21 de marzo de 2017

El crimen organizado como industria


Al delito yo lo esquivo inventando trabajo en donde no hay: Cartonero de Attaque 77

La corrupción es un mal que azota a todas las sociedades. Y la delincuencia también. En mayor o menor medida, pero en todos los países existen estos dos males. La diferencia entre cómo se ve esto en el día a día entre un país del primer mundo y una república bananera es que seguramente en este último sea perceptible desde el mismo momento en que uno pone un pie la calle.


Por ejemplo, la precaución de no poder andar tranquilo en la calle por temor a ser asaltado a mano armada, o la incapacidad de un policía de hacer algo frente a la delincuencia cuando la tiene en sus narices. Ya en un país del primer mundo quizás el crimen ni siquiera se sienta en las calles, sino en los altos círculos sociales de forma más discreta, por lo que al final la percepción es de seguridad. Esto lo podríamos ver cuando la compra y venta de drogas se da en lugares privados, entre personas con mucho dinero, en clubes exclusivos para las clases sociales más poderosas. Querámoslo o no, la delincuencia y la corrupción existen porque en todas las clases sociales existe un cierto nivel de tolerancia frente a ella.

15 de marzo de 2017

El emergente mercado de los modelos de suscripción

Durante mucho tiempo, la forma como solíamos comprar la mayoría de productos que necesitábamos en nuestro día a día era yendo a un lugar físico en el que el producto que necesitáramos fuera vendido para intermcambiarlo por dinero físico. Llamémoslo supermercado, plaza o centro comercial y todavía no teníamos dinero plástico.

Esto fue algo que si bien existe hace siglos, la revolución industrial y la migración hacia las grandes ciudades lo intensificaron con un proceso que se dio más o menos así: personas del campo llegaban a las grandes ciudades a trabajar en fábricas que producían bienes de consumo. Estos bienes tendrían que ser vendidos en algún momento a otras personas que también venían del campo para la ciudad (y en ese justo momento nació la publicidad).

Voy a dar un ejemplo con un producto más moderno: un carro. Un carro es fabricado ya no por personas que vinieron del campo a la ciudad, sino quizás por la segunda o su tercera generación de alguien que sí lo hizo. El carro es producido de forma masiva y a escala. Supongamos que una fábrica de General Motors ensambla 200 carros por día, pero aquí solo comienza la jornada, pues estos vehículos tienen que ser llevados a un concesionario adonde los clientes interesados puedan ir a ver los nuevos modelos y quizás comprar uno.

Y la sociedad lleva siglos funcionando así, con personas produciendo bienes de consumo y esas mismas personas comparando lo que otros producen. Piensen que detrás de cualquier producto del supermercado hay mano de obra trabajando para alimentar una familia y mover la economía.

El punto es que salvo en unas cuantas excepciones comprábamos un producto sin siquiera verlo. Productos vendidos por folleto o infomerciales a los que había que llamar para solicitar el producto eran la excepción a la regla. Casi todo lo demás lo comprábamos de forma física, como ese carro fabricado en una fábrica y que llegó después a un concesionario.

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