26 de julio de 2013

El famoso Club Dindo-Rockola

(Si quieres saber de qué otras formas las empresas de telefonía se quedan con tu dinero, tal vez deberías leer esto)

Hasta hace unos días, Jairo no había tenido problemas con su línea celular en Claro nunca. Más allá de los problemas de red que eventualmente tiene el operador con más usuarios en el país, antes no había llegado hasta el punto de llamar al famoso *611 y hablarle duro a uno de los empleados del Call Center, ni de radicar una queja ante la Superintendencia de Industria y Comercio por un mal servicio. Los problemas siempre estaban presentes, pero no eran tan graves como para llegar a este punto.

Sin embargo, hace pocas semanas, Jairo vio con sorpresa que en su factura de abril-mayo le estaban cobrando $18.000 pesos más por un servicio que jamás solicitó. Pensando que seguramente se trataba de algún error, llamó a la línea de atención al cliente para pedir una explicación, y ¡oh sorpresa!, cuando le dijeron que él sí había solicitado el servicio.

Se trataba de un cobro que en la factura aparecía a nombre de Dindo-Rockola y Neomobile, dos nombres que Jairo nunca había oído mencionar. No obstante, todavía con la sorpresa de que le estaban cobrando casi $20.000 pesos que él nunca autorizó, investigó entre sus amigos, conocidos y familiares si había alguien con el mismo problema.

Si todo esto se te hace familiar, comenta en Twitter tu caso con el HT #DindoRockola

Al cabo de unos pocos días, su padre, sus primos, sus amigos, algunos desconocidos que encontró en Internet y hasta en Facebook daban fe de que a ellos también les estaban cobrando por un servicio que jamás habían solicitado. Incluso alguno de esos desconocidos escribió una reseña sobre el mismo problema en un blog, y hoy acumula ya más de 700 comentarios

Tomando acciones

Lo siguiente que hizo Jairo fue escribir un airado correo electrónico a las empresas detrás del cobro, exigiéndoles el reintegro de su dinero, y explicándoles la situación.

La respuesta de Neomobile era más de lo mismo, que Claro insistía no era ningún error. De hecho le daban especificaciones de hora y fecha de cómo activó el servicio, y desde cuándo había sido desactivado. Y agregaban cómo se llevó a cabo la activación:

Desde tu línea se generó la petición específica para ser suscrito al servicio Club Fantasifondos, el día 31 de marzo de 2013, a las 16:20 horas. El contenido de regalo fue "Sexy Secretaria". El servicio fue cancelado por SMS el 16 de mayo de 2013, a las 10:02 horas.


Y agregan: 

Lo anterior significa que navegando en el wap de tu celular se dio click en un banner con publicidad nuestra, y fuiste dirigido a nuestro sitio, en donde adquiriste el servicio.

De esta comunicación llaman la atención 2 cosas. Lo primero es que la misma empresa menciona un contenido de regalo. Lo segundo, que el servicio se activa por dar click en un banner. 

Preguntas: uno, ¿cómo pueden a uno cobrarle por un contenido de regalo? Si cobran, significa que es pago, no un regalo. Dos, ¿el servicio se activa cuando uno da click en un banner? Es decir que empiezan a cobrar por un servicio en el que uno en ningún momento firma o autoriza nada. ¿Esto lo pueden hacer? Tres, ¿de dónde saca Neomobile la base de datos a la que envían estos mensajes de regalo?, ¿Acaso los entrega el operador voluntariamente, en contra de las regulaciones que hoy existen sobre protección de bases de datos y de información personal, o simplemente utilizan un método de enviar a números generados aleatoriamente?

Lo que dicen los expertos

Tuve la oportunidad de hablar sobre este tema con el Concejal de Bogotá William Moreno, al que precisamente Claro amenazó con denunciar penalmente por promover el apagón en contra del polémico operador mexicano de telefonía, y nos confirmó que bajo ninguna circunstancia un operador puede cobrar un monto en la factura de un usuario sin el consentimiento de este, pues desde el momento en que las 2 partes llegan a un acuerdo y deciden firmar un contrato por prestación del servicio, se supone que ambos son consientes de lo que acuerdan (entrevista completa desde este enlace).

19 de julio de 2013

El significado de escuchar un MP3 en 1999

Era el año de 1999 y todavía era común escuchar música desde un disco compacto o desde un Walkman. Los formatos de ese entonces, el CD y el casete, no contenían más de 20 canciones cada uno, y tenían precios altos si los queríamos tener originales. 

La solución, en ese entonces, pasaba por grabar canciones de la radio, que por lo general quedaban cortadas, pues cuando nos dábamos cuenta de que estaba sonando esa canción que tanto queríamos, ya habían pasado por lo menos 6 segundos. A veces iban acompañadas de las cortinillas de las emisoras donde había sido grabadas.

La otra era hacer una copia de alguien que tuviera el disco original. Del CD grabábamos en casete, y podíamos tener grandes colecciones con cajones llenos de música. En esa época tener música original era todo un lujo. Hoy no lo es tanto gracias a la existencia de los formatos digitales, y de tiendas como iTunes o Amazon, donde podemos comprar canciones individuales por menos de $1 dólar.

Recuerdo ese 1999. Napster era ese software desde el que podíamos descargar prácticamente cualquier canción. La cosa era que no éramos pocos los que aún así teniendo la plata para comprar música original, no lo íbamos a poder hacer simplemente porque en muchos casos se trataba de material que sólo se conseguía en las tiendas de música de Estados Unidos o de Europa.

Por eso encontrar las primeras canciones de cualquier banda era algo prácticamente imposible. En mi caso, estaba empezando a escuchar Blink 182, que para esa época ya había lanzado su cuarto álbum en el año 2000. El solo hecho de encontrar en Internet información sobre el Cheshire Cat, el Buddha o el Flyswatter, las primeras producciones de la banda, era un acto de anecdótico. En esa época no teníamos los buscadores que teníamos hoy ni la Wikipedia. Prácticamente toda la información que había disponible era de fans queriéndola compartir.

12 de julio de 2013

Google es un desastre

Durante las dos últimas semanas hemos visto en varios medios especializados la noticia sobre que el buscador de Google cada vez estaría dedicando menos espacio de la primera hoja de una búsqueda a lo que son resultados orgánicos, es decir a los que aparecen sin anunciarse; y que por el contrario más del 80% de la pantalla sería ocupado en gran parte por anuncios pagos

En celulares la situación no es muy diferente. Tras realizar varias búsquedas sobre algunos productos o servicios puntuales, vamos a ver solamente enlaces patrocinados, ni un resultado natural, a menos que bajemos un poco en la hoja.

Por el lado de YouTube, la situación no es muy diferente. Yo me aguanto  que tenga que ver comerciales antes de algunos vídeos. Acá en Colombia son solo de 5 a 30 segundos. En Estados Unidos son de hasta 2 minutos y medio. Y eso desde mi punto de vista es tolerable, pues hay comerciales muy bien logrados en los que uno no se aburre y en algunos casos termina disfrutándolos. Pero también está el caso de las empresas que no entienden el concepto de nuevos medios y toman el mismo comercial que sale en televisión para que aparezca en Internet (!).

5 de julio de 2013

2 años después sin usar Windows: Ubuntu

En este momento me encuentro configurando mi computador e instalándole todos los programas debido a que el fin de semana pasado, tras terminar de descargar 10 temporadas de una serie que en total pesaba más de 70 Gb, terminé por dañar uno de los 3 discos duros de mi computador.

Lo que pasó fue que el sistema operativo por lo general necesita un espacio mínimo de espacio para cumplir algunas funciones, y con lo que acababa de hacer lo dejé prácticamente inservible. Afortunadamente gracias a mis amigos de VanPC, pude salvar toda la información y reinstalar el sistema operativo que vengo usando desde hace 2 años: Ubuntu-Linux, no Windows ni Mac.

Hago la aclaración de no Windows ni Mac, porque esa es la primera pregunta que me hacen cuando me ven trabajando: ¿qué sistema operativo es ese? Se llama Ubuntu y está basado en Linux, lo mismo sobre lo que está construido Android para celulares y tabletas, es la forma más fácil de explicar. Sin embargo, aunque compartan cierto parentesco, estéticamente Ubuntu no se parece a Android. Ni siquiera están disponibles las mismas aplicaciones en el uno y en el otro. Solo unas pocas como Skype, TweetDeck, Viber o Firefox, pero porque los desarrolladores así quisieron, no porque la misma sirva para ambos sistemas operativos.

En el fondo son como dos parientes lejanos: tienen algo que ver pero solo comparten algunas cosas.

Ubuntu, para todo el mundo

Con esto vengo trabajando desde hace 2 años, al menos en mi casa y donde trabajo actualmente. A mediados de 2011 le dije adiós a Windows y solo de vez en cuando lo utilizo para jugar o meterle música al iPod, porque, infortunadamente no hay iTunes para Ubuntu y muchos juegos no están disponibles, al igual que algunos programas especializados. Sin embargo esto es debido a que sus creadores, como Apple y EA Sports, por ejemplo para el caso de Fifa, no han querido sacar sus productos en plataformas diferentes a Windows y a Mac.

En cuanto a las demás tareas diarias, afortunadamente mi trabajo no depende de un software que solo funcione en una plataforma, por lo que hay un equivalente a Microsoft Office llamado LibreOffice; una herramienta de edición de imágenes llamada Gimp; un reproductor de audio llamado Rhythmbox, y uno de video que se llama VLC. Para navegar uso Firefox, y para el correo en vez de Outlook utilizo Thunderbird. Lo mejor de todo: no necesita anti virus, lo que nos ahorra un gran consumo de memoria.

En pocas palabras, todo se puede reemplazar en Ubuntu. Es un mito por allá de los años 90 que todo lo que estuviera construido sobre Linux era algo que solo profesionales IT e ingenieros de sistemas podían usar. Yo no soy la persona más experta en tecnología, y aquí estoy: 2 años alejándome de Windows cada vez más, por razones que alguna vez expliqué, y no me ha pasado nada. Hoy por hoy incluso veo series por Netflix y uso Steam para jugar.

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