26 de abril de 2013

-"No tengo tiempo". -¿Es en serio?

No logro comprender a aquellas personas que aún trabajando 8 horas al día, los 5 días de la semana, no les queda tiempo nunca para terminar su trabajo: gente que se lleva el trabajo a la casa, trabaja en las noches y los fines de semana sin recibir una remuneración extra. Entiendo que suceda eventualmente, o que en empresas que hasta ahora estén empezando sea algo necesario. Sin embargo, hay gente que lo toma de costumbre y ve normal que le manden correos a las 9 de la noche un viernes (!). Por contrato, uno no debería ni revisar correos por fuera del horario laboral. Sin embargo, repito, hay ocasiones que se justifican. Mi comentario, no obstante, va dirigido hacia aquellas personas que lo han convertido en un hábito.

Por ello, quisiera darles algunas pautas a aquellas personas que se encuentren en esta situación, para que manejen mejor su tiempo y no vivan bajo presión odiando su trabajo.

Primero, aléjense de las redes sociales. Como ya lo había mencionado en una entrada pasada, esto nos pondrá por encima del 90% de nuestra generación. Hace aproximadamente un mes decidí cerrar Facebook al menos mientras estoy trabajando. Ya tendré tiempo cuando llegue a casa o en los descansos que me tome de revisarlo. No hay necesidad de hacerlo permanentemente. Esto solo nos hará más ineficientes en la medida de que seguramente se corte nuestra concentración en el momento en el que queramos llevar a cabo una tarea que tome su buen tiempo.

Por lo anterior, se desprende que terminamos viendo Memes o videos en YouTube, tiempo perdido que probablemente tendremos que recuperar desde casa. Para el caso de Twitter, hago algo similar: simplemente mantengo abierta una pestaña de menciones a la que respondo si me hablan, y cuando tengo tiempo libre en las noches y en las mañanas, o desde el celular cuando no estoy haciendo nada reviso mi Timeline.

El alejarnos de las redes sociales también incluye WhatsApp. No tienes que responder inmediatamente a todos los mensajes que te llegan. Puedes responder dentro de 2 o 3 horas e igualmente a la otra persona le llegará el mensaje. El punto central de lo que estoy diciendo es que nos alejemos de todas las posibles interrupciones que nos podamos encontrar. Esto hará que terminemos nuestras tareas más rápido.

Otra de las cosas que me ha funcionado es no perder tiempo buscando las canciones que queremos escuchar mientras hacemos algo. Para ese caso, me ha funcionado muy bien usar Pandora, donde escribo el nombre de una canción, un género o una banda, y la plataforma me empieza a arrojar al azar música que se parezca a lo que estamos buscando. Para esto también funciona tener listas de reproducción en YouTube o poner iTunes en modo Shuffle. El punto es no cambiar de tarea cada vez que se acabe la canción que estemos escuchando.

La última es tratar de llevar un orden de todo: de lo que tengo que hacer y de lo que estoy haciendo, tomando notas cuando lo veo necesario. Si voy a una reunión, procuro escribir todo en un solo lado, en Evernote desde el celular para tener esas anotaciones disponibles desde cualquier lugar con conexión a Internet. O si tengo tareas pendientes para realizar durante la semana, utilizo una aplicación en el celular que se llama TASKOS. Esto en últimas me permite ahorrar el tiempo que bajo otras circunstancias dedicaría a pensar en "¿qué es lo que debo hacer hoy?" o "¿dónde fue que anoté lo que dijeron en esa reunión?".

19 de abril de 2013

¿Está Google perdiendo el control de Android?

Hace unos días tuve la oportunidad de tener en mis manos un tableta con sistema operativo Android 2.3, marca Coby. Si bien esta no es la marca más desconocida que he visto en persona, y aún habiendo probado desde modelos chinos excelentes, hasta otros que aún siendo Samsung apestan, me llamó la atención el hecho de que este modelo no tenía App Store. ¿Cómo así?, se podrán preguntar ustedes. Pues bien, no tenía la Google Play Store, que es la oficial, ni se podia instalar descargando la aplicación por otro lado; así que me puse a ver qué tipo de aplicaciones venían instaladas por defecto, y ¡BINGO! Finalmente sí tenía. Se llamaba JetJar, y realmente tenía un catálogo muy pobre, si lo ponemos al lado de las tiendas de aplicaciones de Apple, BlackBerry o Windows Phone.

Tras este episodio, me hice la pregunta de cómo es posible que cualquier empresa pueda utilizar uno de los productos de Google, moldearlo a su manera y presentar algo tan malo. Por un lado, tenemos lo que ha conseguido Amazon con el Kindle Fire: agarraron Android, lo dejaron irreconocible y le cambiaron la tienda de aplicaciones. Ese fue quizás el primer tablet low cost del mercado: solo $199 USD, y consiguieron un producto increíble. 

Por otro lado, tenemos modelos penosos también usando Android. Es el caso del Samsung Galaxy Y o en su momento el Motorola Flipout (¿era eso un beeper?). Son modelos de gama baja, que se aprovechan de los usuarios que menos saben del tema, y los hacen pensar: "ahh...pero tiene Android. Seguro es un buen equipo", dirán. Se acaban de encartar con algo que no le llega ni a los talones a un Samsung Galaxy SIII, un Nexus o un Motorola RAZR. Tienen en sus manos un teléfono que en una o dos semanas estará lleno de aplicaciones, aún cuando no le hayan instalado más de 10.

En fin, a lo que iba con ambos casos es que, al igual que la tablet que tuve en mis manos hace unos días, se trata de empresas ajenas a Google que toman Android y lo adaptan a su manera, llegando a los extremos de cambiarle la cara a su interfaz o a no dejar rastro de la tienda de aplicaciones original. Y ni hablemos de lo que hacen las empresas de telefonía celular en cada país, de instalarle a su antojo aplicaciones o no llegar con las actualizaciones del sistema operativo a tiempo.

La fragmentación de Android, ¿un fenómeno inevitable?

Para los que no tienen claro los inicios de Android, en 2004 Andy Rubin trabajaba en Android antes de que fuera adquirida por Google. En esa época, años antes de que el iPhone fuera lanzado, ya se estaba trabajando en un sistema operativo móvil. Larry Page recordó hace unos días en el blog de Google que para esa época los de Mountain View guardaban en un armario más de 100 modelos de teléfono celular, y tenían que programar aplicaciones para cada uno de ellos

Android digamos que solucionó ese problema, pues le dio la posibilidad a muchos fabricantes de teléfonos de tomar ese nuevo sistema operativo e instalarlo en sus terminales. Esto sin necesidad de que pagaran un solo dólar. ¿Por qué? Porque Android está basado en Linux, un sistema operativo de código abierto, creado a comienzos de los 90, y cuya licencia manifiesta que cualquier persona puede alterar el código para mejorarlo o adaptarlo a sus necesidades. La única condición es que el producto final deberá seguir teniendo esta misma licencia, y no se podrá cobrar por ella.


Ahí es que uno entiende por qué así como hay equipos excelentes con Android, hay también otros que dejan mucho que desear, algo que nunca veremos con un iPhone, un Nokia Lumia o un BlackBerry Z10. Si bien están basados en licencias restrictivas que le dan menos libertad al usuario final, esto mismo permite que se cuide más el acabado y que no cualquiera le pueda meter mano. En ese sentido, la fragmentación de Android es un fenómeno inevitable.

12 de abril de 2013

Energía solar, un recurso pendiente de explotar


Este post lo escribí originalmente para un proyecto que hicimos con Agua Brisa y MSN Latinoamérica a finales del año pasado, pero que finalmente no fue publicado, entre otras razones, porque el proyecto terminó antes de lo previsto. Así pues, guardé varios artículos, y este es uno de ellos. En fin, no suelo escribir sobre ciencia o medio ambiente, pero a veces se me ocurren buenas ideas.

En tiempos de crisis y de calentamiento global, no son pocas las personas que buscan de alguna manera cómo poner un grano de arena para contribuir con un cambio, seguramente disminuyendo sus gastos en electricidad, o limitando el uso de cualquier aparato eléctrico en casa. De la misma forma, también podemos cambiar algunos hábitos como ir a pie, usar la bicicleta o empezar a reciclar, por qué no. Y así, hay mil maneras más de darle una mano no solo al planeta, sino también a nuestro bolsillo. Hoy precisamente, quiero hablarles de otra de esas formas de contribuir al planeta, con el uso de una energía alternativa, limpia y renovable: la energía solar.

Al respecto hay ideas interesantes que vale la pena tener en cuenta, como el concepto del diseñador Jonathan Globerson, en el que parece ser un artículo de decoración para el hogar, un objeto que capta tanto energía del viento como del sol, permitiendo un ahorro hasta del 6% en la factura eléctrica y de una tonelada de CO2 al año. Igualmente, en todo el mundo se están llevando a cabo ideas increíbles que van por la misma línea, como la planta de energía solar más grande de Estados Unidos en California, que tiene un área de 150.000 metros cuadrados, el equivalente a 27 campos de fútbol, y que produce hasta 10 megavatios de electricidad, suficiente para suplir las necesidades de 6.500 familias. 

Pero, ¿está la energía solar al alcance de todos?, ¿no es acaso un recurso disponible solo en países desarrollados? Muchos creen que sí, sobre todo si tenemos en cuenta que sus tres principales productores son Alemania, España y Japón, mientras que China los fabrica para exportación, no los instala, siendo el mayor fabricante con más de 50 millones de unidades cada año, más de la mitad del total. En cuanto a Sudamérica, el primer país en tener un megaproyecto de este tipo fue Argentina en la provincia de San Juan en 2011, donde la inversión fue de 10.5 millones de dólares para abastecer a 1.500 hogares con 4.600 paneles fotovoltaicos. Similar es el caso de Perú, que tiene planeada la que sería la planta más grande de América Latina, y que podría llevar luz a más de 60.000 familias.





¿Y qué pasa después de su instalación?, ¿Acaso duran para siempre los paneles solares? Ese es uno de los problemas por los que para muchos ésta no es una idea perfecta, y es que su tiempo de vida no supera los 30 años, tras lo cual quedan residuos peligrosos como plomo, selenio o cobre, sustancias que necesitan de complejos y costosos procesos para su tratamiento, así como su fabricación requiere materiales altamente tóxicos, dejando abierto el interrogante sobre si vale la pena asumir estos riesgos a cambio de usar una fuente de energía limpia y renovable como la solar.
 
En todo caso, después de considerar los pros y los contras, esa es una decisión que nosotros mismos habremos de considerar. Al respecto, le pregunté a Alberto Osorio, Ingeniero de Solutecnia, quien me habló sobre algunos puntos importantes para tener en cuenta, en caso de que decidamos optar por su instalación:

5 de abril de 2013

¿Qué puedo empezar a hacer hoy que me sirva dentro de 5 años?

¿Si pudieran en este momento hablar con ustedes mismos pero con una versión 5 años menor, qué le dirían? Lo más seguro es que le recordaríamos algunos episodios puntuales de nuestra vida, y les diríamos cómo actuar al respecto, como en Volver al Futuro: ¿has estado en una situación en la que tienes que actuar pero no sabes cómo hacerlo? La frase no es textual a como la dicen en la película, pero lo que quiero decir es que nosotros mismos en el futuro seríamos la única persona correcta que podría decir si estamos haciendo bien o no las cosas ahora mismo.

La otra opción sería recurrir a gente mayor a nosotros, con más experiencia y que haya vivido más. Seguramente no seamos los únicos que hayamos pasado por una misma situación, y a final de cuentas nuestra vida se parezca en ciertos aspectos a la vida de muchos más. Sobre este tema encontré mucha tela que cortar leyendo una pregunta en Quora, que para los que no la conocen, es una red social de preguntas y respuestas colaborativas. Muy parecido a Yahoo! Respuestas. La pregunta original, que pueden leer desde este enlace, decía:

¿Qué puedo empezar a hacer hoy que me sirva dentro de 5 años?

De las 30 respuestas que había cuando empecé a leer, quise hacer un pequeño resumen con ciertos puntos que pienso empezar a poner en práctica, y otros que ya llevo haciendo desde hace un tiempo. Esto me diría a mí mismo a los 18 años:
  1. Aprende a cerrar Facebook y a controlar tu adicción a las redes sociales. Esto te pondrá por encima del 90% de tu generación.
  2. Empieza a practicar algún deporte y a comer saludablemente. Tu cuerpo te lo agradecerá algún día.
  3. Conviértete en un comunicador. Tu cabeza puede estar llena de buenas ideas, pero si no sabes hablar en público o cómo contestar al teléfono, difícilmente podrás transmitir tu conocimiento a los demás.
  4. Ten un lugar en el que puedas hablar solo. ¿No crees en Dios? OK, pero hablarle al universo o a ti mismo en voz alta te ayudará a poner en orden tus ideas.
  5. Aprende a manejar tu presupuesto y a ahorrar. No esperes a que la vida te fuerce a conseguir tu propio dinero y a hacerlo durar hasta el último día del mes para que sepas qué es prioridad en tu vida diaria o no.
  6. Aprende a hablar otro idioma. Saber español e inglés es algo común y corriente por nuestros días.
  7. Ahorra por un buen tiempo y vete de viaje lejos de casa. Tu ciudad es muy pequeña; el mundo, muy grande; y hay mucho que conocer; para quedarte ahí para siempre.
  8. Conoce gente mayor o comparte con gente menor. Hablar con alguien mayor sobre nuestros logros, experiencia de vida y hacia dónde queremos ir nos puede aclarar muchas cosas sobre lo que realmente queremos. Hacer lo mismo desde el otro lado, hablando con los más jóvenes, será tu aporte para las próximas generaciones.
  9. Ten objetivos y metas claras. Pensar a largo plazo en momentos en los que me debí haber desesperado es lo que más me ha ayudado a mantener la calma.
  10. Finalmente, escríbete hoy una carta a ti mismo para que la leas dentro de 5 años. ¿Habrás conseguido lo que querías para entonces? Empieza desde hoy a buscarlo.

Comentarios