Por el mismo camino nos vamos a quedar atascados en el ámbito tecnológico, creativo y de la innovación si vamos en contravía de la forma en que evoluciona el mundo.
Para contextualizar, piensen en que hace unos 20 años las empresas que iniciaban operaciones en la región andina abrían su primera oficina en Caracas, no en Bogotá. Hoy ese escenario ha cambiado totalmente por causa de la inestabilidad política de nuestro vecino país. Bogotá —y Medellín en menor medida— es hoy el atractivo de empresas que quieren iniciar operaciones en la región. Los bajos impuestos para empresas extranjeras, la facilidad para abrir una empresa, los bajos salarios, la baja inflación y la ubicación geográfica son, entre otros, los factores por los que Colombia es un país atractivo para hacer negocios.
Habría a esto que sumarle el tema de la seguridad y la percepción que internacionalmente hoy genera Colombia. Ya no somos asociados únicamente con guerra y narcotráfico, sino con otras cosas más positivas que generan confianza inversionista.
Mientras todo eso pasaba, la irrupción tecnológica, el mundo de las Startups y las empresas de tecnología salió de Sillicon Valley y Nueva York y se empezó a tomar el mundo como lo haría un pulpo, empezando por América Latina por ser lo más cercano geográfica y culturalmente (por eso de los hispanos).
Eso empezó a pasar en los últimos 15 años, pero es algo que se está empezando a sentir hoy. Si hace unos años empresas como Google, Facebook, Netflix, Spotify o Apple operaban desde Estados Unidos y delegaban todo lo que hacían en otros países o ni ofrecían sus servicios, hoy no solo han comenzado a abrir oficinas en otros continentes, sino que han llevado a otros territorios esa misma cultura del emprendimiento gracias a la cual surgieron. Hoy la idea de emprender está en cabeza de todo el mundo, y no hay forma de escapar de ello. No necesariamente porque todo el mundo vaya a abrir su propia empresa de tecnología, sino porque muchos de los empleos que se van a generar en los próximos años van a depender de esta área.
Hace unos años yo leía mucho que era necesario aprender a programar, que los mejores empleos se los iban a llevar las personas que supieran escribir código y desarrollar software y aplicaciones. En parte es verdad. No lo es totalmente porque alrededor de todos estos nuevos productos también va a haber gente que los tenga que vender, ofrecer soporte o llevar a otros idiomas para que los use más gente. Por supuesto, los mejores salarios se los llevan los desarrolladores, mas no hay que mirar desde el hombro a todos los demás engranajes que hacen que la máquina funcione.
Evidentemente todo esto está dando la posibilidad de que se desarrolle una nueva economía desde la que se generan millones de empleos. Si alguien quiere buscar un trabajo hoy, tiene que mirar en esta dirección y aprender a moverse desde adentro. No pasa nada no hacerlo, pero van a abrirse menos puertas si uno se queda por fuera.
Los casos que mencioné arriba de Uber, PayPal y el Crowdfunding se cuentan con los dedos de la mano, sí. Sin embargo, al tratarse de empresas muy grandes las involucradas, tienen el poder de espantar a quien quiera iniciar operaciones en Colombia. No estamos hablando de abrir una tienda en la esquina de un barrio popular, sino en muchos casos de inversiones de varios millones de dólares que fácilmente se podrían trasladar a Panamá, Ecuador o Perú, donde puede ser que haya menos burocracia.
Daniel AfanadorDaniel Afanador — Nacido en la Colombia de los años 90 y viviendo actualmente en Brasil. Este blog lo empecé en el año 2008 cuando estaba en el primer semestre de periodismo en la universidad. Hablo español, inglés, portugués, francés y un poco de alemán. Ideológicamente de izquierda, marxista y anarquista. Hincha de Millonarios de Bogotá, colecciono camisetas de fútbol, escucho punk-rock melódico y hardcore. Mi comida favorita es la pizza. Comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana y MSc en Comunicación y Prácticas de Consumo por la ESPM/SP. Me encuentran en Instagram como @daniel_afanador o en Bluesky como danielafanador.co. Paré de usar X/Twitter cuando lo compró en Elon Musk.