25 de mayo de 2016

La última burbuja


Recientemente he participado de varios espacios de emprendimiento en Sao Paulo. Hace unas semanas fui a un happy hour organizado por Startup Inn, en un lugar al que llamaron como La República de los Emprendedores. En portugués el concepto de república es utilizado para referirse a lugares tipo residencia universitaria. Startup Inn era una república creada por el fundador de CVdoo, un servicio para generar un currículo en formato vídeo y conectar a reclutadores con candidatos. En esta república no necesariamente vivirían estudiantes de universidad, sino emprendedores que estuvieran desarrollando una idea de negocio. ¿Qué tendría de ventajoso este lugar? Que funcionaría como un espacio de coworking y además de coliving: en el día la persona trabaja con otros emprendedores, y en el resto del tiempo convive con ellos.

La última semana conocí un lugar llamado Cubo, financiado por el Banco Itaú y por Redpoint Ventures. Cubo era otro espacio de Coworking para Startups ubicado en la zona sur de Sao Paulo, y donde hay eventos de tecnología todo el tiempo. Yo fui a uno sobre Internet de las cosas organizado por MasterTech, una empresa que ofrece educación en temas de tecnología, software, hardware, marketing digital y otras cosas. El evento al que fui era realmente una clase de introducción a Arduino, y mostraban cosas bien básicas sobre cómo funciona una placa y otros conceptos de electrónica, que en últimas son los conceptos más básicos para entender el Internet de las cosas: cosas de la casa conectadas a Internet.

En estos eventos he estado en contacto con gente que tiene una idea y apenas la está validando, otros que ya tienen un prototipo o los que apenas quieren aprender y conocer gente. Hay de todo, desde profesionales en cualquier campo, hasta padres llevando a sus hijos curiosos. Lo que he empezado a ver en estos encuentros, es la expansión global de la cultura emprendedora.

Si bien el emprendimiento es tan antiguo como el propio capitalismo, podemos hablar de una era diferente desde que existen computadores, Internet y fabricación en escala de dispositivos electrónicos. Estoy hablando de los últimos 40 años. Mas en la medida en la que la tecnología se mueve más rápido cada vez, percibimos estos cambios también de forma más rápida. Por eso que hace 20 años apenas hubiera Internet, hace 10 teníamos versiones beta de YouTube y Twitter, y hace 5 las personas utilizaban BlackBerry.

Junto con estas irrupciones tecnológicas, también estamos siendo irrumpidos por la cultura emprendedora, por lo que cada vez va a ser más común encontrar personas interesadas en tecnología, emprendimiento, creación de empresas de Internet y esas cosas. Internet está haciendo eso posible y por eso es algo imparable.

Dicho esto, el surgimiento de Uber, Airbnb y, en su momento, algo tan debatible como la descarga de música por Internet, no son producto de unos desadaptados que quieren ir en contra de la ley. Si bien son temas con grande impacto social (personas quedándose sin trabajo o el Estado dejando de recaudar dinero en impuestos), quiero hacer énfasis en que estamos hablando de cambios culturales tan grandes, como en su momento el nacimiento del cine, el teléfono o la televisión.

Hace unos días, Gary Vainerchuck publicó un post en el que, en resumen, sugería que Uber y Airbnb no habrían sido posibles si hubieran seguido al pie de la letra las reglas como existen hoy. Obviamente nadie los iba a dejar. Ni a los gremios y sindicatos de taxistas ni a las casas automotrices les interesaría que esto fuese posible. En últimas, tuvieron varias décadas para que sus servicios evolucionaran, y solo se quedaron cruzados de brazos esperando a que algo extraordinario pasara. Ahora están pagando las consecuencias de que, con leyes o no, es el cliente final el que decide.

Hablo mucho en este blog de Uber y Airbnb porque son los ejemplos más simples para ilustrar algo que está pasando con todas industrias, como ya hablamos antes de cómo está pasando lo mismo con los servicios financieros y la prensa escrita. Un punto para destacar de todas estas irrupciones es que si han sido posibles en algunos sectores de la economía es porque estamos solucionando problemas, utilizando la tecnología. Y aquí surge un dilema: startups de verdad o startups de mentira.

Con Startups de verdad me refiero a empresas que evidentemente están solucionando problemas que tienen las personas o, si no, que ofrecen un valor agregado a algo que alguien más ya hacía antes. De este tipo de empresas es de las que he hablado recientemente en este blog como Nubank con el caso de los bancos o Amazon vendiendo libros.

Las startups de mentira, por otro lado, serían las que ni tienen una idea novedosa, ni pretenden solucionar un problema real, ni tienen un modelo de negocio y nadie sabe cómo ganan dinero, y aun así reciben inversiones por varios millones. Esta de tampones femeninos inteligentes sería un ejemplo de un producto innecesario. Al respecto, The Next Web dijo que deberíamos dejar de tomarnos tan en serio la afirmación de que ya "hay una aplicación para eso", y sugiriendo que el acceso de estos productos no debería costar más dinero, como acontecía con el caso de los tampones, sino menos.

Hay varias de estas dentro de lo que llaman como "unicornios", empresas avaluadas en más de 1 billón de dólares. Al día de hoy, por ejemplo, no entiendo cómo Snapchat gana dinero. Y puede que vendan anuncios (https://www.snapchat.com/ads), lo utilicen muchas personas, que sea user friendly y que las personas pasen mucho tiempo allí dentro. No obstante, lo que me deja pensando es si en algún momento van a recuperar en dinero líquido los $16 billones que hay allí invertidos. No creo que a sus inversionistas les interese funcionar durante mucho tiempo con números en rojo.

WhatsApp quizás sea un ejemplo utilizado para decir que estoy equivocado. Nadie sabe cómo WhatsApp gana dinero. Al menos hasta hace unos años cobraban una anualidad de $1 dólar, por lo que tenía sentido que la empresa al menos tuviera dinero para pagar las cuentas. Hoy, en cambio, con cerca de 1 billón de usuarios, no hay dinero entrando a WhatsApp por parte de clientes o anunciantes. Si bien Facebook es dueño de WhatsApp, las dos empresas operan de forma separada. Yo me inclino a pensar en todo lo mencionado en este post en Quora de que Facebook compró WhatsApp para que, entre otras cosas, Messenger no tuviera competencia y tomar elementos suyos para implementarlos gradualmente en su servicio, mientras la mensajería instantánea continuaba evolucionando de forma natural. 

Dejando a un lado WhatsApp y un par de empresas más, siendo realistas, el 99.9% no conseguirá un millón de usuarios y mucho menos los podrá monetizar. Que yo sepa, los inversionistas querrán en algún momento recuperar su dinero, y no veo que todas las Startups que surgen todos los días lo vayan a lograr. Veo más bien que no dentro de mucho habrá una nueva burbuja como la del final de los 90 con el punto com.


Lo que pasó a finales de los 90 fue que, al igual que hoy, muchas empresas de tecnología salieron a cotizar en la bolsa. El problema era que se trataba de empresas que, en la mayoría de los casos, no generaban ingresos. Eran promesas de un valor que nunca llegó. Aunque nunca salió a la bolsa, un ejemplo de esto podría ser Napster, que en tiempo record consiguió 70 millones de usuarios (mucho más rápido que Google y Facebook). Más adelante se constituiría legalmente como Napster Inc. y contrataría empleados, antes de quebrar por sus líos legales con la industria discográfica. Napster permitía que usuarios conectados a la aplicación desde un computador de escritorio compartieran archivos de música sin depender de un servidor central. No entiendo cómo un inversionista pondría dinero en un negocio tan arriesgado como ese. Sin embargo, algo así fue lo que pasó con cientos de empresas que empezaron a vender acciones en los finales de los 90 antes de que la burbuja estallara en el año 2000.

Mencioné al comienzo que, si bien el emprendimiento es tan antiguo como el capitalismo, los últimos 40 años han marcado su propia era. Esa era que comienza con los computadores personales y el acesso a Internet se divide en más suberas: 
  1. Computadores para uso corporativo; 
  2. Computadores personales;
  3. Internet y primeras comunidades en línea;
  4. Popularización de los navegadores;
  5. La burbuja del punto com;
  6. Primeras redes sociales;
  7. Nacimiento del iPhone y popularización de los smartphones;
  8. Ahora.
Me atrevería a decir que al final del momento 8, no sabemos cuándo, veremos algo parecido al punto 5.De tanto dinero que hay circulando en empresas que no venden un lápiz y valen varios millones de dólares, no falta mucho tiempo para que explote una bomba de tiempo y cause un escenario de desconfianza como los que vimos a comienzos de este siglo o en la crisis hipotecaria de 2008. ¿Cómo percibiremos esto los que no estamos involucrados de lleno en esto? Es probable que un par de empresas de renombre vayan a la quiebra, que comencemos a ver menos aplicaciones y servicios como hemos visto durante los últimos 6 años, y que empecemos a ver más empresas que resuelvan problemas locales y que sí generen ventas tangibles. Para entonces habremos creado las condiciones para empezar una nueva burbuja. Nunca aprenderemos.

Imagen: Spirit Fire

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