19 de julio de 2012

La democracia simplemente no funciona

Podemos quejarnos todo lo que queramos de la democracia pero al final de cualquier discusión vamos a llegar a la misma conclusión: la democracia es el menos peor mejor de todos los posibles sistemas de gobierno, más allá de si quienes tienen el poder son de izquierda, de derecha, ecologistas, extremistas religiosos, anarquistas...lo que sea. Finalmente el error más grande en el que caen los gobiernos más desastrozos es querer hacer todo a las malas, a veces llegando al exceso en el uso de la fuerza: Chile con Pinochet, Panamá con Noriega, Hussein con Iraq, Kim Jong Il con Corea del Norte, y la lista continúa. Afortunadamente hoy en América Latina no se respiran esos aires y al menos se celebran elecciones en todos nuestros países (Ignoren Cuba). Pero desgraciadamente, nos hemos malacostumbrado a eso, a conformarnos y a aceptar que con votar cada 4 años ya podemos decir que vivimos en una democracia. El problema de este planteamiento es que es obsoleto, y está basado en la democracia de hace más de 200 años y para nada se adapta a los tiempos actuales.

La democracia como la conocemos hoy, de elegir a quienes nos representen en un Congreso o en un Parlamento, está basada en que el pueblo es ignorante no está lo suficientemente preparado para tomar las decisiones de todo un país y por eso cada 4 años tenemos "la fortuna" de votar por al menos un candidato al Congreso. Y digo que tenemos la fortuna porque si lo comparamos con lo que alguna vez fue el Parlamento Británico, en el que solo estaban representadas las familias más poderosas de Inglaterra, o con Colombia antes de los años 50, cuando las mujeres no podían votar, pues vamos a ver las democracias modernas como lo más lejos que ha podido llegar el hombre. La gran cuestión de todo esto es que ni nosotros somos ignorantes ni queremos que tomen decisiones en nombre de nosotros en un recinto al que ni siquiera podemos entrar. Nos conformamos con este sistema porque es legítimo y porque no somos tan animales de tomar las armas para creer que vamos a cambiar algo.

Estoy seguro de que si nos preguntaran si nos gusta la forma en que somos gobernados y en que se toman las decisiones que más nos afectan, habría un NO rotundo. No por otra razón el Congreso de Colombia tiene los niveles de popularidad más bajos que inclusive en el mismo proceso 8.000 o en los momentos más críticos de la parapolítica, tiempos en los que quedaron al descubierto los vínculos entre la clase política colombiana con el narcotráfico y el paramilitarismo. Sumémosle que, como ya lo había dicho alguna vez, nuestros legisladores están sentados en una curul que en algún momento le perteneció al narcotraficante más grande de la historia. Ante tanta indignación, hay un momento en el que la ciudadanía se cansa y decide hacer algo: lo que vimos cuando se cayeron la reforma a la justicia y la reforma a la educación, o lo más reciente, que el mismo Secretario General del Senado haya decidido renunciar a su candidatura para seguir en el cargo, fue todo obra de una ciudadanía cansada de que un Congreso corrupto siempre tome decisiones equivocadas de mala fe.

¿Y si quienes manejan este país nos tuvieran en cuenta y evitaran que nosotros nos convirtiéramos en su piedra en el zapato? Seguramente este sería un mejor país. No debe ser tan difícil, lo único que debemos hacer es incomodar y hacerles sentir tanta vergüenza a nuestros padres de la patria que la próxima vez lo piensen dos veces antes de tomar una decisión equivocada: lo logramos con un presidente del Congreso y con un senador que sacó 50.000 33.000 votos. Sólo así se van a dar cuenta de que la democracia simplemente no funciona. Islandia lo logró, Túnez lo logró, Egipto lo logró: ¿Colombia lo logrará?
Imagen propiedad de arribalasqueluchan disponible en este enlace

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