Habíamos llegado el día anterior a Brasilia y ahora estábamos esperando el segundo juego de la Selección Colombia por la fase de grupos del mundial ante Costa de Marfil, después de haber ganado el primer juego frente a Grecia. Aunque yo ya había estado en el mundial de Alemania 2006, esta iba a ser la primera vez en que iba a ir a un partido de un mundial, así que mi emoción era la misma de los miles de colombianos que habían invadido la capital de Brasil durante esa semana. Ese día el diario Correio Braziliense de Brasilia publicaba en primera página: a capital da Colômbia é aqui.
Y de hecho sí parecía la capital. Antes de tomar el bus que nos llevara al estadio por la mañana, paramos en una panadería y nos llevamos la sorpresa de que había al menos 15 colombianos más desayunando en ese lugar. Ninguno se había puesto de acuerdo. Por el contrario, nos habíamos acabado de conocer. De ahí en adelante, cuadra tras cuadra estaría llena de colombianos con camisetas amarillas, banderas y sombreros. Ya donde está el estadio, en diagonal la torre de televisión parecía estar sostenida sobre una superficie amarilla. Eran ríos de gente acercándose para entrar al estadio, mientras que los africanos y otros pocos curiosos de otras nacionalidades apenas se pudieron ver tras haber iniciado el juego dentro del escenario.
La entrada al estadio era tranquila. Había 2 anillos de seguridad a los que se ingresaba solo mostrando la boleta, y uno tercero en el que un lector digital verificaba si el ingreso era original. Si resultaba falso, su portador podía ser capturado como sucedió con no pocos extranjeros a lo largo del torneo. Sin embargo, aunque las entradas tuvieran impreso el nombre de su portador, fue algo a lo que los organizadores del evento nunca le prestaron atención, lo que seguramente incentivó la reventa: ingresos de $200 USD vendiéndose en $1.000 dólares, se escuchaba a las afueras del estadio.
90 minutos después, Colombia había marcado 2 goles y se clasificaba después de 24 años a octavos de final de una Copa del Mundo a los ojos de un estadio lleno y una audiencia de televisión que en sus picos más altos ha llegado a ser de 3 mil millones de personas. Después de ese día seguramente no se iban a reunir tantos colombianos en un mismo lugar por fuera de su país: el siguiente partido era en Cuiabá, a más de 1.000 kilómetros de distancia.
Escribo este post la noche anterior al partido más importante de la historia de la Selección Colombia frente a Brasil por cuartos de final de una Copa del Mundo. Fue un gusto haber seguido a este equipo desde el primer partido contra Bolivia por televisión, y seguir de cerca su mejor participación hasta ahora. Pasarán por lo menos otros 4 años antes de repetir esta hazaña.
Daniel AfanadorDaniel Afanador — Nacido en la Colombia de los años 90 y viviendo actualmente en Brasil. Este blog lo empecé en el año 2008 cuando estaba en el primer semestre de periodismo en la universidad. Hablo español, inglés, portugués, francés y un poco de alemán. Ideológicamente de izquierda, marxista y anarquista. Hincha de Millonarios de Bogotá, colecciono camisetas de fútbol, escucho punk-rock melódico y hardcore. Mi comida favorita es la pizza. Comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana y MSc en Comunicación y Prácticas de Consumo por la ESPM/SP. Me encuentran en Instagram como @daniel_afanador o en Bluesky como danielafanador.co. Paré de usar X/Twitter cuando lo compró en Elon Musk.
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Gracias, Darw. Espero que haya sido útil la info de compras en Amazon. Un abrazo!