12 de noviembre de 2017

El trabajo en el siglo XXI


Karl Marx escribió un libro titulado El Capital, y Piketty escribió El Capital en el Siglo XXI. Ambos autores, con varios siglos de diferencia, problematizan la renta, y exponen teorías sobre la desigualdad, un problema que no le cae muy bien a mucha gente. El problema de la desigualdad consiste básicamente en que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. Ambos autores tienen puntos de vista distintos, pues Marx vivió en el siglo XIX y su investigación era histórica, mientras que Piketty es un autor contemporáneo, que se basó en datos históricos de varias de las economías más avanzadas del mundo para traer el tema de la desigualdad en discusión.

Una de las teorías más simples de Marx consiste en explicar el origen del lucro: el lucro existe porque el producto final se vende a un valor por encima de lo que costó fabricarlo. Pongamos el ejemplo del vídeo de abajo, de un iPhone, que puede costar $300 dólares, pero se vende a más de $1.000. Esos $ 700 dólares de diferencia, sin embargo, son necesarios para pagar salarios, tecnología, oficinas, logística y un sinnúmero de factores que influyen en la mano de obra que hay detrás de cualquier producto. Quizás los $ 300 dólares iniciales paguen apenas las piezas y la mano de obra barata china. El punto importante aquí es que de esos $ 1.000 dólares, sacando todos los gastos, siempre habrá un margen de ganancia. Que si son $ 10 o $ 100 dólares, no importa. El punto es que hay un margen simplemente porque hay alguien comprando el producto a un valor más alto de lo que costó fabricarlo.

29 de octubre de 2017

La estrategia de Hardware de Google

Marcas y fabricantes que murieron en el camino no son pocas. Gigantes como BlackBerry, Windows Phone y Symbian hoy no existen más, aun y cuando llegaron a ser líderes del mercado en tiempos en que a nadie se le pasaba por la cabeza que algún día la computación móvil estaría en los bolsillos de todo el mundo. Hablamos del año 2007, justo cuando Steve Ballmer se rio en la cara de Apple porque nadie iba a pagar más de 500 dólares por un celular, afirmaba Balmer.

En tiempos en que el 85% de los ingresos de Facebook proviene de dispositivos móviles, y en Google representa una gran porción de sus ingresos en formatos de vídeo y búsqueda, la hegemonía en sistemas operativos móviles la comparten Android de Google y el iPhone de Apple. Entre los dos tienen un poder absoluto de más del 99% del mercado de smartphones. Y el menos de 1% restante tiene adentro a empresas que el día de mañana no van a existir más, o quizás cambien radicalmente su modelo de negocio, como llegó a pasar con Nokia, que renunció en su momento a los dispositivos móviles y se dedicó a la infraestructura. O BlackBerry que un día entendió que su fuerte era la seguridad y no la venta de celulares.

Hace unas semanas algo similar pasó con HTC, que llegó a un acuerdo con Google para que gran parte de su equipo de ingeniería trabajara en los proyectos de Hardware de Google. Se trataba del resultado de años de otros fabricantes como Samsung o la propia HTC, usando Android e incluso del propio Google con la serie Nexus.

Para entonces, con Nexus, Google se atrevía a dar el salto a lo que ellos mismos consideraban debía ser un celular con sistema operativo Android. En paralelo, mientras eso pasaba, habían sido otros fabricantes los que tenían una visión de producto, e incrustaban Android en algún lugar, como si de algo secundario se tratara. Ya con Nexus, Google tenía su propia visión de Android, donde era lo principal, hasta el punto de que guiaba las especificaciones del celular y no al revés. En su momento Samsung, HTC y LG llegaron a hacer parte de este proyecto antes de ser descontinuado. En el vídeo de abajo, podemos ver lo que llegó a ser la evolución de la serie Nexus en su corto tiempo de vida:


1 de octubre de 2017

La lenta y dolorosa muerte de la televisión (?)

Estaba por escribir un post al que titularía como "la lenta y dolorosa muerte de la televisión", sin signo de interrogación al final, y pretendía basar mi argumento no tanto en el punto de vista de las audiencias y cuánto es hoy más consumido vídeo por streaming y dispositivos móviles, vía Netflix y YouTube especialmente, sino más bien el punto de vista comercial, y la dificultad de vender publicidad para televisión, en comparación con vender publicidad para Internet, pues al final, la publicidad es la que paga el funcionamiento de la televisión.

Mientras escribía el post, me topé con una lectura de Samuel Scott sobre cómo todo el mundo está equivocado cuando se habla de la inminente muerte de la televisión. Aunque pueden leer el artículo dando click aquí, el punto que Scott defiende es que quienes hacemos estas afirmaciones lo hacemos o sin datos en la mano o desde un punto de vista sesgado: personas de no más de 35 años que trabajamos con tecnología y que vivimos en una ciudad capital. Una cosa es lo que nosotros pensemos y otra es como las personas en realidad se comportan en su día a día. Y el hecho de que nosotros mismos ni veamos televisión no quiere decir que sea una regla que aplique para todo el mundo.

Según el argumento de Scott, si nos salimos de esta visión sesgada y nos vamos a ver personas de otras áreas o regiones geográficas a la nuestra, personas comunes y corrientes, probablemente nos encontremos con una estructura familiar en que ambos padres trabajan en una ciudad del interior del país, y lo único que quieren estas personas al final del día es sentarse a ver televisión.

Estas personas no nacieron con tecnología, así que no le dan el mismo uso a un celular como lo haría una persona de 20 años, viviendo en una ciudad grande. Quizás usen Facebook y WhatsApp eventualmente, pero no por eso van a dejar de ver televisión. Y mientras esa audiencia exista, va a seguir existiendo la televisión.

24 de agosto de 2017

Libertad de expresión en tiempos de Internet

Si creíamos que habían acabado los tiempos en los que altas figuras de poder llamaban por teléfono al director de un periódico a increparle por la investigación que un periodista suyo estaba haciendo, estábamos muy equivocados. En tiempos de periodismo tradicional, las altas esferas del poder utilizaban a su antojo los medios de comunicación. Esto era posible porque existían unas relaciones personales entre los dueños de un medio de comunicación y la más alta clase política/empresarial de un país, pero también porque el propio Gobierno se anunciaba en los espacios publicitarios de los mayores medios de comunicación de un país, y la forma de presionar para que temas oscuros no salieran a la luz pública era presionando comercialmente: "si esa publicación llega a salir al aire, retiramos toda nuestra pauta publicitaria". Y eso fácilmente podría quebrar a un periódico, dejando decenas de periodistas en la calle.

Esta forma de presionar pretendía asfixiar a los medios periodísticos que se opusieran a un Gobierno, o que incluso mostrando imparcialidad osaran traer a la opinión pública los temas oscuros por los que un gobierno podría caer. En Estados Unidos el presidente Nixon cayó por el escándalo de Watergate, y por cosas mucho peores en Colombia escándalos como el proceso 8.000 o la parapolítica no le hicieron ni cosquillas a los presidentes de turno. Al final entregaron el poder a sus sucesores como si nada hubiera pasado, y hoy son personajes incluso consultados por los medios de comunicación para dar opiniones de interés periodístico. Qué ironía.

Si en su momento esos temas hubieran pasado desapercibidos, hubiera sido el triunfo del poder político y económico sobre la opinión pública. Era esto justamente lo que buscaba Pablo Escobar cuando silenció al Periódico El Espectador con la muerte de Guillermo Cano, o Carlos Castaño, cuando Jaime Garzón fue asesinado. Esta vez el periodismo había ido demasiado lejos, y tendría que ser silenciado.

Pero el problema para los amos del poder con esto es que la información es dinámica y se mueve muy rápido. Si un periodista ve que su vida está en riesgo por una investigación, la información es fácilmente transferible a otro profesional o medio periodístico. Si el periodista muere, posiblemente la información siga existiendo. Ahí ya dependería de otro medio de comunicación el decidir si hacerla pública (o no).

Esta forma dinámica en la que viaja la información es una característica relativamente nueva. En la universidad (hace menos de 10 años), yo hacía entrevistas con una grabadora. No había smartphones. Al menos la grabadora ya no era de casette, sino digital.  Y mucho antes de eso era solo el periodista y su libreta de apuntes. El poner un testimonio en un medio era un trabajo de horas, hoy es cuestión de segundos. Twitter o WhatsApp son mayores en número de usuarios que cualquier medio de comunicación, y filtrar información hoy es más fácil que nunca antes.

Esto sin embargo abre las puertas para que la banalidad de la información también ande libremente por ahi. No es de extrañar que el titular de una noticia haga referencia a los mejores memes sobre un asunto polémico. Y así concluyen 4 años de carrera de comunicación social y periodismo, con un titular basura que genere clicks. Acá pueden leer una opinión sobre ese tema publicada hace un tiempo en este blog.

6 de agosto de 2017

Muévete rápido y rompe cosas

Move Fast and Break Things es una frase utilizada por los empleados de Facebook para describir la cultura y la velocidad a la que se mueve su empresa. Siempre y cuando esas cosas a romper no involucren el dinero de los clientes o las leyes de un país, pueden romper lo que sea. Hace unos días leí un post de Andrew Chen, en el que hacía referencia a cómo esta cultura tenía un gran impacto en los desarrolladores de aplicaciones que en su momento apostaron en el ecosistema de Facebook, y una de las conclusiones a las que llegaba era que no todo el mundo se puede mover a la misma velocidad de Facebook. Quizás solo Google y Uber.

Hace unos años Facebook era algo totalmente diferente de lo que es hoy. Tal vez alguien recuerde los tiempos de Animal Farm y Tetris Battle. Facebook en su momento fue una plataforma en la que uno podía jugar y competir con amigos. Y detrás de estos videojuegos había empresas que encontraron en Facebook una forma de ganar dinero. Los juegos eran gratis, pero si querías avanzar más rápido podrías comprar items que te ayudaban a lograrlo. Y como los juegos eran adictivos, y todo el mundo tenía una tarjeta de crédito, las posibilidades de triunfar para muchos desarrolladores eran grandes.

Pero entre 2012 y 2013 pasó algo que muchos de esos desarrolladores no esperaban, y es que los ecosistemas de Android y iOS explotaron. Antes de eso, quienes dominaban el mercado de celulares eran BlackBerry, Nokia y Motorola, que no tenían estándares sobre lo que debía hacer un smartphone, y ahí estuvo el éxito de Apple y Google, que crearon el estándar de tener una tienda de aplicaciones en la que las personas compran o bajan software, así como lo hacían en un computador de escritorio.

Eso marcó un antes y un después para Facebook, que pretendía ser un ecosistema de aplicaciones antes de que Android y iOS lo fueran. Para adaptarse a este cambio, Facebook dejó de ser un ecosistema de aplicaciones y se convirtió en una aplicación de celular, como las miles más que hay en la App Store. Mientras tanto, hoy cerca del 85% de los ingresos de publicidad de Facebook viene de dispositivos móviles.

Antes de todo  eso las personas entraban a Facebook.com desde un navegador en el computador, y todo eso cambió de la noche a la mañana. En su tiempo libre, las personas empezaron a pasar cada vez más tiempo en el celular y menos en el computador de escritorio. Las empresas que vieron esto venir desarrollaron aplicaciones y lograron sobrevivir, pero muchas más murieron, como fue el caso de Zynga, que tenía una relación de total y absoluta dependencia con Facebook, de donde en 2010 llegaron a contar con hasta 85 millones de jugadores solo en FarmVille, jugando desde Facebook

Zynga llegó a ser algo así como una "subsidiaria" de Facebook para el desarrollo de videojuegos. En 2012 el 80% de sus ingresos dependían de Facebook. Posteriormente la relación se fue deterioriando cuando Facebook prohibió a los desarrolladores de videojuegos que utilizaran notificaciones tipo Spam para atraer nuevos jugadores.

Con Move Fast and Break Things me refería a todo esto, y cómo en poco tiempo Facebook pudo sobrevivir a algo que empresas gigantes como Nokia, Sony Ericsson, Microsoft, BlackBerry e incluso Zinga no vieron venir en su momento.

22 de julio de 2017

Afuera de Facebook

En marzo de 2017 desinstalé la aplicación de Facebook de mi celular. Eso son casi 5 meses en los que he dedicado mi tiempo libre y atención de una mejor manera a como lo había hecho desde que compré mi primer smartphone en 2011. Cuando desinstalé Facebook, no fue un adiós, pues mi cuenta sigue existiendo, acceso eventualmente desde el computador y sigo usando Messenger. Me parece que a estas alturas, en que algunos tenemos casi 10 años usando Facebook, uno no puede cortar una dependencia de forma tan radical. Además, no creo que todo lo que vemos en Facebook sea malo. En mi caso, al vivir en otro país, Facebook es la única forma en que puedo estar en contacto con muchas personas que me importan, y queriendo o no, mi día a día en el trabajo depende de Facebook (trabajo con eso). Para mí es una herramienta de trabajo, y el conocerla desde el otro lado fue lo que me hizo cuestionar la forma como la estaba usando.

— ¿Podría hacer algo mejor con el tiempo que estaba dedicando a Facebook?

30 de junio de 2017

Comercio electrónico en América Latina: dónde estamos y para dónde vamos - OPINIÓN


Hace unos 2 años publiqué en este blog un post sobre el presente y el futuro del marketing de afiliados en América Latina. Para quien no está al tanto, el marketing de afiliados consiste en básicamente ofrecer productos de un tercero desde un sitio web y ganar una comisión proporcional al valor del producto. Por ejemplo, yo podría escribir un review sobre un producto de Apple, y enlazar hacia Linio, Amazon y Mercado Libre. Si hubiera enlaces de afiliados de por medio, y alguien que leyó mi review acabara comprando el producto, yo recibiría una comisión, que suele variar, dependiendo del tipo de producto y de quien ofrezca el programa de afiliados.

Una de las conclusiones a las que yo llegaba en ese post era que el desarrollo del marketing de afiliados dependía en gran medida de que una empresa como Amazon o Linio tomaran las banderas de este formato para impulsar su desarrollo.

Desde que escribí ese post, el escenario no ha cambiado mucho en América Latina. Amazon sigue presente solo en México y Brasil, y en este último solo vende libros. Linio, por otro lado, es muy fuerte en países de habla hispana como México, Colombia, Perú y Argentina. Y Mercado Libre es un monstruo del comercio electrónico en todos los países del continente, pero no tiene un programa de afiliados.

Aunque dejé de hacerle seguimiento al tema de afiliados en esa época, sé que el escenario no es muy distinto de como era en 2015. Y una forma de verificar esto es que el propio comercio electrónico en América ha demorado un poco en crecer. Y estos son dos eventos relacionados. Vamos a ver por qué.

11 de junio de 2017

La semana laboral de 40 horas (?)

Marx escribió un libro titulado 'El Capital' en el que discutía cómo el dinero era resultado de mano de obra invertida en trabajo. Es una ecuación relativamente sencilla: si un trabajador en una fábrica de autos invierte 8 horas por día en una de las etapas en que el auto es construido, en realidad está dedicando 8 horas de esfuerzo físico en forma de trabajo, lo cual también significa que está transfiriendo valor de sí mismo hacia el vehículo que es construido (y posteriormente vendido).

Lo anterior tiene dos lecturas interesantes: la primera, que antes del dinero está la fuerza de trabajo. Y la segunda es que antes de la fuerza de trabajo está la energía que el cuerpo de una persona necesita para levantarse a hacer cosas cada día.

Si bien Marx describió el trabajo hace casi 2 siglos, la ecuación se mantiene intacta. Otros autores han intentado actualizar su teoría. Uno de ellos es Thomas Piketty, que habló sobre 'El Capital en el Siglo XXI' y cómo la acumulación de riqueza genera desigualdad, y aquí va un ejemplo: altos ejecutivos y accionistas de empresas con altos salarios, mientras que los empleados de la base tienen un salario regular. Al final la proporción puede ser de 10 a 1 fácilmente, y mientras el salario de estos altos ejecutivos tiende a crecer de forma acelerada, el salario de empleados comunes apenas crece al ritmo de la inflación.

Pregunta: ¿de dónde sale el dinero para que el salario del vicepresidente de una empresa de minería crezca? De que un minero es una persona menos preparada cuyo sueldo tiende a permanecer estable a pesar de que los rendimientos de la compañía crezcan.

Esto es algo que se puede percibir a simple vista en grandes centros económicos, como capitales o centros financieros, que es donde por lo general están las mayores empresas y todas las oportunidades. Allí es adonde las personas acaban migrando. Puedo poner dos ejemplos puntuales: Sao Paulo y la Bahía de California (vídeo abajo).

El caso de Sao Paulo es que a pesar de que Brasil atraviesa una recesión desde hace 3 años, entre la ciudad y el Estado de São Paulo generan casi el 40% del PIB del país. Es como si el resto del país estuviera sobre los hombros de una sola ciudad. Esto hace, primero, que personas del resto del país e incluso de otros países acaben migrando hacia este tipo de ciudad, que es donde hay más oportunidades, con lo cual la competencia por un trabajo es mayor.

Lo anterior hace que en las grandes capitales estén la mayoría de profesionales altamente cualificados, cuya mano de obra es más cara. Es más cara por varios motivos: porque son más competentes, tienen diversas destrezas y su educación no fue barata. No es tan diferente de los productos en un centro comercial, donde los más caros son los que tienen los mejores materiales y diseñadores. Y esto sin contar los costos tributarios.

Así pues, lo que pasa en las grandes ciudades es que hay una guerra a muerte por el talento de las personas, que es lo que pasa en la bahía de California, donde hay literalmente una guerra entre las empresas de tecnología: empleados de Google van a Facebook, de Facebook a Uber y así sucesivamente en un ecosistema de miles de empresas de tecnología, queriendo quedarse con el mejor talento que haya disponible. Y como la guerra es a muerte, y hay empresas millonarias o con grandes inversores detrás, el salario no es un problema:

24 de mayo de 2017

Aceptas los términos y condiciones


Algo curioso de muchas de las personas que se atreven a dar un concepto sobre si UBER es legal o ilegal es el hecho de opinar a partir de la emoción y no de la razón, del odio que les despierta la palabra taxista. Y lo mismo pasa desde el otro lado, cuando un conductor de taxi dice que Uber es ilegal sin siquiera haberse tomado el trabajo de leerse los términos y condiciones del servicio, o mostrando un total desconocimiento del principio de la neutralidad en la red.

Pero si en muchos casos hablamos de taxistas que ni siquiera tienen educación básica completa, ¿cómo les vamos a pedir que se lean unos términos y condiciones? Eso es mucho pedir. En el peor de los casos, su raciocinio los lleva a pensar que es más efectivo salir a quemar vehículos por simple sospecha.

Pero no nos hagamos los que esto no tiene nada que ver con nosotros. Que levante la mano el que se leyó de comienzo a fin los términos y condiciones de todos los servicios que utiliza. Nadie se leyó las no sé cuántas páginas necesarias para crear un Gmail. Estamos hablando de muchas empresas que nos prestan un servicio gratuito literalmente, a cambio de que les dejemos explotar nuestros datos. O incluso pagando, como es el caso de Uber, ignoramos por completo el contrato suscrito entre nosotros y estos gigantes de la Internet.

Y ahí es que uno se pregunta: ¿cómo alguien da su opinión desde una posición emocional sobre temas tan delicados, sin tomarse la molestia de ir a ver lo que ya está escrito desde un punto de vista legal? Según esto, no nos debería extrañar que haya legisladores en el Congreso queriendo decidir por nosotros con la mano en la biblia y no en la constitución, que fue lo que pasó justamente hace unos días en Colombia con el tema de adopción por personas solteras y parejas del mismo sexo. El Congreso es el fiel reflejo de la sociedad a la que representa. 

7 de mayo de 2017

Vivir en Sao Paulo: 3 años después

En enero de 2014 me mudé de Bogotá para Sao Paulo por tiempo indefinido y sin tiquete de regreso. Año y medio antes, en 2012, me había graduado de la universidad, y una de las primeras cosas que hice cuando eso pasó fue empezar a aprender portugués. Tenía claro que quería venir a Brasil, y lo mínimo que tenía que tener era dominio de la lengua. En esa época, Brasil estaba en mejores condiciones económicas de las que está hoy. El país había crecido durante casi una década, y tras una pasantía que había hecho en la OEA antes de graduarme, me acabé enterando de que había cientos de oportunidades académicas en en becas de investigación para maestría y doctorado, más que en cualquier país de la región. 

Desde mucho antes, cuando estaba en la mitad de la carrera en la universidad, ya me interesaba la vida académica, así que lo vi como un camino para continuar formándome. Si hubiera querido perseguir una oportunidad parecida en Colombia con una beca, como investigador en comunicación o ciencias sociales, me iban a salir raíces, y así fue como empecé a investigar todo lo que necesitaría además de la lengua: una visa y un cupo en una universidad

Así pues, pasé 1 año aprendiendo portugués. Hoy reconozco que en esa época yo no sabía absolutamente nada. Y cuando lo pienso, mi viaje hacia Sao Paulo ya había comenzado ahí, teniendo mis primeros acercamientos a la cultura y a la lengua, independiente de sí el avión que tomé fue un año después. 

De esta forma, hice un check list de cosas que tenía que hacer:

  • Aprender portugués. 
  • Ser aceptado en la universidad. 
  • Conseguir una visa. 

Estas tres cosas eran las más difíciles y tenía que dedicarles la mayor parte de mis esfuerzos. Todo lo demás como dónde iba a vivir o qué iba a pasar con todo lo que dejaría en Colombia lo podría dejar para resolver después.