3 de septiembre de 2016

La evolución del contenido

2006 fue quizás la última vez que vimos una ruptura tan interesante. Si en 2004 nació Facebook, fue en 2006 que crearon Twitter y se popularizó junto con otros servicios que fueron llegando en años siguientes: YouTube (2006), Tumblr (2007), Pinterest (2010), WhatsApp (2010), Instagram (2010), Snapchat (2011) y Medium (2012). Esa ruptura marcó un antes y un después porque — piénsenlo — antes las personas se comunicaban de una forma más rústica.

Si bien teníamos altas velocidades de conexión a Internet, las personas buscaban información en Google, Google devolvía unos blogs en los resultados de búsqueda y los mejores blogs eran seguidos vía RSS por una minoría. Hacer esto en 2016 sigue siendo complejo, y aún así es (y era) de lo más avanzado que existía para estar bien informado.

Hay miles de ejemplos más que van por la misma línea: música bajada vía torrents vs. Spotify, Encarta vs. Quora y el VHS vs. YouTube, etc. A lo que voy es a que en menos de 10 años pasaron muchas cosas en torno de los formatos en los que consumimos contenido. De la TV, el cine, la radio y la prensa escrita pasamos a los computadores de escritorio y luego a los celulares. Si antes había apenas un par de formatos en manos de monopolios mediáticos con el dinero para producir telenovelas, series, documentales, reportajes, crónicas y noticieros, (y también para censurar mensajes) hoy la tecnología hizo que el número de formatos para crear un mensaje sea cercano a infinito.

En un solo trimestre Facebook puede introducir tantos cambios en su plataforma, como la televisión en todo un siglo, y todo está hecho no solo para que pasemos más tiempo en cada uno de estos servicios, sino para que sea más fácil producir contenidos. Incluso una persona analfabeta alguien de 13 años puede agarrar un celular, tomar un Snap y dejarlo 24 horas disponible.

Hoy no hay una sola persona que no genere contenidos porque hasta una conversación de WhatsApp la podríamos considerar como tal. La diferencia es que este sería un tipo de contenido que no es público, y ya sabemos los problemas que han tenido Apple y WhatsApp por causa de esto, lo cual es un síntoma más de los cambios por los que estamos pasando: ¿alguna vez la KGB en la antigua Unión Soviética habría llegado a pensar en que sería imposible interceptar la comunicación de 2 personas? No, a ningún Gobierno se le pasó eso por la cabeza y por eso hay personas trabajando para que esto nunca suceda.

Según esto, todas las personas conectadas a Internet son creadoras potenciales y todos dejamos una huella en algún lugar. ¿Recuerdan el último conductor de Uber que los llevó a su casa? Ustedes lo calificaron como un buen conductor y a final de cuentas su trabajo fue convertido en una huella que podrá ser consultada en el futuro por el algoritmo de Uber para escoger entre los conductores disponibles en un radio de 1 kilómetro a la persona más apta para llevar a un pasajero.

Los algortimos fueron otro cambio que nadie vio venir. Para los años 90 Google ya utilizaba un algoritmo para organizar los resultados de búsqueda, pero para 2009/2010 el algoritmo era demasiado malo. Los spammers se hicieron un espacio y lograron poner en primera página muchos sitios a punta de técnicas cuestionables. Luego nació Bing y fue un jalón de orejas para Google mejorar su algoritmo y penalizar a los chicos malos que se querían aprovechar de las imperfecciones del algoritmo. 

Tiempo después empezamos a ver más algoritmos. Hasta hace unos años ni siquiera Facebook utilizaba un algoritmo para organizar la información. Había una época en que todo era organizado de forma orgánica, por orden cronológico o hasta por seres humanos. Teníamos nosotros mismos que hacer las cosas, como cuando uno creaba Playlists canción por canción en iTunes. Hoy Spotify genera un playlist por semana automáticamente basado en lo que hayamos escuchado. Instagram nos muestra contenido de cuentas que ya seguimos que podríamos no haber visto si estuviera organizado de forma cronológica y Twitter nos muestra tweets que fueron publicados mientras no estábamos.

Si la información que aparecía en los medios de comunicación offline dependía de un ser humano, la que aparece en los medios de comunicación online depende de algoritmos e inteligencia artificial, al menos para ser organizada. Esa inteligencia artificial y algoritmos corren dentro de plataformas conectadas a Internet que consumimos ya sea desde un celular o un computador. 

El hecho de entender que cada una de esas plataformas es muy diferente la una de la otra, que las personas que están leyendo este blog son seguramente muy diferentes a las que me siguen en Snapchat (daniel-afanador) o Twitter (@daniel_afanador), y que ninguna plataforma de contenidos es parecida a ninguna otra es el gran reto de quien quiera comunicar un mensaje por el canal correcto. Digamos que esa fue la evolución del contenido, que pasamos de tener periódicos y revistas en los que escribían periodistas, a tener decenas de plataformas en las que generan contenidos personas de todas las edades, lo cual hace muy complejo poder comunicar un mensaje, pues hay muchos mensajes circulando al mismo tiempo y la atención de todo el mundo está dispersa en varios canales a la vez.

Para finalizar, algo curioso para reflexionar sobre este proceso es cómo cada vez más personas comunes y corrientes crean contenido que sea fácil de crear y divulgar (fotos, tweets, comments y reactions, etc) y menos personas crean contenido de alta calidad (blogs realmente que valga la pena leer). Con la muerte del periodismo y la evolución del contenido, me pregunto que leerán las personas en el futuro, más aún cuando un algoritmo nos dirá lo que tenemos que leer.

Imagen: rosefirerising

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