02/2020 | Blog personal de Daniel Afanador - mirincon.co

23 de febrero de 2020

Entre el abuso y la tolerancia


En 2018 fueron 24 libros. En 2019 fueron 25. Antes no llevaba la cuenta de cuánto había leído en 1 año, pero sí sabía que pasaba mucho tiempo en redes sociales, especialmente Facebook. Hoy todavía paso buena parte de mi tiempo en Twitter y YouTube, y subo fotos a Instagram, pero hoy soy menos dependiente que en ese entonces y eso es un gran avance.

Los motivos por los que me alejé de Facebook los expliqué en otros posts en su momento, pero aunque hoy sigo siendo usuario activo, no se compara el tiempo que pasaba de 2017 para atrás con lo que paso hoy. Me alejé básicamente porque yo mismo me di cuenta de que el tiempo que pasaba allí adentro no era normal. Facebook, al ser practicamente una Internet paralela de la que no hace falta salir, comenzó a absorver gran parte del tiempo que pasaba al frente del celular, y todo esto era posible por la dopamina que se libera en nuestro cuerpo cada vez que vemos una notificación nueva o en que bajamos en el Feed de noticias sin nunca encontrar un final. Se trata del mismo efecto sobre el cerebro de apostar, fumar o drogarse: es placer sin hacer el mayor esfuerzo.

En paralelo a todo eso, comencé a ser más consciente de cómo gastaba mi tiempo. Si bien desde pequeño leía libros, nunca me interesó cuántos leyera en 1 año. Durante el colegio y la universidad me acompañaban textos que tenía que leer porque sí. Mientras tanto, también leía blogs, foros y noticias. O cuando llegaba a un consultorio médico, tomaba cualquier revista que tuviera en frente y me ponía a leerla. 

Hace casi 10 años, llegaron los celulares de forma masiva, y comenzamos a pasar más y más tiempo con ellos de una forma quizás muy inocente, pues al cabo de unos años nos vemos a nosotros mismos pasando horas y horas que antes dedicábamos a otras cosas. Y cuando se apaga la pantalla nos vemos a nosotros mismos sin hacer nada. De ahí que el nombre de la serie Black Mirror haga referencia a un espejo negro, que no es nada más que nuestro reflejo en el celular, nuestra relación con la tecnología.