La voz de la Honorable Corte Constitucional se hizo oír. Siete de los nueve magistrados del tribunal declararon inexequible la ley que permitiría a los colombianos ir a las urnas para modificar el ‘articulito’ que le abriría las puertas a un tercer período de gobierno a Álvaro Uribe Vélez, un referendo con nombre propio. El viernes en la noche, justo después del pronunciamiento, el uribismo se preguntaba qué pasaría con ellos. Su jefe máximo estará en la Casa de Nariño hasta el siete de agosto y la pregunta ahora es “si no es Uribe, entonces quién”, pero no en la presidencia, sino como líder de una colectividad que ya no tendrá líder. El uribismo gira hoy en torno a la seguridad democrática, política que hasta líderes de la oposición como Gustavo Petro o Rafael Pardo tienen incluida en sus propuestas de gobierno. Sin embargo, la ausencia de Uribe no conservará el uribismo como lo vimos hasta el viernes pasado. Lo transformará.
Sin embargo, es ilógico concebir al uribismo sin Álvaro Uribe y ese ha sido el pánico de sus seguidores, ya que por primera vez desde que César Gaviria fue presidente alguien les daba un golpe contundente a las Farc y la primera vez que alguien negociaba con las autodefensas. Y es que desde el próximo 7 de agosto el presidente Uribe dejará la Casa de Nariño, y esta coalición que ha mandado en el Congreso desde hace ocho años se quedará sin su líder natural. No habrá Partido de la U (fundado en su honor) ni Colombia Democrática (fundado por Álvaro y Mario Uribe) que valgan. Llegue quien llegue deberá cargar con la etiqueta de ser el sucesor de Uribe y no su reemplazo. Es decir, el uribismo podría llegar a su fin si se cree que éste sólo puede descansar en las manos del presidente. Pero en la política colombiana, figuras como el General Gustavo Rojas Pinilla o Luis Carlos Galán dieron pie para la aparición de nuevas ideologías y, por ende, de nuevos partidos. Rojas Pinilla dio origen a la Anapo, hoy representada por el senador Iván Moreno y su hermano, el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, nietos del ex presidente, que a su vez hace parte del Polo Democrático Alternativo. El segundo, aunque no alcanzó la presidencia, dejaría un legado que tomarían los fundadores de Cambio Radical nueve años después de su muerte. Y aunque ha pasado muy poco tiempo, para afirmar que Álvaro Uribe está al nivel de Rojas y Galán para dejar toda una ideología en torno a él, cabe la posibilidad de que, por lo menos, el uribismo siga existiendo. Ni siquiera es tan complicado, pues de la política de seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social ―los tres puntos que, según el presidente, identifican esta ideología― por lo menos los seis candidatos presidenciales, con más del 1% de intensión de voto en las encuestas, están dispuestos a continuar con el primero de ellos. Y si Juan Manuel Santos, Noemí Sanín y Germán Vargas Lleras se quieren hacer llamar herederos de Uribe, es obvio que no acabarán con lo que quede de uribismo en ese momento.

