30 de diciembre de 2013

Evaluación de 1 año difícil

2013 no fue un año fácil para mí. No se había terminado enero todavía y ya me había quedado sin trabajo. Eso me quedaba tras haber firmado unos meses atrás un contrato que rayaba de lo ilegal con una temporal (no con mi empleador) y con el que me podían decir 'adiós' en cualquier momento. Así sucedió, y contrario a lo que toda la sociedad esperaba de mí, no empecé a buscar trabajo inmediatamente. 

Pensando en que no quería quedarme un solo día en mi casa sin hacer absolutamente nada, como ya me había pasado cuando me gradué de la universidad, tuve un plan: al día siguiente ya me encontraba trabajando en otro lado, una empresa pequeña de marketing digital de 3 amigos donde solo éramos 4 personas y que no tenía más de un año de haber sido creada para entonces.

 Esto significó salir de mi zona de confort. Pasé de la comodidad de ganar un sueldo fijo cada 2 semanas a ganar mucho menos. Además me había propuesto aprender portugués, así que el poco dinero que me quedaba era para pagar mis clases. Esto vino acompañado de salir menos con mis amigos y dejar de comprar cosas de las que me antojaba cada vez que tuviera plata en el bolsillo. Eso explica por qué este año estuve perdido para muchas personas.

 Así, mientras veía que todos mis amigos con los que me gradué tenían buenos trabajos con buenos sueldos, mi cabeza estaba en otro lado. En los pocos meses que viví en Washington aprendí que hay gente dispuesta a trabajar gratis durante varias temporadas con el fin de asegurarse un mejor futuro

En Estados Unidos la cultura del Internship, que acá conocemos como de la práctica, es vista como una inversión de largo plazo. Yo lo explico así: vivo con mi familia; no me hace falta nada; voy a trabajar durante 1 año sin paga; pero a cambio voy a ganar experiencia y voy a saber realmente lo que me gusta hacer.

 En contraste, culturalmente en Colombia se piensa que uno sale de la universidad y que hay que conseguir un trabajo en lo que sea, así no tenga nada que ver con la carrera que estudiamos. Solo importa que paguen. Eso implica en muchos casos tener un trabajo rutinario en el que paguen mal y que al cabo de unas semanas uno va a terminar odiando

Este es el tipo de persona que los va atender en un banco o que los va a llamar a venderles algún producto por teléfono. Yo no quería eso. 

Así que una enseñanza que saqué de lo que significa el Internship en Colombia y Estados Unidos fue que nada me impedía trabajar durante un año ganando menos dinero, si a cambio estaba trabajando en algo que realmente me apasionara, que me fuera a servir en mi futuro y de lo que pudiera aprender mucho. No quería dentro de unos años estar sentado en un escritorio haciendo algo que odiaba.

 Digo esto porque hoy sé que un alto porcentaje de la gente que se gradúa de la universidad termina en un trabajo que odian, esperando a que sean las 6 de la tarde y a que llegue el fin de semana para empezar a vivir. Si se sienten identificados, lo siento por ustedes.

 Antes de perder mi trabajo en enero mi vida era más o menos así, pues no me gustaba lo que hacía, me estaba quemando y tarde o temprano iba a acabar por odiar lo que estaba haciendo: era Community Manager de una marca que me encantaba, pero no podía proponer nada nuevo ni novedoso porque todas las órdenes venían de arriba y desde abajo yo solo tenía que dedicarme a hacer mi trabajo. 

También era Blogger para Agua Brisa. Esto también me gustaba, pues estábamos educando a la gente sobre temas relacionados con el medio ambiente. El problema era que todo el proyecto lo habían negociado antes de que yo entrara a trabajar allá, entre personas que no tenían ni idea de blogs o de SEO, así que en el corto plazo yo sabía que el proyecto no iba para ningún lado. Por otro lado, con el blog ya corriendo, entre mis funciones no estaba hacer sugerencias ni recomendaciones.

Junto a esto, en ese lugar no tenía ninguna posibilidad económica ni profesional de crecer, a menos que me llamaran para irme a trabajar a otro lado. Esto último hubiera sido interesante.

19 de diciembre de 2013

Tecnología y costo de vida

Hace unas semanas un amigo dejó las llaves dentro de su carro, y al no poder hacer nada para sacarlas optó por buscar en Google desde el celular a alguien que ofreciera el servicio de abrir puertas a domicilio, lo cual no tomó más de 30 minutos. Era de noche y no había tráfico.

La persona que llegó y le prestó este servicio prácticamente no se tuvo que esforzar para sacar de problemas a mi amigo. Lo hizo ver muy fácil. Fue por esto que al momento de pagar le preguntó si no se lo podría dejar más barato.

La respuesta del personaje fue que no podía: tenía que pagar por la publicidad de aparecer en Google.

¿Qué significa esto? Es posible que todos los productos y servicios que encontramos desde nuestro celular o computador tengan un costo adicional, pues de alguna manera las personas detrás de estos negocios tienen que recuperar el dinero que están invirtiendo para encontrar nuevos clientes.
E independientemente de si están pagando o no por click (CPC), esos anuncios que vemos en los buscadores en la parte superior, inferior o lateral derecha, por aparecer sin pagar por click en Google también hay que pagarle a una empresa o a un consultor que sepa del tema. O incluso si lo queremos hacer nosotros mismos y estamos dispuestos a aprender, vamos a invertir mucho tiempo que bajo otras circunstancias podríamos dedicar a trabajar en algo que nos genere dinero.

Esto era solo un ejemplo de cómo todas esas empresas que nos encontramos en Google cada vez que necesitamos un servicio puntual hacen que unos servicios que antes percibíamos como comunes tengan un costo mayor.

¿Esto qué quiere decir? Que aunque hoy un smartphone o un computador esté al alcance de todo el mundo a precios cada vez más bajos, esto hace que cualquier tipo de empresa ofreciendo X producto o servicio tenga más posibilidades de llegar a un público mayor de clientes potenciales.



Solo por ponerles un ejemplo, escriban 'cerrajeros 24 horas en Google'. Yo veo 8 empresas pautando. Es decir 8 empresas que le van a cobrar más al cliente final para seguir apareciendo ahí y al mismo tiempo recuperar su inversión.

Esto no se veía hace unos años, ¿cierto?

12 de diciembre de 2013

Qué significa la llegada de Spotify a Colombia

Spotify ya está en Colombia. El servicio sueco de música por streaming más popular del mundo aterrizó esta semana en 14 países de la región y anunció que su servicio pasaría a ser gratuito para celulares y tabletas. Hasta antes de esta semana, solo lo era para equipos de escritorio si no queríamos pagar. Y lo mejor de todo es que desde México hasta Argentina tendremos una tarifa menor a la que se maneja en Estados Unidos y Europa.

Hace 15 días en este blog hablábamos de Deezer y de por qué yo, particularmente, no lo utilizo. La verdad es que llevo casi 1 año utilizando Spotify en Colombia, aún cuando no estaba disponible, y siempre me pareció superior. De entrada por ofrecer el servicio de manera gratuita, aunque con interrupciones cada 5 o 10 canciones para un anuncio publicitario, algo que no me molesta en absoluto.

Es posible que con la llegada de Spotify al país empiecen a temblar otros servicios como Deezer, Grooveshark y Napster. Y lo digo porque los $12.000 COP que cuesta la mensualidad de Spotify superan a los casi $16.000 de Deezer. Grooveshark, aunque más barato, no está al alcance del usuario más común: su aplicación no está disponible en la Google Play Store ni la AppStore de Apple y solo se puede descargar desde la página del sitio. En cuanto a Napster, a pesar de su legendario nombre, tiene como punto débil el no contar con aplicación de escritorio para Windows o Mac.



5 de diciembre de 2013

Piratería y educación

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un evento organizado por Microsoft Colombia, la Superintendencia de Industria y Comercio y el Gobierno Nacional, en el que se presentó la campaña 'Yo le juego limpio a Colombia', con la que se pretende incentivar el uso de Software legal en el país.

La campaña, como es común cuando se habla la piratería desde ciertos sectores, pretende simplificar el problema de una manera tal, que termina distorsionándolo por completo ante quienes hasta ahora se están formando una idea y no conocen el tema. En esta oportunidad me llamaron la atención 2 cosas. Por una parte, la asociación de piratería y malware, según la cual cada vez que no pagamos por una licencia deberíamos dar por hecho que nuestro computador y toda nuestra información están comprometidos. Y por otra parte, la propuestas simplistas de que la única alternativa es comprar original.


Como no quiero que los dos anteriores puntos se malinterpreten, voy a explicar con más detalle, a qué me refiero con cada uno, pues es probable que quede volando la idea de que no estoy dispuesto a pagar un solo peso por ningún tipo de producto legal. Así que vamos por partes.

Educar, más que criminalizar

En primer lugar, más que criminalizar todo el Software gratuito que hay en la red como una potencial amenaza, me parece importante educar a la gente sobre desde dónde deberían y desde dónde nunca deberían descargar cualquier tipo de archivo, así como qué sitios visitar y cuáles cerrar. 

Por un lado, tenemos a una persona mayor que navegando por Internet se encontró con un popup intrusivo al que le dio click accidentalmente y que sin darse cuenta le bajó un programa que le empezó a espiar toda su actividad. Pero por otro lado, tenemos al joven de 17 años que se bajó 9 temporadas de una serie desde un sitio de confianza, sin pagar nada, y que sabe con plena seguridad todo lo que está haciendo.

¿Cuál es la diferencia? La inocencia con la que cada uno actúa. 

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