16 de septiembre de 2016

El futuro próximo de los planes de telefonía


Hasta hace unos días sobreviví durante más de 1 año sin un número de celular al que las personas me pudieran llamar. Si bien tenía una SIM con un número, la mayoría del tiempo permanecía guardada en mi billetera y la usaba apenas para situaciones muy puntuales. Por ejemplo, recibir un código de verificación para doble autenticación en algunos servicios que lo permiten (Google, Facebook e Instagram, entre otros).

Esa SIM, además, nunca tenía saldo. Si alguien venía a visitarme a Brasil, yo la prestaba y la recargábamos durante unos días. Ya para todo lo demás digamos que nunca salía de mi billetera.

Esto, por dos razones. La primera es que en mi anterior trabajo me habían dado un celular con otro número. Así pues, tenía al menos dos líneas (la mía que guardaba en la billetera y la de la empresa), más una tercera que en realidad no tenía número, sino sólo un plan de datos. O sea, tenía 3 SIM, y lo peor de todo es que nunca nadie levantaba el teléfono para hacerme una llamada. Todo siempre fue resuelto vía correo electrónico o WhatsApp. O si por algún motivo necesitaban llamarme, pasábamos a una llamada por WhatsApp, Viber o Skype.

Todo esto para decir que siempre evité al máximo que alguien llamara a mi teléfono, porque si lo hacía, la SIM seguramente no iba a estar en ese momento dentro de ningún celular. A final de cuentas, si se trataba de algo importante, iban a encontrar la forma de contactarme.

Ya para estos días me vi forzado a activar un plan para esa vieja SIM que permanecía en mi billetera con un plan de datos y minutos. La única razón por la que lo hice fue porque en el lugar donde trabajo ahora tengo tarjetas de presentación y ahí aparece un número de teléfono que no es de la empresa, sino mío directamente. En ese caso, no le voy a poner el trabajo difícil a un cliente mío de que averigüe cómo entrar en contacto conmigo. Allí aparecen todos mis datos de contacto, y si alguien tiene mi tarjeta y me contacta es porque se trata de algo importante, lo que no es el caso cuando recibía mensajes de texto tipo SPAM porque mi número estaba en una base de datos.

Resumiendo, si volví a tener una línea fue por cuestiones laborales, no porque yo quería. Ya mencioné que es posible resolver cualquier tipo de problema por correo electrónico, o que es posible llamar por Internet con ciertas aplicaciones. Así fue como WhatsApp mató a los mensajes de texto y se convirtió en una amenaza para VIVO (Telefónica en Brasil). Al ver que las personas se comunicaban más por WhatsApp, que por los propios servicios de VIVO, la multinacional española empezó a buscar culpables y aseguró que nunca se aliaría con WhatsApp (como sí lo han hecho Claro y TIM) y que WhatsApp era una empresa de telefonía "pirata", pues utilizaba la infraestructura de otras empresas para prestar sus servicios.

Lo cierto de todo esto es que en su día a día las personas hoy ya no se comunican más por voz, y sí por mensajes. Esto para el caso de amigos, familiares y conocidos, sobre todo en ciudades y gente más joven. Para todo lo demás, especialmente empresas, los números telefónicos siguen siendo muy importantes. Por ejemplo, una empresa que ofrezca clases y cursos de natacion tiene, sí o sí, que mencionar su número de teléfono en su sitio web porque lo más seguro es que siempre exista alguien que va a intentar entrar en contacto por teléfono. 

De cualquier forma, esos dos extremos (voz vs. datos) son los que marcan el futuro próximo de las líneas telefónicas.

Esto que estamos empezando a ver se parece mucho a cuando los números celulares mataron a las líneas fijas. Bueno, no mataron pero hoy nadie llama al fijo, sino al celular de la persona. Si una operadora ofrece una línea fija, es porque viene con el paquete de Internet y televisión y no es negociable. Sin embargo, si las personas pudieran decidir no optar por la línea fija, morirían con toda seguridad en un futuro cercano porque sería muy caro sostener el servicio para un grupo tan pequeño de personas utilizándolo.

Y, nuevamente, algo muy parecido pasaría si las empresas que toda la vida ganaron dinero con llamadas y mensajes de texto dejaran de ofrecer estos servicios a personas físicas y se enfocaran en ofrecer planes competitivos de Internet 4G.

Alguien lo tiene que decir y es que a nadie le importan los mensajes de texto gratis o las llamadas gratis al propio operador cuando todo el mundo utiliza otro operador. Las empresas de telefonía están ofreciendo planes basura y están solas, mientras el mercado les está demostrando que no pueden seguir vendiéndoles a personas que cada vez tienen más noción sobre tecnología, derechos del consumidor y servicio al cliente. Ahora bien, esos planes que yo llamo de basura, creo, serían más valiosos para las empresas, que todavía por necesidad se comunican usando teléfonos.

Según esto, a los usuarios comunes y corrientes les deberían ofrecer planes con Internet muy flexibles y acceso gratuito a una serie de aplicaciones (si bien eso va en contra de la neutralidad en la red). También deberían tener planes prepago opcionales de llamadas y mensajes de texto. Es decir, el usuario debería tener más autonomía sobre lo que ni siquiera usa y mayor flexibilidad en los planes de datos que realmente necesita.

Algo así es lo que estuve intentando hacer en realidad en el último año: tenía una SIM que recargaba cuando necesitaba y un plan de datos de 14 GB que podía utilizar incluso cuando se caía el Internet en mi casa. El problema es que mi celular tenía espacio solo para una SIM.

Y de ahí que de unos años para acá los celulares con doble SIM se hayan comenzado a popularizar. Si bien al comienzo esa era una característica que solo tenían las grandes imitaciones, algunos fabricantes como Nokia, Motorola y OnePlus se dieron cuenta de que tenían que ofrecer la característica de doble SIM en los mercados emergentes, donde es normal que la persona quiera una línea solo para recibir llamadas y otra con un plan de datos, como era mi caso.

Esto se demoró en llegar entre otras razones porque las oficinas principales de los mayores fabricantes de celulares siempre quedaron en el primer mundo. Las personas que desarrollaban estos productos no podían experimentar en carne propia lo que es vivir en una ciudad en la que en cada esquina no hay WiFi, mas al ver que una parte importante de sus equipos eran vendidos en mercados emergentes y las personas tenían este tipo de problemas en su día a día, los fabricantes empezaron finalmente a ver esto como una prioridad en próximos lanzamientos.

En resumen, un escenario parecido por el que pasaron los fabricantes de celulares es por el que tienen que pasar las empresas que ofrecen servicios de Internet y telefonía. Su prioridad número uno es seguir vendiendo los mismos planes que vendieron durante los últimos diez años y hasta ahora no se dieron cuenta de que las personas ya no se comunican de una forma tan rústica, como describí en una entrada pasada. Y si las plataformas (como sistemas operativos, aplicaciones y servicios web) y los propios celulares que nos permiten acceder a ellas han dejado de funcionar de una forma tan primitiva, es hora de que estas compañías que venden tarjetas SIM para acceder a Internet vean una oportunidad en el futuro próximo de los planes de telefonía.

Imagen: Matthew Hurst

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