5/17/2013

Abandonando los servicios de Google

Hace unas semanas no fuimos pocos los usuarios de Google que manifestamos nuestro descontento tras el reciente cierre de Reader, el servicio de lectura de feeds que para esa época utilizaban más de 5 millones de usuarios solo desde dispositivos móviles. Su decisión arbitraría solo apuntaba hacia un lado: los de Mountain View habían dejado de ser el 'don't be evil' que alguna vez fueron, pasando a convertirse en el nuevo Microsoft, el gigante al que alguna vez quisieron desafiar; una empresa que con tal de mostrarles utilidades a sus accionistas es capaz de tomar decisiones arbitrarias sin pensar en sus usuarios, aquellos que entregan su información y su privacidad a cambio de un servicio "gratuito". Esos mismos que dan click en los anuncios y que finalmente son los que alimentan a la gran familia Google.

Ante esta posición de indeferencia de la compañía, en la que seguramente seguirán cerrando servicios de forma inoportuna, no he sido el único que ha anunciado que buscará la forma de abandonar, en lo posible, todos los servicios que ofrece Google. Quiero estar preparado para el momento en que decidan acabar con otro producto o para cuando empiecen a cobrar como ya sudeció con Google Apps, que empezó siendo gratuito con la creación de hasta 50 cuentas; pasaron a ser 10; y hoy cobran por abrir una sola. Es una realidad que no podemos negar, que en el largo plazo todo lo que hoy creemos que es gratuito empiece a tener un costo con dinero real y no solo con nuestra información.

Viendo así las cosas, he tomado una decisión en los últimos meses respecto a qué servicios seguir utilizando de Google y cuáles abandonar. Este blog, por ejemplo, alojado en Blogger, que pertenece a Google, lo he empezado a emigrar, ya que no se me haría raro o que cerraran la plataforma o empezaran a cobrar por mejorarla, que por lo visto nunca lo harán. Hay opciones mejores como WordPress o MovableType. Respecto al navegador, decidí volver a Mozilla Firefox y abandonar Google Chrome. Empecé a usar los mapas de Nokia en el celular; adopté DuckDuckGo como buscador; y desde un comienzo dije que no iba a usar los nuevos servicios con los que pretendían competirle a Evernote y a Spotify.

¿Y Android?


Android para mí es un caso aparte. Si bien es el sistema operativo de Google; se alimenta de nuestros datos registrados en Google; y no sería nada si no tuviera a la gran G detrás, yo sigo concibiendo a Android como lo fue en sus inicios cuando era una pequeña Startup en Palo Alto, California, con Andy Rubin a la cabeza. Eso en 2004. Para entonces, Android ya pensaba en entornos móviles aún cuando nadie más lo estaba haciendo. No fue hasta 2007 que apareció el primer iPhone; y ni Nokia ni BlackBerry aún teniendo el poder de la telefonía móvil que ostentaban en esa época, fueron capaces de tomar el liderazgo de lo que vendrían a ser los dispositivos móviles 10 años después: hoy estas dos compañías se pelean por un tercer puesto.

Por esto último, y por haberse apoyado en lo que ha venido haciendo Linux desde los años 90 es que sigo viendo a Android como lo que fue antes de que Google lo adquiriera en 2005. Caso similar es el de YouTube, que hoy siendo parte de Google, en sus inicios no lo fue.

5/10/2013

Recuerdos de Estados Unidos: Washington, DC


Hace un año exactamente tomé la foto de arriba en Washington, DC. Unas horas más tarde me estaba montando en un avión para volver a Bogotá después de 4 meses. Y ahí terminó una de las etapas más importantes de mi vida: la de la universidad y la de estar lejos de casa por un largo tiempo.

El siguiente post lo escribí hace más de 1 año, pero hasta ahora lo publico. Hace parte de la serie de entradas sobre recuerdos de Estados Unidos que pueden encontrar a continuación:

Recuerdos de Estados Unidos - Nueva York (I)
Recuerdos de Estados Unidos - Nueva York (II)
Recuerdos de Estados Unidos - Baltimore

Quizás nunca lo hayan considerado, pero ¿alguna vez se han preguntado cuáles son las ciudades más importantes del mundo? Hay varias, y depende del área de la que estemos hablando. Por ejemplo, Bruselas es importante a nivel continental por ser sede de la Unión Europea y del Parlamento Europeo. Berlín, históricamente hablando, fue el punto en el que se dividió ideológicamente el mundo durante más de cinco décadas. E igualmente pasa con Silicon Valley en San Francisco si hablamos de innovación tecnológica. Igual Nueva York con Wall Street como símbolo de la economía mundial.

Realmente son muy pocas las ciudades que tienen el privilegio de ser símbolos a nivel mundial de algo importante, porque lo que pasa con la mayoría es que seguramente sean  importantes solo a nivel regional. Caso contrario es lo que pasa con Washington DC. El Distrito de Columbia, de ahí el origen del DC, no solo alberga la casa del presidente de Estados Unidos desde hace más de 200 años. Y eso ya dice mucho, al tratarse de la primera potencia a nivel occidental e incluso mundial desde hace más de 100 años. Y puede haber quienes no estén de acuerdo o a quienes simplemente les moleste esta afirmación, pero lo cierto es que desde Washington se pone la agenda mundial y se toman las decisiones más importantes del mundo a nivel geopolítico. O por lo menos cualquier gobierno lo piensa dos veces en EE.UU. antes de tomar cualquier decisión que vaya a trascender por fuera de sus fronteras.

Llevo cuatro meses aquí, y antes de eso jamás se me pasó por la cabeza poner un pie en Washington. Incluso lo que más me llamaba la atención de Estados Unidos estaba en otros lugares, y si hace seis meses me hubieran dado a escoger, hubiera estado entre Europa y Latinoamérica. Pero ya estando acá, uno se da cuenta de todo el poder que puede haber reunido en una sola ciudad.
 
Edificio del Banco Mundial en Washington, DC. A su redonda están el FMI, la OEA, el BID y la Casa Blanca.

Como dije más arriba, no solo estamos hablando de una casa presidencial, sino de dónde se encuentran los headquarters de algunas de las organizaciones internacionales más importantes a nivel regional y mundial. Washington es sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de la Organización de Estados Americanos (OEA), del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), y dejémoslo ahí porque no estamos contando el número de embajadas que puede llegar a haber en una sola ciudad en un solo barrio, ni el poder que realmente tienen el Congreso de EE.UU. o el FBI. Estamos hablando también de toda la historia que se esconde detrás de Washington, comenzando por su propio nombre, George Washington, primer presidente de los Estados Unidos y líder de una de las revoluciones que marcó el comienzo de toda una era que traería la independencia en el mundo occidental.

Llegando a Washington

Llegué a Washington un mes después de que me llamaran a mi casa a preguntarme si me gustaría hacer una pasantía en la OEA. Por supuesto acepté, y aún cuando faltaba menos de una semana para viajar, no sabía dónde iba a vivir, ni conocía a nadie. Mi plan era llegar a un hostal que encontré por Internet, y estando allá empezar a buscar algo más estable. Sin embargo, preguntando con amigos y familiares, llegamos al típico familiar o amigo lejano que me podía ayudar. Se trataba de dos familias que vivían en el área metropolitana de Washington, más exactamente en el estado de Maryland, que junto a Virginia rodea la capital de Estados Unidos.

Estas dos familias me ayudaron en todo lo que estuvo a su alcance, desde ir a recoger mi equipaje a media noche a otro aeropuerto diferente al que yo llegué por error de la aerolínea, hasta dejarme quedar en su casa mientras buscaba una habitación. Esto junto a todo lo demás: aprender a usar el metro, conocer la ciudad, comprar las cosas que iba a necesitar durante los siguientes 4 meses, conseguirme una línea de teléfono...creo que yo solo no hubiera sobrevivido.

Como lo mencioné alguna vez, durante esta época viví en una ciudad llamada Rockville, en Maryland. Escogí vivir allí porque hasta allá llegaba el metro Washington, aún cuando estamos hablando de otro Estado. Vivía en una habitación en una casa en la que vivían varias personas, pero nadie se hablaba con nadie. La verdad es que solo los latinoamericanos somos sociables y efectivamente ninguno de mis compañeros de casa lo era.

De mi casa a las oficinas de la OEA me tomaba 45 minutos, y diariamente me gastaba $10 dólares en ir y volver, casi 4 veces de lo que gastaba yendo a la universidad acá en Bogotá. Afortunadamente mi casa quedaba a unas pocas cuadras de la estación, pues conocía gente que a esos tres cuartos de hora le debían sumar lo que se gastaban en tiempo y en dinero en ir en autobús de la estación hasta donde vivían. Y a eso sumémosle que hay transporte que deja de pasar a las 8 de la noche. Había personas que a las 7 de la noche ya se tenían que ir a casa. Si esto que les digo cuesta el metro, no se querrán imaginar cuánto valía montar en taxi.
 
  Los dos edificios que hoy tiene la OEA quedan a unas pocas cuadras de la Casa Blanca y del Washington Memorial, la imagen con la que comencé este post. Tuve la fortuna de ver durante 4 meses esa imagen todos los días sin dejar de asombrarme cada mañana. También me asombraba durante los primeros días ver gente en la calle con un iPhone sin la desconfianza de que los fueran a robar, o con un iPad o un Kindle leyendo en el bus o en el metro. Eran cosas que veía todos los días en mi camino de la estación de Rockville a la de Farragut North. Imágenes que nunca podré imitar yo mismo acá en Bogotá.

En esos 4 meses también tuve la fortuna de ver más de una vez la caravana del presidente Obama. El video de aquí abajo lo grabé con mi celular al frente del Banco Mundial. Cierran las calles, todas las personas deben estar sobre la acera y nadie puede poner un solo pie en la avenida. El operativo lo empiezan a organizar al menos 5 minutos antes de que los carros pasen.
 

  DC United, el equipo de la ciudad
 

Washington también tiene un equipo de fútbol. No es el deporte más popular, como el hockey, el baseball, el fútbol americano o el basketball, pero tiene hinchas. El DC United, que jugó como invitado en la Copa Sudamericana 2007, llegó a la semifinal de la MLS en 2012. No le alcanzó para el título, pero bueno. Tuve la oportunidad de ver a uno de los equipos más importantes de la liga de fútbol soccer de ese país. Algo que me llamó mucho la atención es todo el marketing que hay alrededor del equipo aún cuando el estadio nunca se llena y los precios de la boletaría son altos: uno ve autobuses, paredes y diarios con publicidad en la que invitan a la gente a ir al estadio. Así terminé un día el JFK Stadium, una de las sedes del mundial de USA 94.
 

También tuve la oportunidad de conocer Dupont Circle, que junto a TImes Square en Nueva York, la Puerta de Brandenburgo en Berlín y el barrio Cedritos en Bogotá, es el mejor lugar en el que es he estado, pero más por su significado, que por lo que haya allá. Es una de las partes de la ciudad donde quedan los bares y discotecas. Lo especial es que parte la cultura norteamericana  tiene algo que nosotros no: los happy-hours. Que, sí, acá existen, pero son una muy mala imitación. En Estados Unidos existe la cultura de que después del trabajo nos vamos a tomar una cerveza y nos vamos a desestrezar. No nos vamos a emborrachar. Solo vamos a pasar un rato agradable con los compañeros del trabajo. Y si quieren el mejor Happy-Hour de Washington, DC, tienen que ir a Vapianos.

Bueno, para no alargar más este post, quisiera dejarlo hasta acá. Me hizo falta hablar del Capitolio, de los museos, del monumento a Lincoln y el de la guerra de Corea, pero bueno. No sé si en una próxima oportunidad. Esta vez solo quería recordar un largo episodio que tuvo mi vida y que terminó hace un año precisamente.

Si algún día van, busquen una pizzería que queda al frente del edificio GSB de la OEA, el que tiene un Juan Valdez en el primer piso.

Los dejo con una selección de mis más de 900 fotos.

5/03/2013

Cómo logró WhatsApp ser tan popular

Hace unas semanas el CEO de WhatsApp dio a conocer en la conferencia de AllThingsD que la aplicación de mensajería privada más popular del planeta no se había resentido a pesar del anuncio de empezar a cobrar $0.99 USD por descarga, y que por el contrario, ya eran 200 millones personas usándola en todo el mundo. En total, agregó, habían superado la cifra de 8.000 millones de mensajes entrantes, un poco menos de los 10.000 que mueve Facebook. Respecto a Twitter, la red de los 140 caracteres alcanza la nada despreciable cifra de 600 millones de mensajes por día.

Si bien estamos hablando de diferentes tipos de redes sociales, con WhatsApp como una plataforma de mensajería instantánea, Facebook y Twitter nos sirven como punto de referencia en la medida en la que son dos de los sitios que más usuarios reúnen en la web. Por eso mismo, estamos hablando del servicio de chat más exitoso hoy por hoy

Para entender el éxito de WhatsApp hasta hoy, debemos considerar varios aspectos. En primer lugar, solo para que lo tengamos en cuenta, WhatsApp es una compañía de la que muy poco se sabe. Sabemos que sus fundadores son dos ex empleados de Yahoo!, que trabajan cerca de 50 personas, y que sus oficinas están ubicadas en Santa Clara, California. Precisamente no fue hasta mediados de 2012 que alguien logró colarse a sus oficinas para hablar con sus fundadores. Por este mismo secretismo de la compañía, hay quienes dudan y desconfían de qué pasa con todos los datos y mensajes que entrega la gente usando el servicio.

Aclarado esto, podemos empezar a ver cómo WhatsApp se ha hecho uno de los lugares más deseados por las más de 700 millones de aplicaciones que se ofrecen en Android y iPhone. En primer lugar, debemos mirar hacia las empresas de telefonía móvil, que hasta hace unos años cobraban por un servicio que a ellos les salía gratis, como explican en ENTER.CO. Solo con que un SMS tuviera un costo de $0.01 dólares, que es de 0 en realidad, y lo vendieran a $0.10, eso ya representarían utilidades cercanas al 1.000%.

Esto en un comienzo lo vio BlackBerry, que lo aprovechó para vender un equipo que prácticamente regalaba esos mensajes de texto, mientras que los usuarios que tuvieran un celular de cualquier otra marca se tenían que ceñir a las tarifas que ofrecían los operadores. Las demás plataformas como MSN Messenger, Gtalk e incluso Facebook solo se podían utilizar desde ordenadores. Es decir que para ese momento, hasta el hoy extinto MSN hubiera tenido el chance de desarrollar una aplicación móvil y abrirla a todos los sistemas operativos, lo que BlackBerry tampoco fue capaz de hacer.

Ahí fue entonces cuando WhatsApp se hizo una pregunta: ¿por qué los mensajes de texto tienen un costo cuando se puede tener un plan de datos ilimitado?, explican en una pregunta hecha en Quora. Los mensajes de texto son datos, unos cuantos bytes realmente. Si me dicen que tengo que pagar 10 centavos por unos cuántos bytes cuando tengo derecho a usar 5 Gigas por mes, lo siento. Los mensajes de texto son un abuso, visto desde este punto de vista.

WhatsApp arregló esto, y con más de 200 millones de usuarios usando un plan de datos, solo fue cuestión de tiempo para que la aplicación se empezara a vender como el reemplazo de los mensajes de texto. De hecho, solo con tener el número de teléfono de la otra persona, incluso si hablamos de un país a otro, ya nos podemos poner en contacto por prácticamente nada: $1 dólar, lo mismo que cuesta montar en autobús o comprar una cerveza, sin ni siquiera tener que hacer un registro de datos complejo.

Y a esto sumémosle algo más que tampoco tienen los mensajes de texto aún hoy: la posibilidad de enviar archivos adjuntos y crear grupos, algunas características que ni siquiera tenía la competencia en ordenadores. Yo le agregaría el plus de poder extraer todos los contactos de la libreta de direcciones e identificar cuáles tienen instalada la aplicación. Esto último inclusive nos ahorra el tener que hacer una solicitud de amistad muchas veces fallida o no recibida.

Si todo lo anterior lo juntamos con que WhatsApp fue la primera aplicación que hizo todo esto al tiempo, y que tuvo la fortuna de estar en el lugar correcto en el momento correcto, entenderemos por qué ni LINE, ni Viber, ni Kakao Talk, por más que se parezcan y que no cuesten nada, jamás podrán estar a la altura del servicio de mensajería instantánea más popular del planeta.

4/26/2013

-"No tengo tiempo". -¿Es en serio?

No logro comprender a aquellas personas que aún trabajando 8 horas al día, los 5 días de la semana, no les queda tiempo nunca para terminar su trabajo: gente que se lleva el trabajo a la casa, trabaja en las noches y los fines de semana sin recibir una remuneración extra. Entiendo que suceda eventualmente, o que en empresas que hasta ahora estén empezando sea algo necesario. Sin embargo, hay gente que lo toma de costumbre y ve normal que le manden correos a las 9 de la noche un viernes (!). Por contrato, uno no debería ni revisar correos por fuera del horario laboral. Sin embargo, repito, hay ocasiones que se justifican. Mi comentario, no obstante, va dirigido hacia aquellas personas que lo han convertido en un hábito.

Por ello, quisiera darles algunas pautas a aquellas personas que se encuentren en esta situación, para que manejen mejor su tiempo y no vivan bajo presión odiando su trabajo.

Primero, aléjense de las redes sociales. Como ya lo había mencionado en una entrada pasada, esto nos pondrá por encima del 90% de nuestra generación. Hace aproximadamente un mes decidí cerrar Facebook al menos mientras estoy trabajando. Ya tendré tiempo cuando llegue a casa o en los descansos que me tome de revisarlo. No hay necesidad de hacerlo permanentemente. Esto solo nos hará más ineficientes en la medida de que seguramente se corte nuestra concentración en el momento en el que queramos llevar a cabo una tarea que tome su buen tiempo.

Por lo anterior, se desprende que terminamos viendo Memes o videos en YouTube, tiempo perdido que probablemente tendremos que recuperar desde casa. Para el caso de Twitter, hago algo similar: simplemente mantengo abierta una pestaña de menciones a la que respondo si me hablan, y cuando tengo tiempo libre en las noches y en las mañanas, o desde el celular cuando no estoy haciendo nada reviso mi Timeline.

El alejarnos de las redes sociales también incluye WhatsApp. No tienes que responder inmediatamente a todos los mensajes que te llegan. Puedes responder dentro de 2 o 3 horas e igualmente a la otra persona le llegará el mensaje. El punto central de lo que estoy diciendo es que nos alejemos de todas las posibles interrupciones que nos podamos encontrar. Esto hará que terminemos nuestras tareas más rápido.

Otra de las cosas que me ha funcionado es no perder tiempo buscando las canciones que queremos escuchar mientras hacemos algo. Para ese caso, me ha funcionado muy bien usar Pandora, donde escribo el nombre de una canción, un género o una banda, y la plataforma me empieza a arrojar al azar música que se parezca a lo que estamos buscando. Para esto también funciona tener listas de reproducción en YouTube o poner iTunes en modo Shuffle. El punto es no cambiar de tarea cada vez que se acabe la canción que estemos escuchando.

La última es tratar de llevar un orden de todo: de lo que tengo que hacer y de lo que estoy haciendo, tomando notas cuando lo veo necesario. Si voy a una reunión, procuro escribir todo en un solo lado, en Evernote desde el celular para tener esas anotaciones disponibles desde cualquier lugar con conexión a Internet. O si tengo tareas pendientes para realizar durante la semana, utilizo una aplicación en el celular que se llama TASKOS. Esto en últimas me permite ahorrar el tiempo que bajo otras circunstancias dedicaría a pensar en "¿qué es lo que debo hacer hoy?" o "¿dónde fue que anoté lo que dijeron en esa reunión?".

4/19/2013

¿Está Google perdiendo el control de Android?

Hace unos días tuve la oportunidad de tener en mis manos un tableta con sistema operativo Android 2.3, marca Coby. Si bien esta no es la marca más desconocida que he visto en persona, y aún habiendo probado desde modelos chinos excelentes, hasta otros que aún siendo Samsung apestan, me llamó la atención el hecho de que este modelo no tenía App Store. ¿Cómo así?, se podrán preguntar ustedes. Pues bien, no tenía la Google Play Store, que es la oficial, ni se podia instalar descargando la aplicación por otro lado; así que me puse a ver qué tipo de aplicaciones venían instaladas por defecto, y ¡BINGO! Finalmente sí tenía. Se llamaba JetJar, y realmente tenía un catálogo muy pobre, si lo ponemos al lado de las tiendas de aplicaciones de Apple, BlackBerry o Windows Phone.

Tras este episodio, me hice la pregunta de cómo es posible que cualquier empresa pueda utilizar uno de los productos de Google, moldearlo a su manera y presentar algo tan malo. Por un lado, tenemos lo que ha conseguido Amazon con el Kindle Fire: agarraron Android, lo dejaron irreconocible y le cambiaron la tienda de aplicaciones. Ese fue quizás el primer tablet low cost del mercado: solo $199 USD, y consiguieron un producto increíble. 

Por otro lado, tenemos modelos penosos también usando Android. Es el caso del Samsung Galaxy Y o en su momento el Motorola Flipout (¿era eso un beeper?). Son modelos de gama baja, que se aprovechan de los usuarios que menos saben del tema, y los hacen pensar: "ahh...pero tiene Android. Seguro es un buen equipo", dirán. Se acaban de encartar con algo que no le llega ni a los talones a un Samsung Galaxy SIII, un Nexus o un Motorola RAZR. Tienen en sus manos un teléfono que en una o dos semanas estará lleno de aplicaciones, aún cuando no le hayan instalado más de 10.

En fin, a lo que iba con ambos casos es que, al igual que la tablet que tuve en mis manos hace unos días, se trata de empresas ajenas a Google que toman Android y lo adaptan a su manera, llegando a los extremos de cambiarle la cara a su interfaz o a no dejar rastro de la tienda de aplicaciones original. Y ni hablemos de lo que hacen las empresas de telefonía celular en cada país, de instalarle a su antojo aplicaciones o no llegar con las actualizaciones del sistema operativo a tiempo.

La fragmentación de Android, ¿un fenómeno inevitable?

Para los que no tienen claro los inicios de Android, en 2004 Andy Rubin trabajaba en Android antes de que fuera adquirida por Google. En esa época, años antes de que el iPhone fuera lanzado, ya se estaba trabajando en un sistema operativo móvil. Larry Page recordó hace unos días en el blog de Google que para esa época los de Mountain View guardaban en un armario más de 100 modelos de teléfono celular, y tenían que programar aplicaciones para cada uno de ellos

Android digamos que solucionó ese problema, pues le dio la posibilidad a muchos fabricantes de teléfonos de tomar ese nuevo sistema operativo e instalarlo en sus terminales. Esto sin necesidad de que pagaran un solo dólar. ¿Por qué? Porque Android está basado en Linux, un sistema operativo de código abierto, creado a comienzos de los 90, y cuya licencia manifiesta que cualquier persona puede alterar el código para mejorarlo o adaptarlo a sus necesidades. La única condición es que el producto final deberá seguir teniendo esta misma licencia, y no se podrá cobrar por ella.


Ahí es que uno entiende por qué así como hay equipos excelentes con Android, hay también otros que dejan mucho que desear, algo que nunca veremos con un iPhone, un Nokia Lumia o un BlackBerry Z10. Si bien están basados en licencias restrictivas que le dan menos libertad al usuario final, esto mismo permite que se cuide más el acabado y que no cualquiera le pueda meter mano. En ese sentido, la fragmentación de Android es un fenómeno inevitable.

4/12/2013

Energía solar, un recurso pendiente de explotar


Este post lo escribí originalmente para un proyecto que hicimos con Agua Brisa y MSN Latinoamérica a finales del año pasado, pero que finalmente no fue publicado, entre otras razones, porque el proyecto terminó antes de lo previsto. Así pues, guardé varios artículos, y este es uno de ellos. En fin, no suelo escribir sobre ciencia o medio ambiente, pero a veces se me ocurren buenas ideas.

En tiempos de crisis y de calentamiento global, no son pocas las personas que buscan de alguna manera cómo poner un grano de arena para contribuir con un cambio, seguramente disminuyendo sus gastos en electricidad, o limitando el uso de cualquier aparato eléctrico en casa. De la misma forma, también podemos cambiar algunos hábitos como ir a pie, usar la bicicleta o empezar a reciclar, por qué no. Y así, hay mil maneras más de darle una mano no solo al planeta, sino también a nuestro bolsillo. Hoy precisamente, quiero hablarles de otra de esas formas de contribuir al planeta, con el uso de una energía alternativa, limpia y renovable: la energía solar.

Al respecto hay ideas interesantes que vale la pena tener en cuenta, como el concepto del diseñador Jonathan Globerson, en el que parece ser un artículo de decoración para el hogar, un objeto que capta tanto energía del viento como del sol, permitiendo un ahorro hasta del 6% en la factura eléctrica y de una tonelada de CO2 al año. Igualmente, en todo el mundo se están llevando a cabo ideas increíbles que van por la misma línea, como la planta de energía solar más grande de Estados Unidos en California, que tiene un área de 150.000 metros cuadrados, el equivalente a 27 campos de fútbol, y que produce hasta 10 megavatios de electricidad, suficiente para suplir las necesidades de 6.500 familias. 

Pero, ¿está la energía solar al alcance de todos?, ¿no es acaso un recurso disponible solo en países desarrollados? Muchos creen que sí, sobre todo si tenemos en cuenta que sus tres principales productores son Alemania, España y Japón, mientras que China los fabrica para exportación, no los instala, siendo el mayor fabricante con más de 50 millones de unidades cada año, más de la mitad del total. En cuanto a Sudamérica, el primer país en tener un megaproyecto de este tipo fue Argentina en la provincia de San Juan en 2011, donde la inversión fue de 10.5 millones de dólares para abastecer a 1.500 hogares con 4.600 paneles fotovoltaicos. Similar es el caso de Perú, que tiene planeada la que sería la planta más grande de América Latina, y que podría llevar luz a más de 60.000 familias.





¿Y qué pasa después de su instalación?, ¿Acaso duran para siempre los paneles solares? Ese es uno de los problemas por los que para muchos ésta no es una idea perfecta, y es que su tiempo de vida no supera los 30 años, tras lo cual quedan residuos peligrosos como plomo, selenio o cobre, sustancias que necesitan de complejos y costosos procesos para su tratamiento, así como su fabricación requiere materiales altamente tóxicos, dejando abierto el interrogante sobre si vale la pena asumir estos riesgos a cambio de usar una fuente de energía limpia y renovable como la solar.
 
En todo caso, después de considerar los pros y los contras, esa es una decisión que nosotros mismos habremos de considerar. Al respecto, le pregunté a Alberto Osorio, Ingeniero de Solutecnia, quien me habló sobre algunos puntos importantes para tener en cuenta, en caso de que decidamos optar por su instalación:

4/05/2013

¿Qué puedo empezar a hacer hoy que me sirva dentro de 5 años?

¿Si pudieran en este momento hablar con ustedes mismos pero con una versión 5 años menor, qué le dirían? Lo más seguro es que le recordaríamos algunos episodios puntuales de nuestra vida, y les diríamos cómo actuar al respecto, como en Volver al Futuro: ¿has estado en una situación en la que tienes que actuar pero no sabes cómo hacerlo? La frase no es textual a como la dicen en la película, pero lo que quiero decir es que nosotros mismos en el futuro seríamos la única persona correcta que podría decir si estamos haciendo bien o no las cosas ahora mismo.

La otra opción sería recurrir a gente mayor a nosotros, con más experiencia y que haya vivido más. Seguramente no seamos los únicos que hayamos pasado por una misma situación, y a final de cuentas nuestra vida se parezca en ciertos aspectos a la vida de muchos más. Sobre este tema encontré mucha tela que cortar leyendo una pregunta en Quora, que para los que no la conocen, es una red social de preguntas y respuestas colaborativas. Muy parecido a Yahoo! Respuestas. La pregunta original, que pueden leer desde este enlace, decía:

¿Qué puedo empezar a hacer hoy que me sirva dentro de 5 años?

De las 30 respuestas que había cuando empecé a leer, quise hacer un pequeño resumen con ciertos puntos que pienso empezar a poner en práctica, y otros que ya llevo haciendo desde hace un tiempo. Esto me diría a mí mismo a los 18 años:
  1. Aprende a cerrar Facebook y a controlar tu adicción a las redes sociales. Esto te pondrá por encima del 90% de tu generación.
  2. Empieza a practicar algún deporte y a comer saludablemente. Tu cuerpo te lo agradecerá algún día.
  3. Conviértete en un comunicador. Tu cabeza puede estar llena de buenas ideas, pero si no sabes hablar en público o cómo contestar al teléfono, difícilmente podrás transmitir tu conocimiento a los demás.
  4. Ten un lugar en el que puedas hablar solo. ¿No crees en Dios? OK, pero hablarle al universo o a ti mismo en voz alta te ayudará a poner en orden tus ideas.
  5. Aprende a manejar tu presupuesto y a ahorrar. No esperes a que la vida te fuerce a conseguir tu propio dinero y a hacerlo durar hasta el último día del mes para que sepas qué es prioridad en tu vida diaria o no.
  6. Aprende a hablar otro idioma. Saber español e inglés es algo común y corriente por nuestros días.
  7. Ahorra por un buen tiempo y vete de viaje lejos de casa. Tu ciudad es muy pequeña; el mundo, muy grande; y hay mucho que conocer; para quedarte ahí para siempre.
  8. Conoce gente mayor o comparte con gente menor. Hablar con alguien mayor sobre nuestros logros, experiencia de vida y hacia dónde queremos ir nos puede aclarar muchas cosas sobre lo que realmente queremos. Hacer lo mismo desde el otro lado, hablando con los más jóvenes, será tu aporte para las próximas generaciones.
  9. Ten objetivos y metas claras. Pensar a largo plazo en momentos en los que me debí haber desesperado es lo que más me ha ayudado a mantener la calma.
  10. Finalmente, escríbete hoy una carta a ti mismo para que la leas dentro de 5 años. ¿Habrás conseguido lo que querías para entonces? Empieza desde hoy a buscarlo.

3/29/2013

Internet trajo una nueva forma de escribir

Cuando empecé a escribir este blog hace 5 años, no tenía ni idea de cómo se escribía para Internet. Escribía textos largos, no los acompañaba con videos o imágenes y mucho menos me detenía a pensar en quiénes estaban al otro lado leyendo. Durante todo este tiempo, lo poco que he aprendido ha sido gracias a los más de 100 blogs que leo todos los días vía RSS.

Si bien en algún momento de mi carrera llegué a ver materias relacionadas redacción para Internet, de las que entre otras cosas aprendí que no hay que escribir párrafos largos, que los lectores no leen sino rastrean la información y que hay infinidad de recursos para acompañar una noticia; aún queda un largo camino por recorrer y por aprender. Y lo digo aún cuando estoy al frente de tres blogs y que he escrito en varios más como invitado desde entonces.

Desde hace unos días, he venido haciéndome la pregunta de cómo está cambiando Internet la forma en que escribimos. Quería hablar de cómo ha cambiado la forma en que nos comunicamos, pero esto daría para analizar una por una las plataformas que utilizamos todos los días, por lo que prefiero hacer algunas generalizaciones al respecto.

Para empezar, hoy escribir está al alcance de todo el mundo. El que lo quiera hacer puede abrir su propio sitio web sin pagar un peso. Hasta hoy yo creía que las únicas plataformas que había eran Blogger, Wordpress y Tumblr. Sin embargo, leyendo una columna de TechCrunch, que les recomiendo, conocí otras que aún no se han popularizado en esta parte del planeta, como PandaWhale, Svbtle y Branch

Que haya este tipo de herramientas es un gran avance, partiendo del hecho de que hace dos décadas solo podía escribir en un medio de comunicación alguien que tuviera una credencial de periodista, como ya lo habíamos discutido alguna vez. Hoy en cambio puede hacerlo desde un ingeniero, hasta alguien sin un título profesional, incluso mejor que alguien que le dedique su vida a la comunicación y a las letras. Resulta curioso, ¿no?

Gracias a esta facilidad para escribir, y a que contamos con correctores de estilo, hoy el tema de tener una buena ortografía y manejar unos conceptos básicos de gramática han pasado a ganar relevancia, pues por más que tengamos 20 seguidores en Twitter y 30 amigos en Facebook, lo que escribimos ahora está al alcance de una solicitud de amistad, un follow o un correo electrónico. Por esto, hoy la gente se preocupa un poco más por dejar una buena primera impresión en lo que escribe. Lo contrario implica un aislamiento social en la red. Llévándolo a los extremos:

  <<Y4 t0D0S Zav3moZ ke paza cn loz ke ezkriven azzi!!!!!>>

Sumado a lo anterior, hay cosas cotidianas a las que hoy muchos ni siquiera les prestamos atención: tenemos, por ejemplo, la diferencia entre gritar o mantener la calma en Internet, que queda manifiesta en el uso o no de unas mayúsculas sostenidas; cómo debemos escribir para que un buscador nos indexe; después de cuántos párrafos nadie nos va a leer; saber si acortar o no un enlace; o cómo licenciar nuestros contenidos. Son detalles que en estos tiempos de Internet pueden marcar la diferencia entre escribir y escribir bien.
En mi caso, son cosas que he aprendido leyendo en la blogósfera, entre ellas, la importancia de escribir párrafos cortos, pues permiten tener una lectura más ligera, más cuando es normal tener 10 pestañas abiertas al tiempo. Igualmente, la diferencia entre tratar de 'usted' o de 'tú': hace unos meses me di cuenta de que mi ciudad es uno de los pocos lugares donde nos tratamos de Usted, y teniendo en cuenta que me leen personas de todo el mundo, tutear se convierte en la manera más neutral de hablar. Otra cosa es que licencio todo mi contenido bajo Creative Commons. Manejar Copyright en un blog me parece cavernícola a estas alturas.

Ahh...y casi lo olvido. Tenemos a la RAE y un diccionario de sinónimos a un click de distancia, junto a otras 6 herramientas que todo bloguero debería tener. Estas son solo algunas de las cosas que tengo en cuenta cada vez que me siento a escribir algo nuevo.

En fin, mucho ha cambiado la forma de escribir y de comunicarnos gracias a Internet. Pasamos de una actividad que antes solo realizaban quienes se dedicaban a la academia, las letras y el periodismo; a algo que ocupa gran parte del día a toda la sociedad. El reto es que ahora todos tenemos que hacerlo de la mejor manera, si queremos dejar una buena impresión con quienes nos leen por primera vez.

3/22/2013

¿Le estaremos dando mucho poder a Google?

Como ha sido normal desde 1998, época en la que Google dejó de ser un buscador más y se empezó a convertir en una las empresas más poderosas del mundo, esta que pasó no fue una semana en la que los de Mountain View hayan pasado inavertido. Hace unos días les hablábamos del cierre de Google Reader y de cómo cerca de 5 millones de usuarios se quedaron sin un lector de feeds, movimiento que aprovechó Feedly, que se las olía desde hace un buen tiempo y ya estaba preparado para esta noticia, con lo que en menos de 7 días han superado la nada despreciable cifra de 500.000 usuarios. Para tener como referencia, Facebook se demoró 10 meses en alcanzar el millón de usuarios; Foursquare, 13 meses; y Twitter, 24

¿Cuál es la lección de todo esto? Google podría haber, o bien, cobrado una cuota mensual a sus usuarios en vez de matar el servicio; o venderlo a otra empresa que le pudiera sacar provecho. Si el problema con los inversionistas era el dinero, ahí tenían dos opciones. Incluso se podrían haber desecho del él, liberándolo a la comunidad. Recordemos que Google Chrome está basado en un proyecto de código abierto llamado Chromium; al tiempo que Android está basado en Linux. Ambos tienen el apoyo de una gran comunidad.

Ya esta semana que termina, entre otras cosas, Google presentó una herramienta para tomar notas al estilo de Evernote. Hace unas semanas proponían el lanzamiento de un servicio de música por Streaming al estilo de Spotify. Y qué decir de Google Fiber, que si bien sigue en etapas de prueba, podría desbancar a cualquier prestador de servicios de Internet del mundo con las velocidades que ofrece.

¿A qué voy con todo esto? Le estamos dando mucho poder a Google. Como lo dijimos hace unos días en VanPC, en el campo de la tecnología no se veía algo así desde que Microsoft llegó a tener el 99% del mercado en navegadores web en los 90. Pero esto ya no es solo de navegadores. Estamos hablando de que Google es el dueño y señor en buscadores, correo electrónico, publicidad en línea, videos por streaming y sistemas operativos móviles. 

¿Qué nos ha enseñado la historia? Los monopolios no son nada buenos: por un lado tienen el poder de frenar la innovación, aplastando a la competencia, por ejemplo, pequeñas startups, en muchos casos de recursos muy limitados. Lo pueden conseguir o patentando conceptos absurdos, o sacando copias o 'versiones mejoradas' de algo que ya existe, como pasó con Dropbox y Google Drive.

3/14/2013

La muerte de Google Reader: ¿tiene sentido?

Con sorpresa recibió la blogósfera esta noche la noticia de que Google acabaría antes de julio próximo con Google Reader, su popular servicio de feeds vía RSS, la única herramienta que en mi opinión está al mismo nivel de Twitter en cuanto a inmediatez y poder informativo: ¿por qué? Similar a como sucede con los 140 caracteres, el RSS nos permite seleccionar blogs y seguirlos en un Timeline, que nos muestra de arriba para abajo el título de un post publicado recientemente. Si nos llama la atención, podremos seguir leyendo. Si no, podremos mirar entre todas las demás suscripciones algo que nos llame la atención. John Freddy Vega, de Mejorándo.la, describe el servicio como un Gmail de los blogs, pues en pocas palabras se trata de una plataforma para recibir alertas personalizadas cada vez que algo nuevo haya sido escrito en uno de esos tantos blogs que alguna vez nos haya llamado la atención. Precisamente acabo de contar, y estoy suscrito a 105 bitácoras que empecé a seguir desde que empecé a utilizar el servicio en 2009, un número de sitios al que sería humanamente imposible ingresar uno por.

Si lo piensan bien, no debe haber un solo usuario en Internet que jamás haya visitado un blog, más tratándose de un fenómeno tan antiguo, que apareció por allá hacia finales de la década de los 90, y que posteriormente se fortaleció gracias a FeedBurner, adquirido por Google por la cifra de $100.000.000 USD en 2007, lo que más adelante conoceríamos como Google Reader. 

Que desde esa época no haya logrado masificarse de la misma manera en que lo han conseguido Facebook, Twitter o YouTube, sino que se haya estancado únicamente en ese público que desde siempre ha comprendido el poder de los blogs es algo que habla muy mal de los usuarios en Internet. Me apoyo en la opinión Marshall Kirkpatrick que utilicé hace unas semanas precisamente:

La falta de adopción del software de lectura RSS por parte de los consumidores y negocios es de los sucesos en la reciente historia tecnológica que peor habla del estado de la humanidad. Que un repositorio personalizado y centralizado de actualizaciones hechas via canales dinámicos de información ofrecidos por fuentes gratuitas y confiables de publicación democrática en todo el mundo haya sido ignorado tecnológicamente y reemplazado en la atención popular por jueguitos que pudren la mente hechos en Flash en Facebook es tan deprimente como la manera en la que los sueños de la educación pública se quebraron cuando la promesa de la televisión se volvió su realidad […] Es terrible. Es razón para empacar todo e irse a casa.

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