Las redes sociales están rotas | mirincon.co - Por Daniel Afanador

25 de agosto de 2019

Las redes sociales están rotas

Quizás no lo recordemos, pero en sus inicios para hacer un Retweet en Twitter había todo un trabajo manual en el que nosotros mismos escribíamos un tweet, comenzando con las letras RT, seguido del @ del usuario al que estábamos por citar y finalmente el contenido del tweet. Podríamos decir que le prestábamos un poco más de atención a lo que estábamos escribiendo, a diferencia de lo que hacemos ahora, en que con un solo Retweet podemos llegar potencialmente a todos nuestros seguidores, independiente de si estamos diseminando una noticia falsa u ofendiendo a alguien.

El creador del RT en Twitter, un desarrollador llamado Chris Wetherell, asemeja su creación con entregarle un arma cargada a un niño de 4 años. Así titulaba Alex Kantrowitz de BuzzFeed su entrevista al hombre detrás del Retweet. Y no es para menos. Tras las últimas elecciones en Estados Unidos, Brasil, Brexit en el Reino Unido y el plebiscito por la paz en Colombia, las redes sociales, no solo Twitter, sino Facebook, Instagram, WhatsApp y YouTube pasaron a ser el tema de discusión de una opinión pública cada vez más preocupada por cómo estamos tomando decisiones políticas en la era de las redes sociales.

Hace unas semanas, Netflix lanzó el documental Nada es Privado, del cual abajo pueden ver el trailer. El documental narra el papel desempeñado por Cambridge Analytica en la campaña presidencial en los Estados Unidos, que declara como ganador a Donald Trump y su relación con el Brexit, así como su relación con decenas de procesos electorales alrededor de todo el mundo. Una empresa construida con el fin de mover la aguja a favor del candidato dispuesto a ensuciarse más las manos, divulgando mentiras. Los resultados están ahí afuera. Se trata de nuevos líderes que no son liberales ni consdervadores, sino apologías a todo lo malo que representa la extrema derecha. Y todo esto fue posible con nuestros propios datos.



El episodio, al que en su momento Mark Zuckerberg minimizó como si fuera ridículo que Facebook pudiera cambiar el resultado de una elección debido a la diseminación de noticias falsas, es algo de lo que el propio Facebook no se ha podido recuperar. En julio del año 2018, la empresa perdió $ 119 billones de su valor cuando admitió que el impacto del escándalo de Cambridge Analytica habría afectado en el crecimiento continuo de su base de usuarios. La crisis de credibilidad que se desató, así como las discusiones que fueron surgiendo alrededor del uso que se les daba a nuestros datos, es algo que cada día gana más fuerza. Así como en algún momento nadie se preguntó si el cigarillo hacía daño, y hoy tenemos leyes que prohíben su publicidad o que exigen una alta carga tributaria, estamos recién viendo las primeras discusiones que pueden hacer que compañías como Facebook y Google se hagan responsables por los males que ya han causado.

El discurso de Facebook al respecto va más o menos así: dicen ser tan grandes, que esto les da la capacidad de  luchar contra los problemas que ellos mismos han ayudado a crear. Y nadie más lo puede hacer. Que algún gobierno, como la Unión Europea o el Congreso de Estados Unidos, les quite poder implica menos recursos para minimizar los males que ellos mismos han creado.


El algoritmo de recomendación, un ambiente hostil


El New York Times publicó hace poco una investigación sobre cómo el algoritmo de recomendación de YouTube podía convertir a una persona que poco o ningún interés tenía en temas políticos, en un radical de extrema derecha, al cabo de un alto número de horas de exposición a vídeos que la plataforma iba recomendando de acuerdo con los vídeos vistos anteriormente. Supongamos que nos hacen llegar un vídeo sobre supremacía blanca, luego vemos otro sobre problemas de la inmigración y finalmente tenemos uno negando que el holocausto al pueblo judío realmente sucedió. Todo lo que venga de ahí en adelante, recomendado por la propia plataforma, no va a hacer más que reforzar este tipo de ideas. Lo que algoritmo está haciendo no es más que mostrarnos vídeos que otras personas con un perfil similar también vieron hasta el final. Al final, YouTube va a hacer todo lo posible por maximizar el tiempo que pasemos viendo vídeos. Lo que hizo Cambridge Analytica en Facebook no fue más que reforzar estos comportamientos, buscando capitalizar votos de los más indecisos.

La responsabilidad de estas plataformas radica en la poco  saludable discusión política que tenemos hoy: noticias falsas  divulgadas en Facebook, memes empobreciendo la discusión en WhatsApp,  algoritmos que nos llevan a vivir en una burbuja de pensamiento de la  que no podemos salir, un Retweet que nos permite participar de campañas  de bullying sin que nos demos cuenta.

Si las redes sociales están rotas,  no es más que el hecho de que plataformas sociales hicieran  que  deberían conectar a las personas realmente las estén alejando. Las propias plataformas facilitan que este contenido entre en discusión, y gratifican a sus creadores. Cada vez que a alguien le guste tu actualización, recibirás una notificación que liberará dopamina en tu cerebro, creando una falsa sensación de felicidad, tan efímera, que durará hasta que recibas una próxima notificación.

Esta semana el portal The Intercept Brasil publicó una investigación sobre el comportamiento dentro de los principales grupos de WhatsApp que son probolsonaro, algunos de ellos activos desde la campaña presidencial y de los cuales surgen las noticias falsas que después son divulgadas entre personas comunes y corrientes. Y aunque sean solo 4 grupos con miles de personas, es claro que este número no es nada representativo en un país de más de 200 millones de personas. Pero por otro lado, como decíamos el comienzo de este post, con la simple opción de reenviar podríamos llegar potencialmente a todos los contactos de nuestros contactos y así sucesivamente. Estos son los temas que hablan las personas en su día a día y que los llevan a tomar decisiones políticas, como por quién votar.

En un hecho cada vez más típico en los días de hoy, explicaba un YouTuber brasilero bajo el nombre de izzynobre (vídeo abajo), una chica de 17 años con pocos seguidores que tuvo la oportunidad de viajar a Europa gracias a su colegio, publicó una foto en Twitter en que ironizaba preguntando: "¿la escuela de ustedes también los lleva a Europa?", con el fondo de la Torre Eiffel. El tweet, que no tenía la intención de ofender a nadie, llamó la atención de esa tipo de gente que se siente aludida con cuanto tweet encuentran en Internet, y que van a explotar políticamente. Le echaron en cara el hecho de que ella hubiera tenido oportunidades de estudiar y por ahí vino el discurso político de que ojalá todos los jóvenes de esa edad pudieran tener acceso a la educación y blablabla... La chica tuvo que salir a pedir disculpas, aunque era claro para todos los que piensan con cabeza fría que ella no había hecho nada malo.




Mucho  de esto viene de la facilidad que nos dan las redes sociales de ser  protagonistas, de tener nuestros 15 minutos de fama. Solo hace falta  colgar una foto mal tomada en Instagram o responder cualquier bestilidad  ante alguien comentando un asunto político,  aunque no sepamos absolutamente nada, y ya nos sentiremos  protegidos por el derecho a la libertad de expresión para salir con cualquier barbaridad. Lo que muchos no entienden del  derecho a la libertad de opinión es que en tiempos de redes sociales y mensajería instantánea se está abusando de él.

Si  una parte de la responsabilidad la tenemos nosotros mismos, que parece  que no supiéramos comportarnos en estos entornos, la otra parte la tienen las propias  plataformas cuando buscan maximizar el tiempo que pasamos usando sus  servicios, lo cual se monetiza en un discurso comercial que le llevan a sus clientes. El episodio Smithereens de la quinta temporada de Black Mirror lo expone muy bien cuando el creador de una red social se arrepiente de haber creado una aplicación tan adictiva, que puede poner en riesgo la vida de alguien (vídeo abajo). En el episodio en cuestión, su protagonista había acabado con su vida cuando su novia murió en un accidente causado por una notificación, mientras este se encontraba al volante.


En  cuestión de una década pasamos de creer de forma positiva en las redes  sociales, cuando nos mostraron gobiernos en oriente medio cayendo  gracias a la participación activa de la sociedad civil y a la victoria  de Barack Obama en Estados Unidos, a vivir una batalla campal en la que  cualquier discusión pacífica parece no ser posible. Hoy hay más gente  comentando con rabia, que con ideas, pero todos nos quedamos tranquilos porque hay Likes para todos. Qué lejos están los tiempos en que  las personas entraban a Twitter a decir lo que estaban haciendo, y a  Facebook, a subir fotos del fin de semana anterior. El afán por hacernos  pasar más tiempo en estas plataformas, y monetizar este tiempo nos ha  traído hasta aquí. ¿Y ahora qué?

Cuando desinstalé Facebook de mi celular ya hace más de 2 años, debo reconocer que el ambiente era menos tóxico de lo que es hoy. Aunque sigo teniendo una cuenta, a la que acceso desde el computador o para usar Messenger, comencé a advertir de lo poco saludable que era aquel ambiente desde las últimas elecciones presidenciales en Brasil. Era pelea tras pelea entre amigos y familiares. Amistades perdidas ante la incapacidad de muchos por no reconocer que teníamos al frente a un interlocutor válido que pensaba diferente, usando falacias, mentiras y exageraciones para minimizar las ideas del otro, que veíamos como un enemigo con el que había que acabar.

Cuando digo que Twitter era mejor cuando las personas entraban a decir lo que estaban haciendo, me refiero a que estas discusiones políticas banales no existían. Los memes eran memes y no involucraban política. Las noticias provenían de medios de comunicación dedicados a investigar. Entrábamos a Facebook a ver fotos o a escribir en el muro de nuestros amigos. Eventualmente este espacio fue descubierto por una clase política que lo empezó a explotar, inicialmente creando sus páginas, compartiendo contenido, en la época en la que no hacía falta pagar anuncios para llegar a más gente. 


Lo que vino de ahí en adelante fue la normalización del abuso. Un día abres una cuenta para representar a un político para que desde allí publique todas las novedades de su gestión, y al otro día estás creando grupos de WhatsApp con miles de miembros en los que se divulgan noticias falsas que después se acaban usando para decidir una elección. Ya está en la hora de que estas plataformas separen su crecimiento de usuarios e ingresos del juego democrático al que tanto daño le han hecho.

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