25 de septiembre de 2016

Narcos: opinión de un colombiano en el exterior

Este post no contiene spoilers, y a menos que hayan estado debajo de una piedra en los últimos 20 años, Pablo Escobar ya está muerto.

Siempre pensé que la reacción de todas las personas que vieron la primera temporada de Narcos fue exagerada. Tal vez lo fue porque, aunque mis recuerdos no sean claros, yo ya existía en esa época. Sé, por ejemplo, que a Pablo Escobar, y a los grandes narcotraficantes de los años 80 y 90 en mi país, no les temblaba la mano de poner una bomba en un avión o un centro comercial, si con eso lograban deshacerse de una piedra en el zapato. De hecho en los años 80 y 90 en Colombia era normal que las personas se fueran a trabajar por la mañana sin saber si iban a regresar en la noche. Muchos inocentes cayeron.

Hacían esto para presionar al Gobierno. El terrorismo en los últimos 30 años ha sido una herramienta de comunicación para que los grupos extremistas dijeran que estaban ahí, y que no los podían ignorar como actores políticos. Es la forma más reprobable y cuestionable, pero solo me apoyo en un autor de comunicación política llamado Brian McNair para explicar un hecho importante de nuestra historia.

Así pues, Netflix hizo una serie alrededor de un período muy delicado de la historia de Colombia.


16 de septiembre de 2016

El futuro próximo de los planes de telefonía


Hasta hace unos días sobreviví durante más de 1 año sin un número de celular al que las personas me pudieran llamar. Si bien tenía una SIM con un número, la mayoría del tiempo permanecía guardada en mi billetera y la usaba apenas para situaciones muy puntuales. Por ejemplo, recibir un código de verificación para doble autenticación en algunos servicios que lo permiten (Google, Facebook e Instagram, entre otros).

Esa SIM, además, nunca tenía saldo. Si alguien venía a visitarme a Brasil, yo la prestaba y la recargábamos durante unos días. Ya para todo lo demás digamos que nunca salía de mi billetera.

Esto, por dos razones. La primera es que en mi anterior trabajo me habían dado un celular con otro número. Así pues, tenía al menos dos líneas (la mía que guardaba en la billetera y la de la empresa), más una tercera que en realidad no tenía número, sino sólo un plan de datos. O sea, tenía 3 SIM, y lo peor de todo es que nunca nadie levantaba el teléfono para hacerme una llamada. Todo siempre fue resuelto vía correo electrónico o WhatsApp. O si por algún motivo necesitaban llamarme, pasábamos a una llamada por WhatsApp, Viber o Skype.

Todo esto para decir que siempre evité al máximo que alguien llamara a mi teléfono, porque si lo hacía, la SIM seguramente no iba a estar en ese momento dentro de ningún celular. A final de cuentas, si se trataba de algo importante, iban a encontrar la forma de contactarme.

Ya para estos días me vi forzado a activar un plan para esa vieja SIM que permanecía en mi billetera con un plan de datos y minutos. La única razón por la que lo hice fue porque en el lugar donde trabajo ahora tengo tarjetas de presentación y ahí aparece un número de teléfono que no es de la empresa, sino mío directamente. En ese caso, no le voy a poner el trabajo difícil a un cliente mío de que averigüe cómo entrar en contacto conmigo. Allí aparecen todos mis datos de contacto, y si alguien tiene mi tarjeta y me contacta es porque se trata de algo importante, lo que no es el caso cuando recibía mensajes de texto tipo SPAM porque mi número estaba en una base de datos.

3 de septiembre de 2016

La evolución del contenido

2006 fue quizás la última vez que vimos una ruptura tan interesante. Si en 2004 nació Facebook, fue en 2006 que crearon Twitter y se popularizó junto con otros servicios que fueron llegando en años siguientes: YouTube (2006), Tumblr (2007), Pinterest (2010), WhatsApp (2010), Instagram (2010), Snapchat (2011) y Medium (2012). Esa ruptura marcó un antes y un después porque — piénsenlo — antes las personas se comunicaban de una forma más rústica.

Si bien teníamos altas velocidades de conexión a Internet, las personas buscaban información en Google, Google devolvía unos blogs en los resultados de búsqueda y los mejores blogs eran seguidos vía RSS por una minoría. Hacer esto en 2016 sigue siendo complejo, y aún así es (y era) de lo más avanzado que existía para estar bien informado.

Hay miles de ejemplos más que van por la misma línea: música bajada vía torrents vs. Spotify, Encarta vs. Quora y el VHS vs. YouTube, etc. A lo que voy es a que en menos de 10 años pasaron muchas cosas en torno de los formatos en los que consumimos contenido. De la TV, el cine, la radio y la prensa escrita pasamos a los computadores de escritorio y luego a los celulares. Si antes había apenas un par de formatos en manos de monopolios mediáticos con el dinero para producir telenovelas, series, documentales, reportajes, crónicas y noticieros, (y también para censurar mensajes) hoy la tecnología hizo que el número de formatos para crear un mensaje sea cercano a infinito.

En un solo trimestre Facebook puede introducir tantos cambios en su plataforma, como la televisión en todo un siglo, y todo está hecho no solo para que pasemos más tiempo en cada uno de estos servicios, sino para que sea más fácil producir contenidos. Incluso una persona analfabeta alguien de 13 años puede agarrar un celular, tomar un Snap y dejarlo 24 horas disponible.

23 de agosto de 2016

Taxis vs. tecnología

Colombia - Hace unos días la plataforma Denuncie al Taxista anunció que el servicio suspendería sus operaciones de manera indefinida. En el comunicado, compartido en Facebook y Twitter, afirmaban que el volumen de reportes requería de mucho tiempo de administración. Aseguraban también que filtrar reportes falsos, bloquear usuarios y en general toda la información que Denuncie al Taxista recibía (hasta 3000 reportes por semana) era un trabajo de únicamente 2 personas que se hizo siempre de manera manual.

Denuncie al Taxista era una aplicación que básicamente recibía quejas y comentarios de los usuarios de taxi en Bogotá, y los usuarios, al mismo tiempo, podían consultar por el número de la placa si el taxista que les iba a prestar un servicio había recibido quejas por parte de algún usuario. Para que sea más fácil de explicar, es como cuando al terminar un viaje en Uber uno califica al conductor. Si el conductor llega a tener una sola queja, Uber lo desconecta del servicio.

El problema de Denuncie al Taxista es que a pesar de las miles de quejas, nunca pasaba nada. Era lo opuesto contrario a Uber. En Semana, uno de sus fundadores incluso llegó a hablar de casos de taxistas con más de 150 quejas a los que nunca les pasó nada. Las propias empresas de taxi, aplicaciones como Tappsi e Easy Taxi y hasta la propia Secretaría de Movilidad tuvieron la oportunidad de concretar alguna alianza para usar toda esta información y poner un tatequieto a los miles de taxistas que son un peligro para la sociedad y, por tercera vez en un mismo párrafo, no pasó nada.

Es fácil de imaginar que, si el vocero de los taxistas siempre amenazó al Gobierno cuando había un debate sobre Uber, se podría esperar que lo mismo iba a pasar a quien se le ocurriera aceptar una alianza con Denuncie al Taxista. A final de cuentas, los taxistas consiguieron esta vez lo que querían: asfixiar a una plataforma que se les había convertido en un vidrio en el zapato si querían mantener el statu quo.

9 de agosto de 2016

Comprar un Kindle de Amazon, ¿vale la pena?

En mayo pasado recibí de Amazon Brasil un cupón de descuento de R$100 ($30 USD aprox.) para la compra de un Kindle de R$299 ($94 USD). Como el cupón expiraba en menos de 30 días, tuve que pensar rápido si iba a usarlo o no. No estaba en mis planes hacer esta compra, y para el momento era suficiente para mí leer libros desde la aplicación de Kindle en Android, que ya usaba en el celular y la tableta de manera casual.

Siendo sincero, no usaba mucho esa aplicación. Sí bien había comprado y leído varios libros desde 2013, el celular lo uso para otras cosas. La tableta la uso un 95% de las veces para ver series en Netflix y un 4% para vídeos en YouTube. En muy raras oportunidades la utilizo para leer libros. Cuando lo llegué a hacer fue porque se trataba de libros que no había podido conseguir en formato físico, y aun así hubo ocasiones en que compré libros por $1 USD en Amazon de Estados Unidos antes de comprarlos para Kindle. En otras palabras, la aplicación de Kindle para Android era apenas mi último recurso.

26 de julio de 2016

WhatsApp y Brasil, una relación complicada

whatsapp-brasil

Imagínense si un juez le pidiera a Microsoft que los archivos de todos sus usuarios usando Windows ya no pueden ser almacenados en un directorio del disco local C, sino que tienen que estar en el escritorio. Técnicamente, el juez le estaría pidiendo a Microsoft que empeore su producto. Si bien los directorios donde están almacenados los archivos no son la principal razón por la que alguien escoge Windows, sí es algo de gran impacto en cómo el sistema operativo se comporta como un todo. Si esto fuera posible, sería como si todo el mundo tuviera que usar Windows con el escritorio de una persona de la tercera edad.

Ahora bien, basándonos en el ejemplo de arriba, algo parecido ha venido pasando con WhatsApp en Brasil, donde la justicia ha hecho caer en cuatro ocasiones el servicio, y en una de ellas emitiendo una orden de captura contra un vicepresidente de Facebook porque "WhatsApp se había negado a colaborar con la justicia en investigaciones relacionadas con tráfico de drogas" (importante: Facebook y WhatsApp son empresas separadas).


Las dos situaciones aquí descritas se parecen porque, si de los jueces dependiera, WhatsApp dejaría de encriptar sus mensajes, lo que empeoraría el producto. Como funcionan hoy las cosas, si yo envío un mensaje a mi hermano, el mensaje solo existe dentro de mi celular y dentro del de mi hermano. Por fuera de esos dos dispositivos, los mensajes solo existen de forma encriptada por un corto período de tiempo, y la llave para desencriptarlos está únicamente dentro de cada celular involucrado.

WhatsApp no es como Facebook, que almacena en un servidor físico toda la información que hayamos publicado en nuestros muros desde que abrimos nuestra cuenta. Para el caso de WhatsApp, todo mensaje, foto, vídeo o audio no existe en ningún servidor por un largo período de tiempo, apenas el necesario para que salga y caiga de un celular a otro. Y aun así, en ese corto período de tiempo, el mensaje está encriptado.

Ese sería el momento exacto — cuando no ha llegado a su destino
en que los jueces estarían pidiendo para que "WhatsApp colabore con la justicia", para lo cual tendrían, primero, que almacenar cada mensaje enviado por todo usuario de WhatsApp, y segundo, eliminar la encriptación.

10 de julio de 2016

Jericoacoara, Brasil: el viaje de la vida


El viaje de la vida no es un viaje mío. El viaje de la vida es una expresión utilizada por mi primo Norbert en un blog (en alemán) que comenzó a escribir el día en que empezó en 2015 un viaje de 1 año por América Latina, saliendo de Alemania (donde vivía), partiendo de México y recorriendo toda América Central y América del Sur, pasando por Panamá, Colombia, Brasil y Argentina. De ese viaje, en los más de 10 países que visitó, Jericoacoara dice que fue su lugar favorito.

(Asegúrense de leer hasta el final para ver todas las fotos)

Jericoacoara es una pueblo de pescadores con no más de 3000 habitantes, ubicado en el Estado de Ceará, al nordeste de Brasil, y lejos de toda civilización. Quien quiera poner un pie aquí tiene que ir en avión hasta Fortaleza (3 horas desde Sao Paulo) y de ahí tomar un bus hasta Jijoca, la ciudad más cercana de Jericoacoara (7 horas de Fortaleza o 300 Km). Después de eso, hay que tomar un transporte especial de 40 minutos entre las dunas para finalmente caer en Jericoacoara, un lugar que parece un desierto al lado de la playa, con una aldea incrustada en toda la mitad y calles pavimentadas con arena de playa.

(Si bien lo arriba mencionado es como yo hice el trayecto, también hay camionetas 4x4 que hacen el viaje desde Fortaleza en 4 horas por entre R$150 y R$250 
aquí un conversor de moneda)

Jeri, como le dicen cariñosamente los locales, está ubicada más exactamente dentro del Parque Nacional de Jericoacoara, un lugar con playas, lagunas, dunas y desierto, pero que entre sus calles de arena también tiene excelentes restaurantes, hostales, posadas y hoteles de hasta 5 estrellas. Todo esto mezclado crea un ambiente de paz con increíbles paisajes, como pueden ver en las fotos que acompañan este post.


Jericoacoara sería lo que podríamos llamar como "el otro Brasil", lejos del desarrollo de Sao Paulo, este sería su opuesto contrario, una ciudad que existe gracias al turismo y que no necesita de nada más que eso.

22 de junio de 2016

Transferwise, un nuevo dolor de cabeza para los bancos

En 2013 trabajaba en Bogotá en una empresa que tuvo que recibir pagos desde Estados Unidos un par de veces. Era una empresa con menos de 1 año de vida, por lo que no estábamos familiarizados con toda la complejidad contable de una empresa. Para la misma época, yo tuve que hacer el proceso a la inversa, enviando dinero de Colombia a Brasil para realizar pagos que solo se podían hacer depositando en una cuenta local. Siempre que eso pasó, sabíamos que el banco cobraba unas tarifas muy altas por hacer esto posible. Cuando tuvimos que recibir dinero, nos llegaba mucho menos de lo que habíamos cobrado, y cuando el dinero salía, nos tocaba enviar "un poco más" porque nadie en el banco nos daba una explicación clara sobre cómo funcionaban las transferencias interbancarias. Solo mucho tiempo después nos enteramos de que llevaban ese nombre.

En una de esas ocasiones, para hacer una transferencia de dinero, el dinero salía del banco en Colombia en pesos colombianos, pasaba por un banco en Estados Unidos en dólares y luego el dinero caía en el banco en Brasil en reales. Durante ese proceso, lo que el banco en Colombia hace es venderle dólares a la persona que quiere enviar el dinero. De esta forma convierten pesos colombianos en dólares, aunque utilizando un valor del dólar mucho mayor que lo que costaría en una casa de cambio. Para completar esa transacción, los dólares deben pasar primero por un banco que trabaje tanto con dólares, como con reales (el banco de Estados Unidos). Mientras tanto, el banco en Colombia apenas trabajaba con dólares y pesos. Así pues, el banco en Estados recibía dólares de Colombia y transfería en reales a Brasil.

Muy confuso. Pero así sería la explicación más sencilla a algo que debería ser tan simple como una transacción con tarjeta de crédito, un retiro en un cajero electrónico o un crédito de libre inversión. Transferir dinero a otro país no debería convertirse en un dolor de cabeza, como se puede ver en el párrafo anterior, sino algo tan simple como depositar aquí y recibir allá con valores transparentes.

Con la rápida evolución de las Fintechs, startups financieras que con el uso de la tecnología ofrecen algunos de los servicios que los bancos ya ofrecen, todo ese proceso del que estamos hablando fue simplificado a depositar un valor aquí y recibir el equivalente allá. Hay quienes critican el hecho de que eso ya lo hacía Western Union desde hace muchos años. Sin embargo, empezando por que Western Union y las casas de cambio en general tienen tarifas más altas cuando venden los dólares, nos deja abierta la duda de si hay alguien que pueda hacer lo que ellas ya hacen por un valor menor y sin hacer un desplazamiento físico.

14 de junio de 2016

Un robot hará nuestro trabajo y no cobrará un salario

El fin de semana pasado, participé como asistente de una hackathon organizada por Facebook y MasterCard. Los participantes debían integrar dos APIs, una de MasterCard y otra de Facebook, en un prototipo de aplicación en menos de 24 horas. Uno de los objetivos de esta hackathon era encontrar soluciones para que más personas adoptaran el dinero plástico. En Brasil el 85% de las transacciones se realiza con dinero físico, y el plan a largo plazo es que este escenario se revierta. Para eso los fabricantes de tarjetas desempeñan un papel muy importante, al tener en sus manos la tecnología para que el dinero plástico sea más atractivo que el de papel.

La razón por la que fui a una hackathon es la misma por la que, como mencioné hace poco, he empezado a participar de espacios de emprendimiento. He querido conocer el ecosistema y a las personas que lo componen en Brasil. Tengo claro que, si no me quiero quedar sin trabajo el día de mañana, tengo que empezar a conocer personalmente a las personas que toman las decisiones de las empresas que están siendo creadas ahora mismo.

Como sabrán, hoy conseguir un trabajo no es cuestión de imprimir unas cuantas hojas de vida y dejarlas en todas las oficinas que se nos ocurra. Ahora las cosas son sumamente complejas, y nos saldrían raíces si pretendiéramos encontrar un buen trabajo utilizando los métodos que funcionaban en los tiempos de nuestros padres. Hace 40 años las cosas funcionaban de otra manera, simplemente porque no había muchos profesionales preparados. Hoy en cambio el mercado está saturado y hay que sobresalir de una forma que vaya más allá de la preparación académica.

Participar de una hackathon, incluso como observador que fue mi caso, fue todo un choque al darme cuenta de que no sé absolutamente nada de programación. Fue un llamado de atención a mí mismo de que, así no pretenda convertirme en desarrollador de aplicaciones, debo aprender lo mínimo para sobrevivir en un mundo que cada vez se vuelve más competitivo. Digo que debo aprender "lo mínimo" porque ese es apenas el primer paso para lo que sea que vaya a hacer después. Mientras hago eso, también tengo que seguir desarrollando las habilidades que ya tengo.

Desde ese punto de vista, entiendo que hay todo un movimiento de los medios que cubren tecnología, cultura emprendedora e Internet para que las personas aprendan a programar (o incluso para que no vayan a la universidad). Tiene sentido, pues la automatización y la inteligencia artificial están evolucionando tan rápido, que no es necesario solo mano de obra para construir las herramientas, aplicaciones y servicios que ya estamos empezando a utilizar. Además de eso, necesitamos personas que trabajen en áreas de ventas y soporte que sepan muy bien lo que tienen entre manos y lo que les están ofreciendo a sus clientes. Y de ahí se desprenden otras cosas: reclutadores que sepan contratar a las personas que sepan de estos temas y departamentos de recursos humanos que sepan lidiar con ellos. Y así va a pasar con todas las áreas de la empresa. El día de mañana, todas las empresas van a ser de tecnología, o de lo contrario van a desaparecer, como ya está pasando con la prensa escrita, la industria de los taxis y de forma insignificante con los bancos.

Entender todo este panorama desde adentro y no desde afuera como usuarios/observadores es lo que dentro de poco hará la diferencia entre un profesional cualificado (o no). Yo lo veo más desde mi punto de vista profesional: ¿cómo la tecnología tiene un impacto en la comunicación y el periodismo, carrera que estudié en la universidad? Casi todo lo que aprendí en el pregrado eran cosas que funcionaban hace 20 años, pero a la velocidad que se mueven las cosas, mucho lo tuve que aprender por cuenta propia, y muchas otras cosas que aprendí en su momento lo tuve que desaprender porque nunca lo iba a necesitar.

Solo en el último año conocí 2 herramientas que van a cambiar para siempre cómo las empresas se comunican internamente: Facebook at Work y Slack. Piensen en una empresa con miles de empleados y con sede en los principales mercados de cada continente. Hasta hace 10 años todavía se hablaba de Intranet. Y es un concepto que muchas personas conocen. Desde un punto de vista práctico, se trata de una tecnología de cuando Internet era reciente. Otras empresas se comunican por correo electrónico o Skype. Y no está mal. Es lo que la mayoría de las empresas apenas conoce. Lo que hay que mostrarles, y es ahí donde un comunicador con conocimientos actualizados puede cumplir un papel importante, es que hay canales 100 veces más eficientes que una intranet o un correo electrónico.

Respecto a las herramientas que conocí recientemente, Facebook at Work funciona porque se trata de una interfaz exactamente igual a la de Facebook y en la que todas las comunicaciones se dan vía grupos o Messenger. Con una interfaz así es más fácil familiarizarse y las personas se animan más a trabajar en equipo porque es algo que nadie va a tener que aprender a usar de ceros. Queda un histórico organizado por grupos con toda la información que pueda ser útil para otro equipo. Así, si uno tiene una pregunta y uno es bueno buscando información, seguramente habrá alguien que ya tocó el asunto que uno necesita en algún grupo, o si no es tan fácil como enviar un mensaje utilizando Messenger. Slack, por otro lado, tiene una interfaz diferente, pero que también busca hacer más eficientes las comunicaciones entre equipos grandes (ver vídeo de abajo). Slack es un producto tan bueno, que al día de hoy la compañía está avaluada en $1,12 billones de dólares sin siquiera tener un equipo de ventas. En Latinoamérica lo utiliza Hashtag 700, y otras empresas como Airbnb, Expedia, LinkedIn y BuzzFeed. Sé, porque ya usé Facebook at Work y Slack, que son la mejor solución hoy para la comunicación interna de una empresa grande.

2 de junio de 2016

Hackeando a Google

Hace unos años publiqué un post en el que propuse no utilizar más los servicios de Google. Para la época pensaba que Google no era más el 'don't be evil' que a sí mismo se autodenominada, así que intenté durante un tiempo dejar de utilizar la mayor cantidad de servicios de Google que fuera posible, sin tener al cabo de 1 año tener mayor resultado. Tiempo después, publiqué otro post explicando los resultados de ese fallido experimento, y poco a poco fui retomando el uso de esos servicios que había abandonado.

Para la época, la razón por la que tomé esa decisión fue para protestar por el hecho de que Google había cerrado Reader, un lector de RSS utilizado por más de 5 millones de usuarios en la época, avisando apenas unas semanas antes de su cierre y sin ofrecer alternativas.

Todo eso fue en 2013. Hoy, 2016, he vuelto a "desafiar" a Google casi que inconscientemente, o sea sin proponérmelo, pues de alguna forma he logrado que información personal mía pase desapercibida para Google. Debo aclarar, en primer lugar, que yo no no tengo problemas con que información mía sea utilizada para crear anuncios dirigidos a mí, que es como Google, Facebook, Twitter y Quora, entre otras empresas de Internet, ganan dinero. No me molesta porque voy a ser impactado por anuncios de productos o servicios que seguramente voy a estar más interesado en comprar, que un producto de un anuncio de revista o radio, que apunta a públicos mucho menos personalizados.

Dicho esto, lo que acabó pasando fue que, sin darme cuenta, acabé usando servicios que no dependían de Google en absoluto, por lo que muchos de mis datos ni siquiera pasarían por un servidor de Google. El mayor ejemplo de esto es CyanogenMod, el sistema operativo basado en Android, pero que tiene la opción de bloquear los Google Play Services. Google Play Services es una aplicación instalada por defecto en Android que tiene acceso a todas nuestras otras aplicaciones, privacidad, contactos y geolocalización, entre otras cosas. Si Google deja de tener acceso a información personal de sus usuarios, va a ser más difícil personalizar resultados de búsqueda y publicidad.

Sin datos de mi celular saliendo hacia Google, tal vez algo se me podría escapar si llego a usar Google Chrome. La cuestión es que tengo 3 navegadores instalados, y mi última opción es Chrome. Antes de eso paso por el navegador de Cyanogen u Opera. En escritorio mi primera opción es Firefox. En Android no uso Gmail ni Google Calendar, sino la versión de cada uno ofrecida por Boxer. De cualquier forma, para funcionar en Internet, sí o sí necesito de una cuenta de Gmail, y por eso estoy a la merced de que un robot rastree las palabras mencionadas en mis correos para después ser impactado por anuncios en sitios afiliados a Google.

Lo que quiero decir con todo esto es que, si bien hay mucha menos información mía pasando por servidores de Google, hay otras compañías de Internet por las que sí pasa todo click o visualización que hago en el computador o en el celular. Esto es precisamente algo que muchos que se oponen a Google o a Facebook no ven: sea como sea, nuestra información va a pasar por algún lugar y alguien va a utilizar esa información en su beneficio. Si nuestra información es nuestra moneda de cambio en Internet, ninguna compañía que ofrezca un servicio por Internet tiene por qué comportarse como una organización filantrópica.

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