24 de febrero de 2017

El papel de grandeza del periodismo (?)

 Con Donald Trump al frente de la Casa Blanca responsabilizando de todos los problemas de Estados Unidos a los inmigrantes, a China y a los medios de comunicación, que según él solo divulgan noticias falsas, parece que hemos entrado en una nueva etapa de la historia del periodismo. Algo parecido ha sucedido hace pocos días en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro, en su afán por buscar enemigos externos, echó a CNN en Español del país, tras la revelación de una investigación sobre venta de pasaportes venezolanos en el exterior.

Si bien no es la primera vez que un Gobierno le declara la guerra a un medio de comunicación, sí lo es en tiempos recientes. Hasta hace pocos años, estos mismos medios de comunicación eran los únicos que existían. Eran los dueños de la verdad y dependíamos en absoluto de la prensa escrita, la radio y la televisión para informarnos sobre lo que pasaba en el mundo. Si un Gobierno decidía callar a un medio de comunicación, era prácticamente imposible saber lo que estaba pasando.

Pero hoy estamos en tiempos en los que la información circula como agua yendo de un río hacia el mar. Si alguien no quiere publicar, otro lo hará tarde o temprano. A final de cuentas, en los medios de comunicación trabajan periodistas y estos se conocen entre ellos. También se ayudan entre ellos. Si el medio de comunicación para el que usted trabaja no quiere publicar la investigación que usted hizo, mándemela y yo la hago pública.

Algo así pasó acabó de pasar en Colombia. A pocos días de su estreno, Canal RCN se negó a que fuera emitido el primer episodio del nuevo programa periodístico de Pirry. De hecho el programa fue cancelado, dejando sin empleo a todo un equipo periodístico. El propio Pirry dio la cara en Facebook y YouTube, y explicó que sus nuevos jefes no le explicaron los motivos de la cancelación del programa, aunque a renglón seguido mencionó que la primera investigación que sacaría a la luz sería sobre unos negocios cuestionables del actual presidente del Congreso, el senador Mauricio Lizcano.

12 de febrero de 2017

¿Por qué Xiaomi salió de Brasil?

Antes de anunciar que no lanzarían más celulares en el mercado brasilero, Xiaomi estaba a punto de ingresar a México y a Colombia. Uno de los mayores fabricantes de celulares del mundo en 2015, de origen chino, había apostado en 2013 por una expansión global al traer de Google a uno de sus más altos ejecutivos trabajando para entonces en Android: Hugo Barra. Antes de eso, Xiaomi no era una marca muy conocida por fuera del mercado asiático. Para ser más exactos, la presencia de Xiaomi estaba concentrada en China, un mercado tan grande, que llega a tener más del 18% de la población mundial — 1.300 millones de habitantes —. Con un mercado de tales proporciones, una marca no tiene ni que preocuparse de ir a otros países hasta no consolidar presencia en su propio país.

Así pues, Xiaomi llegó a apostar por una expansión global con la llegada de Barra. Empezarían con India, que así como China tiene más de 1.300 millones de habitantes. Al día de hoy, podríamos decir que lo lograron. Xiaomi sigue lanzando celulares en India al día de hoy. Pero para la época en que llegó Barra también empezó una expansión de la marca en Europa y Norteamérica, donde durante mucho tiempo, por cuestiones de patentes, no se vendían celulares, sino accesorios como baterías portátiles, audífonos y la famosa Mi Band.

Sin embargo, la llegada a Latinoamérica era distinta. Hugo Barra (de Brasil) sabía que si una empresa quiere ser relevante a nivel global tiene que estar presente en ciertos mercados estratégicos, entre ellos, Brasil: la mayor economía de América Latina, y el país más poblado de la región: 204 millones de habitantes. 

Cuando una multinacional entra a Brasil, no tiene que preocuparse mucho por el resto de países del continente, pues ya está en 1/3 de ellos (200 millones en Brasil vs. 400 en el resto). Países como Ecuador, Panamá o Uruguay tienen una población menor que todo el Estado de Sao Paulo (40 millones), y por población apenas México (120 millones) y Colombia (49 millones) vale la pena para abrir nuevos mercados en un segundo momento. Argentina y Venezuela fueron más relevantes hace unos años, mas por cuestiones políticas y económicas perdieron relevancia en los últimos años.

Según esto, solo una vez Brasil, México y Colombia estén consolidados vale la pena pensar en otros mercados, pues al final la burocracia y los gastos para abrir una nueva oficina y contratar empleados en un nuevo país es la misma. Partiendo de esta lógica, primero hay que hacer sostenible la operación antes de pensar en expansión. Xiaomi ya había logrado esto en Asia, y ahora pensaba en el resto del mundo.

6 de febrero de 2017

Después de Steve Jobs: Elon Musk, construyendo el futuro


Si Steve Jobs fue un nombre que resonó en nuestro oídos desde el lanzamiento del primer iPhone en 2007 hasta hoy, quizás un nombre que empecemos a escuchar con la misma frecuencia de ahora en adelante sea el de Elon Musk, la persona detrás de Tesla, SpaceX y Solar City. Si no hemos escuchado hablar de ninguna de estas empresas, ni de Musk, quizás si hayamos oído hablar de PayPal, el primer sistema de pagos por Internet que desafió el atraso tecnológico de los bancos por allá en 1999, y que posteriormente fue adquirido por eBay, el gigante del comercio electrónico.

Y mientras a la mayoría de las personas le gusta pasar el tiempo en redes sociales, y yo paso mi tiempo escribiendo, Musk dedica día y noche a construir carros eléctricos que se dirijan solos, reemplazar la energía eléctrica con energía solar y a fabricar cohetes que puedan llevar a la humanidad a marte algún día.

Si todas estas ideas hubieran sido propuestas hace unos 20 años, nadie hubiera pensando que sería posible llevarlas a cabo. ¿Quién iba a desafiar a gigantes de la industria automotriz como Ford, General Motors y Mercedes?, ¿quién iba a cuestionar el papel de los combustibles y energías no renovables?, ¿quién iba a cuestionar que la humanidad tendría que vivir en el planeta tierra para siempre? Y quizás el problema ni siquiera hubiera sido cuestionar cosas que hacían parte del statu quo, sino todo el dinero que hubiera sido necesario para llevar todo eso a cabo.

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