24 de agosto de 2017

Libertad de expresión en tiempos de Internet

Si creíamos que habían acabado los tiempos en los que altas figuras de poder llamaban por teléfono al director de un periódico a increparle por la investigación que un periodista suyo estaba haciendo, estábamos muy equivocados. En tiempos de periodismo tradicional, las altas esferas del poder utilizaban a su antojo los medios de comunicación. Esto era posible porque existían unas relaciones personales entre los dueños de un medio de comunicación y la más alta clase política/empresarial de un país, pero también porque el propio Gobierno se anunciaba en los espacios publicitarios de los mayores medios de comunicación de un país, y la forma de presionar para que temas oscuros no salieran a la luz pública era presionando comercialmente: "si esa publicación llega a salir al aire, retiramos toda nuestra pauta publicitaria". Y eso fácilmente podría quebrar a un periódico, dejando decenas de periodistas en la calle.

Esta forma de presionar pretendía asfixiar a los medios periodísticos que se opusieran a un Gobierno, o que incluso mostrando imparcialidad osaran traer a la opinión pública los temas oscuros por los que un gobierno podría caer. En Estados Unidos el presidente Nixon cayó por el escándalo de Watergate, y por cosas mucho peores en Colombia escándalos como el proceso 8.000 o la parapolítica no le hicieron ni cosquillas a los presidentes de turno. Al final entregaron el poder a sus sucesores como si nada hubiera pasado, y hoy son personajes incluso consultados por los medios de comunicación para dar opiniones de interés periodístico. Qué ironía.

Si en su momento esos temas hubieran pasado desapercibidos, hubiera sido el triunfo del poder político y económico sobre la opinión pública. Era esto justamente lo que buscaba Pablo Escobar cuando silenció al Periódico El Espectador con la muerte de Guillermo Cano, o Carlos Castaño, cuando Jaime Garzón fue asesinado. Esta vez el periodismo había ido demasiado lejos, y tendría que ser silenciado.

Pero el problema para los amos del poder con esto es que la información es dinámica y se mueve muy rápido. Si un periodista ve que su vida está en riesgo por una investigación, la información es fácilmente transferible a otro profesional o medio periodístico. Si el periodista muere, posiblemente la información siga existiendo. Ahí ya dependería de otro medio de comunicación el decidir si hacerla pública (o no).

Esta forma dinámica en la que viaja la información es una característica relativamente nueva. En la universidad (hace menos de 10 años), yo hacía entrevistas con una grabadora. No había smartphones. Al menos la grabadora ya no era de casette, sino digital.  Y mucho antes de eso era solo el periodista y su libreta de apuntes. El poner un testimonio en un medio era un trabajo de horas, hoy es cuestión de segundos. Twitter o WhatsApp son mayores en número de usuarios que cualquier medio de comunicación, y filtrar información hoy es más fácil que nunca antes.

Esto sin embargo abre las puertas para que la banalidad de la información también ande libremente por ahi. No es de extrañar que el titular de una noticia haga referencia a los mejores memes sobre un asunto polémico. Y así concluyen 4 años de carrera de comunicación social y periodismo, con un titular basura que genere clicks. Acá pueden leer una opinión sobre ese tema publicada hace un tiempo en este blog.

6 de agosto de 2017

Muévete rápido y rompe cosas

Move Fast and Break Things es una frase utilizada por los empleados de Facebook para describir la cultura y la velocidad a la que se mueve su empresa. Siempre y cuando esas cosas a romper no involucren el dinero de los clientes o las leyes de un país, pueden romper lo que sea. Hace unos días leí un post de Andrew Chen, en el que hacía referencia a cómo esta cultura tenía un gran impacto en los desarrolladores de aplicaciones que en su momento apostaron en el ecosistema de Facebook, y una de las conclusiones a las que llegaba era que no todo el mundo se puede mover a la misma velocidad de Facebook. Quizás solo Google y Uber.

Hace unos años Facebook era algo totalmente diferente de lo que es hoy. Tal vez alguien recuerde los tiempos de Animal Farm y Tetris Battle. Facebook en su momento fue una plataforma en la que uno podía jugar y competir con amigos. Y detrás de estos videojuegos había empresas que encontraron en Facebook una forma de ganar dinero. Los juegos eran gratis, pero si querías avanzar más rápido podrías comprar items que te ayudaban a lograrlo. Y como los juegos eran adictivos, y todo el mundo tenía una tarjeta de crédito, las posibilidades de triunfar para muchos desarrolladores eran grandes.

Pero entre 2012 y 2013 pasó algo que muchos de esos desarrolladores no esperaban, y es que los ecosistemas de Android y iOS explotaron. Antes de eso, quienes dominaban el mercado de celulares eran BlackBerry, Nokia y Motorola, que no tenían estándares sobre lo que debía hacer un smartphone, y ahí estuvo el éxito de Apple y Google, que crearon el estándar de tener una tienda de aplicaciones en la que las personas compran o bajan software, así como lo hacían en un computador de escritorio.

Eso marcó un antes y un después para Facebook, que pretendía ser un ecosistema de aplicaciones antes de que Android y iOS lo fueran. Para adaptarse a este cambio, Facebook dejó de ser un ecosistema de aplicaciones y se convirtió en una aplicación de celular, como las miles más que hay en la App Store. Mientras tanto, hoy cerca del 85% de los ingresos de publicidad de Facebook viene de dispositivos móviles.

Antes de todo  eso las personas entraban a Facebook.com desde un navegador en el computador, y todo eso cambió de la noche a la mañana. En su tiempo libre, las personas empezaron a pasar cada vez más tiempo en el celular y menos en el computador de escritorio. Las empresas que vieron esto venir desarrollaron aplicaciones y lograron sobrevivir, pero muchas más murieron, como fue el caso de Zynga, que tenía una relación de total y absoluta dependencia con Facebook, de donde en 2010 llegaron a contar con hasta 85 millones de jugadores solo en FarmVille, jugando desde Facebook

Zynga llegó a ser algo así como una "subsidiaria" de Facebook para el desarrollo de videojuegos. En 2012 el 80% de sus ingresos dependían de Facebook. Posteriormente la relación se fue deterioriando cuando Facebook prohibió a los desarrolladores de videojuegos que utilizaran notificaciones tipo Spam para atraer nuevos jugadores.

Con Move Fast and Break Things me refería a todo esto, y cómo en poco tiempo Facebook pudo sobrevivir a algo que empresas gigantes como Nokia, Sony Ericsson, Microsoft, BlackBerry e incluso Zinga no vieron venir en su momento.