30 de enero de 2014

Cómo le di a la batería de mi celular 1 año más de vida

Tengo un Samsung Galaxy S2, el celular que en 2011 puso a competir por primera vez a Samsung con Apple. Después vinieron el S3, el S4 y seguramente llegue un S5, pero ningún otro teléfono de la surcoreana va a conseguir lo que el S2 en su momento: estar a la altura de un iPhone por primera vez.

Digo que esto no va a volver a pasar porque ya pasó y a Samsung nadie le va a quitar esa etiqueta. En esa época, para mediados de 2011, Samsung tenía el único teléfono Android de gama alta que se conseguía en cualquier lugar del mundo. Recuerdo que en Colombia no se conseguía, por ejemplo, un HTC o un Nexus (y aún hoy siguen sin conseguirse), y las referencias de LG, Sony, Huawei y Motorola eran mediocres para entonces. En otras palabras, Samsung era el único con un gama alta junto a Apple y eso disparó sus ventas desde entonces.

Así que yo fui uno de esos afortunados que alcanzó a tener un Samsung Galaxy S2 cuando todo el mundo andaba con un Blackberry o con una flecha. Hoy más de 2 años después, aún tengo ese teléfono, y aunque me lo he pensado más de una vez sobre si ya es hora de cambiar por uno más nuevo, la verdad es que no tengo la plata, ni estoy dispuesto a meterme a un plan de 12 o 24 meses para salir perdiendo. Más bien lo que he hecho ha sido alargarle el tiempo de vida, por lo menos mientras siga cumpliendo sus funciones más básicas. ¿Cómo lo he hecho?

Solucionando el primer gran problema: por qué mi celular se apaga

Hace unos meses dije que estaba a punto de agarrar mi celular y botarlo por la ventana. Y lo decía porque no pasaba un solo día sin que se apagara o se reseteara sin ninguna explicación. En algún momento le eché toda la culpa a Samsung, y aunque tiene parte de la responsabilidad porque su nombre está impreso en la batería que venía con el celular originalmente, la verdad es que es un defecto de todas las baterías de celular: que al cabo de un tiempo empiecen a presentar este tipo de fallas.

Lo grave es cuando uno no le presta atención a este problema y la batería se empieza a inflar e incluso a deformar el celular. Esto es delicado cuando la batería del teléfono es interna y no hay manera de sacarla, como por ejemplo sucede con los iPhone o con los Nexus de Google. Y aunque sí se puede retirar, no es un proceso que pueda hacer cualquier persona, sino alguien con las herramientas mínimas para destapar un celular.

Afortunadamente el Samsung Galaxy S2 es un celular con batería removible, y lo que hice fue comprarle una nueva para cargar en la billetera. Así cuando la principal fallara, tenía una de repuesto y al menos sabía que mi celular no me iba a dejar botado a la mitad del día.

23 de enero de 2014

Primeros días en Sao Paulo

Así es. Estoy en Sao Paulo. Hace 2 años estaba en Washington y hace 1 año estaba en Bogotá, mi ciudad natal. Vine acá a hacer una maestría con una beca que conseguí, algo que tenía en mente desde mucho antes de terminar la universidad y que se reforzó cuando viví en Estados Unidos. Una meta que siempre tuve clara

En Washington me di cuenta de que si uno quiere tener un buen trabajo dentro de unos años, es necesario seguir estudiando. Infortunadamente así se mueve el mundo, y hoy el conocimiento se demuestra más con un cartón, que con otra cosa. Pero por otra parte, vengo con muchas ganas de aprender y de conocer mucha gente con la que, quizás, algún día llegue a trabajar a ser mi cliente.

Y si bien yo estoy más del lado de ser emprendedor y trabajar en proyectos propios, eso es más algo para lo que me estoy preparando, que algo que pretenda empezar a hacer desde ya. Por ahora mis planes son estudiar y conseguir un trabajo estable al menos durante un tiempo.

Pero en fin, volviendo al tema del título, aterricé en Sao Paulo el lunes en la mañana, mientras en Bogotá era la madrugada. Acá son 3 horas más y durante esta época del año están en verano, así que tan pronto como me bajé del avión me di cuenta de que estábamos a más de 30°. En Bogotá cuando hace calor llega a 22°c.


17 de enero de 2014

Firefox me decepcionó

El año 2006 fue la primera vez en que me di cuenta de que además de Internet Explorer había más navegadores web. Aunque Netscape había desaparecido hacía unos años y Google Chrome aún no existía, llegó para esa época un nuevo programa de computador con el que también se podía navegar por Internet llamado Mozilla Firefox. Era increíble porque desde los 90 hasta entonces Internet Explorer siempre tuvo un dominio absoluto de la web, pues era el navegador por defecto de Windows.

Así pues, los usuarios nos dimos cuenta de que había una opción mejor. El hecho de que se tratara de un producto basado en Software Libre y que era notablemente más ligero que su más inmediato competidor, fue suficiente para que el monopolio de Microsoft en Internet empezase a derumbarse.

Con esto entraron nuevos actores. Apple se tomó confianza y Safari, su navegador, se volvió el favorito de quienes tenían un iPhone o un MAC. Opera, por su parte, era el preferido de quienes aún en esa época no tenían un smartphone. Era un navegador muy ligero para celulares y que funcionaba prácticamente en cualquier dispositivo cuando en esa época no hablábamos de sistemas operativos móviles ni smartphones. Mientras tanto, Google Chrome llegaba en silencio para irse consolidando hasta hoy como el actor más fuerte de todos, simplemente porque tenían la información de los usuarios del buscador más popular del mundo.

Y junto a todos estos tenemos a Firefox, un navegador que en su momento tuvo las banderas de competirle a un gigante como Microsoft.

Esto era lo que más me gustaba, que un producto de la comunidad y basado en Software Libre hubiera llegado tan lejos.

Por eso vi con optimismo cuando la compañía anunció estar trabajando en un sistema operativo para móviles, que aunque nunca lo vi como una competencia para Android y iOS siempre estaré de acuerdo con que no haya monopolios, sino que por el contrario tengamos más competencia.

9 de enero de 2014

Por qué no veo televisión

Hace ya casi 4 años que dejé de ver televisión y no me hace falta. Quizás suene a exageración, pero hoy por hoy solo me siento en frente de un televisor para ver partidos de fútbol de la Selección Colombia y de Millonarios, mi equipo favorito. Ni siquiera veo juegos de otros equipos internacionales porque, a pesar de que colecciono camisetas, no soy un gran aficionado al fútbol.

Todo comenzó cuando empecé a descargar series por Internet. Un día me bajé toda la primera temporada de El Cartel de los Sapos en 12 DVDs y caí en cuenta de algo: podía ver mis programas favoritos de televisión sin cortes comerciales. Después de eso me bajé todo Seinfeld, Friends y como 10 temporadas de Los Simpsons. Todo esto antes de que Netflix llegara a Colombia.



Viéndome de 4 a 6 episodios por noche sin un solo corte comercial, ¿para que prender el televisor?

3 de enero de 2014

Cómo adquirir hábitos y alcanzar metas

¡Feliz año, amigos! 

Esta semana hice en mi blog un balance de todo lo que pasó en 2013, y tuve la idea de compartir el día de hoy una entrada sobre cómo hice para alcanzar algunas de las metas que me propuse hace 1 año. 

Aunque comenzando el año pasado hice varios propósitos que enlisté uno a uno, y que dejé anotados hasta último momento, quiero hablarles de cómo conseguí 3 de ellos en particular:
  1. Hacer más ejercicio
  2. No abandonar mi blog
  3. Aprender portugués
Como verán, se trata de 3 actividades que no tienen forma de ser medidas, a menos que para cuando empecé hubiera tenido anotado el registro de cuántos minutos de ejercicio había hecho el año anterior. Y es parecido con las 2 últimas metas: no abandonar el blog podría haber sido simplemente escribir un post en todo el año y aprender portugués, saber un vocabulario básico y ya.

Así las cosas, sabía que tenía que medir de alguna manera cada una de estas 3 metas. Lo que hice fue ponerles algún número, de saber que tenía que hacer X veces una misma actividad con el fin de saber si había cumplido o no.

Así pues, hacer más ejercicio se convirtió en trotar por lo menos 3 veces a la semana. O si jugaba fútbol un día de la semana, podía trotar solo 2 días de la semana.

Por otra parte, el no abandonar el blog lo convertí en escribir por lo menos una vez a la semana, y así ha sido durante más de 52 semanas.

Y aprendí portugués porque empecé a tomar clases que me costaban tiempo (4 días a la semana) y dinero. Además mi objetivo final era terminar el curso, que duraba 7 niveles.

Si en cambio hubiera dejado los objetivos volando como los mencioné al comienzo, seguramente me hubiera conformado con cualquier cosa. En resumen, cumplí con estas 3 metas, y la forma en que lo conseguí fue midiendo cada una de ellas.

Yo en cambio quería no solo cumplir con mis metas, sino adquirir hábitos. Es decir, que al cabo de unos meses por rutina y repetición yo supiera que mañana me tenía que levantar temprano para salir a trotar, o que hoy antes de irme a dormir tiene que haber publicada una entrada en mi blog. 

Dicho de otra manerael hábito como hacer algo espontáneamente y con naturalidad.

Esto, sin llegar a aplazar nada. Lo más probable es que si uno se detiene una vez, a la siguiente va a ser muy fácil justificarse a uno mismo para volverse a detener y uno termina no haciendo nada después de justificar en varias oportunidades el haber dejado de hacer algo.

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