31 de octubre de 2014

Vivir sin celular. ¿Es posible?

Hace 1 mes robaron mi celular en Santos, una ciudad en la playa que queda a 1 hora de Sao Paulo y que tiene el puerto más grande de América Latina. Si les interesa saber, estoy bien, gracias. Solo se llevaron mi teléfono, un Samsung Galaxy S2 que ya iba para 3 años de haberlo comprado y que estaba pensando en cambiar en diciembre. Este incidente me hizo cambiar un poco mi forma de pensar sobre varias cosas. Primero, si es de verdad necesario cambiar de celular cuando el que tenemos sigue sirviendo para hacer llamadas, recibir mensajes por WhatsApp y tomar buenas fotos, que son para mí las funciones más importantes cuando miro las especificaciones de un celular. Otra cosa que lleva dando vueltas en mi cabeza desde que todo eso pasó es sobre si de verdad es posible vivir sin celular. Salgan a la calle, miren a su alrededor y traten de encontrar a alguien que no tenga uno. Quizás solo lleguen a encontrar bebés o personas mayores que en realidad no necesitan uno. Por ahora yo ya me demostré a mí mismo que es posible.

Desde que compré este celular que me robaron, siempre pensé que me había vuelto dependiente, que era una extensión de mi cuerpo, pues cuando lo conseguí por allá a finales de 2011, no recuerdo un día en que haya salido de casa sin él. Quizás solo cuando salía a correr o cuando le rompí la pantalla a 15 días de haberlo comprado. Ahí estuve unos 5 días con mi celular anterior mientras lo arreglaban, y por poco me da un ataque de depresión me sentía realmente mal. Pero superado ese episodio, siempre andé en la calle con ese teléfono en el bolsillo. Cargaba hasta 2 baterías en la billetera porque sentía que no me podía quedar desconectado un solo minuto. Después leí por ahí que todo tenía que ver con la dopamina y nuestra necesidad de estar buscando placer todo el tiempo: las notificaciones de WhatsApp, Facebook y del correo son adictivas, ¿lo sabían?

Aun así, no era el tipo de persona que permanece sacando el celular cada 2 minutos para saber si algo nuevo pasó. Yo puedo decir que puedo mantener una conversación o sentarme a comer y ver el celular solo cuando todo haya acabado. Pero incluso así, me acostumbré a que así como no podía salir de casa sin billetera ni llaves de la casa, tampoco podía salir sin celular. Era hasta estúpido sentarme en el metro con ninguna aplicación abierta y empezar a ir de un lado para otro como si de la nada se fuera a abrir un juego o a ver las estadísticas de la batería (cosas que nadie hace, menos cuando finalmente hay tiempo libre). Creo que en el fondo era más una necesidad a no querer sentirme solo y tener que buscar alguna distracción.

Pero entonces perdí mi celular. ¿Y qué pasó? Nada pasó. No tuve que ir corriendo a comprar uno nuevo porque me puse a pensar que al menos durante unas semanas podría vivir sin uno. Iba solo a cargar algo menos en mis bolsillos y eso era todo. ¿Si alguien me quería hablar? Publiqué en Facebook que si alguien me necesitaba me podrían hablar por inbox o me podían enviar un correo y que WhatsApp iba a demorar un poco. Ni siquiera podía recibir llamadas, pues solo fue hasta unas semanas después que fui a reponer la SIM y fueron varios días para conseguir un teléfono (al menos ya puedo recibir mensajes de texto y me pueden llamar lol).

Entonces he estado con un teléfono marca LG lanzado hace unos 8 años que sirve simplemente para llamadas y mensajes de texto (ahh...y de alarma). Digo esto porque, si lo piensan bien, nuestra vida no depende absolutamente de ninguna aplicación o de un sistema operativo y aún así estamos tan pendiente de él como si nuestra vida dependiera de ello. Pienso que a menos que seas un alto ejecutivo o que tengas un empleo que te exija mantener contacto permanente con la civilización, también podrías sobrevivir unos días sin celular. Dime si Instagram, Foursquare, Spotify o Facebook son 100% necesarios en tu vida. ¿Qué va a cambiar si no los revisas por un tiempo? Nada. Quizás solo llegues a ver un montón de notificaciones acumuladas cuando regreses. Eso es todo.

Sin embargo, esto no quiere decir que me haya desconectado de la civilización. Solo pasé de utilizar Facebook Messenger en el celular a revisar los mensajes desde el navegador como todo el mundo hacía hace unos años. Pasé de enterarme inmediatamente de que había recibido un correo a verlo solo cuando me sentara al frente del computador o que andara con la tableta y agarrara WiFi. Disminuyó mi actividad en Twitter y en casi todas las aplicaciones. Si necesitaba ir a una dirección nueva que no conocía, debía revisar Google Maps, anotar todas las indicaciones en un papel, y cuando me iba a encontrar con alguien debía rezar para que no hubiera un cambio de planes a última hora.

Con todo esto me di cuenta de que efectivamente podía vivir sin un Smartphone. No sé por cuánto tiempo más, pero al menos lo suficiente para no haber estado al otro día endeudándome por un equipo que no iba a tener forma de pagar, entre otras cosas porque en Brasil cualquier teléfono libre cuesta el doble de lo que cuesta en Colombia o Estados Unidos. Eso me daba un poco de tiempo ya fuese para regresar a Colombia y conseguir uno allá, o a que alguien viniera y me trajera uno que no estuviera utilizando.

26 de octubre de 2014

Lejos de casa: primer año viviendo en Sao Paulo

 Vivir en otro país y salir de Colombia fue algo que quise desde los 16 años cuando fui a Alemania. 8 Años después de un viaje que cambió por primera vez mi manera de ver el mundo, llevo 10 meses viviendo en Sao Paulo, Brasil. Y esa es la pregunta que me hacen siempre que conozco a alguien nuevo:

— ¿Cuánto llevas aquí? 
— ¿10 meses? Desde enero 
— ¿Es tu primera vez? 
— Sí 
— Hablas bien portugués 
— Aprendí antes de venir 
—[...]
—[Continúa la conversación]

Ese diálogo que repito varias veces por semana tiene por detrás todo lo que significa para mí estar viviendo Brasil. Recuerdo que, mientras aprendía el idioma, estaba permanentemente recordándome que si yo estaba en Colombia en ese momento era porque allí estaban las herramientas que necesitaba para salir del país. Ese curso — que me tomó 10 meses terminar — era la herramienta que, además de darme una beca, me dio las bases de todo lo que necesitaba para sobrevivir en medio de una cultura que, aunque es muy parecida a la colombiana por el simple hecho de que somos países hermanos y con una historia hasta parecida, no deja de ser ajena para alguien que viene de afuera.

24 de octubre de 2014

Blogs y relaciones públicas: cómo interactuar con un bloguero

Empecemos por aclarar algo. A nadie le gusta el Spam. Aunque creo que eso no es nuevo para nadie, es muy común recurrir a prácticas de este tipo sin que nos demos cuenta. Cuántas veces hemos escrito un Post que, consideramos, quedó increíble y le empezamos a hacer Mentions a todo el mundo en Twitter, pensando en que ellos estarían tan interesados como nosotros en leerlo. Eso por el lado de los blogs, pero pasemos al lado del usuario de Facebook común y corriente que les pide a todos sus contactos que le den Like a una foto porque están participando en un concurso. De verdad puede resultar molesto que alguien con quien no hablamos hace 4 años nos pida un favor. O ustedes qué opinan.

Claro, creo que estoy sobredimensionando las cosas y quizás los dos ejemplos de arriba no den para tanto, pero lo hago solo para poner en contexto una realidad a la que muchos blogueros nos vemos enfrentados todos los días desde la bandeja de entrada de nuestro correo: agencias de relaciones públicas enviando comunicados de prensa sobre temas que no son ni han sido nunca de nuestro interés.

Por lo general van más o menos así:

Hola Daniel, ¿cómo estás? 

Te comparto una nota de prensa sobre [INSERTE AQUÍ EL TEMA  Y UN BREVE RESUMEN DEL COMUNICADO] Muchas gracias por tu tiempo, 

Que tengas un buen día.

Att: [NOMBRE DEL EJECUTIVO DE CUENTA]

Y debajo o adjunto envían el comunicado que, si fuera por ellos, uno debería publicar al pie de la letra. O al menos esa es la sensación que uno tiene al examinar lo que yo he llamado como el penoso papel del periodismo de clicks: sitios de noticias más preocupados por los clicks y las métricas, que por entregar información relevante. Entonces reciben un comunicado, y solo por llenar espacio le ponen un título que llame la atención, una foto bonita y el trabajo está hecho. No le cambiaron ni una coma. Eso es más barato y rápido que mandar a un periodista a hacer una investigación seria sobre un tema de relevante.

Ya sea un periodista que trabaja para un gran medio, un bloguero que escribe por amor al arte, o uno que lo hace con el objetivo en mente de informar desde un blog sobre un tema en particular, en todos estos escenarios el bloguero/periodista seguirá recibiendo más información impersonal de la que puede llegar a publicar. Y todo porque todo es tan fácil como enviar un correo masivo a toda una base de datos en la que a todos les llega la misma información. Si cinco publicaron, el trabajo está hecho y seguramente vuelva a funcionar la próxima vez.

El problema desde el lado de los blogs es que en la mayoría de los casos se trata de gente que no tiene ningún afán de publicar y lo puede hacer cuando quiera, pues al tener una relación más próxima con sus lectores tiene la obligación de entregar contenidos de calidad o corre el riesgo de perder tráfico. Diferente es el caso de un periodista de un medio grande al que le exigen un mínimo de noticias hacia el final del día. En el afán de este último es muy común que se agarre de uno de esos comunicados de prensa para cumplir con su meta diaria. Estos por lo general trabajan en sitios que reciben miles o millones de visitas y el tráfico no se va a caer por un par de noticias mediocres publicadas.

Todo esto quiere decir que desde el lado de los blogs es más común la postura de publicar algo porque a uno le nace y de desechar toda la información que no sirve para nada. En cambio en periodismo, por comentarios de compañeros que trabajan en medios grandes, sé que es muy común ser obligado a escribir sobre las que uno ni siquiera está de acuerdo, pues hay mucho dinero de los anunciantes de por medio y el trabajo de uno bajo ese contexto está limitado a simplemente escribir sobre lo que digan los superiores.

Por eso, amigos relacionistas públicos, es incorrecto darle el mismo trato a un periodista, que a un bloguero. Claramente, aunque parecidos, son muy diferentes los perfiles y no podemos entregarles ni la misma información, ni hacerles las mismas invitaciones.

Todo esto lo digo tras recibir un par de comunicados cada semana y eventuales preguntas de conocidos que trabajan en esto sobre si les puedo publicar una nota sobre su cliente, cuando claramente mi blog no es el perfil que deberían estar buscando. Como he dicho una y otra vez, mi blog no trata sobre nada, y no haría sentido que de la nada apareciera una publicación sobre un próximo evento de cine o el lanzamiento de un nuevo disco de música popular que ni yo escucho. Más que hacer un favor, lo que haría sería deteriorar la calidad de los contenidos del blog y correría el riesgo de perder algunos lectores.

17 de octubre de 2014

Sal ahí afuera y aprende inglés

En lo que va del año, varios lectores se han puesto en contacto conmigo, comentándome sus planes de aprender inglés, o al menos de mejorarlo, y pidiéndome alguna orientación de, según mi experiencia de haber pasado por este proceso varias veces, qué les recomiendo de por dónde empezar. Uno de esos correos me lo envío Danilo Jiménez, y decía más o menos así:

"(...) Quisiera hacerte una pequeña consulta teniendo en cuenta que sabes cuatro idiomas y tal vez podrías aconsejarme: estoy sumamente interesado en perfeccionar mi inglés, tengo buenas bases pero quiero hacerlo fluido para tal vez salir pronto del país y poder expandir brutalmente mis relaciones sociales. Ya que como dice tu amigo Ángel de "Vivir al Máximo": si no sabes inglés eres prácticamente un analfabeta (...)".

Infelizmente para muchos, en el mundo globalizado de hoy, no saber inglés es prácticamente ser un analfabeta, al menos si quieres buscar un buen trabajo o viajar a otro país. Por supuesto puedes aceptar el primer trabajo que te ofrezcan y conformarte con él mientras no te exijan saber otro idioma, o bien puedes ir a cualquier país del mundo y quedarte en un hotel donde no tengas que interactuar con nadie que no hable tu idioma. Es eso, o hacer un pequeño esfuerzo por salir de tu zona de confort para abrir más puertas, tanto a nivel profesional como a nivel social.

No sé si mi caso de cómo aprendí inglés aplique para todo el mundo, pues cuando pequeño estuve en un colegio bilingüe en el que recibía biología y matemáticas en inglés desde el preescolar hasta que acabé la primaria. Es decir, no aprendí con una presión social de que tenía que saber otro idioma sí o sí, sino que fue algo que hizo parte de mi infancia todo el tiempo, razón por la cual desde que llegó Internet a mi casa cuando tenía 6 años yo ya estaba buscando en Yahoo! páginas de Internet que me llamaran la atención así estuvieran en inglés. 

Al mismo tiempo, para esa época los mejores juegos de computador, sus audios, los menús y los personajes siempre hablaban inglés. A mí no me importaba si entendía o no. Después de tanto repetir una misma acción y de saberme de memoria un juego, uno terminaba deduciendo las palabras según los contextos. O si definitivamente era imposible descifrarla, uno le preguntaba a alguien que supiera más que uno y no se volvía a olvidar.

Más adelante, cuando empecé a escuchar música, mis bandas favoritas desde entonces (y aún hoy) eran norteamericanas. Pasaba lo mismo. Escuchar una canción que a uno le gustaba mucho muchas veces hacía que uno por curiosidad fuera a ver la letra de la canción y se la terminara aprendiendo. En ese sentido, creo que mi generación tuvo suerte de crecer con el buen MTV y con Radioacktiva, aunque por otra parte las generaciones de hoy tienen todas las series del mundo en Netflix, PopCorn Time o The Pirate Bay

El punto de todo esto que les estoy contando es que si fuimos personas normales que en algún momento de nuestra infancia o nuestra juventud nos interesamos por juegos, música, series o películas, lo más seguro es que algo sepamos de inglés y tengamos unas algunas bases para empezar no desde ceros necesariamente. Y aún así, si cuando fuiste niño le huiste a todos los diálogos en inglés cuando los veías en televisión, algo debe haber ahí afuera que te guste. Piensa en una película, un programa de televisión o un libro que te haya marcado. Ahora te propongo que vayas y lo veas o lo leas pero en inglés. Puedes poner subtítulos si quieres (eso sí, en inglés).

En realidad sabes más inglés del que crees saber

Después de todo esto, si lo piensas bien, es probable que sepas más inglés que el que crees saber. Yo creo que eso sucede con todo el mundo, pero pienso que no se han dado cuenta porque siempre han tenido miedo de hablarlo y que no suenen como nativos. Al respecto, yo estoy seguro de que nadie que haya aprendido español lo habla como un nativo. Ahora bien, ¿por qué nosotros tendríamos que hacerlo? Lo importante en ambos casos, tanto para el que aprende inglés, como el que aprende español (o cualquier idioma), es poderse comunicar. Por eso te propongo algo: ¿qué tal si tomas ese inglés nivel principiante que tienes y lo empiezas a aplicar y poco a poco irle metiendo más vocabulario?

Por si no lo sabes, existe una página que se llama CouchSurfing que sirve para algo más que buscar "hospedaje gratis", que es por lo que casi todo el mundo la ha escuchado hablar. CS es mucho más que eso. Es una comunidad mundial de gente a la que le gusta conocer otras culturas. De ahí que lo del hospedaje gratis sea más un efecto que la real causa de su existencia. Aunque no la usé nunca cuando estuve en Bogotá o Washington, yo en Sao Paulo ya hice tour gratuito, fui a un Pic Nic, me reúno con otras personas que quieren aprender español o voy a veces a un bar donde se que va a haber gente de CS. Por eso sé que si voy a cualquier lugar del planeta va a haber alguien que me reciba o al menos para tomarme una cerveza.



10 de octubre de 2014

Por qué deberías ir a la universidad

Un capítulo de South Park estrenado hace poco en el que Cartman y compañía deciden crear una nueva Startup que, aunque no hace nada, consigue millones de dólares en financiación por Kickstarter, una compañía que, a modo de crítica en el mismo episodio, tampoco es que haga mucho. Kickstarter simplemente funciona de plataforma para presentar nuestro producto o modelo de negocio, y si a alguien le llama la atención, nos puede financiar para que ese proyecto llegue a existir algún día.  Lo que llaman crowdfunding. De ahí surgieron ideas como Oculus Rift, Pebble y OUYA, entre otros. Si el producto consigue la meta propuesta, Kickstarter se queda con un porcentaje menor del total recaudado.

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