10 de diciembre de 2016

Las redes sociales sí servían para vender

Aproximadamente en el año 2010 fue la primera vez que escuché hablar del uso de redes sociales por parte de empresas. Hasta entonces, Facebook y Twitter eran utilizados casi que exclusivamente por personas comunes y corrientes (y políticos). Tras el éxito que significó la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2008, así como la primavera árabe para la misma época, las marcas empezaron a ver un gran potencial en las redes sociales.

Para esa época, ese potencial estaba limitado al hecho de que una marca podría tener una página de Facebook y un perfil en Twitter. Así se puso de moda decir que la comunicación ya no era únicamente unidireccional, como lo habían hecho hasta entonces los medios masivos de comunicación, sino ~decían~ que los medios ahora eran bidireccionales y que los consumidores podrían hablarles a las marcas.

Durante mucho tiempo esto fue cierto. Para la época en que utilizábamos Facebook desde el computador y que los únicos dispositivos móviles conectados a Internet eran de marca BlackBerry, nuestra relación con la tecnología era totalmente diferente a como lo es hoy. Solo los millonarios tenían un iPhone y Android no se había popularizado. Por consiguiente, nuestra relación con las marcas por estos canales era también muy diferente.

Pensemos en el hecho de que para entonces Twitter no estaba saturado y había muchas menos páginas de Facebook. Como consecuencia, estábamos conectados a menos personas y marcas, habiendo menos información circulando entre nosotros.

Pero una vez comenzamos a conectarnos desde celulares a estos servicios, empezó a circular más información y las cosas comenzaron a cambiar. Para subir una foto ya no había que bajar las fotos de la cámara y subirlas directamente desde un computador de escritorio, sino que el celular ya lo hacía directamente. Entre otras cosas, esto significó el éxito de Instagram en su momento. De esta forma, para Facebook ya no era suficiente organizar la información cronológicamente, así que hizo algo que Google había hecho mucho tiempo atrás: dejar que un algoritmo la organice.

2 de diciembre de 2016

Banalmente informado

La tragedia de Chapecoense, ocurrida el pasado martes 29 de noviembre, en la que murieron 71 personas entre jugadores, periodistas y tripulación de un avión que viajaba de Santa Cruz de la Sierra a Medellín, fue un episodio periodístico más de nuestra historia reciente.

Hechos desafortunados como este generan una explosión temporal de información que resulta difícil de procesar. En eventos similares, pero menos trágicos, aparecen memes pretendiendo ironizar la situación, como fue el caso de las recientes elecciones en Estados Unidos. Por supuesto, este no fue el caso, mas lo utilizo para describir cómo circula la información entre nosotros.

Una noticia como la del accidente aéreo de Chapecoense, y cualquier otra en la que haya vidas humanas de por medio, debería estar del lado del cuidado periodístico, y no de la opinión. Opinar lo hace cualquiera y estos son asuntos que, por respeto a las víctimas y sus familias, deben ser tratados con mucho cuidado.

Sin embargo, el periodismo es de papel. La ética periodística, además de existir en los currículos de las facultades de comunicación, existe solo dentro de unos pocos comunicadores que sienten de verdad respeto por la opinión pública. Y peor aún, todo el mundo cree que su opinión debería ser respetada así no tenga fundamentos. En ese punto ya se confunden las matices de lo que es periodismo y opinión. Mientras tanto, quienes viven de esto se venden por un click y se prostituyen por que la noticia aparezca en la parte alta del News Feed de Facebook a punta de likes.

Los grandes medios de comunicación en Internet todavía viven de esto de lo que ellos llaman visualizaciones (sea lo que sea que eso signifique). Hacen creer a los anunciantes que el número de usuarios únicos, lectores o suscriptores es importante, y para mantener los números por las nubes hay que valerse de lo que sea. Aparentan que clicks equivale a aprobación y a final de cuentas la calidad de un click nunca llegó a ser importante para ellos.