
Varias veces me he preguntado por el papel que ha desempeñado Estados Unidos en Irak. He sido muy crítico porque después de todo la excusa de la segunda guerra del golfo era que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva que finalmente no fueron encontradas, lo que dejaba sin argumentos la presencia de tropas extranjeras en el golfo pérsico ya desde 2003. Se han escuchado voces hasta de que todo fue un montaje, y siempre lo he creído así, pero he abierto el panorama sobre estos hechos tras leer Saddam’s Secrets de Georges Sada. Se trata de un militar de alto rango de la Fuerza Aérea del gobierno de Saddam Hussein. Según el autor, era la única persona que era capaz de decirle la verdad al ex dictador, obviamente sin llegarlo a ofender.
Entre otras cosas, Sadda, que era de origen cristiano, cuenta que si siempre le hizo caso a Hussein, en hechos que él mismo cuestionaba, era porque estaba dispuesto a servirle a su país más que a un presidente. De hecho, la razón porque la que abandona un buen puesto en las fuerzas armadas de su país fue porque estuvo en contra de pertenecer al partido de Hussein. Se trataba de un partido fundado sobre el islam cuyo lema era socialismo, unidad e igualdad, aunque solo fuera así en el papel, porque en Irak la corrupción que venía desde arriba, desde el presidente, se devoró todos los recursos que en su mayoría venían del petróleo. Al gobierno no le importaban los problemas de la gente. Toda la atención estaba en que Hussein adquiriera más y más poder. ¿Cómo lo hizo? Comprando armas y contratando científicos que se quedaron sin trabajo cuando acabó la guerra fría para desarrollar armas. El sueño del ex presidente irakí era ser el emperador de lo que alguna vez fue Persia.

