27 de abril de 2011

El uribismo sin Uribe (escrito en 2010)


La voz de la Honorable Corte Constitucional se hizo oír. Siete de los nueve magistrados del tribunal declararon inexequible la ley que permitiría a los colombianos ir a las urnas para modificar el ‘articulito’ que le abriría las puertas a un tercer período de gobierno a Álvaro Uribe Vélez, un referendo con nombre propio. El viernes en la noche, justo después del pronunciamiento, el uribismo se preguntaba qué pasaría con ellos. Su jefe máximo estará en la Casa de Nariño hasta el siete de agosto y la pregunta ahora es “si no es Uribe, entonces quién”, pero no en la presidencia, sino como líder de una colectividad que ya no tendrá líder. El uribismo gira hoy en torno a la seguridad democrática, política que hasta líderes de la oposición como Gustavo Petro o Rafael Pardo tienen incluida en sus propuestas de gobierno. Sin embargo, la ausencia de Uribe no conservará el uribismo como lo vimos hasta el viernes pasado. Lo transformará.


Hace un año varios candidatos presidenciales decían cargar las banderas del uribismo. ¿Hoy dónde está?, ¿en el presidente Santos?, ¿En el Partido de la U?, ¿Solo quedan Álvaro Uribe y Jose Obdulio Gaviria?

Aunque el presidente tuviera orígenes liberales, sus dos candidaturas fueron producto de un movimiento creado sólo para las elecciones presidenciales de 2002 y 2006: Colombia Primero. En su momento no lo hizo con alguno de los partidos de la coalición en 2006 para no crear una rivalidad de si el presidente tenía alguna preferencia por el Partido de la U, Cambio Radical, Colombia Democrática o Convergencia Ciudadana. Aunque todos estos existen hoy, obviamente han cambiado: Cambio Radical es visto como un partido de oposición por no haber apoyado la segunda reelección del presidente Uribe, al punto de llevar a José Obdulio Gaviria a poner a Germán Vargas Lleras al nivel de un líder del Polo Democrático Alternativo como Germán Navas Talero; Colombia Democrática todavía existe pero no participó en las elecciones al Congreso ni participará en las presidenciales. A Convergencia Ciudadana le hubiera esperado un futuro igual si no se hubieran cambiado el nombre a Partido de Integración Nacional (PIN), la única manera de limpiarse el nombre manchado por el paramilitarismo. Es decir, todas las tesis de Álvaro Uribe están presentes en varios partidos y eso es lo que le interesa al primer mandatario: reelegir la política de seguridad democrática.

Sin embargo, es ilógico concebir al uribismo sin Álvaro Uribe y ese ha sido el pánico de sus seguidores, ya que por primera vez desde que César Gaviria fue presidente alguien les daba un golpe contundente a las Farc y la primera vez que alguien negociaba con las autodefensas. Y es que desde el próximo 7 de agosto el presidente Uribe dejará la Casa de Nariño, y esta coalición que ha mandado en el Congreso desde hace ocho años se quedará sin su líder natural. No habrá Partido de la U (fundado en su honor) ni Colombia Democrática (fundado por Álvaro y Mario Uribe) que valgan. Llegue quien llegue deberá cargar con la etiqueta de ser el sucesor de Uribe y no su reemplazo. Es decir, el uribismo podría llegar a su fin si se cree que éste sólo puede descansar en las manos del presidente. Pero en la política colombiana, figuras como el General Gustavo Rojas Pinilla o Luis Carlos Galán dieron pie para la aparición de nuevas ideologías y, por ende, de nuevos partidos. Rojas Pinilla dio origen a la Anapo, hoy representada por el senador Iván Moreno y su hermano, el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, nietos del ex presidente, que a su vez hace parte del Polo Democrático Alternativo. El segundo, aunque no alcanzó la presidencia, dejaría un legado que tomarían los fundadores de Cambio Radical nueve años después de su muerte. Y aunque ha pasado muy poco tiempo, para afirmar que Álvaro Uribe está al nivel de Rojas y Galán para dejar toda una ideología en torno a él, cabe la posibilidad de que, por lo menos, el uribismo siga existiendo. Ni siquiera es tan complicado, pues de la política de seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social ―los tres puntos que, según el presidente, identifican esta ideología― por lo menos los seis candidatos presidenciales, con más del 1% de intensión de voto en las encuestas, están dispuestos a continuar con el primero de ellos. Y si Juan Manuel Santos, Noemí Sanín y Germán Vargas Lleras se quieren hacer llamar herederos de Uribe, es obvio que no acabarán con lo que quede de uribismo en ese momento.
Si las banderas de la Anapo quedaron en manos de los hermanos Moreno, ¿Por qué no habrían de quedar en las del presidente sucesor las de el Uribismo e incluso del mismo Partido de la U?

Sólo queda decir que el uribismo se transformará, pues es obvio que sin su líder único hasta ahora desde que apareció esta tendencia a comienzos de la década se transformaría, pero no desaparecería porque con casi la mitad del Senado conformada por partidos de origen en la figura del presidente algo quedaría, de la misma forma en que hasta hoy se conserva el legado de grandes personalidades de la política colombiana como el ex General Gustavo Rojas Pinilla o el ex candidato presidencial Luis Carlos Galán. Pero una tendencia muy conservadora pensará que hasta acá llegó el uribismo, y que al otro día de la posesión del próximo presidente de Colombia las Farc se tomarán Bogotá. A los que no piensan así, salgan a votar el próximo 31 de mayo para no dejar que el legado de Álvaro Uribe Vélez muera.
Un año después, ¿Qué pasó con el uribismo? Creo que todavía existe pero se fragmentó. Por un lado están los más extremistas como el mismo Álvaro Uribe y Jose Obdulio Gaviria, que critican a otro sector, como el de Juan Manuel Santos por no tener mano dura con Venezuela, y en el medio estaría el Partido de la U, que realmente no sé para dónde va: apoyan a Juan Manuel Santos pero dentro del Congreso de la República sus senadores y representantes hacen lo que se les da la gana. ¿Ustedes qué opinan?

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