22 de octubre de 2011

Radiografía de las próximas elecciones



Para nadie es un secreto que en Colombia el voto amarrado, el de maquinaria, es el que sube presidentes, elige Congreso y lo más seguro es que el próximo domingo las representaciones locales tengan el mismo destino. Infortunadamente en Colombia el voto de opinión, en el que el ciudadano elige conscientemente, está limitado a algunos sectores de las grandes ciudades, donde los niveles de educación son decentes. Aprovechando esta situación, el 90% de los candidatos que resultarán elegidos el próximo domingo harán uso de sus maquinarias para imponerse sobre aquellos candidatos que con buenas propuestas y poco dinero ven desde abajo cómo los favores y las prebendas son repartidos desde los puestos en los que supuestamente nos representan a todos nosotros. Éstas son algunas dinámicas que han venido utilizando los candidatos con chequera amplia para asegurar un puesto sin tener que esforzarse mucho.
Partamos de que si en Colombia un alto porcentaje de los cargos de elección popular vienen del voto de maquinaria y no de opinión, toda esa gente que se ve llenando grandes plazas mientras los candidatos dan son discursos están obligados, y de la misma manera votan

Antes de explicar algunas de las dinámicas que usan algunos candidatos, vale la pena entender qué gana un político cuando ya está al frente de un cargo público. En la mayoría de los casos, lo que menos les importa es representar a sus electores. Ellos simplemente quieren poder. Por eso en su momento algunos se aliaron con el paramilitarismo, porque ellos eran los que mandaban en las regiones, otros lo hicieron con el narcotráfico. Pero a veces no hay que cometer un delito de concierto para delinquir. Simplemente le dicen a, por ejemplo, cien personas que si votan por él, a cada uno de ellos les dará un puesto, pero ya con la elección ganada solo les dicen a cada una de esas cien personas que le tienen que dar parte del sueldo a esa persona por la que votaron. De esta forma se construye una red inmensa de gente que tiene un puesto por recomendación pero que tienen que haber votado por la persona a la que le deben su puesto. Súmenle todos los votos que puede conseguir cada una de estas personas, con familiares, amigos y vecinos, aprovechando que como hay elecciones en las que la gente no sabe ni siquiera que hace un concejal, votan por el que le diga el amigo.
Vean por ejemplo el caso de Severo Correa, candidato del Partido de la U al Concejo de Bogotá con el número 45, inocente de cualquier delito pero llamado esta semana por la Fiscalía para responder por el carrusel de la contratación. A finales del año pasado apareció una noticia de todos los puestos que tenía repartidos en el distrito, gracias a la alianza de su partido con el alcalde de turno, en la que tenía cercanos suyos en por lo menos cinco entidades distintas de la Alcaldía. Esta semana escuché el caso de una candidata del mismo partido para el mismo cargo de la que prometí no decir el nombre en la que le decían a cada uno de los empleados de un senador que debía conseguir 50 votos o simplemente perdían su trabajo, además de "colaborar" con dinero propio para algunas cosas como comida para las reuniones, a las que además ellos mismos debían llevar la gente. Acuérdense del caso del ex senador conservador Alirio Villamizar, a quien le encontraron más de mil millones de pesos en efectivo en la casa aparentemente que le pedía a sus empleados a cambio de haberles dado trabajo. A uno que le dan un flyer en la calle no se le ocurre decir: "quiero conocer a este candidato. Vamos a su próxima reunión".
 
Claudia López dio esta conferencia titulada ¿Dónde está el poder?, en la que explica estas mismas dinámicas pero con el caso específico de Juan Carlos Martínez

 Esta semana La Silla Vacía dio a conocer el caso de un candidato de Cambio Radical al Concejo de Bogotá que aparentemente estaba haciendo política de manera sucia, pues invitaban a la gente a una reunión a la que habría comida y rifas. Tristemente esta es la manera de hacer política en Colombia, regalando comida y prometiendo puestos. Esa es quizás la explicación del mal mandato de Álvaro Uribe entre 2006 y 2010, tiempo en el cual se debieron dedicar a pagar los favores que dieron paso a la segunda reelección y no a gobernar. Hoy, por culpa de esa burocracia Colombia está llena de escándalos: en la contratación, en las corporaciones autónomas regionales, el en Congreso, en el Concejo de Bogotá, en gobernaciones, alcaldías, ministerios. No hay un rincón en Colombia que se salve de ser tocado por la corrupción, y si lo pensamos bien esa corrupción viene de esa repartición de puestos de pagar favores a cambio de un voto. Votemos conscientemente el próximo 30 de octubre. No se deje presionar. Si no tiene ni idea de por quién votar, al menos pregúntele a alguien que usted sepa que está un poquito informado y que no le vaya a prometer nada. Revivamos el voto de opinión.

Imagen propiedad de concejalandrestorres 

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