7 de mayo de 2017

Vivir en Sao Paulo: 3 años después

En enero de 2014 me mudé de Bogotá para Sao Paulo por tiempo indefinido y sin tiquete de regreso. Año y medio antes, en 2012, me había graduado de la universidad, y una de las primeras cosas que hice cuando eso pasó fue empezar a aprender portugués. Tenía claro que quería venir a Brasil, y lo mínimo que tenía que tener era dominio de la lengua. En esa época, Brasil estaba en mejores condiciones económicas de las que está hoy. El país había crecido durante casi una década, y tras una pasantía que había hecho en la OEA antes de graduarme, me acabé enterando de que había cientos de oportunidades académicas en en becas de investigación para maestría y doctorado, más que en cualquier país de la región. 

Desde mucho antes, cuando estaba en la mitad de la carrera en la universidad, ya me interesaba la vida académica, así que lo vi como un camino para continuar formándome. Si hubiera querido perseguir una oportunidad parecida en Colombia con una beca, como investigador en comunicación o ciencias sociales, me iban a salir raíces, y así fue como empecé a investigar todo lo que necesitaría además de la lengua: una visa y un cupo en una universidad

Así pues, pasé 1 año aprendiendo portugués. Hoy reconozco que en esa época yo no sabía absolutamente nada. Y cuando lo pienso, mi viaje hacia Sao Paulo ya había comenzado ahí, teniendo mis primeros acercamientos a la cultura y a la lengua, independiente de sí el avión que tomé fue un año después. 

De esta forma, hice un check list de cosas que tenía que hacer:

  • Aprender portugués. 
  • Ser aceptado en la universidad. 
  • Conseguir una visa. 

Estas tres cosas eran las más difíciles y tenía que dedicarles la mayor parte de mis esfuerzos. Todo lo demás como dónde iba a vivir o qué iba a pasar con todo lo que dejaría en Colombia lo podría dejar para resolver después. 

 
 Mis compañeros de clase en Ibraco-Bogotá en 2013. Ninguno de nosotros sabía portugués en la época

Al cabo de 1 año, puedo decir que aprendí el portugués suficiente para ser aceptado en el programa de maestría que había querido desde el comienzo, de comunicación y prácticas de consumo en ESPM, así como obtener la beca. 

Además, conseguí una visa Mercosur, que me otorgaba los mismos derechos y deberes de un ciudadano brasilero, y así fue como llegué a Sao Paulo en 2014, el año de Brasil 2014 (Juro que fue una coincidencia). 

Por si quieren saber más, en 2014 escribí este post sobre cómo era hacer una maestría y hace poco publiqué otro explicando de qué se había tratado mi tesis de maestría.


Estudiar en Sao Paulo, una oportunidad de oro


Creo que tuve suerte de que las cosas salieran como lo planeé desde el comienzo. Al cabo de unos meses de mi llegada, comenzaría una crisis de la que Brasil no se ha recuperado hasta hoy. Los escándalos de Odebrecht, Petrobras y posterior salida de Dilma Rousseff tendrían un grande impacto en las finanzas del país (ver vídeo de abajo). Si yo hoy quisiera hacer exactamente lo mismo que hice en 2013/2014, de seguro que no funcionaría por diversas circunstancias. Hoy por hoy, por cosas de gobiernos neoliberales, Brasil ha entrado en una fase de austeridad y recorte en gastos sociales. En consecuencia, la inversión en investigación y desarrollo, que fue la que pagó mis estudios, se ha visto afectada y hoy hay menos oportunidades de las que hubo hace 5 años. El programa Ciencias sin Fronteras, que llevó a miles de jóvenes universitarios a todos los rincones del planeta con el objetivo de intercambiar conocimientos académicos con universidades de todo el mundo, está hoy herido de muerte.


Y esto es un gran problema porque Brasil siempre usó estos intercambios culturales para pensar en el futuro a largo plazo del país. Ciertamente alguien recibiendo educación pagada por el estado es un gasto que de forma inmediata no está generando riqueza, pero en unos años va a generar más riqueza que la de alguien que no recibió ningún tipo de educación. Y esto se va a devolver al Estado en forma de impuestos y consumo en bienes, productos y servicios, los cuales generan empleos para otras personas. 

Así fue como pasó conmigo, hasta el punto de que la oportunidad que tuve de venir a Brasil podría decirse que es una forma en que el país atraía mano de obra cualificada de otros lados del mundo. La educación que recibí durante 2 años la estoy retribuyendo ahora en impuestos que debo pagar y en los productos que consumo. El dinero que yo gano hoy está siendo gastado en Brasil y no en Colombia, y en mayor o menor medida esto tiene un impacto en el crecimiento económico del país, pues también trabajo en una empresa que le da empleo a otras personas, intercambia servicios con otras empresas y paga impuestos.

Trabajo en Sao Paulo, un mar de oportunidades

A Facebook podía ir a trabajar en sandalias

Como ya mencioné, llegué a Brasil en una época en que el país estaba mejor. Eso no significa que hoy el país esté en malas condiciones. Brasil tiene la mayor economía de América Latina y lo que pasó fue que la economía paró de crecer a la velocidad que todos esperaban. Pero aún así, Brasil tiene a Sao Paulo, que por sí sola - incluyendo el Estado de Sao Paulo - genera hasta el 30% del PIB del país. Esto ha hecho que, a pesar de la crisis, Sao Paulo no se deje caer. Sao Paulo es el punto de llegada en América Latina para muchas empresas, y más allá de cualquier crisis, muchas ni se plantearían salir, pues es un mercado estratégico para toda la región: 200 millones de habitantes, 1/3 de toda América Latina, y 12 están en Sao Paulo (40 en el estado). Esto fue lo que trajo en los últimos 15 años a empresas de tecnología como Google, Facebook, Amazon y Twitter, y que ha creado el ambiente para que otras Startups locales como Nubank, VivaReal o 99 hayan ido consolidando el mercado. La única empresa que parece haber salido de Brasil en tiempos recientes fue Xiaomi, y nadie entiende por qué.

Todo esto crea un mar de oportunidades en el que hay que saber moverse. Sao Paulo es una ciudad en la que las personas solo piensan en trabajo y contactos. Al final, es la ciudad que sostiene sobre sus hombros al resto de Brasil. En mi caso, a un año y medio de estar aquí se me abrieron oportunidades que nunca hubiera encontrado en Colombia. La primera, de trabajar como contratista durante 1 año en Facebook, cuya oficina principal en América Latina es la de Sao Paulo, y la segunda de trabajar en un Facebook Marketing Partner, gracias a las relaciones que creé durante 1 año trabajando en Facebook. Aunque, claro, todo esto no hubiera sido posible si no fuera por algunas habilidades y experiencias con las que yo contaba y que para estas empresas añadían algún valor.


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Ver todo esto en primera persona me ha hecho replantear varias cosas que nunca me paré a pensar mientras estuve en Bogotá. Una de ellas es lo atrasado que está el mercado publicitario en Colombia, que al final es en el que yo me muevo. Sobre el mercado publicitario me refiero a cómo ven las empresas en Brasil los productos de Facebook, Google o Twitter, y cómo los utilizan para alcanzar sus objetivos de negocio. En Colombia en 2013 las empresas apenas le estaban perdiendo el miedo a apostarle a Google, y por el contacto que tengo con colegas, el escenario no ha cambiado mucho. En Colombia todavía se habla de Social Media, cuando en Brasil se habla también de performance  desde hace años (y eso me daría para otro post, aunque la imagen de arriba ilustra mi punto). Aunque valdría la pena reconocer el trabajo que empresas de tecnología y startups locales están haciendo en Colombia para cambiar este escenario.


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Aunque hay otros rezagos en otros temas como pagos con tarjetas de crédito, recaudo de impuestos o hasta hace poco inversión social (que como decía más arriba, está siendo desmontada). En Sao Paulo es difícil ver dinero físico porque todo el mundo prefiere pagar con tarjetas de crédito/débito, aunque fue un fenómeno que empezó en los años 90 cuando la inflación estaba por las nubes. El dinero cambiaba de valor tan rápido, incluso dos veces en un mismo día, que los bancos tuvieron que agilizar la forma en que un pago era emitido de un comprador hacia un vendedor, lo cual popularizó las tarjetas de crédito. 

Y en la misma época, para solucionar el problema de la inflación de raíz, el recaudo de impuestos fue reorganizado. Y a pesar de los impuestos en Brasil ser altos, hoy una declaración de renta se hace con un programa que cualquier ciudadano baja a su computador, y en el cual se llena un formulario que el programa envía en línea. Es la experiencia del usuario al servicio del gobierno para recaudar impuestos. Y a esto sumémosle el número de identificación de impuestos (llamado CPF) con que cuenta cada ciudadano, lo que permite identificar gastos e ingresos de cada ciudadano. 

Entiendo que para muchos los impuestos son un robo, pero la verdad es que son necesarios para que el mundo funcione. Que haya corrupción es otro asunto que debería verse de forma separada.


Portugués en Brasil, ¿qué tan necesario es?

Además de trabajar también nos divertimos, pero esto no sería posible si no hablara el portugués mínimo para trabajar en una empresa.

Brasil, más que ser un país, es un subcontinente con su propio idioma, que no es simplemente portugués. Es portugués de Brasil, hablado por 200 millones de personas, y es de esperar que el 90% no sepa ni español ni inglés. Lo mismo pasaría en otros países de América Latina: muy pocos saben inglés como segunda lengua y nadie esperaría que alguien sepa portugués: ¿para qué?

De esta forma, el portugués es lo mínimo necesario para sobrevivir en el día a día en Brasil. Español es otro idioma, y solo porque tenemos las mismas raíces, eso no significa que un hispano hablante se pueda comunicar con un hablante nativo de portugués. Fue justamente por esto que tuve las puertas abiertas cuando quise aplicar a una beca, y cuando una reclutadora encontró mi perfil en LinkedIn para ofrecerme trabajo. Si yo no hubiera sabido mantener una conversación de forma fluida en portugués, esas dos oportunidades, entre otras que fueron surgiendo en el camino, se me hubieran escapado de las manos.

Y recuerdo incluso que la primera vez que envié un correo desde Colombia a una universidad en Brasil. Cuando ni siquiera sabía una palabra de portugués, pensé en la importancia de esto y un muy buen amigo mío casado con una brasilera y que ya era hablante de la lengua, me ayudó a que el mensaje fuera decente. Al final, demostrar conocimiento e interés en mejorar el dominio de la lengua, va a ser valorado porque es algo que muchos ni siquiera están intentando.


Comida y costo de vida




Hace unos días dejé vencer el dominio miblogdeviajes.co, un proyecto que quise emprender en algún momento, pero que acabé abandonando por diversos motivos, especialmente porque no tengo una vida en la que esté viajando con tanta frecuencia con la que quisiera, y porque prefiero concentrar mis esfuerzos en este blog que están leyendo y en danielafanador.co. Y si bien dejé vencer el dominio, rescaté los posts que alcanzaron a ser publicados y los publiqué aquí mismo. Uno de los posts que alcanzó a ser publicado era sobre mi primer año en Sao Paulo, y una de las cosas que allí describí era que cuando uno se va para otro país, hay tres cosas que uno suele extrañar: la familia, los amigos y la comida. Quería hablar de esto último: la comida.

Comer en Sao Paulo es caro. Un plato puede costar R$ 30 - $10 dólares aprox. Lo positivo de esto es que los platos suelen ser enormes y que muchas empresas pagan la alimentación de sus empleados a la hora del almuerzo. En mi caso, donde trabajo ahora me dan una tarjeta débito (llamada VR), que sirve solo para comprar alimentos y bebidas. Y donde trabajaba antes había un restaurante interno y no teníamos que pagar. No es así en el 100% de las empresas, o los valores pueden variar, pero sí es algo que nunca vi en Colombia: este reconocimiento que muchas empresas dan al empleado por su alimentación. Aunque de otro lado lo malo es que para las otras comidas o fines de semana uno queda a la merced. Como es caro, hay que cocinar de vez en cuando para no morir de hambre (jajaja).

 

Pero, hey, si tenemos la posibilidad de comer por fuera, Sao Paulo es una ciudad muy diversa. Por su influencia italiana (barrios Mooca y Bela Vista) y japonesa (barrio Liberdade), en Sao Paulo se encuentran las pizzas más perfectas y tanto sushi como en ningún otro lugar. Muchos de estos lugares venden comida infinita: uno paga un valor fijo y puede comer lo que quiera hasta morir, lo que es llamado como rodicio. Hay rodicios de carne, de pizza y de sushi, y hay también otras comidas famosas en la ciudad como las hamburguesas, o comida local como pastel, perros, coxinhas y feijoada. Si algún día me fuera de Sao Paulo, extrañaría la variedad de comida que solo hay aquí.

Bueno, y así como la comida es cara, el costo de vida  es igualmente alto. Hace 2 años dediqué todo un post al caso de la tecnología, que puede costar de 2 a 3 veces lo que un producto costaría en Estados Unidos. Esa vez hablé del costo Brasil, y por qué Brasil era tan caro, y ponía el ejemplo del iPhone, que a pesar de ser fabricado en Sao Paulo, era más caro que cuando lo traían de China al otro lado del mundo.

Y hay otros factores, como las altas tasas de interés de más del 400% para tarjetas de crédito o que muchas de las operaciones se hagan con tarjeta de crédito. Cuando esto sucede, una pequeña porción de la transacción va para el fabricante de la máquina y de la tarjeta + impuestos. Y todos estos son gastos que son transferidos al consumidor final.

Lo que viene


En Sao Paulo siempre viví en Vila Mariana, un barrio de la zona sur de la capital paulista. Aunque trabajo en Berrini, otro barrio de la zona sur, queda a una hora de donde vivo. Debo tomar dos buses para ir y para regresar del trabajo. Eso son al menos dos horas de tránsito por día, y explica por qué muchas personas prefieren quedarse hasta tarde trabajando, para demorarse menos en estos tiempos de desplazamiento. 

Decidí vivir en Vila Mariana porque en su momento estudiaba en ESPM, que queda en este mismo barrio, y porque es muy central. Queda a unos minutos de la Avenida Paulista, la avenida principal de la ciudad, y del centro. La línea azul del metro me queda a unos cuantos pasos, y si me mudara sería seguramente para el mismo barrio. Ahora vivo en un apartamento con 3 amigos, y llegué acá por un grupo de Facebook en el que compartían vacantes en cuartos y apartamentos. Aquí todo se mueve por grupos de Facebook y WhatsApp. Hay grupos para todo. 

Eso fue hace casi 2 años, y en el corto plazo no tengo planes de salir de aquí, ni de este apartamento, ni de Brasil. O eso es lo que veo de aquí a 2-3 años. Quién sabe qué pase después o las sorpresas/oportunidades que vayan apareciendo en el camino.

Cuando me preguntan cuándo voy a ir a Colombia, es una pregunta difícil de responder. No es barato y yo no soy millonario. El dinero que podría gastar yendo a Colombia prefiero gastarlo conociendo un nuevo lugar. Al final, a Colombia voy a poder ir cuando yo quiera, a otros lugares tal vez no. Aquí ya me acostumbré a estar lejos de lo que mencionaba más arriba: mi familia, mis amigos y la comida. Por suerte existe la tecnología y al final no estoy tan lejos. De todas formas, para quien me quiera venir a visitar, aquí hay un sofá en la sala o podemos ir al mejor rodicio de carne de la ciudad. Aquí los espero :)

Curitiba, 2017

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