Un entregador que no es de Rappi #DeleteRappi
Era el año 2017 y Uber pasaba por momentos difíciles. De esa época recordamos el escándalo de acoso sexual sufrido por Susan Fowler, una ingeniera que fue acosada por su jefe, sin que el área de recursos humanos de la compañía o sus colegas movieran un dedo por ella. Tiempo después Fowler se enteraría de que no sería la primera ni la última en recibir mensajes comprometedoras por parte de un colega en lo que era normal en una empresa con cultura muy tóxica, a lo que ella se refirió como un año muy extraño trabajando para Uber. De ese episodio hablamos aquí en el blog y de hecho hay un libro que les recomiendo escrito por Fowler llamado Whistleblower: My Journey to Silicon Valley and Fight for Justice at Uber.

Hubo otros episodios que lastimaron la imagen de la compañía, como la vez en que Travis Kalanick, fundador y entonces CEO, tuvo una fuerte discusión con un conductor que le increpó el hecho de que la compañía redujera los ingresos de los conductores de la categoría Black de $ 20 a $ 2.75 por milla en cuestión de años. El episodio sería recordado porque Kalanick quedaría grabado en cámara, diciéndole al conductor:

«a algunas personas no les gusta asumir la responsabilidad de su propia mierda. Culpan de todo lo que pasa en sus vidas a alguien más. Buena suerte».

Para la misma época, Donald Trump había invitado a Kalanick a ser consejero económico de su administración. La relación no duraría mucho y Kalanick renunciaría a los pocos días, cuando Trump prohibió la entrada de ciudadanos musulmanes de 7 países. Ya el daño estaba hecho, pues en el momento en el que se anuncia el bloqueo, un sindicato de taxistas en la ciudad de Nueva York se solidariza y anuncia que no va prestar servicio en el aeropuerto internacional John F. Keneddy. Mientras tanto, Uber no solo no se solidariza, sino que anuncia que desactivaría de forma temporal la función de precios dinámicos, que ajustaba los valores de los viajes de acuerdo con la oferta y la demanda del momento, lo que sería interpretado por la opinión pública como una acción oportunista. Al final, si no hay taxis en ese momento, todos tendrían que usar Uber para desplazarse.

#DeleteUber y #DeleteFacebook


Ese día nació el Hashtag #DeleteUber, que fue la forma como los usuarios aplicaron un boycott sobre la plataforma. No era posible que una empresa que cometía error tras error estuviera apunto de salir a la bolsa, lo que hubiera dejado billonarios a sus fundadores, mientras que los conductores que hacían que Uber fuera posible ganaban menos y trabajaban más gracias a un mero cálculo de reducción de costos.

#DeleteUber consistía en manifestarse públicamente sobre la intención de borrar Uber. No solo borrarlo del celular, sino dar de baja las cuentas de usuario. Antes de esto, este proceso era manual. Alguien dentro de Uber tenía que modificar nuestros dados y cambiar la cuenta de activa a inactiva. A los pocos días respondían por correo con la confirmación. En últimas, como a casi nadie se le pasaba por la cabeza borrar su cuenta de Uber, ¿por qué habría de automatizarse este proceso? El problema es que fue tanta la gente queriendo hacerlo, miles de solicitudes alrededor del mundo, que se llegó a pensar que Uber estaba impidiendo que los usuarios se pudieran dar de baja. En solo una semana, 500.000 personas llegaron a borrar sus cuentas y Kalanick tuvo que asignar un ingeniero para permitir que el proceso fuera más simple, cuenta Mike Isaac en el libro Super Pumped: the Battle for Uber.

El boycott como forma de protesta ha estado muy presente en los últimos años. De hecho, el mes pasado expliqué en otro post cómo decenas de anunciantes de Facebook estaban dejando de invertir en anuncios en la plataforma ante lo que parecía negligencia de parte de M. Zuckerberg para lidiar con información que podría poner en riesgo la vida de personas.

En marzo de 2018, Facebook sufría otro tipo de boycott. En esta oportunidad se trataba de Brian Acton, uno de los fundadores de WhatsApp y ex empleado de Facebook (técnicamente era empleado de Facebook porque le vendió su compañía por $ 19 billones). Acton publicó en Twitter el Hashtag #DeleteFacebook y 1 año después seguía defendiendo públicamente su posición frente a un grupo de estudiantes de ciencias de la computación en la universidad de Stanford. En esta oportunidad, el malestar de Acton estaba relacionado con cómo Facebook quiso forzar al servicio a cambiar su política de privacidad, a introducir anuncios y a maximizar sus beneficios a costa de la experiencia de los usuarios, cuestiones que cuando la compañía fue vendida estuvieron por fuera de la discusión.

De acuerdo con todo lo anterior, el boycott es válido para que los usuarios se hagan escuchar por el servicio al que le estań pagando, sea con su dinero o con sus datos. Si el servicio opta por hacer oídos sordos, el usuario puede cerrar su cuenta, como se buscaba en los casos de #DeleteFacebook y #DeleteUber, o usar alguna de las opciones ofrecidas por la competencia. Se trata de una forma no violenta y válida de protestar contra algo.

#DeleteRappi, en solidaridad a los entregadores


Quien lee este blog desde hace tiempo sabrá que soy 0 amigo de los servicios de Rappi. Entre otras cosas, he dicho aquí en el blog que Rappi abusa de sus entregadores exponiéndolos a condiciones de esclavitud moderna, que los expone a trabajos banales y mal remunerados, en un mercado en el que las mayores oportunidades se las lleva quien esté dispuesto a trabajar bajo las peores condiciones y a cobrar menos.

Desde mi posición opté por no usar Rappi cuando entendí la magnitud del problema. Hay gente trabajando de domingo a domingo, 12 horas por días, llevando comida de otros en sus espaldas, sin poder parar un minuto para ellos mismos comer. Están expuestos a accidentes de tránsito y a problemas de salud física y mental. De hecho, el periódico El Tiempo de Colombia reportaba los casos de varios domiciliarios que sufrieron algún accidente y la empresa simplemente los ignoró. Cuando no pueden entregar un pedido, pasan a ser una carga y el sistema los bloquea. A final de cuentas, no son empleados. Para qué contabilizar a alguien que ni caminar puede. Mucho menos podrá manejar una bicicleta.

Sumémosle un punto más: la bicicleta y el celular no los pone Rappi. Es un modelo de tercerizar toda la operación y solo garantizar que haya pedidos y entregadores suficientes todo el tiempo a cambio de reducir costos y maximizar las ganancias a costa de alguien que no tiene otra opción.

En la landing page para ser Rappitendero preguntan si uno ha querido ser su propio jefe y hacer parte de una comunidad con sentido de responsabilidad. Parece que lo dijeran de forma irónica pero es real. Como si el término de emprendedor no estuviera lo suficientemente banalizado, Rappi lo utiliza para banalizar aún más un oficio de alto riesgo y mal pago. Como expliqué en su momento refiriéndome al algoritmo de Uber, que en este caso desempeña el mismo papel, el «algoritmo puede llegar a ser tan detestable como un jefe de carne y hueso (…). Después de muchos viajes rechazados, o tras una serie de malos reviews por parte de los pasajeros, los conductores pueden llegar a ser suspendidos» sin recibir ninguna explicación de parte de la plataforma.

Esto también lo explica Paulo Lima, mejor conocido como Galo (Gallo en español), portavoz de los entregadores antifascistas, ellos no son emprendedores. Son fuerza de trabajo. Galo es uno de los líderes que hizo posible las movilizaciones de #BrequeDosApps en Brasil, que en 2 oportunidades en el mes de julio de 2020 movilizó a los entregadores para que dejaran de prestar el servicio. Lo mínimo que pide, como líder del movimiento, es comida garantizada por las plataformas y kits de higiene personal para protegerse contra el COVID-19. A los usuarios les pedía que durante 1 día no usaran el servicio.

Trabajar con hambre en el estómago y cargar comida en las espaldas es una tortura.

Paulo Lima alias Galo, líder de los entregadores antifascistas
De acuerdo con una encuesta contratada por iFood (competencia de Rappi), el 40% de los entregadores encuestados estaba a favor de la protesta y 31% no hizo entregas en la primera de ellas. Estas ocurrieron los días 1 y 25 de julio del presente año.

El servicio de Rappi, que nació en Colombia en 2015, llegaría a Brasil en algún momento entre 2016 y 2017, y fue para esa época la única vez lo que lo utilicé, cuando no era consciente de todos los problemas que estoy exponiendo en este post. Uber Eats y iFood también los usé un par de veces, pero nunca llegué a depender del servicio. Mi forma de manifestar mi descontento es simplemente no usando estos servicios, y hablando sobre el tema aquí en el blog, en Twitter o con la gente.

Algo que empecé a hacer más recientemente fue acompañar mis comentarios con el Hashtag #DeleteRappi. Según una investigación rápida en el buscador de Twitter, este Hashtag se ha usado muy pocas veces y de forma descordinada por usuarios sin ninguna relación entre sí. Yo debo haber sido quien más lo ha usado, e inclusive lo incluí en mi bio de Twitter.

El viernes pasado me puse en contacto con Rappi para que borraran mi cuenta. Al igual que Uber, ellos no tienen un proceso automático para borrar cuentas. Hay un formulario de contacto y antes te van a intentar persuadir para que no lo hagas. Te preguntan por qué quieres hacerlo. Mi respuesta: «solidaridad con los entregadores. No voy a entrar en una discusión de derechos por este canal».

También desinstalé la aplicación, les di 1 estrella en la Google Play Store y dejé un comentario: «apoyen a los entregadores. Son seres humanos con dignidad».

De aquí en adelante, cuando me refiera a Rappi, usaré el Hashtag #DeleteRappi. Los invito a que lo hagan también. Si alguien quiere saber más sobre lo que puede hacer al respecto, espero que este post sirva como hoja de ruta. No basta con no usar el servicio. Hace falta borrar la cuenta, desinstalar la aplicación, dejar un Review negativo y divulgar la palabra usando el Hashtag #DeleteRappi.

Y ya que leyeron hasta aquí, los invito a seguirme en Twitter (@daniel_afanador), en Instagram (@daniel_afanador), a escribirme desde el formulario de contacto o a comentar aquí abajo. Saber que los contenidos de este blog ayudaron a alguien son el combustible para seguir escribiendo.

Imagen: wan mohd