20 de junio de 2014

El poder de los hábitos

Hace 2 años por influencia de amigos y familiares que les gustaba hacer maratones tomé la decisión de empezar a correr 3 veces por semana. Debía empezarlo a hacer porque a causa de una lesión de rotura de ligamentos me alejé mucho del fútbol. Como no quería quedarme quieto en mi casa sin hacer nada mientras comía y ganaba peso, decidí tomar acción y hacer algo para contrarrestarlo, así que retomé una actividad que nunca me tomé en serio: correr. Ya varias veces había intentado salir a correr, pero apenas le daba la vuelta a la manzana. Ya después tomé esa poca experiencia y lo aumenté a varias vueltas, ahí fui aumentando las distancias y hoy ya son varios kilómetros 4 veces por semana.

Normalmente cada año paro 1 o 2 veces por unos días la rutina y la retomo al cabo de unas semanas. Esta semana me tomé esa pausa, pues acabé el semestre en la universidad y estaré viajando a Brasilia y a Belo Horizonte de vacaciones y me queda imposible continuar con mi rutina en otra ciudad. De paso aprovecho para preguntarles a los que viajan o traviajan cómo hacen con este tipo de rutinas para no estarlas rompiendo permanentemente.

En fin, quería aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre cómo hice para pasar de días en que dormía hasta las 11 de la mañana, a levantarme más temprano para salir a correr varias veces por semana. En otras palabras, cómo hice para crear un hábito desde ceros y hacerlo parte de mi rutina diaria.

Este tema me llamó la atención tras leer El poder de los hábitos de Charles Duhigg. De hecho, ya me llamaba la atención el tema de los hábitos, pero no había leído mucho al respecto y fue por eso que terminé comprándolo, pues quería entender un poco mejor cómo funciona en nuestra mente la creación, alimentación y rompimiento de hábitos.

¿Qué es un hábito?


Como no quiero dar una definición estricta sino más bien explicar en qué consiste, vamos a decir que un hábito es lo contrario a tomar una decisión. Vamos a suponer que mañana vamos a levantarnos temprano para correr por 30 minutos, pero nunca antes lo hemos hecho. Si lo pensamos, estamos por tomar una decisión al escoger si dormimos durante una hora más o si preferimos ir a hacer deporte. Si optamos por la opción más saludable, estaremos mañana temprano listos para salir a hacer algo ejercicio. ¿Pero qué pasa si repetimos esta decisión durante un mes o más? Se convierte en hábito automáticamente ya que le estamos ahorrando trabajo a nuestro cerebro de tomar decisiones y convertirlas en parte de nuestra rutina.

Si se fijan bien, la vida diaria está basada en pequeñas acciones que hacen parte de nuestra rutina en las que ni siquiera pensamos. Levantarnos temprano, irnos a bañar, vestirnos, desayunar, ir al trabajo...en fin. Analicen su propia vida y se darán cuenta. Ustedes no lo piensan 2 veces antes de lavarase los dientes cuando ya están al frente del espejo. 

Nuestras vidas serían una cosa jartísima si alguien las analizara. ¿Por qué? Porque todos los días suelen ser igual a los anteriores gracias a esas pequeñas acciones que crean nuestro día a día. La idea de los hábitos es insertarse dentro de esas rutinas hasta el punto en el que a nuestro cerebro no le cueste trabajo aceptarlo.

Yo, por ejemplo, un día decidí escribir al menos una vez a la semana, SÍ o SÍ y así ha sido desde hace 2 años. En este momento estoy alistando maleta, o la semana pasada estaba haciendo trabajos de la universidad, pero sea como sea mi cerebro sabe que le tengo que dedicar algo de tiempo a este blog y ya es algo que no me cuesta trabajo.

¿Cómo romper con un vicio?


¿Pero qué pasa cuando un hábito en vez de hacer algo bueno por nuestras vidas le hace daño? Por ejemplo fumar. Vamos a llamar esto de vicio, solo por darle un nombre (no pretendo juzgar a nadie). En mi anterior trabajo tenía un compañero que iba a fumar por lo menos una vez cada hora. Además de hacerle daño a su salud (aunque vean, también tiene sus beneficios), es un gasto permanente que tiene que soportar su bolsillo. El punto de mi compañero es que inconscientemente su cerebro le daba órdenes cada vez que era la hora de fumar. Lo ha hecho tantas veces, que no hay palabras que convezan a su cerebro de que lo piense 2 veces antes de ir por un cigarrillo.

Por eso es tan difícil dejar de fumar, porque ya es algo que hace parte de la rutina de uno y el cerebro no cuestiona eso. En ese caso, lo que hay que hacer es sustituir el hábito por algo más, no quitarlo de raíz de un día para otro. Entonces en vez de un cigarrillo hay que darle algo al organismo a cambio. No sé...¿un chicle?, ¿un chocolate?, ¿un café? La cuestión es que el cerebro, según el libro que mencioné más arriba, funciona con base en recompensas. El cigarrillo aquí es una recompensa tras haber trabajado durante una hora. 

Lo que quiero decir es que, si queremos crear un hábito, será más fácil si trabajamos con pequeñas recompensas. 

Si en cambio en vez de acabar con un hábito queremos crear uno, como en el caso de empezar a hacer ejercicio, puede ser que al volver a casa nos demos un buen desayuno. Si queremos leer más, puede ser que por cada libro nos premiemos con un CD de música nuevo, no sé...eso se lo dejo a cada uno.

Sobre este tema ya había hablado cuando expliqué cómo empecé a hacer más ejercicio, a no dejar abandonado mi blog y a aprender portugués. En cuanto a hacer ejercicio, es algo que me hace sentir bien conmigo mismo. El no dejar abandonado mi blog, a largo plazo la recompensa son los lectores, contactos y oportunidades que se me irán abriendo ¿sabían que este blog me consiguió trabajo y varias cosas más? Y sobre aprender portugués la recompensa era estar al cabo de un tiemo estudiando fuera del país.

Hasta aquí, la idea del post de hoy era hablar un poco sobre los hábitos y comentar un libro que leí al respecto. Se los recomiendo, ya que lo que mencioné acá fueron apenas unos apartes de su contenido y hay más cosas que se pueden aplicar a la vida diaria, a la vida de una organización o de una comunidad. Sin embargo, no es necesario leerse el libro para interesarse por el tema, solo cuestionarse sobre esas cosas que hacemos todos los días casi de manera natural. Fíjense si detrás hay una recompensa o al menos su cerebro toma esas pequeñas acciones como una recompensa. ¿Ustedes tienen algún hábito?, ¿cómo hicieron para adquirirlo?, o en el caso de un vício, cómo hicieron para dejarlo.

Imagen propiedad de LWYang

3 comentarios :

Diana Garcés dijo...

Hábitos, la verdad no tengo ninguno, ver series a veces, pero si pasa un día sin ver algo no pasa nada. Trabajar a veces en la mañana, otras en la tarde, algunos días en la noche. Ir a cine, de vez en mes, hacer ejercicio ese sí que no lo tengo entre mis "hábitos" y bien que debería incluirlo. Meditar es lo único que tengo como hábito, pero no le tengo una hora fija, ni un lugar, ni nada. Lo hago cuando me apetece, por el tiempo que quiero. Cuando estoy muy atareada, lo hago 5 minutos en cualquier momento.

Me apunto las ideas para lo del ejercicio, a ver si algún día lo pongo en la rutina del día :)

Ahhh y el único hábito que tengo muy presente, aún cuando traviajo, es una buena alimentación.


Un abrazo y gracias por el enlace :)

Matías dijo...

Daniel! Me encantó el artículo :) Me encantó tu definición de hábito, y ya voy a usarla y linkearte ;) El tema es que son conductas que tenemos tan internalizadas que no nos damos cuenta de que hay otros modos. Cuando es bueno (como tú dices, al escribir o correr), es genial, pero las cosas se complican cuando los hábitos son malos. El primer paso será entonces trabajar nuestra autoconciencia y a detectar nuestros malos hábitos. No habrá malos hábitos universales, pero sí que lo serán aquellos que nos estén alejando de nuestros sueños o proyectos. Dicho sea esto, ¡felicidades por el semestre terminado! ¡y gracias por compartir estas ideas!

Andrés dijo...

muy buen post, lo del libro me gusto la recomendación, gracias.


saludos.

Comentarios