24 de mayo de 2017

Aceptas los términos y condiciones


Algo curioso de muchas de las personas que se atreven a dar un concepto sobre si UBER es legal o ilegal es el hecho de opinar a partir de la emoción y no de la razón, del odio que les despierta la palabra taxista. Y lo mismo pasa desde el otro lado, cuando un conductor de taxi dice que Uber es ilegal sin siquiera haberse tomado el trabajo de leerse los términos y condiciones del servicio, o mostrando un total desconocimiento del principio de la neutralidad en la red.

Pero si en muchos casos hablamos de taxistas que ni siquiera tienen educación básica completa, ¿cómo les vamos a pedir que se lean unos términos y condiciones? Eso es mucho pedir. En el peor de los casos, su raciocinio los lleva a pensar que es más efectivo salir a quemar vehículos por simple sospecha.

Pero no nos hagamos los que esto no tiene nada que ver con nosotros. Que levante la mano el que se leyó de comienzo a fin los términos y condiciones de todos los servicios que utiliza. Nadie se leyó las no sé cuántas páginas necesarias para crear un Gmail. Estamos hablando de muchas empresas que nos prestan un servicio gratuito literalmente, a cambio de que les dejemos explotar nuestros datos. O incluso pagando, como es el caso de Uber, ignoramos por completo el contrato suscrito entre nosotros y estos gigantes de la Internet.

Y ahí es que uno se pregunta: ¿cómo alguien da su opinión desde una posición emocional sobre temas tan delicados, sin tomarse la molestia de ir a ver lo que ya está escrito desde un punto de vista legal? Según esto, no nos debería extrañar que haya legisladores en el Congreso queriendo decidir por nosotros con la mano en la biblia y no en la constitución, que fue lo que pasó justamente hace unos días en Colombia con el tema de adopción por personas solteras y parejas del mismo sexo. El Congreso es el fiel reflejo de la sociedad a la que representa. 

7 de mayo de 2017

Vivir en Sao Paulo: 3 años después

En enero de 2014 me mudé de Bogotá para Sao Paulo por tiempo indefinido y sin tiquete de regreso. Año y medio antes, en 2012, me había graduado de la universidad, y una de las primeras cosas que hice cuando eso pasó fue empezar a aprender portugués. Tenía claro que quería venir a Brasil, y lo mínimo que tenía que tener era dominio de la lengua. En esa época, Brasil estaba en mejores condiciones económicas de las que está hoy. El país había crecido durante casi una década, y tras una pasantía que había hecho en la OEA antes de graduarme, me acabé enterando de que había cientos de oportunidades académicas en en becas de investigación para maestría y doctorado, más que en cualquier país de la región. 

Desde mucho antes, cuando estaba en la mitad de la carrera en la universidad, ya me interesaba la vida académica, así que lo vi como un camino para continuar formándome. Si hubiera querido perseguir una oportunidad parecida en Colombia con una beca, como investigador en comunicación o ciencias sociales, me iban a salir raíces, y así fue como empecé a investigar todo lo que necesitaría además de la lengua: una visa y un cupo en una universidad

Así pues, pasé 1 año aprendiendo portugués. Hoy reconozco que en esa época yo no sabía absolutamente nada. Y cuando lo pienso, mi viaje hacia Sao Paulo ya había comenzado ahí, teniendo mis primeros acercamientos a la cultura y a la lengua, independiente de sí el avión que tomé fue un año después. 

De esta forma, hice un check list de cosas que tenía que hacer:

  • Aprender portugués. 
  • Ser aceptado en la universidad. 
  • Conseguir una visa. 

Estas tres cosas eran las más difíciles y tenía que dedicarles la mayor parte de mis esfuerzos. Todo lo demás como dónde iba a vivir o qué iba a pasar con todo lo que dejaría en Colombia lo podría dejar para resolver después. 

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