1 de abril de 2016

Ya soy maestro


Hace unos días un jurado compuesto por tres doctores en comunicación aprobó mi tesis de maestría, un trabajo de 2 años en el que investigué sobre discursos sobre el consumo en blogs de viajes, tema que pretendo abordar en una entrada por separado. Antes de eso, dediqué 1 año a aprender portugués en Colombia y a estructurar un proyecto de investigación con algunas personas que sabían más del tema que yo en esa época. Esto me valió una beca y la aceptación de una universidad brasilera para desarrollar una investigación, una oportunidad que no hubiera tenido en Colombia: recibir el título de maestro/magíster en comunicación.

(Sí, el Gobierno Brasilero y la universidad en la que estudié financiaron 2 años de mi educación)

¿Qué significa este título? El título de maestro es el que va después del título profesional o de la licenciatura y va antes del doctorado (después hay gente que hace estudios de postdoctorado). En mi caso significa que según una universidad estoy en capacidad desarrollar una investigación académica utilizando metodología científica. Según esto, se trata más de un título como investigador, que de otra cosa. Es diferente a una especialización o un MBA porque estos están más enfocados hacia el mercado. Una maestría es puramente académica y es el título mínimo que exigen las universidades para trabajar como profesor o investigador.

Quizás no lo sepan, pero las universidades son fuentes de conocimiento científico. Esto es lo que separa al conocimiento de la ignorancia. Y quienes en términos prácticos sacan adelante este trabajo son profesores investigadores. ¿Han visto a los personajes de The Big Bang Theory? Ellos son investigadores de física e ingeniería en una universidad y eventualmente están escribiendo artículos científicos sobre sus investigaciones. Esto es en últimas lo que rankea a las universidades entre las mejores: una universidad no es mejor porque sus egresados tengan mejores trabajos en las mejores empresas, sino porque produce más investigación y artículos científicos que otra universidad. Por eso la Universidad Nacional y la Universidad de Los Andes son las mejores en Colombia. Por eso el MIT, Stanford, UCLA o Columbia son de las mejores universidades de Estados Unidos. La Universidad de Sao Paulo, la Universidad de Chile y el Tecnológico de Monterrey son de las mejores en América Latina. Que las personas de estas universidades consigan mejores trabajos es efecto de que haya personas altamente preparadas haciendo investigación y dando clases en esas universidades.

Y ahí surge un problema del que ya he hablado varias veces: ¿endeudarse para estudiar en una universidad donde están los mejores profesores? En Colombia muchas veces es necesario. De lo contrario, ¿cómo se financiarían las universidades si no es cobrando por matrículas?

Mirémoslo desde el otro lado, un escenario en el que la educación de alta calidad sea gratuita: ¿qué gana un país pagándole la educación a una persona al darle una beca, como fue mi caso? En primer lugar, para el caso de Brasil, que es el que conozco mejor, hay una política de estado de invertir en capital humano, es decir en educación (a pesar de que hubo un recorte grande este año). Al hacer esto, se fomenta un pensamiento crítico y se está formando una ciudadanía mejor preparada para pensar sus problemas que en un país donde la prioridad son carreteras 4G (si bien hay dinero para ambas cosas, hay también prioridades). Ahora bien, ¿por qué pagarle la educación a alguien de otro país? La cuestión es que las universidades siempre están abiertas al intercambio académico, pues una persona de afuera generalmente tiene conocimiento en teorías, autores y problemas que los que siempre han vivido en el país no tienen. En segundo lugar, un país que invierte en programas de educación superior es un atractivo para mano de obra altamente cualificada de otros países, lo que infelizmente es un problema de fuga de cerebros para otros países. Esas personas eventualmente acabarán pagando impuestos en el país que los recibe, y así se recupera el dinero invertido. Y en tercer lugar, las personas becadas no están de vacaciones en otro país, sino apoyando los procesos de investigación de la universidad que los recibe (participando en grupos de investigación, haciendo experimentos, presentando ponencias en congresos y escribiendo artículos para revistas indexadas).

Según esta lógica, tiene más sentido que el Estado sea el que pague la educación de las personas, así como la formación de educadores e investigadores y no que las propias personas se endeuden para alcanzar el mismo resultado. Ojo que lo que estoy diciendo debe ser tomado con cuidado, pues no estoy diciendo que todo el mundo debería tener educación gratis. Hay que gente que ni tiene voluntad de estudiar, ¿para qué desgastarse? Lo que debería haber es una política de Estado en que la educación en todos sus niveles, incluida la educación superior, sea de muy alta prioridad. Las personas que de verdad se quieran formar deberían ser la prioridad número 1 del Estado, pues esto en el largo plazo va a tener un retorno de inversión no necesariamente en dinero, sino en las condiciones mínimas para tener un país viable. De esta forma, financiando la formación de maestros y doctores el país va a tener mejores profesores (educación), mejores investigadores (innovación) y mejores profesionales. Al hacer esto, se fortalecen los sectores de la economía que no dependen de los recursos naturales, sino del conocimiento, que fue lo que pasó con Israel en los últimos 60 años.

Una crítica muy frecuente en contra del modelo educativo que estoy defendiendo es que "la universidad no enseña cosas prácticas". Pueden leer al respecto en el blog de Vivir Al Máximo, lo han comentado un par de veces los chicos de Platzi y en la primera temporada de Silicon Valley hay un personaje que idolatra a todos los que salieron de la universidad para iniciar una Startup. Es una idea cada vez más popular: decir que la universidad no prepara a las personas realmente.



Al respecto hay una frase, también en Silicon Valley, para responder a esto: la universidad tiene un valor intangible (vídeo de abajo). Uno no puede comparar el valor de la educación de una persona con si consiguió o no trabajo, si aprendió o no cosas que se usen en la vida real. Hay mil formas de adquirir eso y no tiene por qué caer la responsabilidad sobre la universidad, cuyo fin último debería ser la construcción de conocimiento y pensamiento crítico. Eso es lo que siempre ha hecho la universidad, y si las personas consiguen un trabajo es efecto de una serie de factores, dentro de los cuales la universidad no es necesariamente el único.


Dicho esto, y entendiendo ahora un poco mejor para qué sirve la universidad como institución dentro de la sociedad, debería ser decisión de cada uno si estudia o no, no para conseguir un trabajo, sino para hacer parte de aquello que separa la ignorancia del conocimiento. Christian Vander de Platzi dice que ir a la universidad es una decisión personal, y estoy de acuerdo con él. En mi caso, si decidí formarme en el mundo académico y contribuir en la construcción de conocimiento científico, no es porque pretenda conseguir un mejor trabajo porque estudié teorías de la comunicación y otras cosas que nunca se usan en la vida real. Si lo hice es porque creo que el conocimiento puede sacar de la ignorancia y del subdesarrollo a un país.

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