Me tomó por sorpresa esta semana la noticia de que en Colombia había sido prohibido el uso de Uber, la aplicación para buscar un conductor privado que nos lleve a nuestro lugar de destino. La usé un par de veces para desplazarme hacia mi casa a finales del año pasado en Bogotá y de verdad me pareció un servicio excelente. “Pero, ¿qué tiene Uber de diferente a un taxi?“, preguntarán algunos. Varias cosas. Por ejemplo, con Uber no estaríamos usando un vehículo amarillo tipo taxi, sino vehículos blancos de servicio público, al menos en Colombia, pues Uber en su página web ofrece 5 tipos de vehículos, que van desde Taxi, hasta vehículos de lujo.

La aplicación funciona así. La abrimos en Android o iOS, nos creamos una cuenta que nos pedirá un número de tarjeta de crédito y estamos listos para pedir nuestro conductor donde sea que estemos en la ciudad. Lo anterior tiene 2 ventajas. Una es que al estar asociada a una tarjeta de crédito, nunca vamos a usar dinero físico. Esto es bueno porque nos puede sacar de un problema el día en que andemos sin plata o efectivo. O también podría ser de ayuda para ahorrarnos la pregunta del taxista al final de la carrera de: “¿no tiene más sencillo?“.


La otra ventaja es el hecho de que nos recojan y nos lleven desde y hacia cualquier punto de la ciudad, algo necesario cuando uno en Bogotá está predispuesto a que la respuesta del taxista sea: “yo por allá no voy“. Y esto más aún cuando en toda la ciudad solo hay una ruta de bus que funciona las 24 horas, no hay metro y el horario de Transmilenio no se extiende más allá de la 1 de la mañana. Entonces, si además le sumamos los problemas de movilidad en Bogotá durante horas pico en que es imposible conseguir un taxi, vale la pena preguntarse: qué se está haciendo para garantizar la movilidad y los derechos de los usuarios desde el Gobierno.


Pues bien, prohibir Uber parece haber sido el aporte del Gobierno, escudados para confundir en que “la aplicación es legal, pero el servicio no lo es“. Si esto es cierto, me pregunto por qué desde septiembre pasado el servicio había funcionado sin ningún problema. ¿Le cabría algo de responsabilidad al Gobierno haber permitido que se use un servicio “ilegal“ durante 8 meses? 

Pero el problema de si es legal o no es un problema de forma. El problema de fondo realmente, y la razón por la que es ridículo prohibir Uber es que el Gobierno, como ya dije, no está pensando ni en los usuarios ni en la movilidad. Con una simple interpretación a la ley o con un tipo de decreto desde el Ministerio hubiera sido suficiente para acabar con la discusión. En vez de eso, pesó más el apoyo político del gremio de los taxistas, que vio amenazado su modelo de negocio por una aplicación que no usa casi nadie

Piensen en lo siguiente: ¿cuánta gente en Colombia tiene una tarjeta de crédito? Mucha gente, obviamente. Los bancos en Colombia prácticamente las regalan, pero tengo amigos y conocidos que aunque con dinero no usan Netflix ni han comprado jamás una aplicación para el celular simplemente porque hay que usar tarjeta de cŕedito. Si fuera por ellos, irían al banco a hacer fila y pagar en efectivo para usar estos servicios. Pero esto tiene una explicación, y es que en Colombia aún hay mucha desconfianza para entregar datos bancarios por Internet, aún más si hablamos de pagos desde teléfonos móviles.

Ahora, ¿los taxistas se sintieron amenazados por esto? Sí, el mismo gremio que en su momento les cerró las puertas a los creadores de Tappsi porque todavía creían en el poder del radioteléfono (no encontré la fuente). Si fuera por este gremio, se atornillarían a los años 30 cuando los primeros taxis llegaron a Colombia. Volvemos a la discusión de si el MP3 está matando la industria musical, a si las series y películas por streaming van a matar la televisión, a si Amazon va a matar el libro físico. Volvemos a lo mismo porque una aplicación que usa una minoría no va a acabar de la noche a la mañana el negocio de los taxis, menos en un país tan tradicional como Colombia.

Sin embargo, a lo anterior agreguémosle un ingrediente que podría realmente matar el taxi, y es que detrás de Uber está Google Ventures, que invirtió $258 millones de dólares en septiembre pasado. En esa fuerte batalla entre el taxi y Uber que de Bruselas y Barcelona llegó a Bogotá tenemos a Google que acaba de incluir entre sus funciones para llegar a cualquier destino el escoger si vamos: caminando, en carro, en transporte público o en Uber. Como decía Enrique Dans: “el taxi para Google ya no existe“. A esto deberíamos prestarle atención, como bien decíamos hace unos días, Google ha cambiado el panorama en la industria de la telefonía móvil con Android, lo está cambiando en los computadores de escritorio con el Chromebook y creó toda una industria y un modelo de negocio alrededor de un motor de búsqueda.


Con todo, a lo que quiero llegar es a que quienes se oponen a Uber por X formalismo de que un decreto así lo afirma están remando contra la corriente. Están yendo en contra de la movilidad de la ciudad y de los derechos de los usuarios a escoger el servicio que mejor les parezca. Están yendo en contravía de lo que Hernán Casciari llamaba como “matar al intermediario“, en este caso de poner en contacto a conductores con pasajeros, y donde ambas partes saben que Uber se queda com el 20% del servicio y no una mafia de los taxis que al menos en Bogotá cobra hasta $80 millones por el cupo de un taxi. Están yendo en contravía de las empresas de tecnología que cada día ganan más protagonismo en nuestras vidas, y finalmente están yendo en contravía de ofrecer un buen servicio, porque en eso se diferencia Uber de un taxi: un excelente servicio por el que uno con gusto paga más.

Por todo esto es ridícula la propuesta de prohibir Uber.

Nota: para ser taxista en Bogotá no piden ni pasado judicial.

Daniel Afanador

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