mirincon.co - Blog Personal de Daniel Afanador

23 de febrero de 2020

Entre el abuso y la tolerancia


En 2018 fueron 24 libros. En 2019 fueron 25. Antes no llevaba la cuenta de cuánto había leído en 1 año, pero sí sabía que pasaba mucho tiempo en redes sociales, especialmente Facebook. Hoy todavía paso buena parte de mi tiempo en Twitter y YouTube, y subo fotos a Instagram, pero hoy soy menos dependiente que en ese entonces y eso es un gran avance.

Los motivos por los que me alejé de Facebook los expliqué en otros posts en su momento, pero aunque hoy sigo siendo usuario activo, no se compara el tiempo que pasaba de 2017 para atrás con lo que paso hoy. Me alejé básicamente porque yo mismo me di cuenta de que el tiempo que pasaba allí adentro no era normal. Facebook, al ser practicamente una Internet paralela de la que no hace falta salir, comenzó a absorver gran parte del tiempo que pasaba al frente del celular, y todo esto era posible por la dopamina que se libera en nuestro cuerpo cada vez que vemos una notificación nueva o en que bajamos en el Feed de noticias sin nunca encontrar un final. Se trata del mismo efecto sobre el cerebro de apostar, fumar o drogarse: es placer sin hacer el mayor esfuerzo.

En paralelo a todo eso, comencé a ser más consciente de cómo gastaba mi tiempo. Si bien desde pequeño leía libros, nunca me interesó cuántos leyera en 1 año. Durante el colegio y la universidad me acompañaban textos que tenía que leer porque sí. Mientras tanto, también leía blogs, foros y noticias. O cuando llegaba a un consultorio médico, tomaba cualquier revista que tuviera en frente y me ponía a leerla. 

Hace casi 10 años, llegaron los celulares de forma masiva, y comenzamos a pasar más y más tiempo con ellos de una forma quizás muy inocente, pues al cabo de unos años nos vemos a nosotros mismos pasando horas y horas que antes dedicábamos a otras cosas. Y cuando se apaga la pantalla nos vemos a nosotros mismos sin hacer nada. De ahí que el nombre de la serie Black Mirror haga referencia a un espejo negro, que no es nada más que nuestro reflejo en el celular, nuestra relación con la tecnología.

De vuelta a lo análogo: el trabajo




Debemos reconocer que no podemos vivir sin la tecnología, así como tampoco podemos vivir sin el consumo. Necesitamos tecnología y necesitamos consumir bienes, productos y servicios, por más que vivamos en medio de la nada. Necesitamos ropa, un lugar donde dormir, divertirnos y acceder a cosas básicas como luz, agua o electricidad. Aunque queramos vivir lejos de todo, vamos a necesitar llegar allá de alguna forma, y lo más seguro es que no sea caminando.

El problema, más allá de que seamos seres vivientes en una sociedad de consumo, está en la línea que separa la tolerancia del abuso. Somos consumidores y necesitamos sí o sí de unas cosas mínimas. Algunos optamos más por una, que de otra cosa, y otros infelizmente acaban abusando.

Quisiera hablar del abuso relacionado con el lado opuesto del consumo: el trabajo. Todos necesitamos trabajar. Vendemos nuestro tiempo a cambio de dinero que necesitamos para comprar cosas. Hay quienes, por un lado, tienen suerte y trabajan de lunes a viernes 8 horas por día y ganan lo suficiente para vivir en buenas condiciones. Pero por otro lado, hay otros con menos suerte que ni siquiera tienen un trabajo. Buscaron tanto sin encontrar nada, que se resignaron a la calle y a la miseria al no estar lo suficientemente cualificados. En medio de estos extremos están los que trabajan para alguien que abusa de ellos.

Hoy, a pesar de que la esclavitud está "prohibida", sabemos que hay niños trabajando en fábricas en sudeste asiático. Sabemos de inmigrantes que van ilegalmente a Europa o Estados Unidos a trabajar en pésimas condiciones por salarios por debajo del mínimo. Sabemos las condiciones bajo las cuales se fabrica un iPhone. Esas condiciones han llevado al suicidio de trabajadores de Foxconn, fabricante de Apple. Las tasas de suicidio eran tan altas en 2010, que solo lograron reducirlas instalando mallas para que nadie de botara desde los edificios. Tampoco nos olvidemos de los 300 trabajadores textiles que murieron en un incendio en una fábrica de ropa en Bangladesh en 2012

Todos estos casos son de gente que trabajaba porque le tocaba. Nadie en su sano juicio escogería trabajar en condiciones de esclavitud moderna. Pero ni siquiera tenemos que ir tan lejos para llegar a estos extremos. Es solo pedir un Uber o pedir algo en Rappi, para que llegue alguien que trabaja en eso porque le toca. En São Paulo hay un hombre en silla de ruedas como entregador de UberEats, cerca del 1% de los entregadores de iFood en Brasil tiene alguna deficiencia e inclusive un entregador de Rappi llegó a morir tras esperar 2 horas por un pedido de ayuda.

El abuso de estas plataformas funciona de forma pscológica. Si por un lado todas estas plataformas están avaluadas por varios miles de millones de dólares y son llamadas cariñosamente de unicornios por todo lo que valen, lo cierto es que todas delegan la parte más sensible de su operación a contratistas autónomos y mal pagados que no tienen ninguna motivación de trabajar para ellos. Al final, no tienen ningún vínculo laboral con la empresa. Deberíamos hasta tener cuidado con las palabras que utilizamos para que quede claro que son trabajadores independientes (al menos las personas que aparecen en el sitio web de Rappi parecen ser felices).

“As we aim to reduce Driver incentives to improve our financial performance, we expect Driver dissatisfaction will generally increase.”
["Mientras buscamos reducir los incentivos de los conductores para mejorar nuestros resultados financieros, experamos que su satisfacción disminuya."]
Gente que trabaja porque le toca y las empresas para las que trabajan pensando en cómo mejorar sus resultados financieros a costa de ellos, ni siquiera gracias a ellos.

Derechos laborales: trabajador vs. empresa




En un mundo civilizado, un empleado tiene derecho a salud, pensión, vacaciones, un límite de horas de trabajo por semana, descanso, entre otros beneficios. Hay quienes dicen que tener un trabajador es muy caro, y lo usan como justificación para saltarse todos los derechos de un empleado. Agregan que tener una empresa no es fácil. Y nadie está diciendo que lo sea, pero nada puede justificar un mal trato a un trabajador. Y con mal trato nos referimos a daño físico y psicológico.

Cae muy bien aquí la historia de Susan Fowler (vídeo de arriba), una ex ingeniera de Uber en San Francisco, que vivió en primera persona el acoso sexual y abuso laboral por parte de colegas de trabajo e incluso sus propios superiores, sin que la empresa para la que trabajaba moviera un solo dedo. Todo comenzó con mensajes privadas de su propio jefe, haciéndole insinuaciones sexuales, lo cual se repitió varias veces con otras mujeres. Internamente el ambiente de la compañía era tan competitivo, que esto era visto como algo normal. Lo que para muchos era normal, se acabó volviendo un ambiente tóxico que solo salió a la luz el día en que Fowler, ya trabajando para otro compañía, optó por compartir un post en su blog en el que contaba lo que había sido un año muy extraño trabajando para Uber. A comienzos de 2020 (solo hace unos días mientras escribo este post), la historia completa apareció en el libro Whistleblower: My Journey to Silicon Valley and Fight for Justice at Uber, escrito por Fowler.

Este tipo de empresa se jacta de tener ambientes descontraídos, con videojuegos, sin Dress Code, mesas de Ping-Pong, comidas y bebidas gratis, sin horarios de entrada o de salida. La empresa da todo al empleado para que este sienta que está en un lugar increíble para trabajar, pero rara vez este se cuestiona si necesita de una vida por fuera de la oficina. Al final, allí ya lo alimentan, tiene amigos y está ocupado todo el tiempo, que serían los motivos por los que uno se preocuparía por tener una vida por fuera del trabajo.

En Brasil se viralizó entre 2019 y 2020 la historia de los empleados de la Livraria Cultura, una de las librerías más reconocidas en todo el país. Conocido como pacto por la mediocridad, vino después acompañado de un último grito de socorro, se trataba del testimonio en primera persona de los abusos de los que sufrían sin derecho a decir nada: despidos masivos, recortes de salarios, pagos atrasados. En una ocasión, una empleada inconforme porque nadie daba la cara para explicar cómo eran calculados los salarios, envió un email a todos los empleados de la empresa levantando ese cuestionamiento. Al final del día, todos los que habían respondido a ese email habían sido despedidos. Al final, cuentan los relatos de los empleados, eso acabó creando una cultura de miedo en la empresa.

Hay quienes odian a los sindicatos y acusan a los sindicalistas de "acabar con las empresas", pero debemos reconocer que históricamente la relación entre empresas y empleados ha estado tan marcada por abusos como los que menciono en este post, que el sindicato acaba siendo el único lugar al que el trabajador puede acudir para pedir ayuda.
No nos olvidemos que el comunismo se cayó en Polonia gracias a un sindicato...en seguida se cayó en el resto de Europa del Este.

El problema es que un sindicato muchas veces resulta siendo tan corrupto como un partido político, y eso no es que ayude mucho. En ese escenario, con un sindicato totalmente desacreditado, y a merced de sus propios patrones, lo único que nos queda es a nosotros mismos reconocer en qué momento estamos dentro de la normalidad o dentro del abuso.

Quize comenzar este post con una situación de nuestra vida diaria como es el uso de tecnología y redes sociales, para que cada uno sea consciente de si le da un uso normal o exagerado a lo que no debería ser más que una herramienta de comunicación. Podemos aplicar la misma lógica para el trabajo. En tiempos de recesión y bajo crecimiento económico, abundan las oportunidades que se venden como ser tu propio jefe, que al final del día en realidad acabará siendo reemplazada por un algoritmo o por una empresa con todo el potencial para abusar. Con suerte, acabaremos teniendo un trabajo común y corriente en el que nada de esto exista.


17 de noviembre de 2019

Confundiendo al Machine Learning


Machine Learning e Inteligencia Artificial, dos componentes invisibles de nuestra vida diaria. La forma como Facebook organiza todo su contenido para nosotros, o los resultados de búsqueda en Google, cuentas a las que deberíamos seguir en Twitter o la próxima canción que sonará en el modo aleatorio de Spotify. Lo que todo esto tiene en común, y que está cada vez más presente en nuestras vidas, sin que lo notemos, es que las interfaces con las que interactuamos en el día a día, especialmente teléfonos inteligentes y computadores, dependen cada vez menos de nosotros, y más de una inteligencia artificial que no vemos, algoritmos que toman decisiones por nosotros. 

Si vamos un poco más allá, nos encontraremos con asistentes virtuales como Alexa de Amazon o los carros autónomos de Tesla, que pueden funcionar sin que haga falta tocarlos (como en el vídeo de abajo de Otto). Ya lo mencionábamos en un post en el que hablábamos sobre el algoritmo de Uber, en el que dábamos un ejemplo de cómo funciona la inteligencia por detrás de las aplicaciones de transporte privado.
Un algoritmo que debe calcular, por ejemplo, de 20 conductores a menos de 1 Km a la redonda, cuál es el que debe mandar para que me recoja en un viaje que haré de mi casa a un bar a 4 KM de distancia. De hecho, hay miles de conductores registrados en Uber. ¿Por qué la última vez que viajamos nos llegó uno y no otro?, ¿por qué no llegaron dos conductores en vez de uno?
 El algoritmo de UBER, noviembre de 2016

13 de octubre de 2019

Hacia un mundo más auténtico



La remoción de HKmap.live de la App Store de Apple en los últimos días trae una vez más a la discusión el tema de la libertad de información, esta vez no de la mano de un Gobierno, como suele ser en la mayoría de los casos, sino de una de las mayores corporaciones en todo el mundo como lo es Apple, responsable de todos los iPhones conectados a Internet en este momento, un número cercano al 13% de los smartphones, frente al 87% de Android

Que una sola empresa tenga el poder de decidir qué Software pueden o no instalar en sus términales los usuarios es similar a cuando en una dictadura se le ordenaba a la prensa hacer vista gorda a ciertos temas. Estos tiempos ya los creíamos superados, pues desde Internet podemos tener acceso a mil y un versiones de cualquier noticia que los medios de comunicación decidan poner en su agenda.

Cuando tenemos una noticia falsa en frente, es deber nuestro cuestionar sea lo que sea que nos estén contando. Esto fue lo que pasó con un email enviado por Tim Cook (CEO de Apple) a sus empleados, cuando intentó explicar por qué habían sacado la App de HKmap.live de la tienda de aplicaciones. Según Cook, decía el email, la aplicación estaba siendo usada para atacar polícias en las protestas de las últimas semanas en Hong Kong. Lo delicado del asunto era que, como si se tratara de una noticia falsa, no se presentaba una sola prueba o hecho verificable que permitiera demostrar que la decisión de Apple fuera legítima. A propósito, si quieren saber más sobre lo que está pasando en Hong Kong, pueden ver este vídeo que hizo Platzi.



Similar a un castillo de Lego construido con miles de fichas, la cuenta de Pinboard en Twitter escribió todo un hilo demostrando por qué las fichas que daban forma a ese castillo (la versión de los hechos según Apple) no encajaban con la realidad. Entre otras cosas, mientras Apple afirmaba que la aplicación estaba siendo usada para "atacar violentamente a policías", lo cierto era que la aplicación ni siquiera mostraba la ubicación individual de cada policía. 

Y así, ya no como un castillo de Lego, y sí como uno de naipes, toda la estructura se viene al piso, dejando en evidencia que una empresa tan poderosa como Apple puede simplemente redactar un comunicado, empujarlo hacia los medios de comunicación y hacer de cuenta que todo continúa en normalidad.

Este tema es más complejo aún, si tenemos en cuenta que involucra a Gobiernos, corporaciones y activistas políticos, cada uno con su propia agenda política. No olvidemos que detrás de Estados Unidos y Europa, el mercado chino es el tercer mayor para Apple y donde se fabrica la mayoría de sus terminales. Un conflicto entre Apple y el Gobierno Chino, donde manda un Partido Comunista (no muy amigo de los movimientos democráticos), podría desencadenar en decisiones como las que en el pasado han afectado a Facebook o a Twitter, que han sido bloqueados en el país. Una decisión similar para Apple significaría millones de dólares en pérdidas para sus accionistas, no pudiendo fabricar ni vender más en China.

Si bien no hay evidencia de que Apple haya llegado a estar cerca de que todo esto sucediera, lo cierto es que nadie quiere incomodar al Gobierno Chino si muchos de tus negocios están en ese país. Tienes dos opciones: o haces vista gorda y trabajas callado, o te vas. Esto es lo que intentó hacer Tim Cook.

Así funciona el mundo en países donde no hay democracia. Eso lo sabemos desde los años 30 cuando muchas empresas alemanas se beneficiaban en el Gobierno de Hitler mientras disidentes políticos y comunidad judía eran perseguidos.

25 de agosto de 2019

Las redes sociales están rotas

Quizás no lo recordemos, pero en sus inicios para hacer un Retweet en Twitter había todo un trabajo manual en el que nosotros mismos escribíamos un tweet, comenzando con las letras RT, seguido del @ del usuario al que estábamos por citar y finalmente el contenido del tweet. Podríamos decir que le prestábamos un poco más de atención a lo que estábamos escribiendo, a diferencia de lo que hacemos ahora, en que con un solo Retweet podemos llegar potencialmente a todos nuestros seguidores, independiente de si estamos diseminando una noticia falsa u ofendiendo a alguien.

El creador del RT en Twitter, un desarrollador llamado Chris Wetherell, asemeja su creación con entregarle un arma cargada a un niño de 4 años. Así titulaba Alex Kantrowitz de BuzzFeed su entrevista al hombre detrás del Retweet. Y no es para menos. Tras las últimas elecciones en Estados Unidos, Brasil, Brexit en el Reino Unido y el plebiscito por la paz en Colombia, las redes sociales, no solo Twitter, sino Facebook, Instagram, WhatsApp y YouTube pasaron a ser el tema de discusión de una opinión pública cada vez más preocupada por cómo estamos tomando decisiones políticas en la era de las redes sociales.

Hace unas semanas, Netflix lanzó el documental Nada es Privado, del cual abajo pueden ver el trailer. El documental narra el papel desempeñado por Cambridge Analytica en la campaña presidencial en los Estados Unidos, que declara como ganador a Donald Trump y su relación con el Brexit, así como su relación con decenas de procesos electorales alrededor de todo el mundo. Una empresa construida con el fin de mover la aguja a favor del candidato dispuesto a ensuciarse más las manos, divulgando mentiras. Los resultados están ahí afuera. Se trata de nuevos líderes que no son liberales ni consdervadores, sino apologías a todo lo malo que representa la extrema derecha. Y todo esto fue posible con nuestros propios datos.


8 de julio de 2019

El regreso de los torrents: fin a la hegemonía de Netflix

 
Que Alibaba se haya convertido en la empresa minorista más valiosa del mundo, a pesar de que no posee ningún inventario físico; que AIRBNB se haya convertido en el proveedor de servicios de alojamiento más grande del mundo, a pesar de que no es propietaria de ningún inmueble para ofrecer sus servicios; y que UBER se haya convertido en el proveedor de servicios de transporte automotriz más grande del mundo, a pesar de que no es dueño de ningún taxi. 

Autor desconocido

Algo similar a lo arriba descrito lo podríamos aplicar a la industria del entretenimiento con Netflix como contrapeso a la televisión. Netflix, que nace en los años 90 como un servicio para alquilar series y películas por correo en Estados Unidos, se convirtió de la noche a la mañana, en cuestión de pocos años, en la mayor amenaza para la televisión sin producir una sola serie o película.

La primera serie producida por Netflix fue Lilyhammer en el año 2012 (trailer, abajo). Lilyhammer contaba la historia de un Gangster en Nueva York que delataba los socios de su organización a cambio de entrar a un programa de protección de testigos, gracias al cual recibe un cambio de identidad y se va a vivir en una pequeña ciudad en Noruega en medio de la nada y donde nunca pasa nada, llamada Lilyhammer.

Entre 1997 y 2012, fechas de fundación de Netflix y lanzamiento de Lilyhammer, respectivamente, pasaron muchas cosas. Aparecieron los smartphones, aumentó la velocidad de Internet y se popularizaron los servicios de streaming, Netflix entre ellos. Fueron 15 años en los que Blockbuster quebró y que las empresas de Internet usaron a su favor para sacarle ventaja a las industrias más tradicionales, como lo son los canales de televisión.


21 de abril de 2019

La generación de la resistencia


Todos los días abro mi correo y me encuentro con una bandeja de entrada llena de Spam. Promociones de bancos para usar más la tarjeta de crédito, ofertas de tiendas en las que alguna vez compré y Newsletters de empresas que ni siquiera sabía que tenían mi correo. En las redes sociales, el panorama parece no ser muy diferente. Todos nos quieren vender productos que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. Todos quieren nuestro dinero.

Ni siquiera por fuera de Internet estamos a salvo. Encendemos la televisión, y spot tras spot tratarán de convencernos de cómo gastar nuestro dinero. Abrimos las revistas, el periódico o encendemos la radio, y estamos de forma permanente siendo perseguidos. Los únicos lugares seguros parecen ser Netflix y los libros (aunque por ambos tenemos que pagar).

No importa si no tienes dinero. Tu banco te prestará. El celular desde el cual te comunicas también lo compraste. En algún momento te convencieron, y no te diste cuenta de que comprar ese celular o ese computador portátil te iba a hacer "más feliz" (sí, entre comillas). Lo justificaste en el fondo con el argumento de que el anterior ya estaba muy viejo para conservarlo. Caíste en la obsolescencia programada: productos que fallan para que tengas que comprar nuevos. Y el ciclo comienza nuevamente.

24 de febrero de 2019

Flexibilización laboral: el mal del siglo XXI


Si han estado al tanto de las últimas novedades sobre periodismo online, seguramente se hayan enterado del despido masivo de empleados en BuzzFeed. BuzzFeed, que nacía como un medio de comunicación puramente online, no pudo contra Google ni contra Facebook si hablamos de la distribución de los contenidos y de la venta de publicidad.

Recordemos cómo solo hace unos años la mayoría de sitios que visitábamos los encontrábamos navegando en Google. Así llegábamos a blogs, a foros y a portales de noticias. Luego, a mediados de los años 2000, llegaron las redes sociales, Facebook y Twitter, principalmente, y se abrió una plataforma desde la cual se invertía el escenario. Ya no teníamos que buscar el contenido, sino que el contenido venía a nosotros.

Esto lo cambió todo para los medios de comunicación impresos, que durante décadas tuvieron un negocio basado en la logística de entregar periódicos y revistas, además, claro, de la construcción de la información. Con esto vino un gran cambio respecto a cómo nos informábamos, ya no desde medios físicos, sino desde pantallas. De esta forma, el modelo de negocio del periodismo escrito se vino al piso. Y con él, el trabajo de comunicadores que le habían entregado la vida al periodismo. No era solo BuzzFeed. Hace solo unos días la Editorial Televisa cerraba en Colombia y dejaba sin trabajo a 100 periodistas.

Lo venimos viendo hace 10 años, y no se detendrá. Continuaremos viendo industrias desapareciendo o cambiando radicalmente. No son solo los periodistas, sino los transportadores, la industria del turismo (Uber, Cabify, 99), los libreros (Amazon) y hasta las entregas a domicilio (Rappi y iFood).

Entendemos el cambio como algo inevitable, no necesariamente como algo positivo, por más de que con ello vengan oportunidades. Aquí tenemos un iceberg, en el que a lo lejos todos pueden ver la punta, pero en el que nadie sabe qué es todo lo que se esconde debajo de ella.

27 de enero de 2019

Meritocracia: privilegios y obstáculos

Una de las discusiones más candentes en Brasil por estos días no tiene que ver con política. Se trata de la meritocracia. Hay quienes están a favor. Hay quienes están en contra. ¿De qué se trata y a qué viene esta discusión?

Partamos de que Brasil es un país racista, a pesar de que gran parte de la población es de color negro (menos del 50% de la población es blanca). Muchas veces no se trata de un racismo en el que se agreda física o verbalmente al otro, sino de invisibilizar al otro, como si no existiera.

En el día de los padres del año 2018, O Boticário, una marca de cosmética y perfumes, lanzó un comercial haciendo alusión a la familia tradicional brasilera. Un padre, una madre y tres hijos (vídeo abajo). En su momento, hubo quienes no se sintieron representados. Toda la familia era de personas negras, cuando para las personas comunes y corrientes (no racistas) solo eran personas, independiente de su color de piel.

Por algún motivo, de las 10 millones de vistas que acumulaba el vídeo cuando este post fue escrito, 18.000 usuarios dieron un no me gusta. Inclusive, había quienes por escrito manifestaban su inconformidad porque no se mostraba una persona de color blanco en el comercial. Según ellos, había falta de representatividad en la pieza publicitaria, explicaba la revista Exame. A pesar de que todo el resto de la industria audiovisual suele mostrar personas blancas en un mundo perfecto (parecido a Instagram).
 

17 de noviembre de 2018

Instagram: vida, crecimiento y ¿decadencia?


Por increíble que parezca, es el año 2018 y existe Fotolog. Para quienes no lo conocen, Fotolog era junto a Flickr el sitio web adonde las personas subían fotografías desde un computador de escritorio cuando no había Instagram. Aunque no nos debería sorprender si tenemos en cuenta que los dominios de MySpace, Napster y Yahoo! siguen funcionando al día de hoy.

La historia de Internet es una historia de propiedades, como la de Fotolog. Entendamos aquí una propiedad como ese pedazo de Internet que hace posible que un usuario pueda entretenerse o solucionar un problema.

Facebook, por ejemplo, ofrece entretenimiento en el Feed de noticias. Amazon, mientras tanto, resuelve un problema nuestro a cambio de dinero, como lo es el llevar libros y otros productos hasta la puerta de nuestra casa.

De acuerdo con el libro The Four, escrito por Scott Galloway, Amazon es uno de los mayores clientes de la plataforma de anuncios de Google, al tiempo que Google y Amazon son grandes competidores entre sí, por el simple hecho de que tanto Amazon.com como Google.com son el punto de partida de muchas compras hechas por Internet. Por eso Amazon pone dinero en Google, para tener una vitrina donde mostrar sus productos, ya sea en su buscador, en YouTube o en su red de anuncios (Google Display Network).

Y mientras esto pasa, los sistemas operativos móviles de Google y Apple controlan el 99% del mercado de teléfonos inteligentes. Con este nivel de penetración, empresas como Facebook, Uber y Spotify dependen absolutamente de que estos sistemas continúen expandiéndose, pues esto les garantizará un mayor número de usuarios y dominio del mercado. Al final, todos estos servicios y aplicaciones se descargan desde la Google Play Store o desde la AppStore. Si la aplicación de Facebook se diera de baja de una tienda de aplicaciones, el número de descargas se desplomaria y las personas van a continuar con sus vidas, usando otras aplicaciones.

Algo así casi llega a pasar cuando Apple le dio un ultimátum a Uber tras comprobarse que habían estado violando sus políticas de privacidad, al permitir que se rastrearan teléfonos de usuarios que hubieran eliminado la aplicación de su iPhone. En su momento el propio Tim Cook, como CEO de Apple, tuvo que hablar con Travis Kalanick, CEO de Uber, antes de que la aplicación de Uber desapareciera por completo de la tienda de aplicaciones.

Lo que estos ejemplos nos permiten ver es cómo todo el ecosistema está conectado entre sí. Básicamente Google y Apple juntos podrían acabar con Facebook el día en que lo eliminen de su tienda de aplicaciones. O Facebook podría acabar con el trabajo de millones de desarrolladores en el momento en el que les corte cualquier tipo de acceso a su API. ¿Recuerdan Farmville, Tetris y esos juegos sociales que hubo en Facebook hace unos 10 años? De lo que pasó después ya hablamos en otro post, y es que estas empresas se volvieron tan dependientes de Facebook, que un simple cambio en alguna política, como fue en el caso de las notificaciones, podía dar por terminadas estas compañías de desarrollo de videojuegos.

¿Se imaginan si Amazon Web Services dejara de estar disponible en algún momento? Sería catastrófico para la Internet como la conocemos. 

23 de septiembre de 2018

El mundo color de rosa de las Startups


The Social Network, la película de Facebook lanzada en 2010, le hizo daño a la cabeza de muchas personas. No precisamente porque el filme muestre cosas reales o ficticias, sino porque a muchos les dio la idea equivocada de lo que es ser un emprendedor y lo que es una Startup. Es claro que los productores de la película no tienen ninguna responsabilidad sobre cómo alguien interprete su obra, similar a la frase: "yo soy responsable de lo que dije, no de lo que tú entendiste".

En 2010 había muy poca información sobre el naciente ecosistema de las Startups. Android y el iPhone no tenían más de 3 años de vida, nadie sabía lo que eran Uber, Snapchat o LinkedIn, y todos usábamos Twitter desde un computador de escritorio. Pero algo estaba pasando. La tecnología estaba cambiando nuestras vidas. 

The Social Network fue la primera gran historia en ser contada en la pantalla grande sobre cómo la tecnología estaba cambiando nuestras vidas. Para equilibrar la historia sobre lo que la película deja de mostrar, podríamos hablar del libro The Facebook Effect (David Kirkpatrick). En ambos casos, se trataba de la historia jamás contada sobre cómo Mark Zuckerberg abandona la universidad para mudarse a Silicon Valley y construir un imperio con 500 millones de usuarios (hoy 2 billones): una red social de color azul para estudiantes universitarios. Hoy Facebook es una de las empresas de tecnología más valiosas del mundo junto con Apple, Google y Amazon.



26 de agosto de 2018

¿Cuánto cuesta vivir en Sao Paulo?

La imagen de arriba la encontré en la entrada de un restaurante. Este aviso advierte de los altos costos que pueden tener los alimentos y bebidas en Sao Paulo, en gran parte debido a los impuestos. Casi la mitad de una cerveza corresponde a impuestos

Tras más de 4 años viviendo en Brasil y haber tenido la oportunidad de estudiar, trabajar y viajar en este país, una de las cosas que me ha acompañado desde el día 1 es el tema del costo de vida y cómo prácticamente el simple hecho de respirar nos cuesta dinero.

Tal vez no seamos conscientes de ello, pero el simple hecho de estar parados en algún lugar sin hacer nada implica que el día anterior tuvimos que dormir, comer, bañarnos, vestirnos, etc., y todo esto cuesta dinero.

Ir a un Starbucks a tomar un café o almorzar en un McDonald's cuesta dinero, y por increíble que parezca no todo el mundo es consciente de ello. Para muchos, es tan fácil como pagar todo con tarjeta de crédito. Pero al final es como si cada uno de nuestros actos tuviera un contador en tiempo real de color rojo sobre nuestra cuenta de ahorros en el banco.

Pero no importa, los bancos nos están recordando todo el tiempo que gracias al crédito pueden financiar nuestros lujos y comodidades, haciendo parecer que tenemos más dinero del que realmente tenemos. Les pagaremos cuando podamos. Eso sí, con intereses.

22 de julio de 2018

La evolución del contenido, tiempo perdido y dopamina

Hace unos años, en las facultades de comunicación, se enseñaba el concepto de la web 2.0 en las clases de comunicación digital y quizás se llegaba a mencionar el tema en teorías de la comunicación. Esto último es poco probable. Yo mismo no recuerdo una sola mención. Las más conocidas teorías estudiadas por alumnos de comunicación y periodismo hacían referencia a los medios masivos de comunicación, sobre cómo viajaba un mensaje de un punto A a un punto B por medio de diferentes canales, como la televisión, la radio o la prensa hacia la opinión pública.

Fue de hecho por medio de estos canales tradicionales como las personas se informaron durante gran parte del siglo XX. Los primeros mundiales de fútbol se escuchaban por radio. Las novedades de la segunda guerra mundial aparecían en los diarios. Y la guerra del golfo en los años 90 fue uno de los primeros conflictos que llegó a todos los rincones del planeta por televisión.

Esto era lo que estudiábamos los estudiantes de comunicación hace unos 10 años. Dudo mucho que hoy sea diferente, a pesar de que conceptos como las redes sociales, las FakeNews o el ClickBait hayan aparecido en el radar en años más recientes.

Si antes hablábamos de noticias y las había de mil y un categorias diferentes tales como periodismo deportivo, político, económico, cultural o de opinión; hoy las noticias son solo una porción minúscula de lo que circula en Internet, el medio más masivo de todos. Y ojo porque me refiero exclusivamente a lo que podríamos considerar como noticias reales.

A su lado, en redes sociales nos vamos a encontrar con memes, vídeos cortos, Stories, posts de blogs y tweets, solo por mencionar algunos de los cientos de contenidos que hay circulando en este momento. Y piensen que Vine murió y Tumblr está en cuidados intensivos.

Pocos imaginaban que lo que inició como la web 2.0 con la posibilidad de cualquier persona con una conexión a Internet para compartir algo desde un archivo de hipertexto se iba a convertir en el escenario comunicacional que tenemos ahora, en el que sendas investigaciones periodísticas de meses de trabajo tienen que competir con memes por unas milésimas de segundo de atención en la pantalla de un celular de alguien. Con suerte alguien da click y lee hasta el final.

Lo que en su momento comenzó como el empoderamiento de las audiencias para poder compartir cualquier cosa en blogs se fue diversificando hacia otras plataformas que permitían compartir contenidos más específicos. De los blogs en Blogger y WordPress de mediados de la década pasada, pasamos a crear contenidos más fáciles de digerir en Twitter con solo 140 caracteres o en Tumblr con nada más que un GIF. Luego vinieron los vídeos en YouTube y las imágenes en Flickr. Años más tarde, solo iba a bastar tener un celular con cámara y 4G.