12 de noviembre de 2017

El trabajo en el siglo XXI


Karl Marx escribió un libro titulado El Capital, y Piketty escribió El Capital en el Siglo XXI. Ambos autores, con varios siglos de diferencia, problematizan la renta, y exponen teorías sobre la desigualdad, un problema que no le cae muy bien a mucha gente. El problema de la desigualdad consiste básicamente en que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. Ambos autores tienen puntos de vista distintos, pues Marx vivió en el siglo XIX y su investigación era histórica, mientras que Piketty es un autor contemporáneo, que se basó en datos históricos de varias de las economías más avanzadas del mundo para traer el tema de la desigualdad en discusión.

Una de las teorías más simples de Marx consiste en explicar el origen del lucro: el lucro existe porque el producto final se vende a un valor por encima de lo que costó fabricarlo. Pongamos el ejemplo del vídeo de abajo, de un iPhone, que puede costar $300 dólares, pero se vende a más de $1.000. Esos $ 700 dólares de diferencia, sin embargo, son necesarios para pagar salarios, tecnología, oficinas, logística y un sinnúmero de factores que influyen en la mano de obra que hay detrás de cualquier producto. Quizás los $ 300 dólares iniciales paguen apenas las piezas y la mano de obra barata china. El punto importante aquí es que de esos $ 1.000 dólares, sacando todos los gastos, siempre habrá un margen de ganancia. Que si son $ 10 o $ 100 dólares, no importa. El punto es que hay un margen simplemente porque hay alguien comprando el producto a un valor más alto de lo que costó fabricarlo.



Hace unos momentos justamente leía un comentario en Twitter de alguien cuestionando el alto costo de la comida en un cine. Y la verdad es que no hay cines con comida barata, mas esto puede tener miles de motivos, y el principal es que en el cine se vende comida a precios por las nubes porque tienen el monopolio. Una vez entras a las salas de cine, no tienes a quién más comprarle. Pero a pesar de esto, es muy importante tener en cuenta que los precios son altos porque pagar el arriendo de una sola sala de cine debe tener un costo altísimo. Y a esto sumémosle los funcionarios, mantenimiento e impuestos.

Estos dos ejemplos, del iPhone y el cine, nos sirven para ilustrar que a pesar de que el lucro nunca deja de existir, este también está acompañado de gastos, por lo que debemos tomar con mucho cuidado cuando nos refiramos a los altos costos de un producto. Primero tenemos que conocer todo el contexto que hay detrás, antes de juzgar.


Trabajadores


Volviendo a lo propuesto por Marx, un paso antes del lucro era el hecho de que todo producto tiene mano de obra de un trabajador. Parece obvio, pero quizás no nos habíamos detenido a pensar que ese celular que tenemos en el bolsillo tiene trabajo de al menos una persona que lo ensambló. Y están también la persona que lo diseño, y la que lo llevó del punto de fábrica al punto de venta, y hay cientos de personas detrás seguramente, lo que llaman de empleos indirectos. Esto, si nos ponemos a pensar que detrás de cada componente y pieza de Software hay más personas. Y el esfuerzo de cada una de estas personas influye en el precio final del producto. Al final, estas personas reciben un salario, consumen otros productos y tienen que pagar las cuentas a final de mes.

La crítica de Marx, y de ahí todo lo que vino con el nacimiento de los partidos comunistas en el siglo XX, era que si cada producto tenía mano de obra de un trabajador implícita, el lucro debería ser repartido con el trabajador. Y de ahí el surgimiento de movimientos sindicales, que reivindicaban por derechos que en un momento no tuvieron. La jornada de 8 horas, prestaciones, vacaciones y un salario digno fue algo que tomó décadas en ser posible, y al final de cuentas es una forma en que el patrón le otorga unas garantías a sus trabajadores, no necesariamente repartiendo las ganancias del lucro, sino otorgándole derechos al trabajador.

Y aquí entra Piketty en el tema de la desigualdad, cuando el presidente de una compañía tiene 100 veces el salario de la persona que está más abajo en toda la empresa. Mientras el dueño puede seguir ampliando sus lucros si le puede traer más dinero a los inversionistas, lo más seguro es que los que están más abajo de la estructura sufran a final de mes por el hecho de que sus salarios no crecen ni siquiera al ritmo de la inflación. Y al que no le guste se puede ir a trabajar a otro lado. A estas alturas, ¿no podría el presidente de la compañía tener no 100 sino 50 veces el salario del que esté más abajo y esa diferencia ser repartida en beneficios para el resto de los empleados? Al final todos los empleados de la compañía, y no únicamente el presidente, trabajan tanto para que la empresa salga adelante.

Entre algunas falacias del capitalismo, tenemos la de que "salen adelante solo los que realmente trabajan". Aquí, sin embargo, tenemos que recordar que no todos nacen en una cuna de oro con las mismas oportunidades. No es justo pedirle a alguien en Sudán cuya familia fue desplazada por la violencia que compita por oportunidades con alguien de alguien de raza blanca nacido en la capital de África del Sur y con altas chances de entrar a la universidad, simplemente porque su familia históricamente ha estado en mejores condiciones económicas que la mayoría. Aquí podríamos traer una analogía de que algunos juegan el juego de la vida en modo prinicipiante, con todas las ventajas, y otros lo juegan en modo ultra avanzado, luchando por sobrevivir cada día.

El tema de la desigualdad, en ese sentido, es crítico para entender el desarrollo de las naciones. Si un estado crea políticas públicas para que todo el mundo tenga acceso a salud, alimentación y educación, el país en el largo plazo va a crecer, pues va a contar con ciudadanos mejor preparados para guiar los destinos de un país. Si por el contrario no cuenta con esas políticas, las personas no van a usar todo su potencial para generar riqueza, sino para pensar en qué van a comer al día siguiente.


Moviendo la economía


En el libro The Wealth of Humans de Ryan Avent se hace una descripción de cómo las grandes metrópolis y las organizaciones salen adelante porque hay una cultura compartida entre todos los individuos. De ahí que Israel sea una potencia tecnológica a pesar de ser un país minúsculo, o que empresas como Google o Facebook no paren de crecer, porque en sus entrañas tienen, además de herramientas, individuos que tienen creencias compartidas sobre hacia a dónde deben ir y cómo llegar allá. En otras palabras, cuentan con individuos megainteligentes, y al mismo tiempo usarán esa misma inteligencia para que no cualquiera pueda hacer parte de ellos. Solo puede entrar alguien que sea igual o superior, no alguien con el que correrían el riesgo de ir más despacio.

El ejemplo de Avent nos sirve para pensar en qué pasaría si todo el mundo tuviera acceso a las mismas oportunidades. Seguramente sería mejor para todos, porque tendríamos una visión más clara sobre lo que es lo mejor para la humanidad.

Pero mientras llegamos a ese punto, Avent trae otra cuestión que ya hemos discutido un par de veces en este blog, y es el hecho de que todos nos vamos a quedar sin trabajo cuando seamos reemplazados por máquinas. Si quien está en la parte más alta de la organización toma decisiones basado únicamente en el lucro, no le temblará la mano para reducir costos: ¿cómo? despidiendo 1.000 empleados y reemplazándolos con máquinas. Al final, las máquinas no cobran salario ni piden vacaciones.

Vámonos a una de las fábricas de smartphones o ropa de marca en sudeste asiático, en que una persona no gana más de $ 1 dólar por día. Supongamos que 10.000 personas pierden su trabajo porque instalaron máquinas que pueden hacer su trabajo. Ahora estas personas no podrán ni siquiera comprar un plato de comida y hacer mover la economía. A partir de ahí, los que les vendían la comida también verán caer sus ingresos, y tendrán que despedir a un montón de gente porque no tendrán cómo pagarle, y ahí se empieza a desmoronar la economía.

Cuando las personas de la estructura más baja de la sociedad se queden sin trabajo, pasarán dos cosas: el crimen se disparará porque estas personas van a querer alimentar a sus familias a como dé lugar, y las industrias que dependían de estos sectores de la sociedad van a irse al piso porque no van a tener a quién más venderle. Y esto se expandirá sobre otros sectores de la sociedad como si de un efecto dominó se tratara.

Hay un punto medio para evitar el caos, y es aquí donde entra la educación, necesaria para que todo aquel que algún día se va a quedar sin trabajo aprenda a pensar, lo que consecuentemente lleva a la necesidad de querer aprender cosas para sobrevivir. El mundo en el siglo XXI se mueve a una velocidad que pocos logran acompañar. Hace 10 años había Blackberrys y hace 5 nadie sabía lo que era 4G. Ahora todos tenemos un computador guardado en el bolsillo con conexión de alta velocidad, y pocos logran entender cómo todos estos cambios afectan nuestras vidas.

A estas alturas, conseguir un trabajo consiste no solo en haberse graduado de la universidad, sino en saber hacer algo en un campo específico, saber comunicarlo y entender todo lo que nos rodea. Hoy no podemos ser simples espectadores de lo que pasa a nuestro alrededor porque como veíamos más arriba estamos a poco de que nuestro propio trabajo sea automatizado por una máquina, como eventualmente les pasará a los conductores de Uber, que en algún momento no serán necesarios cuando estén listos los autos que se conducen solos.


Hace poco vi un vídeo de una antigua PlatziConf, en la cual Freddy Vega, fundador de Platzi, se refiere a la carrera de una persona ya no como el título detrás de un cartón entregado por una universidad, sino por el portafolio y conocimiento práctico que tiene una persona. Hoy una empresa puede fácilmente no buscar un publicista, que puede tener un perfil muy genérico, sino alguien con experiencia específica en administración de anuncios en Facebook y conocimiento en Google Analytics, lo cual es más difícil de encontrar, pero al mismo tiempo mejor remunerado que algo genérico.

Y el trabajo en el siglo XXI, viendo que ahora las cosas van a toda velocidad, tiene mucho que ver con el dinamismo que una persona esté dispuesta a aprender cosas nuevas y aplicarlas, y cómo esa persona comunica eso para un potencial empleador, que tiene cientos de candidatos a su disposición para llenar una vacante en una empresa, justo en tiempos en los que los seres humanos han empezado a ser reemplazados por máquinas.

Y aquí aparece la queja de todo recién graduado de la universidad que no ha podido encontrar un trabajo. Si bien se necesita experiencia para trabajar, pero nadie gana experiencia sin haber trabajado antes, como si de un círculo vicioso se tratara, el punto es cómo otras personas sí han logrado conseguir trabajo, y qué podemos aprender de ellas.

A pesar de no ser mi área, los recursos humanos y el reclutamiento son campos que me llaman la atención y del que intento aprender, porque veo todos los días la dificultad que hay detrás de contratar a una persona, a pesar de que sobran los candidatos. El problema es que la mayoría de los candidatos no son cualificados, y la empresa cuenta con recursos limitados, y al final contratar a una sola persona acaba siendo un problema que debería ser delegado a especialistas que sepan del tema. De lo contrario, contratar a la persona equivocada puede significar miles de dólares perdidos, ya sea por errores en el día a día de esa persona, o recursos mal utilizados para capacitar a esa persona. 

Así, cuanto más tiempo una persona esté en una compañía, habla mejor de las políticas de contratación de la empresa. En contraste, el número de personas saliendo de una empresa habla del fracaso de un proceso de contratación, que puede durar semanas o meses de esfuerzo de parte de todas las personas involucradas.

En síntesis, el trabajo en el siglo XXI es un concepto que se actualiza todos los días. Mientras el tema del lucro, expuesto por Marx, seguirá existiendo y será la base para entender de dónde sale el dinero para pagar el salario de una persona, este debe convivir con la desigualdad, en que los más privilegiados deben pelear codo a codo por salir adelante, y los menos afortunados se levantan cada día teniendo que aceptar trabajos con riesgo de desaparecer el día de mañana. Así, lo más privilegiados son cada vez más ricos, y los menos privilegiados, cada vez más pobres. 

Al final, desde que empezamos a automatizar nuestras vidas con software y hardware, y cuando asumimos como normal la presencia de smartphones en el puesto de trabajo, empezamos a correr el riesgo de que una máquina nos reemplace algún día. ¿cómo sobrevivir en un mundo en el que el trabajo será hecho cada vez por máquinas y menos por seres humanos? Aquí es donde entra el papel de la educación, tanto para aprender conocimiento práctico, como para aprender a pensar críticamente. Ambas cosas son muy poderosas para desarrollar un instinto de supervivencia en una sociedad que no dejará de ser competitiva.

Imagen: zeevveez

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