Sociedad

Humanos vs. algoritmos

Esta década será recordada como el momento en el que comenzamos a ver los primeros conflictos entre seres humanos e inteligencia artificial. No tan lejos de aquí, debe haber una lucha a muerte entre un taxista y un conductor de Uber. En realidad este es apenas el síntoma de algo mucho más complejo, como lo es cuando ponemos frente a frente a un robot que puede trabajar infinitas horas sin cobrar por un salario, frente a alguien que cobra dinero por ejercer algún oficio. Ya hablamos de ese tema aquí antes, más exactamente del caso Uber y de lo podríamos llamar trabajo esclavo, por lo que no pienso entrar en detalle. Apenas quería hacer una introducción a algo que vamos a empezar a ver cada vez con más frecuencia, y es la permanente disputa por la mano de obra entre seres humanos e inteligencia artificial.

Seguramente les ha pasado que entran a Facebook y ven un anuncio que más que interesarles los acabe asustando. ¿Cómo es posible que busquemos en Google una chaqueta roja y 30 segundos después estemos viendo anuncios en Facebook sobre ese mismo producto? Podría ser incluso peor y que de un momento a otro, sin siquiera mencionarlo con nadie, empecemos a ver publicidad sobre destinos que pretendemos visitar. ¿Habrá un micrófono en nuestro computador?

Lo cierto es que Facebook utiliza algoritmos para organizar la información que consumimos. Lo hace también en Instagram y en los anuncios que nos llegan todo el tiempo. De ahí que sepan hasta lo que hacemos afuera de Facebook. La lógica que se esconde detrás de todo esto es que el anuncio llegue a la persona perfecta en el momento perfecto, y hay, además de nuestros datos, varias herramientas de rastreamiento que lo hacen posible (Pixel en Facebook y Tags en Google). Lograron que lo que la TV, la radio y la prensa no podían hacer: determinar si una persona había sido alcanzada o no por un mensaje (suenan aplausos).

Nuestro día a día contado por algoritmos


Si vamos a más servicios que se están convirtiendo en parte de nuestro día a día, vamos a encontrar que Netflix tiene su propio algoritmo para recomendarnos series/películas, o que Spotify nos crea una lista personalizada de forma semanal basada en lo que hayamos escuchado antes. Todo esto pretende quitar al ser humano de la ecuación. Los libros no los compramos porque leímos una reseña en un periódico, sino porque Amazon nos los recomendó basado en otros libros que compramos antes. Y Airbnb nos recomienda destinos basado en búsquedas de lugares por los que hayamos mostrado interés. ¿Para qué pensar si una máquina puede hacerlo por nosotros?

Hace unos días Elon Musk — fundador de Tesla y SpaceX — anunció que quería conectar nuestra mente con computadores. Y aunque parezca un paso que nos acerque más a ese eliminar al ser humano de la ecuación, en realidad Musk mostró su preocupación de que los humanos en algún momento acaben siendo insignificantes al lado un ser con inteligencia artificial. Hacer esta conexión sería, más bien, para potenciar las capacidades de un ser humano, como cuando le damos más memoria a un computador para que ejecute más tareas.

Y es que en tiempos en los que hay robots quitándoles los trabajos a personas que siempre se dedicaron a hacer una sola cosa en la vida, no es que haya muchas alternativas. La máquina del vídeo de abajo, que recoge cosechas completas y reemplaza a 20+ campesinos, o las máquinas que ensamblan productos de tecnología son desde un punto de vista laboral algo incluso peor que una empresa subcontratando toda su mano de obra en el sudeste asiático (cc @Nike, @Apple y compañía).



Bajo este escenario por lo menos había mano de obra esclava compuesta de seres humanos, que al final no es bueno tampoco. Al final, ¿qué van a hacer con sus vidas estas personas que cobraban menos de un dólar por día cuando sean reemplazados por máquinas? Van a morirse de inanición al igual que los conductores de Uber cuando los carros se empiecen a conducir solos como en el vídeo de abajo.



Y el gran problema de todo esto es que estamos hablando de empresas que quieren recortar gastos y maximizar los beneficios de sus accionistas. ¿A cambio de qué? De eliminar trabajos de personas que podrían fácilmente ganar un salario y mover la economía. ¿Qué pasará con la economía cuando hayamos eliminado todos los trabajos que podíamos eliminar y los reemplacemos con máquinas? ¿Quién va a comprar los productos que las máquinas ensamblen?

Esa es una gran pregunta y podríamos decir que el futuro de la humanidad depende de su respuesta, pues en la medida en que haya más máquinas, habrá menos personas trabajando, y las oportunidades de trabajo que se van a ir creando lo harán en menores proporciones, a menor velocidad y se requerirán habilidades específicas para las que la mayoría de la población no va a estar preparada para adquirir.

¿Qué va a pasar con las personas de 45 años para arriba que no nacieron con un computador debajo del brazo cuando la empresa para la que trabajan decida prescindir de sus servicios porque un software es más eficiente? Pasará que se van a atrasar con sus deudas, la mensualidad del colegio de los hijos y dejarán de contribuir con la seguridad social e impuestos. Es el escenario perfecto para que por enésima vez estalle una burbuja.

Y, una vez más, no habremos aprendido la lección. ¿Momento de una renta básica universal?

Nuestra relación con la tecnología, ¿qué cambiará?


Alrededor de nuestra relación con la tecnología y las preocupaciones que se irán levantando cada vez más alrededor de temas como el trabajo y la privacidad, tengo tres pronósticos de algo que va a pasar en los próximos 5 años.

El primero es que todos los usuarios conectados a Internet nos empezaremos a preocupar cada vez más por dónde pasan nuestros datos. Hoy asumimos como normal que empresas como Google o Facebook nos presten servicios de forma gratuita a cambio de información demográfica y datos de navegación que nos pertenecen a pesar de lo que digan los términos y condiciones. Al final, es información valiosa para los anunciantes, que son los que pagan el funcionamiento de los servidores y el salario de los ingenieros que hacen todo esto posible.

Pero así como la preocupación por la privacidad, irán surgiendo otras preocupaciones del tipo qué diablos estoy haciendo con mi tiempo. ¿Por qué pasamos tanto conectados a Facebook, cuando podríamos hacer cosas más importantes en nuestras vidas?

Y estas dos cuestiones – privacidad y tiempo libre – hará con que comencemos a utilizar otros servicios que hagan anónimos nuestros datos y en los que perdamos menos tiempo. El crecimiento en el uso de DuckDuckGo como motor de búsqueda es un ejemplo de ello, así como la adopción de bloqueadores de publicidad en computadores de escritorio. Ambos son resultado de usuarios que levantaron serias cuestiones sobre nuestra información personal. Hoy la mayoría de mis búsquedas desde el computador de escritorio que tengo en casa pasan por DuckDuckGo y con frecuencia tengo activado un bloqueador de publicidad. Y quiénes dependen de la publicidad tendrán que buscar soluciones para minimizar el impacto.


Empezaremos a ver más y más personas desinstalando Facebook del celular y conectándose apenas desde computadores de escritorio, a pesar de que sus cuentas continúen existiendo. Esto dará una nueva oportunidad a servicios que dependen menos de nuestros datos y que ofrecen contenidos un 200% más relevantes que los que hay en Facebook. Hablo de Twitter y Quora, entre otros, que responden a la cuestión de disminuir nuestra huella digital, y a entregar contenidos realmente relevantes.

El segundo pronóstico tiene que ver con la reacción de los grandes medios de comunicación y su relación con los anunciantes. Los anunciantes entenderán que número de visitas o page views no son métricas relevantes y, empezarán a exigir resultados más medibles al respecto de la calidad de los usuarios que visitan esos sitios, así como recordación de marca o acciones de respuesta directas (compras o leads generados por los anuncios). Cuando esto suceda, las notas publicadas por grandes medios periodísticos relacionadas con títulos carnada, clickbait y noticias basadas en memes u otros hechos banales irán cayendo en desuso. Todo esto será un buen momento para el renacer del periodismo, que tendrá que traer de nuevo la investigación al primer plano para ganar lectores por los contenidos.

Y el tercer pronóstico será una consecuencia de los dos primeros es que la economía se va a desacelerar, si es que no estalla una burbuja. Nuestros datos y el tráfico web han sido explotados de una forma tal, que en los últimos 10 años nacieron empresas que crearon grandes imperios porque ni había regulaciones ni los usuarios estaban tan conscientes de lo que estaba pasando. Hasta ahora estábamos aprendiendo a usar nuestro primer smartphone cuando ya teníamos una decena de empresas detrás almacenando nuestros datos. Pero ahora que estamos un poco más alfabetizados alrededor de estos temas, es de esperar que los propios usuarios y las entidades reguladoras pongan un control que se lo ponga más difícil a todas estas empresas. ¿Se imaginan si le prohibieran a Facebook utilizar los datos de sus usuarios para entregar anuncios? Pagaría con mis datos para ver eso.

De ahí que esto pueda ser causal de una desaceleración de la economía, cuando los inversionistas de las mayores empresas de Internet y tecnología se den cuenta de que su árbol de billetes no va a continuar dando los mismos frutos ni que pueden crecer de forma infinita para siempre. Tendrán que plantar un nuevo árbol y quizás no sea tan productivo o demore en dar frutos. Y si a esto le sumamos lo que hablábamos al comienzo de la inteligencia artificial eliminando trabajos, parece que los tiempos que se vienen no serán los mejores.

Imagen: Caffeinatrix

Daniel Afanador

Daniel Afanador — Nacido en la Colombia de los años 90 y viviendo actualmente en Brasil. Este blog lo empecé en el año 2008 cuando estaba en el primer semestre de periodismo en la universidad. Hablo español, inglés, portugués, francés y un poco de alemán. Ideológicamente de izquierda, marxista y anarquista. Hincha de Millonarios de Bogotá, colecciono camisetas de fútbol, escucho punk-rock melódico y hardcore. Mi comida favorita es la pizza. Comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana y MSc en Comunicación y Prácticas de Consumo por la ESPM/SP. Me encuentran en Instagram como @daniel_afanador o en Bluesky como danielafanador.co. Paré de usar X/Twitter cuando lo compró en Elon Musk.

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