7 de mayo de 2009

¿Qué decir de Álvaro Uribe?

A comienzos de esta década, el Gobierno en cabeza del ex presidente Andrés Pastrana sostenía unos diálogos de paz con la guerrilla de las Farc que nunca llegaron a ningún lado. Cualquier colombiano conocedor del tema diría que fue una ‘tomadera de pelo’ por parte de la guerrilla, pues tenía bajo su control una zona del tamaño de Suiza aproximadamente de 42.000 km², mejor conocida como Zona de Distensión o El Caguán. Por esa época, la guerrilla se fortaleció; secuestraban, justificándolo con su ley 002 (con la que se ordenaba realizar 10 secuestros diarios en la Capital), y lo llamaban como ‘retención’; extorsionaban y lo llamaban como ‘Cobro de impuesto’; y al asesinato, como ‘Ajusticiamiento’. Viajar en auto era una pesadilla, pues no se sabía cuándo podía uno convertirse en un (mal llamado) ‘Prisionero de guerra’, como le pasó a la ex representante a la cámara Consuelo González de Perdomo cuando se dirigía de Pitalito a Neiva. Ante todo esto, desde antes de que comenzara el proceso de paz (e incluso desde la década de los 80), surgieron unos grupos para hacerle contrapeso a la guerrilla, a los que ―durante esa época― se les denominaba como autodefensas y hoy convertidas en, como el Gobierno las llama para negar la existencia del paramilitarismo en Colombia, “bandas criminales emergentes”, más conocidas como Las Águilas Negras, Los Rastrojos y Los Machos[1]. Estos grupos paramilitares terminaron siendo igual o más malos que la misma guerrilla; pues mientras en noviembre de 1999 las Farc se tomaban la capital de Vaupés, Mitú, dejando 11 civiles muertos, o el ELN volaba un oleoducto en octubre de 1998, que dejaría 85 personas muertas; las autodefensas masacraban a 66 personas en El Salado tres meses después. Eso sumado a que la guerrilla y las autodefensas parecían competir por quién secuestraba más gente: en el caso de los paramilitares, entre 1996 y 2006, secuestraron a 1.163 personas y las Farc, a 2.500 civiles, hasta 2005. En resumen, Colombia no podía estar peor cuando se acercaban las elecciones presidenciales de 2002.