Si todo sale como lo tenía planeado, cuando esta entrada sea publicada yo ya me habré graduado como Comunicador Social y Periodista, algo que me tomó más de 4 años de estudio y dedicación. Por tal motivo, hace unos 15 días recibí una llamada de mi Facultad en la que me anunciaban como candidato para dar el discurso de la ceremonia en la que nos graduábamos como profesionales las Facultades de Comunicación y de Derecho. Finalmente alguien presentó una propuesta mejor, no lo dudo, por eso les dijeron a varias personas, pero ante las ganas de haber dado unas palabras de agradecimiento y de despedida sólo me queda regalarles esto que escribí a Dios, a mi familia, a mis amigos y a todos los que me han ayudado en algún momento de mi educación.
Copia textual de mi propuesta de discurso:
Cuando me preguntaron si aceptaba dar el discurso de esta ceremonia de graduación hace menos de 2 semanas acepté sin dudarlo aunque duré varios días pensando qué iba a decir, no tenía ni idea por dónde empezar, sobre todo porque debía dar unas palabras no solo en nombre de mis compañeros de la facultad de comunicación, sino que debía hablar también en nombre de quienes hoy se gradúan como abogados, personas con las que seguramente nunca me senté en un salón de clases.
Hace algo más de un año, cuando me faltaban todavía dos semestres de materias, tuve la oportunidad de entrevistar telefónicamente, mientras hacía un reportaje de radio, a un miembro del Parlamento Europeo, que queda en Bruselas, y desde ese momento me convencí y me dije a mí mismo: voy a hacer la práctica profesional en el Parlamento Europeo en Bélgica, sobre todo por la facilidad que tenía con el idioma que había estado aprendiendo. Desde ahí comencé a mandar cientos de correos. Sólo quedaba esperar.
En diciembre pasado, cuando ya habíamos acabado materias y estábamos en el proceso de buscar una buena práctica para dejar una buena impresión en nuestra hoja de vida, yo estaba entre la espada y la pared. Mientras mis compañeros ya tenían un buen trabajo y nuevas responsabilidades durante los próximos 6 meses, yo estaba en vacaciones por tiempo indefinido, levantándome al medio día, mientras ellos trabajaban y ganaban dinero. Ya en ese momento no sabía si esperar una respuesta o ponerme a buscar trabajo en serio. En uno de esos días, a mediados de diciembre, recibí el correo en el que me decían que había sido aceptado para ir al Parlamento Europeo a hacer un internship, que es como se le dice en inglés a lo que nosotros llamamos práctica. Debía estar allá el 2 de enero de este año. Al final, por problemas que tuvimos con la embajada de Bélgica en Colombia, me negaron la visa. Nunca antes de ese día había sentido las consecuencias de llevar una etiqueta en la frente que diga: soy colombiano.
Eso me derrumbó, era para lo que me había estado preparando durante los último 4 años y ni siquiera sabía qué me iba a poner a hacer. Estaba desempleado y tenía la presión de la universidad y de mis amigos que me preguntaban todos los días si ya había conseguido algo. Fue un día de esos que recibí una llamada en mi casa. Era de la OEA en Washington preguntándome si quería hacer una pasantía allá. Me acordé de los miles de correos que había enviado y menos de un mes después estaba montándome en un avión rumbo a Estados Unidos, donde vivi durante unos meses el semestre pasado.
He repasado en mi cabeza esta historia que les acabo de contar tantas veces hasta hoy, que después de todo he llegado a una conclusión, y es que si algo me ha enseñado la vida hasta ahora es que si las cosas no salen bien en algún momento dado, seguramente saldrán mucho mejor más adelante. Dicho de otra manera, por más que las cosas vayan mal en algún momento, no nos desesperemos, porque si nosotros mismos tenemos claro para dónde vamos, no hay fuerza que pueda derrumbar nuestros sueños. Por favor nunca se cansen de perseguirlos.
Solo me queda dar las gracias antes de terminar a Dios, a mi familia que está hoy acá, a mis papás, a mi hermano, a todos, por ser modelos a seguir, a mis compañeros por estar siempre pendientes de mí y a algunos profesores que no están hoy acá pero que se esforzaron tanto como yo para que yo esté aquí parado: a Miguel Reyes, a Juan Camilo Hernández y a Juan David Cárdenas. Y los que me conocen no me perdonarían si me voy de acá sin darle un agradecimiento a La Fiore, nuestro equipo de fútbol desde primer semestre, que más que eso representa al grupo de amigos que hice en la universidad y a la gran familia que hoy somos.
Por último, por ser la última vez que nos vemos, déjenme desearles suerte como profesionales, como amigos, como hermanos y como hijos.
Gracias

