25 de febrero de 2012

El conflicto sigue vivo

Sofistas pueden encontrarse en todo el mundo y, lamentablemente, algunos rayan en el límite del cinismo. En Europa los hay, y muchos de ellos son los responsables de la presente crisis económica que amenaza con destruir naciones enteras como la antiquísima Grecia. Pero para no ir muy lejos, es preciso hablar de los que tenemos en Colombia. Aquellos que insisten en que estamos próximos a presenciar el fin del conflicto, que las Farc están al borde de la extinción y que los neoparamilitares no son más que bandas de crimen organizado son los sofistas colombianos más recios. Que les digan eso a las víctimas de los atentados de la guerrilla en Tumaco, Nariño, y Villa Rica, Cauca, perpetrados durante los primeros días de este mes; que se lo digan a los paramilitares que se desmovilizaron un par de años atrás y ahora engrosan las filas de lo que la opinión pública conoce comoBacrim. Seguramente los primeros romperán en llanto y los segundos soltarán una carcajada, lo que desvirtuará tan absurda tesis que sostienen quienes están maquillando nuestra realidad.

Por Juan David Mosos (@JuanDavidMosos)

Lo cierto es que todavía estamos lejos de encontrar el sendero de la paz. Aunque es preciso aceptar que la intensidad del conflicto no es igual de vertiginosa y sangrienta como lo era una década atrás, hay factores clave que no dejarán que en el futuro cercano presenciemos el desenlace de la guerra. El primero, y motor de los demás, es que el conflicto sigue siendo considerado como un negocio del que se benefician múltiples actores que no están dispuestos a flaquear en su intención de obtener cada vez más poder. Muestra de ello son las alianzas que han acordado el Eln y las Farc en algunas zonas del país con el fin de enfrentar conjuntamente al Ejército, la cada vez más estrecha relación entre narcotraficantes y grupos insurgentes que viven de una perversa simbiosis y los contratos de sangre que acuerdan varios líderes políticos con las guerrillas con el objetivo de aumentar su caudal electoral para delinquir desde la cúspide del poder, cuya expresión máxima se vio en el espurio Congreso de 2006 y se volvió a presentar, en menor medida, en las elecciones regionales del pasado 30 de octubre.

De esto se desprenden otras ramas que lo complican todo. Quienes intentan obtener réditos políticos negociando la libertad de los secuestrados con las Farc no hacen más que envilecer la agonía que viven los que están en la selva. Pocos lo notan, pero son tratados como mercancía. Así ha sido desde tiempo atrás. Las Farc han trasegado por diferentes mandos superiores y ninguno ha estado interesado en la paz. AliasTimochenkopuede ser dado de baja en unos días, y su sucesor no determinará cambio sustancial alguno. Eso no lo ha entendido el gobierno, quien se empeña en medir su éxito en los golpes militares que logra propinar, mientras que en la guerrilla prima la máximaa rey muerto, rey puesto. La constante intención de conseguir utilidades políticas y la errónea interpretación de las acciones de la guerra llevan a ver más lejos el fin.

A eso hay que agregarle que la extrema militarización del conflicto ha causado que se descuiden otros frentes de vital trascendencia. Los programas de reinserción en la sociedad a los que tuvieron acceso los paramilitares desmovilizados son de limitada eficacia, ya que tienen dificultad para lograr que, más allá de deponer las armas, los combatientes desarmen su interior y le apuesten a la convivencia. Ya muchos están delinquiendo de nuevo por distintos motivos.

¡Sofistas todos los que digan que ya el conflicto está en agonía! Pocas cosas son tan falsas como esa afirmación. Cuando la guerra deje de ser un negocio, cuando no sea más un instrumento de obtención de poder político, cuando más allá de las victorias militares se piense en que la prioridad es la verdad, la reconciliación, la reparación y la convivencia podremos pensar con mayor certeza en su fin. Mientras tanto, no. Para ello no es necesario, como algunos lo sugieren, refundar la patria, sino pensar en que la paz es un objetivo común y no algo para ser exprimido buscando el beneficio personal.
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