1 de noviembre de 2011

¿Un ex guerrillero de alcalde?

Estamos en un momento histórico en Colombia. Un ex guerrillero ha alcanzado el segundo puesto más importante del país, la Alcaldia Mayor de Bogotá. En El Salvador, Nicaragua, Uruguay y hasta en Sudáfrica la vía democrática les ha dado la posibilidad de acceder al poder a personas que abandonaron las armas para unirse a un sistema al que decidieron enfrentarse en algún momento. Pero aquí hay muchos que no reconocen eso. En los 80 y 90, el Estado colombiano, en alianza con el paramilitarismo y el narcotráfico, exterminó todo un partido político, la Unión Patriótica, y aún bajo esas condiciones el M-19 decidió firmar la paz y escribir con los partidos tradicionales la Constitución de 1991. Se habían ya robado unas elecciones en 1970, razón por la que apareció el movimiento guerrillero, y 20 años después les asesinaban a Carlos Pizarro, su candidato presidencial. Sólo eso hubiera sido razón suficiente para retomar las armas y asegurar que no había garantías. Pero no, siguieron adelante, participaron en elecciones, algunos llegaron al Congreso y gobernaciones y hoy muchos hacen parte de la vida civil, como usted o como yo. Pero eso mucha gente no lo reconoce en Colombia. Más bien se comportan como unos trogloditas lanzando frases absurdas, pero sobre todo contra una sola persona: Gustavo Petro, que estaba preso cuando el M-19 se tomó el Palacio de Justicia, aunque hoy muchos lo traten como si él mismo se hubiera metido a echar bala y a asesinar a los magistrados. Frases como que Petro va a imponer el chavismo en Bogotá, que si Petro era alcalde próximamente Garavito sería director del Icbf, que las Farc se tomaron el poder...hay un catálogo para escribir un libro de frases fascistas.
 
Lo increíble no es que se refieran como un auténtico miembro del secretariado de las Farc al hoy alcalde electo de Bogotá, sino que manejen una doble moral que no tienen ni cómo explicar. Y es que a quienes más se les escucha hablar de esta manera es a los que votaron por el rival directo de Gustavo Petro desde que se lanzó a la alcaldía: los simpatizantes de Enrique Peñalosa. La verdad es que de los que votaron por los demás candidatos, se han quedado callados, han aceptado la derrota o han criticado la victoria por razones programáticas, pero no he escuchado un solo comentario de este grupo de personas que descalifiquen a Petro por su paso por la guerrilla. Pero son estas mismas personas, los simpatizantes de Peñalosa, las que minimizan o no le prestan atención al apoyo del ex presidente Álvaro Uribe, quien apoyó al candidato de los verdes, al paramilitarismo desde la legalidad. ¿Es que el terrorismo de la guerrilla es malo y el de las autodefensas nunca lo fue? No sobra decirlo: y es que la firma del ex gobernador Álvaro Uribe aparece en una convivir de Julián Bolívar, quien años más tarde resultaría ser comandande del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas. Incluso si nos quedáramos con el simplismo de que los paramilitares fueron un buen necesario, para dónde voltean a mirar los casi fascistas simpatizantes de Uribe cuando les recuerdan que el Partido Verde antes se llamaba Alianza Democrática M-19 o que su cabeza de lista al Concejo fue guerrillero también, o que el ex senador Álvaro Uribe firmó la amnistía del "terrorista" Gustavo Petro.
 
 La doble moral: es más grave haber pertenecido a la guerrilla que haber apoyado al paramilitarismo desde la legalidad
  
Creo que si no tenemos en cuenta detalles como estos nunca superaremos el conflicto armado en Colombia. ¿De qué servirá que un grupo que hoy está alzado en armas baje la cabeza, acepte sus errores y se siente a negociar si dentro de unos años les vamos a estar recordando todos sus errores? Incluso con el mismo discurso de Álvaro Uribe de verdad, justicia y reparación de la negociación con las Autodefensas en Ralito encontramos que la idea es esa: salir de ese círculo de odio en el que aún vive la sociedad colombiana. Mientras tanto, una masa de ignorantes que jamás ha leído la historia de Colombia y mucho menos sabe cuáles son las dinámicas de un conflicto es la que opina sobre alguien que si bien en su momento fue guerrillero y cometió errores, también ha tenido muchos aciertos, como el haber destapado los nexos entre la clase política de este país y el paramilitarismo. Esto es de argumentos, señores. Esa es la democracia.

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