5 de diciembre de 2011

¿Es mala la piratería?


Deberíamos compadecernos por todos esos artistas que se van a tener que ir a mendigar plata a la calle para poder vivir. A la industria cultural le gustaría que pensáramos así cada vez que nos bajamos una canción. Gracias a esa mentalidad es que servicios como Napster debieron cerrar hace más de diez años, otros como The Pirate Bay han logrado sobrevivir, y por estos días algunos sitios latinos como Taringa y Cuevana están en la mira. Hace unos días, se habló de que HBO, un canal de televisión de cine, instauraría una demanda contra Cuevana, el sitio de series y películas argentino, por transmitir señal en vivo de un canal de ese país. En cuanto a Taringa, tienen a la justicia encima desde hace un tiempo ya por la misma razón: por violación al derecho de autor. Para protegerse, desde Estados Unidos han propuesto la Stop Online Piracy Act (Sopa) un proyecto similar a lo que se conoció como leylleras en Colombia, Hadopi en Francia o Sinde en España, como finalidad última de judicializar al usuario por infringir el derecho de autor en la red, o para luchar contra la piratería, en otras palabras. Nuevamente, se corre el riesgo de que derechos como el acceso a la información y a la libertad de expresión estén en riesgo. Las medidas son tan exageradas, que incluso Apple y Microsoft se han declarado en contra, al igual que Facebook, Google o la Fundación Mozilla. Volvemos otra vez a un viejo debate del que llevamos más de una década hablando, de cómo Internet puede perjudicar a los grandes artistas pero ¿qué opinan aquellos artistas que no tienen todo el dinero del mundo?

Me parece que el debate de la piratería en Internet ha sido un poco superficial, pues si la legislación que han intentado imponer ha excluido a los usuarios, tampoco se han tenido en cuenta a aquellos artistas y realizadores que están por fuera del modelo tradicional del derecho de autor que "prohibe la reproducción total o parcial de las obras". Hace poco,The Mills lanzó Guadalupe, su nuevo álbum bajo una licencia de Creative Commons. Es decir, colocaron a disposición de todo el mundo y sin que haya que pagar nada el último disco. Se trata de una demostración más de que la piratería, como nos la han pintado, de que equivale a asaltar un banco a mano armada o que es peor que el narcotráfico no es tan mala. Así me lo confirmó Pablo Arturo Suárez, director de cine ecuatoriano, quien resaltó que, gracias a la piratería, más gente de bajos recursos ha podido acceder a contenidos que por la vía legal no hubiera sido posible (entrevista completa, más abajo). Y si bien a mí no me hace falta dinero afortunadamente, ha sido gracias a este modelo de piratería que me he enganchado a series de televisión que inicialmente sólo veía por Internet, o que he conocido artistas por los que finalmente he terminado comprando música original y entradas de conciertos.

Por otro lado, estoy empezando a pensar que sitios como Taringa son la mata de la piratería. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia apoyaría ni siquiera que judicialicen a sus creadores, pues en últimas son los usuarios los que hacen funcionar la plataforma de compartir enlaces, sumándole el hecho de que, como dije más arriba, podrían estar en riesgo varios derechos fundamentales. No miremos a los grandes artistas, miremos a los que pagan las producciones de su bolsillo y no pretenden volverse millonarios, simplemente quieren tener unos pesos de más o lo hacen por amor al arte. Creo que a ellos sí les hace daño este modelo del "querer todo gratis". Aunque es un daño moral: ya lo había mencionado en una entrada pasada, y es que el hecho de que alguien baje una canción no implica que una copia se dejó de vender. Y, por supuesto, pueden utilizar Internet para darse a conocer, pero a ellos les duele más que alguien se baje su obra sin pagar nada. ¿Por qué? Porque fueron ellos mismos, no un gran sello discográfico que tiene otras fuentes más para dar a conocer a sus artistas, los que compusieron, produjeron, hicieron arreglos, diseñaron y distribuyeron su material. Ver toda esa inversión en un botón de "Descargar" y no en dinero real debe ser desmotivador.

Sin embargo, cualquier artista tiene que enfrentar la realidad de que el copyright está mandado a recoger y que resultaría complicado vivir a costa de él. Pero tampoco podemos caer en el simplismo de creer que eso implica regalar todo nuestro trabajo. Para escribir este artículo hablé con Nicolás Rocha, otro realizador audiovisual, quien refiriéndose al Copyright y al Creative Commons llegó a la conclusión de que hay que encontrar un punto intermedio, en el que ni se regale el trabajo pero que algo se le reconozca al creador (ver entrevista completa). Yo tuve la oportunidad de participar en Life in a Day, un documental producido por YouTube y LG en el que gente de todo el mundo contribuyó con algún registro de lo que hubiera pasado el 26 de julio de 2010. Al final, uniendo muchos retazos, salió un buen trabajo, simplemente porque nos interesaba dar a conocer nuestro trabajo más que obtener dinero.


Como yo solo soy un aficionado del tema, antes que un experto, creo que la conclusión de todo esto se la debo dejar alguien que lleva más tiempo metido en el tema audiovisual que yo, por tanto, tiene más autoridad que yo. Andrés Forero, de 3da2 Animation: hay que ver para que están usando lo que yo creé, si no se están lucrando, no importa (ver entrevista completa).

Imagen propiedad de Simon Pearson

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