Los números que ponen a Brasil como el segundo país con mayor número de contagios y cuarto en número de muertes por COVID-19 al momento de escribir este post es solo la punta del iceberg de lo que está pasando en el Brasil de Bolsonaro. Ciertamente, la experiencia vivida día a día por personas como yo es muy diferente a la de quienes acompañan los acontecimientos por medios internacionales, a quienes solo les llega una parte de todo lo que está pasando. Brasil, el último país del mundo en abolir la esclavitud en 1888, tiene aún marcas visibles al día de hoy que solo empeoran la situación.

Vemos en estos días las revueltas en Estados Unidos a raíz de la muerte en Minneapolis de George Floyd, a quien la policía mató asfixiado cuando estaba desarmado. Las revueltas, que se propagaron por el resto del país, serían solo una respuesta de la comunidad afrodescendiente a la violencia policial racista. El País Brasil rescataba la cifra de que en Estados Unidos 1 de cada 1.000 hombres negros en Estados Unidos tiene probabilidades de morir a manos de la policía. La cifra es 2,5 veces más alta que para hombres blancos, de acuerdo con un estudio de la Rutgers University entre los años 2013 y 2018.

El Principe del Rap, serie de los años 90 protagonizada por Will Smith, ya nos advertía sobre esta problemática (vídeo a continuación).

 
La realidad es que ser hombre blanco es un privilegio en el mundo de hoy. No solo los negros, sino las mujeres, la comunidad LGBT y los grupos indígenas cuentan con menos derechos y oportunidades. Y lo peor de todo es que una porción significativa de la sociedad tiende a comportarse acorde con la discriminación: machismo, racismo, homofobia, xenofobia, etc. Y esto es lo que explotan políticamente la extrema derecha y el fascismo para ganar elecciones. Así fue como Jair Bolsonaro se hizo con el cargo de Presidente de Brasil.

En mi caso, ser un hombre blanco en Brasil me permite ver la problemática de lo que pasa en el Brasil de Bolsonaro con otros ojos. Al final, por más que yo sea inmigrante, mi acento y mi apariencia se camuflan fácilmente como si yo fuera un brasilero más, y afortunadamente nunca he recibido un mal trato de nadie por haber nacido en otro país. Pero sé que no es igual para la mayoría de brasileros, muchos de ellos negros, viviendo por debajo de la línea de pobreza, que es a la que más duro le ha tocado resistir el COVID-19.

La familia Bolsonaro


A comienzos de 2018 fue asesinada Marielle Franco, una activista por los derechos humanos y feminista negra que además hacía parte de la Cámara Municipal de la ciudad de Río de Janeiro. Lo curioso del asunto es que al día de hoy existen nexos entre la familia del Presidente y quienes estarían detrás del crimen, explica el portal periodístico The Intercept Brasil. El vínculo estaría por medio de Adriano de Nóbrega, ex policía condenado a 19 años de prisión por asesinato (hoy muerto).

En su momento, en el año 2005 el entonces diputado Jair Bolsonaro repudió la condena de Nóbrega, a quien consideraba un oficial «brillante». Por su parte, Flavio Bolsonaro, hijo del presidente y entonces miembro de la asamblea legislativa de Río de Janeiro, ayudó a la familia de Nóbrega, dejando trabajar por más de una década a la madre y a la mujer de Nóbrega en su gabinete.

Adriano de Nóbrega, a quien el Ministerio Público acusó de liderar un grupo sicarial en la zona oeste de la ciudad de Río de Janeiro, fue muerto por la policía en medio de la investigación, mientras escapaba de las autoridades. Para el momento de su muerte, se investigaba la relación entre la organización comandada por Nóbrega y los sicarios que asesinaron a Franco.

Esta no sería la primera mención de la familia Bolsonaro en una investigación judicial. La BBC, en una nota de diciembre de 2019 titulada las  frentes de investigación que involucran a la familia Bolsonaro se hace un repaso de otros 5 casos que van desde desvío de dinero, pasando por divulgación de FakeNews y el llamado a un nuevo AI-5, que sería el nombre que se le dio al acto bajo el cual se le otorgaron en 1968 poderes autoritarios a los militares. Todos estos acontecimientos están bajo investigación al momento de escribir este post.

Lo más preocupante de todo esto es sin duda la atracción que la familia Bolsonaro siente por la dictadura militar. Durante la votación en el Impeachment de la ex presidenta Dilma Rouseff, el entonces diputado Jair Bolsonaro homenageó al militar Carlos Alberto Brilhante Ustra, que torturó a la ex presidente en tiempos de dictadura. Desde entonces, ya todos estábamos avisados de quién podría llegar a la presidencia.

En su momento, el periódico Estado de São Paulo publicó una editorial que hoy todos le reprochan por ignorar lo que ya todo el mundo sabía sobre Jair Bolsonaro. El texto se titulaba una decisión muy difícil, y hacía referencia a los entonces candidatos en segunda vuelta Fernando Haddad, profesor universitario, ex ministro de Lula y ex alcalde de São Paulo, y Jair Bolsonaro, que en 26 años en el Congreso solo logró aprobar 2 proyectos. Haddad tenía el estigma de hacer parte del partido de Lula y Dilma, que resultaría salpicado por los escándalos de corrupción de Odebrecht y Petrobrás, y acabaría perdiendo en segunda vuelta.

Brasil 2013 – 2018


Dilma Rouseff dejaría el cargo tras un proceso de impeachment por un crimen de responsabilidad. Para saber más sobre ese tema, les recomiendo el documental de Netflix Al Filo de la Democracia, dirigido por Petra Costa (trailer abajo), que hace un recuento sobre la democracia moderna en Brasil, el fin de la dictadura en los años 80, los procesos electorales que llevan a las elecciones de Lula y a Dilma al poder y termina con el Impeachment, que le abriría las puertas a Bolsonaro a la presidencia.


Sin embargo, no podemos olvidar que la elección de Bolsonaro viene de mucho tiempo atrás. Podríamos remontarnos a 2013, cuando una serie de manifestaciones por la subida del precio a los pasajes de autobús se tomó la ciudad de Sao Paulo. Para el año del mundial de Brasil 2014, se empezó a destapar el escándalo de la Lava Jato, que sería el proceso por el que Marcelo Odebrecht y Lula acabarían presos más adelante, junto con otra gran parte de la clase política y empresarial brasilera.

Si a esto le sumamos que para Brasil 2014 se construyeron hasta estadios en ciudades donde no hay fútbol, como era el caso de Manaos en el Amazonas y en la capital Brasilia, mientras las personas pedían más inversión en salud, todo esto fue dejando un descontento que se convirtió en una oposición al gobierno del Partido de los Trabajadores de Dilma y Lula. En 2014, la elección la ganaría Dilma sobre el candidato Aecio Neves con un estrecho margen de 51% contra 48% en segunda vuelta. Para entonces Jair Bolsonaro era practicamente un desconocido en las encuestas.

Pero de 2014 a 2016 esa oposición tuvo tiempo de organizarse, de entrar con un pedido de Impeachment mientras el país entraba en una recesión de la que todavía no se recupera y en que el escándalo de Odebrecht no dejaba de salpicar a la clase política tradicional. La presidenta se negaba a dialogar con ellos para sacar adelante sus iniciativas.

Todo esto terminaría en la acusación que llevaría al Impeachment en el Congreso por crímenes de responsabilidad. Estos crímenes estaban relacionados con el manejo del presupuesto que el Gobierno les tenía que pagar a los bancos públicos y privados para mantener programas sociales. Observen que no se trata de dinero que se hayan robado o que se haya perdido en corrupción, sino de un argumento jurídico que encontró el Congreso para sacar adelante el proceso de Impeachment y dejar libre la vacante del presidente.

Para entonces, se esperaba que con la salida de Rouseff el país volvería a crecer como lo había hecho antes de 2014. Quien quedaría al frente sería su vicepresidente Michel Temer, de otro partido y que hacía parte de la vieja clase política. Todo esto funcionaría como plataforma para introducir una agenda neoliberal que Bolsonaro habría de continuar al ser elegido para el período 2019-2021.

Bolsonarismo y fascismo


Una de las grandes características del fascismo es la combinación entre servir a los intereses del orden en una postura capitalista, anti derechos de los trabajadores y contra percepciones de los derechos humanos, pero con un discurso que se apoya en la mayoría de la nación, una mayoría abstracta, explica Sabrina Fernandes, del canal TeseOnze (vídeo abajo – en portugués).Sabrina se refiere en seguida a la obra de Leandro Konder, que explica que en el caso del fascismo italiano de Mussolini se apelaba al mito de la patria, es decir al imaginario de lo que podría llegar a ser el país si no existieran enemigos internos como en su momento lo fueron los comunistas, otras razas o los propios valores democráticos y derechos humanos, que se interponen en el camino.


Han pasado 75 años desde el fin de la segunda guerra mundial y todavía quedan resquicios de una ideología que deberíamos de haber superado hace mucho tiempo, como sí sucedió el el nazismo. A estas alturas, el fascismo logra sobrevivir en Gobiernos de extrema derecha como es el caso de Brasil. Y es que es asustador el número de elementos utilizados por Bolsonaro por hacer apología al fascismo.


Todos estos no son hechos aislados, es el rostro del fascismo en el siglo XXI. Este es el discurso que al final se convierte en políticas públicas que afectan a más de 200 millones de personas y la gasolina para seguir alimentando la base bolsonarista del 30%, gracias a la cual Bolsonaro legitima sus acciones.

Elegido con más del 50% de los votos en 2018 y hoy con el apoyo de una tercera parte del electorado, Bolsonaro se defiende, aduciendo que la economía no puede parar, mientras Brasil llega a la cifra de 1.000 muertos por día por COVID-19. Culpa a los medios de comunicación internacionales de divulgar FakeNews sin presentar ninguna prueba. Declara abiertamente que el comunismo tiene que ser exterminado (no aclara si eso significa desaparecer gente). Al final, son más los enemigos imaginarios que ve el Gobierno Bolsonaro, que los errores que está dispuesto a asumir, en su carrera por ver una nación todopoderosa. Ya lo decía su lema de campaña: Brasil por encima de todos, Dios por encima de todo.

La idea de ese Brasil imaginario al que no es posible llegar debido a los enemigos que se interponen en el camino, y el discurso / acciones para referirse a ellos son lo que hacen que hoy muchos en Brasil llamen a Bolsonaro de fascista.

Lo cierto es que esos fantasmas que ve Bolsonaro son personas inclusive cercanas que en su momento fueron sus aliados. Personalidades como Janaina Paschoal (autora del pedido de Impeachment contra Dilma Rouseff), sus ex ministros Gustavo Bebianno, Luiz Henrique Mandetta y Sergio Moro (juez que llevaría a la prisión a Lula), hicieron parte de su gabinete debido a su afinidad ideológica y perfil técnico, pero que se acabaron alejando en la medida en que conocían más y más a Bolsonaro.

Los que van quedando, esa base de 30% de electorado que siguen firme con Bolsonaro, es más peligroso que el propio Bolsonaro, pues está armada y amenaza en ucranizar Brasil, refiriéndose a cuando, en 2014, por presión de Moscú, Ucrania no firmó el acuerdo para integrar la Unión Europea, lo que revoltó a la sociedad civil y la enfrentó a una extrema derecha armada y organizada por Moscú. Al final de las protestas el presidente renunció.

Lo que todo lo anterior nos lleva a pensar es qué está dispuesta a hacer una minoría armada cuando alguno de los otros dos poderes determine que Bolsonaro ya no está en condiciones de ser presidente, que fue lo que pasó con Dilma Rouseff. ¿Aceptarán la derrota y se presentarán a las próximas elecciones o están dispuestos a dar un golpe e iniciar una guerra civil?

Estamos cerca de convertirnos en una caricatura como la del vídeo de abajo (activar subtítulos en inglés), en que un nazista no soporta que lo llamen como tal a pesar de que tiene todas las marcas que lo convierten en uno.


El COVID-19 sacó todo lo peor del Bolsonarismo y lo llevó a la altura de un movimiento fascista. Resulta curioso pensar que Brasil, que luchó contra el fascismo junto a los aliados en la segunda guerra mundial, hoy tenga como cabeza de Estado a un fascista. ¿Cuánto Brasil va a aguantar? Es una olla a presión a punto de estallar.

Para saber más sobre lo que está pasando en Brasil durante la pandemia, les recomiendo este texto de Bruno Bimbi y el vídeo de abajo es un muy buen resumen.


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