27 de marzo de 2015

De Spotify Premium no se regresa y de Netflix no se sale (2/2)

Para leer la primera parte, ve al siguiente enlace:
http://www.mirincon.co/2015/03/opinion-spotify-premium.html

Si hace unos años la vida para mí hubiera sido imposible de llevar sin la televisión, creo que hoy lo sería sin Netflix. Suena exagerado, pero así es. Gran parte de lo que soy se lo debo a MTV, Nickelodeon, FOX, Much Music, VH1, Sony y un largo etcétera. A finales de los 90 y comienzos de los 2000 las conexiones de Internet no eran tan rápidas, no existía YouTube y para ver cualquier serie había que esperar al menos una semana para el episodio siguiente. Cuesta creer no que todo eso ya no sea así, sino que todo haya sido tan rápido, y que al mismo tiempo nuestros hábitos de consumo se hayan adaptado a la misma velocidad. Hoy es normal no tener televisor, y más que depender de un computador, dependemos de pantallas interfaces con las que podamos interactuar. De ahí que si con la televisión nos limitábamos a cambiar de canal y subir el volumen, con un computador, una tableta y un celular podemos, además, interactuar con otras personas.

Pero no es solo interactuar. Es el hecho de que, siempre y cuando tengamos encima una conexión a Internet, tenemos todo un centro de entretenimiento en el bolsillo, y ahí es donde ganan especial atención aplicaciones como Spotify, YouTube, Amazon Kindle, el RSS y cuanto juego idiota como FlappyBird nos pongan. Netflix, por su parte, es un caso aparte. Es de los pocos servicios que no tiene nada de gratis, solo 30 días. Después de eso uno entra y no vuelve a salir nunca. Se vuelve algo indispensable en la vida de uno. 

De eso me di cuenta con Breaking Bad. Toda la gente que conozco que se vio la serie no lo hizo por AXN, que era la cadena que la emitió para Latinoamérica, sino por Netflix o por torrents en algunos casos. Fue lanzada por allá en 2008, pero Netflix la volvió famosa en 2012 cuando todavía faltaba al menos 1 año para la emisión del episodio final.

Y traigo este ejemplo como el más representativo del hecho de que para pertenecer a ciertos círculos sociales es necesario compartir algo con todo el mundo. Es el estar comiendo con un grupo de amigos, donde todos hablan de una serie, y uno pueda llegar a ser el único que no sepa de qué están hablando. Pero Breaking Bad es solo una serie. Hay muchas más, y me ha pasado. 2 Personas hablando entre sí de una serie que uno no conoce y uno no tener nada que decir, solo hacer pokerface.

Este efecto se está replicando rápidamente, pues Netflix está produciendo series originales que no son transmitidas en televisión. Si las quieres ver, no tienes más opción que pagar unos $8 USD mensuales, mucho menos que una cena para una sola persona. Más que ver series, este es el precio a pagar para no ser considerado un anormal. Bueno, en Latinoamérica todavía no, pero en Estados Unidos todo el mundo tiene una cuenta, al igual que en Brasil todos los comercios tienen mínimo un datáfono. Algo que parece tan insignificante hace la diferencia. ¿Recuerdan un episodio de Los Simpson en el que mandan a Homero a un manicomio porque tenía una camisa que era rosada? Es eso mismo: hay que hacer lo que todos los demás están haciendo o correrás el riesgo de parecer un extraño.

Hoy cada vez más gente está hablando de House of Cards y en menor medida de otras producciones como Bojack Horseman, Lilyhammer, Orange is the New Black y próximamente Daredevil, entre otras. Los planes de Netflix son estrenar una serie semanalmente. Hoy ya tienen una veintena de estas, y de a poco han hecho que las audiencias más jóvenes ni siquiera pasen por la televisión. ¿Por qué habrían de hacerlo? Tienen acceso a entretenimiento sin cortes comerciales y la posibilidad de hacer maratones, es decir ver series completas en un fin de semana. ¿Saben cuántos años fueron necesarios para seguir Seinfeld o Friends por primera vez de principio a fin hasta el último capítulo? ¡Una década! Y seguramente llegue a pasar algo parecido con las series originales de Netflix. De hecho la segunda temporada de Lilyhammer tardó año y medio en ser presentada y solo tenía 8 episodios. ¿Cuál es la diferencia entonces?


20 de marzo de 2015

De Spotify Premium no se regresa y de Netflix no se sale (1/2)


El título de esta entrada es una versión mía de lo que escribió Guillermo Mayoraz de que de Spotify Premium no se vuelve. Y tenía razón. Una vez leído, no había pasado ni una semana y pasé de la cuenta gratuita para la paga, decisión de la que no me arrepiento. Eso hace solo unos días.

Soy usuario de varios servicios de música por Streaming, pero nunca me fidelicé con ninguno. Mi favorito era Pandora, que infelizmente no funciona por fuera de Estados Unidos, así que tocaba mover cielo y tierra solo para poderlo abrir en el celular. Ahí estaban también Google Play Music, adonde tengo casi toda la música que alguna vez he bajado, y donde caben hasta 50.000 archivos y yo no tendré más de 10.000. Lo malo, resultaba incómodo, era subir música cada vez que uno bajaba algo nuevo. Usaba además bastante iTunes para sincronizar el iPod, pero lo he dejado de usar, ya que no uso Windows y así es muy difícil. O estaba Deezer también, pero nunca me ha llamado la atención. Tengo mis razones.

Por descarte quedaba Spotify, servicio al que le hice seguimiento incluso desde antes de que llegara a Colombia. Finales de 2012 no había soporte para el celular que yo tenía, un Samsung Galaxy S2. De alguna manera lo acabé instalando e hice la prueba gratuita que para entonces era de solo 2 días. Al final del segundo día ya estaba ingresando los números de mi tarjeta pero el sistema se daba cuenta de que era una tarjeta de Colombia. Ahí lo paré de usar durante un tiempo para seguir con las alternativas de arriba.

Finales de 2013, Spotify anuncia su llegada a Latinoamérica. Voy al evento de lanzamiento en Bogotá, y ya hay soporte hasta para teléfonos más antiguos. Ahí me paso una vez más a Spotify Free, versión que, debía reconocer, tenía bastantes limitaciones para entonces: solo se podía escuchar en un dispositivo, anuncios cada 4 canciones, no se podían bajar las canciones y si uno iba a otro país ya no funcionaba. Pero, bueno, no se pagaba nada, ¿no? Los colombianos somos tacaños y "regalado hasta un puño", dicen por ahí.

Por tener cuenta gratuita, lo seguí intercalando por más de 1 año con todos los demás servicios. Ninguno me convencía el 100% y en cada uno tengo organizada la música de forma diferente: mi iPod como un año sin sincronizar y sin toda la música nueva, Pandora un montón de listas de reproducción y con anuncios en inglés (aunque no tan intrusivos como los de Spotify Free), Google Play Music, toda la música en la nube, pero sin ninguna lista creada. El resto eran todos los MP3 de mi computador, pero infelizmente Ubuntu no tiene ningún reproductor decente que por lo menos le haga cosquillas a iTunes.

Ante las deficiencias de todos los servicios que venía probando, lo que me empujó a probar finalmente Spotify fue el artículo de Mayoraz con el que comencé este post. Además por ser el servicio al que le había hecho seguimiento desde hacía más tiempo. De hecho, siempre estuve a la expectativa de cuándo iba finalmente a aterrizar el servicio en Latinoamérica, y acabé siendo uno de los primeros en enterarme.

¿Qué tiene para ofrecer Spotify Premium?


Cuando vine para Brasil, tuve que abrir una nueva cuenta con otro correo para poder usar Spotify, puesto que la versión gratuita está disponible para utilizar en un solo país. Y lo peor de todo era que Spotify llegó a Brasil como un semestre después. A veces hasta ni abría por eso. Esa es una primera ventaja, el acceso a Spotify desde cualquier territorio donde esté disponible, que son más de 60 países, y a menos de que tengan planeado visitar Corea del Norte, no creo que eso sea un problema. Gracias a esto acabé rescatando Playlists que creé cuando hice la prueba de 2 días hace más de 2 años.

Pero además otro Feature al que le he sacado provecho es al modo offline. Y, bueno, algunos dirán que eso es tan fácil como conectar el celular como si fuera un disco duro a un computador y arrastrar los archivos. No obstante, hay varios problemas con esto. Por ejemplo, que cuando uno se acostumbra a bajar música es normal que no vengan los artes, o que un mismo artista tenga 10 nombres diferentes (Blink 182, blink, blink-182), y hasta varias versiones de un mismo álbum, solo porque uno estaba escrito en mayúscula sostenida y el otro, con mayúscula inicial. También que haya que crear listas de reproducción desde ceros, o que la memoria del celular no sea ilimitada. Y puedo continuar con esto, pero creo que ya entendieron qué es lo que quiero decir.

Esta es una característica necesaria para que quienes, como yo, usamos plan de datos prepago. Además de que en Brasil Movistar VIVO corta el acceso a Internet apenas se acaba el paquete de datos comprado (en otros países solo reducen la velocidad hasta el final del período contratado), y los planes que hay son un chiste. Mientras en Colombia hay planes de 1.4 Gb mensuales, en Brasil son de 400 Megas. Por esto no me puedo dar el lujo ni siquiera de entrar a Facebook. Al final acabo conectándome solo a WiFi o conectándome por datos solo cuando sea estrictamente necesario, y eso con velocidad reducida a 2G, algo triste tener uno de los mejores teléfonos de 2014, con 4G y tener que recurrir a esto.

En fin, hecha la aclaración, solo para decir que puedo meter y sacar música cuantas veces quiera desde que haya un WiFi cerca y que esto no me va a pasar factura en mi limitado plan de datos de 50 Mb a la semana. (Por cierto, como podrán ver, Colombia está años luz mejor que Brasil en telecomunicaciones).

Una de las mejores partes es que no hay publicidad. Yo de verdad creo que la voz de los que hablan en los espacios publicitarios de Spotify es molesta a propósito solo para que los que tienen Free se lo piensen dos veces vez sobre si continuar con ese plan. Y a esto sumarle los cuasi Pop-Ups que se ven cuando uno abre la aplicación de escritorio. Parece Internet Explorer en los años 90. Por esto fue que yo acabé cediendo. Los que han tenido un iPod lleno de MP3 que uno mismo ha escogido saben lo que es escuchar música sin pausas, porque hasta con discos compactos había que poner uno nuevo 20 canciones después.

13 de marzo de 2015

De enviar dinero a otro país y perder poco en el intento

Hace un tiempo vengo leyendo e investigando mucho sobre cómo enviar dinero a otro país, más específicamente sobre cómo enviar dinero y perder la mínima cantidad posible en comisiones, pues hay varias lógicas que aplican quienes prestan estos servicios, que no son para nada baratos. Por ejemplo, "si va a enviar dinero a otro país es porque tiene mucha plata", o como la oferta es tan baja y toda la competencia tiene tarifas tan altas "da igual cobrar mucho dinero". De todas formas no hay alternativa. 

Este tema me empezó a llamar la atención por un artículo que encontré en el blog de Nomadic Matt en el que hablaba de cómo evitar pagar comisiones a los bancos mientras uno viaja. Para los que no lo conocen, Nomadic Matt es el blog de un personaje que se puede dar el lujo de viajar por todo el mundo, tener un blog y vivir de eso. Aunque está en inglés, es un sitio que recomiendo porque da muchos tips que incluso gente que viaja ni siquiera sabe. Él sí porque lo hace todo el tiempo desde 2006.

El artículo en cuestión hay que tomarlo con pinzas, pues no todo lo que él habla lo podemos aplicar a nuestro mismo contexto. Mientras él habla de bancos norteamericanos que cobran tazas de interés bajas y literalmente no cobran cuotas de manejo, todos ya sabemos que en Latinoamérica a los bancos les gusta inflarse los bolsillos con nuestro dinero sin hacer nada. 

No obstante, lo que llama la atención es el hecho de que toca punto por punto varias cuestiones de cómo se pueden reducir gastos de cuando uno necesita dinero en otro país, una de ellas es algo tan simple como abrir una cuenta en el banco que menos cobre por este tipo de servicios y sacar lo máximo permitido. Si por ejemplo BBVA cobra $16.000 pesos colombianos por un retiro en otro país, Bancolombia solo cobra $4.500 aprox. Esto es en Brasil que es lo que conozco (no sé cómo sea en otro país u otros bancos), y aunque faltan todos los demás bancos, da para pensar cuál es el mejor banco para lo que queremos hacer.

Por si quieren saber más, en la página de El Defensor de tu Bolsillo pueden saber más sobre las tarifas que cobra cada banco y comparar.

La anterior es solo una forma de sacar dinero en otro país, y una de las más prácticas, me parece. Andar con una tarjeta y retirar en un cajero y estar sujeto a la comisión que cobre nuestro banco. Lo demás dependerá de la taza de cambio del día, donde hay que tener en cuenta que los bancos en Colombia solo trabajan con dólar y euro. Lo que hacen cuando alguien necesita que alguien retire en libras, reales, yuanes, o lo que sea, es primero convertir la moneda local (vamos a decir pesos colombianos) a dólares y luego calcular ese número de dólares en la moneda del país de destino (Inglaterra, Brasil o China, de acuerdo con las monedas que ya dije).

Igual en sentido contrario. Si estás en frente de un cajero en Buenos Aires, y necesitas $1.000 pesos argentinos, el banco en Argentina mandará una solicitud a Colombia diciendo que necesita $113 dólares (según acabo de ver) y tu banco en Colombia calculará cuánto es eso en pesos colombianos ($299.900). Eso lo descontarán en tu cuenta y eso es todo, más la comisión que ya mencionamos claro.


6 de marzo de 2015

Google Wallet y Apple Pay: la oportunidad perdida

La historia antes y después de los pagos móviles: todavía se está escribiendo esa historia, pero vamos por partes. Lo primero fueron los intercambios de productos cuando no existía moneda alguna. Alguien hacía un trabajo, y en compensación digamos que le podían pagar en comida, piedras preciosas o tierras. Luego se dieron cuenta de que esto no era tan práctico y las transacciones se empezaron a respaldar en oro, y ahí el dinero como lo conocemos dio sus primeros pasos, pues después se convirtió en monedas de metal y billetes de papel que tenían un equivalente en oro. En medio de eso, comenzó a circular tanto dinero, que aparecieron los bancos, por un lado para guardar en un lugar seguro los ahorros de las personas, y por otro lado para prestar o dar créditos. Cualquier cosa, según los mismos bancos, es mejor que guardar debajo del colchón o ahorrar en una alcancía.

En fin, de eso ya hablé antes, y solo contaba esta historia para llegar al nacimiento de las tarjetas de crédito y débito, que entre otras razones nacen para reducir costos del sistema bancario, pues es más práctico sacar dinero desde un cajero electrónico en un centro comercial o tener en el bolsillo acceso a un crédito con el que pagar una comida, que tener que pagar a un empleado en el banco atendiendo personas para que hagan exactamente lo mismo: sacar dinero en caja o pedir un préstamo llenando formularios.