico regional cuando puede aparecer en la red social y en el buscador que utiliza más del 99% de las personas conectadas a Internet?)

Fue de aquí que surgieron otros actores como Google Adwords, Facebook Ads y Twitter Ads, entre otros. No sobra decirlo, pero mantener funcionando estas empresas, con servidores almacenando nuestra información y personas trabajando en los productos que tenemos instalados en nuestro celular cuesta mucho dinero. Y el 99% de ese dinero viene de anuncios.

9 de enero de 2017

Nunca salimos de la crisis


La crisis económica que empezó en 2008 nunca acabó. Miles de personas perdiendo sus casas y sus trabajos no fue una escena aislada en Estados Unidos con un modesto alcance en el resto del mundo. Es algo que aun hoy, casi una década después de esa crisis haber comenzado, seguimos viviendo.

De forma superficial, digamos que la crisis empezó porque en Estados Unidos los bancos habían estado aprobando créditos hipotecarios a personas que no tenían ningún respaldo financiero:

~Yo -un banco- te voy a prestar $200.000 USD para comprar un apartamento. Sé que tienes un trabajo en el que te pagan mal, tienes además que pagar a otro banco que te prestó para la universidad, y vives ahogado en deudas por tarjetas de crédito, pero me voy a arriesgar.

~(Voz en off) De todas formas voy a revender esa deuda a otro banco. Yo recupero el dinero y el problema ya no es mío. Puedo hacer esto miles de veces sin que me pase nada porque la ley me lo permite.

Y ese fue el mensaje que dejó la crisis de ese año.

Hasta que el esquema no fue descubierto, la crisis no estalló. Hubo fraude dentro de los propios bancos para que todos estos préstamos fueran aprobados. Los bancos generaban deudas basura que no tenían ningún respaldo y por consiguiente se vendían basura entre ellos. Sería el equivalente a una sociedad consumista pero con bancos como protagonistas, comprando basura deudas en vez de bienes de consumo.

Y como todas esas deudas eran basura, nadie estaba en condiciones de pagarlas. La Gran Apuesta (vídeo de abajo) explica muy bien este episodio. Los bancos que las habían comprado se dieron cuenta de que no iban a recuperar el dinero que habían pagado, y de un momento a otro se vieron cortos de dinero en efectivo. Sin dinero en efectivo, los bancos no podrían otorgar créditos para que las personas se endeudaran compraran cosas, y al final esto hizo que la economía se desacelerara. Las personas dejarían de comprar, y las empresas que venden y producen esos bienes de consumo se quedan con menos trabajo para hacer. Hay despidos masivos, y cientos de personas dejan de recibir un salario, dejando así menos dinero circulando. Y el ciclo se repite. 

10 de diciembre de 2016

Las redes sociales sí servían para vender

Aproximadamente en el año 2010 fue la primera vez que escuché hablar del uso de redes sociales por parte de empresas. Hasta entonces, Facebook y Twitter eran utilizados casi que exclusivamente por personas comunes y corrientes (y políticos). Tras el éxito que significó la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2008, así como la primavera árabe para la misma época, las marcas empezaron a ver un gran potencial en las redes sociales.

Para esa época, ese potencial estaba limitado al hecho de que una marca podría tener una página de Facebook y un perfil en Twitter. Así se puso de moda decir que la comunicación ya no era únicamente unidireccional, como lo habían hecho hasta entonces los medios masivos de comunicación, sino ~decían~ que los medios ahora eran bidireccionales y que los consumidores podrían hablarles a las marcas.

Durante mucho tiempo esto fue cierto. Para la época en que utilizábamos Facebook desde el computador y que los únicos dispositivos móviles conectados a Internet eran de marca BlackBerry, nuestra relación con la tecnología era totalmente diferente a como lo es hoy. Solo los millonarios tenían un iPhone y Android no se había popularizado. Por consiguiente, nuestra relación con las marcas por estos canales era también muy diferente.

Pensemos en el hecho de que para entonces Twitter no estaba saturado y había muchas menos páginas de Facebook. Como consecuencia, estábamos conectados a menos personas y marcas, habiendo menos información circulando entre nosotros.

Pero una vez comenzamos a conectarnos desde celulares a estos servicios, empezó a circular más información y las cosas comenzaron a cambiar. Para subir una foto ya no había que bajar las fotos de la cámara y subirlas directamente desde un computador de escritorio, sino que el celular ya lo hacía directamente. Entre otras cosas, esto significó el éxito de Instagram en su momento. De esta forma, para Facebook ya no era suficiente organizar la información cronológicamente, así que hizo algo que Google había hecho mucho tiempo atrás: dejar que un algoritmo la organice.

2 de diciembre de 2016

Banalmente informado

La tragedia de Chapecoense, ocurrida el pasado martes 29 de noviembre, en la que murieron 71 personas entre jugadores, periodistas y tripulación de un avión que viajaba de Santa Cruz de la Sierra a Medellín, fue un episodio periodístico más de nuestra historia reciente.

Hechos desafortunados como este generan una explosión temporal de información que resulta difícil de procesar. En eventos similares, pero menos trágicos, aparecen memes pretendiendo ironizar la situación, como fue el caso de las recientes elecciones en Estados Unidos. Por supuesto, este no fue el caso, mas lo utilizo para describir cómo circula la información entre nosotros.

Una noticia como la del accidente aéreo de Chapecoense, y cualquier otra en la que haya vidas humanas de por medio, debería estar del lado del cuidado periodístico, y no de la opinión. Opinar lo hace cualquiera y estos son asuntos que, por respeto a las víctimas y sus familias, deben ser tratados con mucho cuidado.

Sin embargo, el periodismo es de papel. La ética periodística, además de existir en los currículos de las facultades de comunicación, existe solo dentro de unos pocos comunicadores que sienten de verdad respeto por la opinión pública. Y peor aún, todo el mundo cree que su opinión debería ser respetada así no tenga fundamentos. En ese punto ya se confunden las matices de lo que es periodismo y opinión. Mientras tanto, quienes viven de esto se venden por un click y se prostituyen por que la noticia aparezca en la parte alta del News Feed de Facebook a punta de likes.

Los grandes medios de comunicación en Internet todavía viven de esto de lo que ellos llaman visualizaciones (sea lo que sea que eso signifique). Hacen creer a los anunciantes que el número de usuarios únicos, lectores o suscriptores es importante, y para mantener los números por las nubes hay que valerse de lo que sea. Aparentan que clicks equivale a aprobación y a final de cuentas la calidad de un click nunca llegó a ser importante para ellos.

19 de noviembre de 2016

El algoritmo de UBER

Hace unos días le comentaba a un amigo que Uber era una de las empresas a la que muchos ex empleados de Facebook iban a trabajar. (Es solo hacer una búsqueda en LinkedIn para confirmar esto). Con sorpresa, mi amigo me preguntó el motivo, pues aparentemente Uber es solo una aplicación y no tendría la complejidad comercial que tiene Facebook, cuya única competencia que está a su altura son Google y la televisión.

~Pero si Uber es solo una aplicación.
~¿Qué de complejo tienen para que contraten tantas personas de Facebook?

De hecho la reacción es parecida con los que no saben que en Facebook también trabajan personas. El 99% de las personas no es consciente de que en Facebook y en Google hay anuncios, que son vendidos directa o indirectamente por seres humanos. Y no tienen por qué saberlo, pues casi todas las personas llevan la tecnología apenas en el bolsillo y como máximo en el computador del trabajo, pero aunque la tecnología avance tan rápido, eso no significa que los hábitos de consumo informativo cambien a la misma velocidad. Esto, solo para decir que no debería sorprendernos el hecho de que alguien no sepa que Uber, una de las mayores empresas de tecnología del mundo, necesita profesionales altamente cualificados en sus filas.

Y es que de hecho siempre que abrimos/bajamos una aplicación en el celular hay por detrás un trabajo humano que nos llevó a tomar esa acción. Nadie se bajó WhatsApp porque se le ocurrió espontáneamente esa palabra y luego la buscó en la tienda de aplicaciones del celular por sí sola. Siempre hay alguien haciendo el trabajo sucio de vendernos algo aunque no nos demos cuenta. 

Y así como hay personas vendiendo el producto, también hay otras cuyo trabajo es mejorarlo.

~ ¿Qué vende Uber?
~ Viajes en auto.
~ ¿Cómo lo cobra?
~ Con una tarjeta de crédito o dinero en efectivo.
~ ¿Cómo se puede mejorar lo que vende Uber?
~ Haciendo más cortos los viajes o reduciendo los tiempos de espera.
~ Con viajes más cortos los conductores pueden llevar más personas.
~ Con tiempos de espera menores fidelizan a los clientes.
~ Todo esto hace que Uber facture más viajes en cada vez menos tiempo.

12 de noviembre de 2016

Ctrl. + Alt+ Supr. al sistema

Cuando un computador se congela y deja de responder, hay que tomar medidas drásticas. Presionar Ctrl. + Alt + Supr., como sugiere el título de este post, es una de ellas. A veces como solución temporal funciona, pero otras veces hay que ir más allá e incluso formatear: borrar todo e instalar todos los programas de nuevo.

Algo así está cerca de sucedernos como sociedad. Con políticos de extrema derecha tomando el control por la vía democrática y sembrando odios contra los inmigrantes y minorías, contra todo lo que no sea considerado tradicional, estamos creando problemas más profundos de los que ya tenemos y ni siquiera hemos resuelto. Solo este año ya vimos 4 episodios en los que ganó el odio: Brexit en Reino Unido, plebiscito por la paz en Colombia, Impeachment de Dilma Rouseff en Brasil y elección de Trump como presidente de Estados Unidos. Entraremos en detalle más adelante.

"Tirando rocas al bus de Google" es el título (traducido) de un libro escrito por Douglas Rushkoff, en el que se usa esa expresión para describir otro  de los grandes problemas de la sociedad contemporánea. La frase se refiere a las miles de personas que ante la impotencia de quedarse sin trabajo porque un robot automatizó e hizo más barata su mano de obra, no vieron otra sino tirar piedras a los buses que transportaban empleados de Google en California. Google es una de las muchas empresas que no han ahorrado esfuerzos por reemplazar seres humanos con inteligencia artificial.

Piensen en qué pasaría si un día sus papás se quedan sin trabajo. La empresa que los contrataba compró una tecnología que hace posible triplicar lo que ellos hacían, sin tener que pagar un salario, y además funciona 24 horas. Y lo mejor de todo, no necesita vacaciones. Hay quienes piensan que eso podría pasar con todas las profesiones, incluso con los abogados.

28 de octubre de 2016

Mi tesis de maestría

Una de las razones por las que vine a Brasil en 2014 fue para hacer una maestría, gracias a una beca del Gobierno Brasilero y de la universidad en la que estudié. Mi tesis de maestría fue aprobada por un jurado compuesto por tres doctores en comunicación que evaluaron mi trabajo de 2 años de investigación. De eso hablé en un post a comienzos de este año.

Mi investigación fue una articulación de los campos de las ciencias de la comunicación y el consumo (ya estudiado por la antropología, la sociología y la economía). En mi caso, para hacer esa articulación, recurrí al análisis del discurso sobre una serie de blogs de viajes que hablaban de emprendimiento, educación financiera, autoayuda y otras cosas. Para eso, me apoyé en autores como Foucault, Piketty y Naomi Klein, entre otros.

 

Contexto


Hoy en día emprendimiento es una palabra de moda. Utilizarla para vender libros, cursos y conferencias es un camino que — parece — garantiza el éxito, incluso si quien lo hace ni siquiera es un emprendedor. 

Hace poco se cuestionó en Brasil la trayectoria de una autodenominada emprendedora, llamada Bel Pesce, exitosa vendiendo cursos y conferencias de emprendimiento, porque aparentemente antes de eso no había logrado nada que una persona común y corriente con oportunidades suficientes hubiera alcanzado. Todo surgió porque a ella y a un ex participante de Master Cheff Brasil se les ocurrió hacer un crowdfunding para montar una hamburguesería. El problema era que tradicionalmente un crowdfunding era un ronda de financiación que hacía alguien que necesitaba de dinero, no alguien de familia rica que no estaba dispuesto a arriesgar su propio dinero.


16 de octubre de 2016

Repaso a la historia reciente de la publicidad

Entender el panorama de cómo funciona y hacia dónde va la publicidad es bastante complejo. Y para eso, tendemos que entender qué ha pasado en las dos últimas décadas. 

Canales online y offline compiten de igual a igual, cuando hace solo 10 años Facebook ni siquiera tenía idea de cómo iba a ganar dinero. Otros como Spotify, YouTube y Twitter estaban en un estado embrionario, y nunca llegaron a imaginar que se convertirían en competencia directa de la televisión y la radio. Para entonces, nos conectábamos a Internet desde un computador de escritorio y todo lo que entendíamos por publicidad en Internet eran incómodas ventanas emergentes como las que encabezan este post.
 
Lo más sofisticado que había era Google Adwords. Había también publicidad programática, que distribuia banners en toda la Internet, y teníamos también publicidad vendida por la versión web de los grandes periódicos y revistas de la época. Vamos a decir que había un cuarto canal, mas que a final de cuentas nunca fue de pago, como lo es el SEO. Voy a explicar brevemente uno a uno.

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