29 de marzo de 2013

Internet trajo una nueva forma de escribir

Cuando empecé a escribir este blog hace 5 años, no tenía ni idea de cómo se escribía para Internet. Escribía textos largos, no los acompañaba con videos o imágenes y mucho menos me detenía a pensar en quiénes estaban al otro lado leyendo. Durante todo este tiempo, lo poco que he aprendido ha sido gracias a los más de 100 blogs que leo todos los días vía RSS.

Si bien en algún momento de mi carrera llegué a ver materias relacionadas redacción para Internet, de las que entre otras cosas aprendí que no hay que escribir párrafos largos, que los lectores no leen sino rastrean la información y que hay infinidad de recursos para acompañar una noticia; aún queda un largo camino por recorrer y por aprender. Y lo digo aún cuando estoy al frente de tres blogs y que he escrito en varios más como invitado desde entonces.

Desde hace unos días, he venido haciéndome la pregunta de cómo está cambiando Internet la forma en que escribimos. Quería hablar de cómo ha cambiado la forma en que nos comunicamos, pero esto daría para analizar una por una las plataformas que utilizamos todos los días, por lo que prefiero hacer algunas generalizaciones al respecto.

Para empezar, hoy escribir está al alcance de todo el mundo. El que lo quiera hacer puede abrir su propio sitio web sin pagar un peso. Hasta hoy yo creía que las únicas plataformas que había eran Blogger, Wordpress y Tumblr. Sin embargo, leyendo una columna de TechCrunch, que les recomiendo, conocí otras que aún no se han popularizado en esta parte del planeta, como PandaWhale, Svbtle y Branch

Que haya este tipo de herramientas es un gran avance, partiendo del hecho de que hace dos décadas solo podía escribir en un medio de comunicación alguien que tuviera una credencial de periodista, como ya lo habíamos discutido alguna vez. Hoy en cambio puede hacerlo desde un ingeniero, hasta alguien sin un título profesional, incluso mejor que alguien que le dedique su vida a la comunicación y a las letras. Resulta curioso, ¿no?

Gracias a esta facilidad para escribir, y a que contamos con correctores de estilo, hoy el tema de tener una buena ortografía y manejar unos conceptos básicos de gramática han pasado a ganar relevancia, pues por más que tengamos 20 seguidores en Twitter y 30 amigos en Facebook, lo que escribimos ahora está al alcance de una solicitud de amistad, un follow o un correo electrónico. Por esto, hoy la gente se preocupa un poco más por dejar una buena primera impresión en lo que escribe. Lo contrario implica un aislamiento social en la red. Llévándolo a los extremos:

Y4 t0D0S Zav3moZ ke paza cn loz ke ezkriven azzi!!!!!

Sumado a lo anterior, hay cosas cotidianas a las que hoy muchos ni siquiera les prestamos atención: tenemos, por ejemplo, la diferencia entre gritar o mantener la calma en Internet, que queda manifiesta en el uso o no de unas mayúsculas sostenidas; cómo debemos escribir para que un buscador nos indexe; después de cuántos párrafos nadie nos va a leer; saber si acortar o no un enlace; o cómo licenciar nuestros contenidos. Son detalles que en estos tiempos de Internet pueden marcar la diferencia entre escribir y escribir bien.
 
En mi caso, son cosas que he aprendido leyendo en la blogósfera, entre ellas, la importancia de escribir párrafos cortos, pues permiten tener una lectura más ligera, más cuando es normal tener 10 pestañas abiertas al tiempo. Igualmente, la diferencia entre tratar de 'usted' o de 'tú': hace unos meses me di cuenta de que mi ciudad es uno de los pocos lugares donde nos tratamos de Usted, y teniendo en cuenta que me leen personas de todo el mundo, tutear se convierte en la manera más neutral de hablar. Otra cosa es que licencio todo mi contenido bajo Creative Commons. Manejar Copyright en un blog me parece cavernícola a estas alturas.

Ahh...y casi lo olvido. Tenemos a la RAE y un diccionario de sinónimos a un click de distancia, junto a otras 6 herramientas que todo bloguero debería tener. Estas son solo algunas de las cosas que tengo en cuenta cada vez que me siento a escribir algo nuevo.

En fin, mucho ha cambiado la forma de escribir y de comunicarnos gracias a Internet. Pasamos de una actividad que antes solo realizaban quienes se dedicaban a la academia, las letras y el periodismo; a algo que ocupa gran parte del día a toda la sociedad. El reto es que ahora todos tenemos que hacerlo de la mejor manera, si queremos dejar una buena impresión con quienes nos leen por primera vez.

22 de marzo de 2013

¿Le estaremos dando mucho poder a Google?

Como ha sido normal desde 1998, época en la que Google dejó de ser un buscador más y se empezó a convertir en una las empresas más poderosas del mundo, esta que pasó no fue una semana en la que los de Mountain View hayan pasado inavertido. Hace unos días les hablábamos del cierre de Google Reader y de cómo cerca de 5 millones de usuarios se quedaron sin un lector de feeds, movimiento que aprovechó Feedly, que se las olía desde hace un buen tiempo y ya estaba preparado para esta noticia, con lo que en menos de 7 días han superado la nada despreciable cifra de 500.000 usuarios. Para tener como referencia, Facebook se demoró 10 meses en alcanzar el millón de usuarios; Foursquare, 13 meses; y Twitter, 24

¿Cuál es la lección de todo esto? Google podría haber, o bien, cobrado una cuota mensual a sus usuarios en vez de matar el servicio; o venderlo a otra empresa que le pudiera sacar provecho. Si el problema con los inversionistas era el dinero, ahí tenían dos opciones. Incluso se podrían haber desecho del él, liberándolo a la comunidad. Recordemos que Google Chrome está basado en un proyecto de código abierto llamado Chromium; al tiempo que Android está basado en Linux. Ambos tienen el apoyo de una gran comunidad.

Ya esta semana que termina, entre otras cosas, Google presentó una herramienta para tomar notas al estilo de Evernote. Hace unas semanas proponían el lanzamiento de un servicio de música por Streaming al estilo de Spotify. Y qué decir de Google Fiber, que si bien sigue en etapas de prueba, podría desbancar a cualquier prestador de servicios de Internet del mundo con las velocidades que ofrece.

¿A qué voy con todo esto? Le estamos dando mucho poder a Google. Como lo dijimos hace unos días en VanPC, en el campo de la tecnología no se veía algo así desde que Microsoft llegó a tener el 99% del mercado en navegadores web en los 90. Pero esto ya no es solo de navegadores. Estamos hablando de que Google es el dueño y señor en buscadores, correo electrónico, publicidad en línea, videos por streaming y sistemas operativos móviles. 

¿Qué nos ha enseñado la historia? Los monopolios no son nada buenos: por un lado tienen el poder de frenar la innovación, aplastando a la competencia, por ejemplo, pequeñas startups, en muchos casos de recursos muy limitados. Lo pueden conseguir o patentando conceptos absurdos, o sacando copias o 'versiones mejoradas' de algo que ya existe, como pasó con Dropbox y Google Drive.

14 de marzo de 2013

La muerte de Google Reader: ¿tiene sentido?

Con sorpresa recibió la blogósfera esta noche la noticia de que Google acabaría antes de julio próximo con Google Reader, su popular servicio de feeds vía RSS, la única herramienta que en mi opinión está al mismo nivel de Twitter en cuanto a inmediatez y poder informativo: ¿por qué? Similar a como sucede con los 140 caracteres, el RSS nos permite seleccionar blogs y seguirlos en un Timeline, que nos muestra de arriba para abajo el título de un post publicado recientemente. Si nos llama la atención, podremos seguir leyendo. Si no, podremos mirar entre todas las demás suscripciones algo que nos llame la atención. John Freddy Vega, de Mejorándo.la, describe el servicio como un Gmail de los blogs, pues en pocas palabras se trata de una plataforma para recibir alertas personalizadas cada vez que algo nuevo haya sido escrito en uno de esos tantos blogs que alguna vez nos haya llamado la atención. Precisamente acabo de contar, y estoy suscrito a 105 bitácoras que empecé a seguir desde que empecé a utilizar el servicio en 2009, un número de sitios al que sería humanamente imposible ingresar uno por.

Si lo piensan bien, no debe haber un solo usuario en Internet que jamás haya visitado un blog, más tratándose de un fenómeno tan antiguo, que apareció por allá hacia finales de la década de los 90, y que posteriormente se fortaleció gracias a FeedBurner, adquirido por Google por la cifra de $100.000.000 USD en 2007, lo que más adelante conoceríamos como Google Reader. 

Que desde esa época no haya logrado masificarse de la misma manera en que lo han conseguido Facebook, Twitter o YouTube, sino que se haya estancado únicamente en ese público que desde siempre ha comprendido el poder de los blogs es algo que habla muy mal de los usuarios en Internet. Me apoyo en la opinión Marshall Kirkpatrick que utilicé hace unas semanas precisamente:

La falta de adopción del software de lectura RSS por parte de los consumidores y negocios es de los sucesos en la reciente historia tecnológica que peor habla del estado de la humanidad. Que un repositorio personalizado y centralizado de actualizaciones hechas via canales dinámicos de información ofrecidos por fuentes gratuitas y confiables de publicación democrática en todo el mundo haya sido ignorado tecnológicamente y reemplazado en la atención popular por jueguitos que pudren la mente hechos en Flash en Facebook es tan deprimente como la manera en la que los sueños de la educación pública se quebraron cuando la promesa de la televisión se volvió su realidad […] Es terrible. Es razón para empacar todo e irse a casa.

8 de marzo de 2013

Twitter, lo estás haciendo mal - Parte II

No hace poco publiqué un post en el que critiqué algunos de los últimos movimientos de Twitter en su momento. La motivación de aquel post estuvo en que Evan Williams, el CEO de la organización, sugirió darle un giro al tema de quién es o no influyente en la red social de los 140 caracteres. Williams aseguraba qué podría funcionar mejor el tema de un índice que se midiera de acuerdo con los mentions, los Retweets y los Favorites. De esta manera, el número de seguidores dejaría de existir. Afortunadamente, el tema no pasó de más que una declaración para medir cómo nos lo tomaríamos antes de llevarlo a cabo en realidad. 

Así mismo, Twitter ha venido quitando opciones que nos hacían la vida más fácil. El tema de eliminar algunas de las recetas de IFTTT o no poder buscar usuarios desde Instagram son movimientos que de a poco han ido deteriorando la experiencia de los usuarios que siempre habíamos visto estas funciones como útiles. Sumado a lo anterior, durante los últimos meses, Twitter en vez de darse cuenta de sus errores y de tener una autocrítica, parece seguirse saliendo del camino por el que se había mantenido como, quizás, la red social más interesante de todas.

Traigo este tema para discutir nuevamente por dos noticias que estuvieron muy presentes en los medios especializados durante los últimos días. La primera tiene que ver con que Falcon Pro, un cliente independiente para gestionar nuestras cuentas de Twitter desde Android, habría alcanzado el nada despreciable número de 100.000 descargas. La segunda es la mala noticia de que el proyecto TweetDeck sería dado de baja como aplicación para iOS, Android y Adobe AIR.

Las 100.000 descargas de Falcon Pro

Pero, bueno, vamos por partes. ¿Qué es Falcon Pro y cuál fue el problema? Falcon Pro nació como un proyecto independiente para Android. Se trata de un cliente hecho especialmente para aquellas personas que querían probar algo distinto a TweetDeck, HootSuite, TweetCaster y la misma aplicación nativa de Twitter. La diferencia es que esta tenía un costo de $1 USD y fue todo un éxito, a pesar de no tener por detrás a un gran desarrollador de aplicaciones con un músculo financiero, que le permitiera ganar visibilidad. Por el contrario, todo fue idea de Joachim Vergés, un tipo común y corriente que un día decidió crear una aplicación mejor a las que ya había y venderla. 

Al poco tiempo, la aplicación llegó a las 100.000 descargas. Lo que parecía ser un éxito rotundo se convirtió en un problema: Twitter solo da permiso para que 100.000 usuarios hagan uso de una aplicación de un tercero. La cuestión era que solo 40.000 habían pagado, mientras que 60.000 la habían pirateado. He ahí cuando la piratería es un problema: cuando el perjudicado es un desarrollador independiente que vende su trabajo a lo mismo que cuesta un pasaje de autobús. 

Así pues, mientras había gente dispuesta a pagar por un buen producto, Twitter había tomado la firme decisión de que la aplicación no le serviría a nadie más. Los desarrolladores optaron por subir el precio hasta $134 USD, solo para llamar la atención del problema y que la gente dejara de adquirir Falcon Pro, que de paso no iba a funcionar.

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