20 de noviembre de 2015

Uber y por qué la industria musical no estaba tan equivocada


El problema de Uber es un poco más complejo de lo que pensábamos. Yo he sido defensor de que en una economía neoliberal de libre mercado Uber debería estar en condiciones de montar un negocio que sea alternativa a los taxis. Empecemos por aclarar que Colombia tuvo una apertura económica en los años 90 y firmó un tratado de libre comercio con los Estados Unidos a mediados de la década pasada (y firman cuando TLC les ofrezcan). 

Estas medidas son potenciales destructoras de empleo formal porque muchos de los productos ofrecidos en su momento en Colombia eran fabricados en Colombia (¿por qué importar alimentos si nosotros mismos los podemos producir?). Cuando un país abre sus fronteras para todo tipo de productos, se corre el riesgo de que quienes trabajaban en las fábricas pierdan sus empleos (por eso Brasil siempre se ha negado a hacerlo). ¿Cómo el productor nacional pretende competir contra productos que llegan más baratos desde otro país?

Este contexto solo para decir que lo que pasó en los últimos 30 años de apertura económica no tuvo tanto eco como el que han levantado los taxistas frente al modelo de Uber. A ningún Gobierno le interesó que se cerraran fábricas automotrices porque importar carros de Korea era más barato, o que los productores de alimentos en el campo no tuvieran cómo competir con los bajos precios de los alimentos importados. Pero exactamente dentro del mismo escenario llega una empresa —Uber— a ofrecer un servicio más barato que el que se conseguía en el mercado nacional —servicio de taxi— y lo intentan sabotear por todos los frentes.

Las raíces del problema


Uber era un problema de fácil solución con un decreto emitido por el Gobierno Nacional, por el Ministerio de Transporte o de las TIC, o incluso más fácilmente si todos estos le hubieran dado una interpretación jurídica diferente a las leyes existentes en este momento. Mas hace año y medio que han estado en una persecución contra una empresa que se inició sus operaciones en Bogotá y en Cali, pensando lo que todos ya dábamos por obvio: que Colombia tenía una economía de libre mercado y no habría mayor problema.

Por todo lo hasta aquí mencionado es que estoy a favor de Uber en Colombia. No sé cómo sea el caso de los demás países porque no tengo idea de cómo funcionan los sistemas de transporte o sus leyes ni conozco sus modelos económicos ni el impacto que tendría Uber en la economía de esos países. Sé que en Alemania se negaron a permitir Uber porque son más proteccionistas con su propia industria y esto ponía en riesgo el trabajo de muchos taxistas. 

En cambio en Colombia ni somos proteccionistas y no nos debería preocupar que haya taxistas perdiendo su trabajo. No nos importó con los fabricantes de carros ni con los agricultores. ¿Por qué habría de importarnos ahora? Los que lo perderían serían del tipo que es violento con los pasajeros, que tiene tarifas diferentes a las oficiales o que no lleva a los pasajeros a su destino (todo esto muy común en Bogotá).

La industria musical no estaba tan equivocada


Esta es una discusión importante de hacer en cada ciudad y país por separado. La economía no tiene leyes universales, y solo porque Uber funciona bien en algunos mercados no tiene por qué hacerlo en todos por igual. Pero esta discusión sirve para llamar la atención sobre la cuestión del trabajo y la tecnología, un asunto que la industria musical y cinematográfica intentaron poner en discusión toda vez que quisieron perseguir a quienes bajaban música por Internet. 

Ellos decían que a causa de que la gente descargaba música gratis por Napster (año 1999), mucha gente estaba perdiendo su trabajo. Esa afirmación no tenía ni pies ni cabeza. Fueron el hazmerreír por decir algo sin fundamento. El hecho de que una persona bajara una canción por una red P2P no significaba que iba a dejar de comprar un CD en una tienda de discos (simplemente lo más seguro es que nunca lo hiciera). Solo con esto quedaba sin bases el argumento de quienes defendían a la vieja industria.

Mientras muchos acusaron a los dueños de los sellos discográficos de ser unos avaros que querían controlar Internet, muchos dejamos pasar un detalle importante: mucha gente que tenía un trabajo dentro de esta industria iba de un momento para otro a ser un desempleado. Los discos tenían un equipo de músicos, productores, ingenieros, diseñadores, relacionistas públicos, publicistas, vendedores y un largo etcétera. En el momento en el que el usuario final se acostumbra a que todo el trabajo que ellos hacían ahora no vale nada, se ponen en riesgo todos los empleos por los que un disco compacto era tan caro en el mercado. En otras palabras, quizás la industria de la música sí tuviera sus propios intereses al buscar la prohibición de las descargas por Internet. ¿Qué industria no tiene intereses? Pero una parte de esos intereses era una responsabilidad por el trabajo de todas esas personas. ¿Qué van a hacer esas personas cuando por circunstancias del mercado deban ser despedidos? Nadie quiere cargar con eso.

Y estamos hablando de solo una industria tocada por la tecnología, pero es algo que se va a repetir en absolutamente todos los campos en los que un computador pueda reemplazar el trabajo de seres humanos. En el periodismo también pasó esto. Algunos se quejaron, otros se están adaptando. Es obvio que la tecnología está generando muchos empleos, pero solo para personas altamente cualificadas, porque se están perdiendo muchos más de personas que no nacieron rodeados de pantallas y conexiones a Internet como nosotros. Por ellos es que se debe hacer esta discusión. 

Si bien estoy de acuerdo con que Uber funcione (en Colombia), creo que debe haber también una retribución al país que los va a dejar funcionar. Deberían pagar impuestos (impuestos en el país donde funcionan) y darles todas las garantías laborales a quienes van a trabajar con ellos. 

Hace tiempo dije que uno de los problemas de la economía colaborativa era que se estaban poniendo en riesgo los derechos laborales que tanto nos costó conseguir en los últimos 200 años. Para el empresario es bueno porque tiene que pagar menos por cada persona haciendo su trabajo (en este caso Uber y esto es una minoría), mientras que para el trabajador que vende su trabajo (cada conductor) esto es malo porque está recibiendo cada vez menos garantías. 

Cuando alguien accede a hacer un trabajo como freelance o en el que no se le pagan obligaciones laborales, está corriendo el riesgo de que en un momento tenga un accidente de trabajo y nadie responda. Esto mismo aplica para la economía colaborativa. Uber no tiene por qué pagarle salud y pensión a sus conductores y en el fondo el problema es que hoy gracias a Internet hay empresas ganando mucho dinero y delegándoles la responsabilidad a quienes hacen gran parte del trabajo. No sería justo que quienes desarrollan y venden estas plataformas tengan un trato más justo que quienes hacen el otro 50% del trabajo y hacen el negocio posible. Aquí hablé solo de Uber, pero aplica para prácticamente cualquier tecnología disruptora que se les ocurra.

Para finalizar, solo aclarar que no estoy en contra de Uber ni de nadie que tenga un modelo de negocio similar. Los he defendido desde hace más de 1 año en este blog, y lo seguiré haciendo. Solo quiero llamar la atención y fomentar un pensamiento crítico frente a ideas que todos damos como verdades absolutas, que es lo que siempre he intentado con este blog.

Imagen: noeltock

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