23 de marzo de 2016

Encriptación y leyes: nuevos debates sobre leyes antiguas

15 Años después del debate de Napster, quedó demostrado que compartir música por Internet no mató a la industria musical, sino que por el contrario ambos extremos encontraron un punto de equilibrio en servicios como Spotify, Pandora y Deezer.

Varios debates como el arriba mencionado se están dando en este instante y definirán en el mediano y largo plazo el futuro de Internet y de la economía digital. Puntualmente quiero hablar por ahora de tres casos:

1. La puerta trasera del iPhone a la que el FBI quiere tener acceso, justificando su solicitud en la investigación que hay alrededor del celular de un terrorista muerto. Este celular tiene un PIN de desbloqueo y después de X número de intentos la información adentro contenida no estará más disponible.

2. Las solicitudes por parte de la justicia a las que WhatsApp está expuesto toda vez que un juez en cualquier lugar del mundo requiere los mensajes intercambiados entre personas sospechosas de cometer algún crimen.

3. Las protestas de los taxistas sobre la ilegalidad de Uber.

Es muy fácil tomar una posición en cualquiera de esos debates. Uno podría ser del extremo de ponerse de lado de las empresas de tecnología y decir que el consumidor tiene derecho de escoger, o bien podría también asumir la posición del otro extremo de pretender que este tipo de empresas se adhieran a las normas que existían antes de que hubiera Internet.


12 de marzo de 2016

Los días de Napster: Internet antes de YouTube y Spotify

Antes de todo eso Google ya existía. Gmail también. Sin embargo, es increíble que hace solo 5 años apenas estábamos comenzando a ver los primeros smartphones. El primero que yo tuve fue en el año 2011, en una época en la que BlackBerry era muy popular, BBM era más usado que WhatsApp y Nokia todavía existía.

Cuando en las facultades de comunicación y periodismo se habla del antes y el ahora de los medios de comunicación, es decir de los medios online y offline, análogos y digitales, se hace referencia a cómo funcionaban por allá a comienzos del siglo pasado desde que los hermanos Lumiére inventaron el cine, pasando por el nacimiento de la radio y la popularización de la televisión a partir de los años 50, un período que se extiende hasta finales de los 80 y mediados de los 90, años en los que se popularizó la televisión por cable y satelital.

Solo después de eso se habla de los medios digitales, todos aquellos que nacen alrededor de Internet. Se dice que son bidireccionales porque las personas, supuestamente, pueden crear sus propios mensajes o responder de una forma que, por ejemplo, un noticiero en televisión no hubiera permitido.

Sin embargo, hay un vacío poco explorado en medio de esos dos momentos. Si hoy es normal haya Wifi de la misma forma en que hay oxígeno dentro de una habitación, hubo un momento en el que no lo fue. ¿Cómo podemos describir ese momento en que empezamos la transición de lo análogo a lo digital?

Primero aclaremos algo. Esa tal transición, según autores como Henry Jenkins o Pierre Levy, no existe. Simplemente hay una convergencia en la que todos los medios de comunicación interactúan en la vida de las personas. No existe un mundo virtual y un mundo real. Los dos son uno solo. Dicho esto, la pregunta correcta sería: ¿cómo se dio inicio a lo que esos autores llaman como cultura de la convergencia o cibercultura, la misma en la que vivimos hoy?

Podemos hablar de esos inicios en los años 80, pero no quiero ir tan atrás a un período en el que ni siquiera yo había nacido. Quiero detenerme en el período que conozco mejor: desde mediados de los 90, época en la que llega el Internet de 56 KB a los hogares de este lado del mundo por primera vez, hasta mediados de los años 2000, cuando nacen Facebook, Twitter, Spotify y YouTube.

5 de marzo de 2016

Startup Nation: Israel, el milagro económico


Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, y las intercambiamos, ambos tendremos una manzana. Si tú tienes una idea y yo tengo una idea, y las intercambiamos, ambos tendremos dos ideas.

Esa analogía es usada por Dan Senior y Saul Singer en el libro Startup Nation para explicar el milagro económico de Israel, una nación que en 60 años de historia tiene mejor salud económica que la de cualquier sociedad con siglos y hasta milenios de historia. Israel hoy no sufre las consecuencias de la crisis del año 2008.

El Estado de Israel, creado en 1948, era un terreno desértico al que se fueron a vivir algunos judíos después de la guerra, pero cuando llegaron no había absolutamente nada. A diferencia de los países que siempre han tenido recursos naturales para explotar con minería o industria petrolera, Israel no tenía nada de eso, nunca lo tuvo y les va mucho mejor no teniéndolo, pues su economía no depende de un recurso que algún día se va a agotar y cuyo valor varía de acuerdo con la oferta y la demanda a nivel internacional, por lo que han tenido que recurrir a otras fuentes para hacer que su economía funcione.

Hay varias circunstancias que ayudan a explicar por qué Israel como ningún otro país logró que su economía dependiera de lo que hoy se conoce como economía creativa, y no de recursos naturales. La pregunta es ¿cómo convertieron una idea en algo más valioso que un barril de petróleo?

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