12 de noviembre de 2016

Ctrl. + Alt+ Supr. al sistema

Cuando un computador se congela y deja de responder, hay que tomar medidas drásticas. Presionar Ctrl. + Alt + Supr., como sugiere el título de este post, es una de ellas. A veces como solución temporal funciona, pero otras veces hay que ir más allá e incluso formatear: borrar todo e instalar todos los programas de nuevo.

Algo así está cerca de sucedernos como sociedad. Con políticos de extrema derecha tomando el control por la vía democrática y sembrando odios contra los inmigrantes y minorías, contra todo lo que no sea considerado tradicional, estamos creando problemas más profundos de los que ya tenemos y ni siquiera hemos resuelto. Solo este año ya vimos 4 episodios en los que ganó el odio: Brexit en Reino Unido, plebiscito por la paz en Colombia, Impeachment de Dilma Rouseff en Brasil y elección de Trump como presidente de Estados Unidos. Entraremos en detalle más adelante.

"Tirando rocas al bus de Google" es el título (traducido) de un libro escrito por Douglas Rushkoff, en el que se usa esa expresión para describir otro  de los grandes problemas de la sociedad contemporánea. La frase se refiere a las miles de personas que ante la impotencia de quedarse sin trabajo porque un robot automatizó e hizo más barata su mano de obra, no vieron otra sino tirar piedras a los buses que transportaban empleados de Google en California. Google es una de las muchas empresas que no han ahorrado esfuerzos por reemplazar seres humanos con inteligencia artificial.

Piensen en qué pasaría si un día sus papás se quedan sin trabajo. La empresa que los contrataba compró una tecnología que hace posible triplicar lo que ellos hacían, sin tener que pagar un salario, y además funciona 24 horas. Y lo mejor de todo, no necesita vacaciones. Hay quienes piensan que eso podría pasar con todas las profesiones, incluso con los abogados.
A diferencia del meme de arriba, la respuesta más simplista, y a la que nos hemos limitado en los últimos años, es que hay que adaptarse al cambio o alguien tomará nuestro lugar. Pero pretender que esa sea la única respuesta deja aun más dudas por delante. ¿Qué va a hacer un padre de familia, con dos hijos y una hipoteca de una casa cuando le digan que su trabajo ya no es necesario? Una máquina puede hacerlo por mucho menos tiempo y dinero e incluso con menos errores. O peor aún: mano de obra tercerizada en otro país también lo puede hacer.

Una persona de 45 años que no nació rodeada de tecnología ahora tiene que competir contra jóvenes de 17 años que están aprendiendo de tecnología desde el día en que nacieron. Cuando le decimos a alguien que hay que adaptarse al cambio sin entender todo el contexto le estamos diciendo: jódase.

Algo relacionado pasa actualmente con el tema de las pensiones. El Gobierno se acaba de dar cuenta de que se está quedando sin dinero en el banco, y para gastar menos la solución más fácil es aumentar la edad de jubilación de 60 para 65 años. ¿Quién va a contratar a una persona de 60 años que estaba a punto de jubilarse y le acaban de cambiar las reglas? De nuevo, somos nosotros como sociedad diciendo: jódase.

Evidentemente, uno de los grandes problemas a los que nos estamos enfrentando es la precariedad del trabajo en el siglo XXI. Si no es una máquina la que lo va a hacer, es mano de obra esclava o subcontratada en el mejor de los casos (empresas que contratan a nombre de otras). Las personas mayores nunca verán su pensión porque es un gasto para el sistema y los más jóvenes están dentro de un mercado laboral saturado de profesionales mínimamente cualificados, en un mundo de pocas oportunidades. De hecho, BBC publicó una nota (en portugués) sobre por qué profesionales formados no podían conseguir trabajo. La respuesta tampoco es tan simplista a que estamos en crisis hace años. El problema es simplemente que la proporción de profesionales disponibles respecto al número de posiciones abiertas por área tienen diferencias abismales. Si mi empresa abre una posición de ventas, y se presenta alguien que estudió filosofía, educación física, periodismo y relaciones internacionales, pero solo uno tiene un histórico comprobado en ventas, ¿por qué le seguimos echando la culpa a la crisis?

Globalización y libre mercado

La globalización y el libre mercado aceleraron muchos de estos cambios. Si alguna vez Nike, o cualquier marca de ropa, manufacturó y generó empleo formal en Estados Unidos, hubo un momento entre los años 70 y 90 en que se dieron cuenta de que manufacturando en países subdesarrollados con leyes laborales más flexibles iba a ser más barato. Esto hicieron (y aún hacen) muchas empresas que quieren reducir gastos a cambio de un lucro mayor. Hoy es posible desarrollar sitios web en la India estando en cualquier lugar del mundo. Es más barato.

Esto nos lleva a otro punto y es que no estamos hablando simplemente de que subcontratar mano de obra en otros países es más barato, sino que los contratos que creaban una relación de largo plazo entre empleador y empleado están comenzando a romperse. ¿Por qué voy a contratar a una persona "por término indefinido" si puede ser que para dentro de 2 años exista una tecnología capaz de sustituir a esa persona? Podría incluso haber una empresa con mano de obra esclava en China ofreciéndome lo que esa persona por una fracción del valor.

Y mientras todo esto pasó, la educación se adaptó al mismo modelo. Había que vender matrículas de la misma forma en que se vendían productos manufacturados en un centro comercial. Durante mucho tiempo, la educación superior era en su mayoría pública. El Estado pagaba con dinero de los impuestos la educación de las personas mejor preparadas, y en consecuencia muchas no podían ingresar al sistema. O en algunos casos, había cursos que las universidades públicas no ofrecían y las privadas sí. Estos dos escenarios fueron vistos por el mercado como una oportunidad para vender la educación como un bien de consumo. 

~¿Quieres estudiar? 
~OK, cuesta esto.  *Le muestra un valor*
~Y no te olvides de que sin un diploma que demuestre que eres profesional no vas a conseguir un trabajo. 

Esa fue la narrativa creada después de la segunda guerra mundial: las personas trabajaban en una empresa, creaban una familia, compraban una casa y un carro. Mas para lograrlo, cada vez se hacia más necesaria la educación. Al comienzo era suficiente con haber ido al colegio a estudiar el bachillerato, pero una vez más personas fueron alcanzando ese nível mínimo se empezaron a volver necesarias otras cosas: universidad, un segundo idioma y hoy experiencia relevante en el área. Podríamos decir que la narrativa de la que hablo se ha seguido manteniendo, aunque con estándares cada vez más altos para alcanzar ese estilo de vida tan deseado.

Adicionalmente se benefició el sistema financiero, ofreciendo créditos educativos, y así fue como terminamos en un mundo en el que hay mano de obra de la más alta calidad, buscando trabajo en lo que sea (porque tienen que pagar la deuda que adquirieron con el banco gracias a la cual pudieron estudiar).

Nunca he sido de echarle la culpa de los problemas a los medios de comunicación. Sin embargo, de algo podemos estar seguros y es de que una explicación como la que estoy intentando dar nunca la vamos a encontrar en el noticiero del fin de semana. Allí simplemente nos van a mencionar que el desempleo aumentó y que hoy cada vez hay más profesionales con dificultades para encontrar un trabajo. Más bien, si queremos entender el problema en profundidad, tenemos que leer libros, noticias especializadas y hablar con personas mínimamente informadas.

Y a lo que voy con todo esto, y por eso comencé hablando de elecciones siendo ganadas por el miedo, es que infelizmente las últimas elecciones en Reino Unido, Estados Unidos y Colombia, así como el proceso de Impeachment en Brasil, fueron posibles por la propagación de la idea de que nuestros problemas económicos actuales, como el desempleo y los altos impuestos son causados por un factor externo que podemos controlar. En Reino Unido imperó la idea de que todo su dinero se estaba yendo para los países de la Unión, y que ellos podrían hacer más con ese dinero. En Estados Unidos, el presidente electo Donald Trump convenció a buena parte de sus electores de que China era el gran culpable de que las personas se estuvieran quedando sin trabajo. En Colombia nos dijeron que íbamos a pagar unos impuestos muy altos si se llegaba a firmar la paz. Y en Brasil un gobierno elegido democráticamente que le devolvió dignidad a los más pobres, tuvo que dar un paso al costado porque no aceptó la propuesta de un puente para el futuro, o sea de austeridad y privatizaciones (en educación y salud, entre otras cosas).


No podemos decir que haya una relación directa entre cada uno de esos cuatro procesos políticos, pero llama la atención que en los cuatro lo que ganó fue el egoísmo y el miedo: miedo a que otros países de Europa e inmigrantes se beneficien del dinero aportado por Reino Unido, miedo a que el desempleo siga en aumento cuando ni siquiera entendemos cómo se generan o destruyen empleos a medida que avanza la tecnología, miedo a que aumenten los impuestos a cambio de acabar con una guerra y miedo a que los más pobres tuvieran acceso a una educación mejor y a un estilo de vida más digno. A final de cuentas, como afirma Adam Curtis en el vídeo de arriba, solo dirán que lo hacen para protegernos y mantener todo estable. Todo continuará tan estable, que mejor damos un Ctrl. + Alt+ Supr. al sistema.

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